
Los 90s es esa década condenada a regresar, para gusto de algunos y desgracia de otros. Tanto si eres de los que disfrutaron o renegaron de la confrontación entre Blur y Oasis, las camisas de cuadros o las coreografías diseñadas por boy/girl bands genéricas, el presente en la industria continúa más marcado de lo que nos gustaría por la música que se hizo hace tres décadas, dejando claro que algunos de los mejores grupos musicales de los 90s siguen del todo vivos en la memoria referencial de muchas de las bandas que están despuntando ahora.
El rock alternativo no gozaría de su excelente salud sin el grunge; no tendríamos la sobresaliente cantidad de grupos británicos semanalmente exportados desde las islas si en su día no se hubiera producido la explosión del britpop; y por descontado, miles de bandas femeninas jamás habrían encontrado el camino sin referentes eternos que se atrevieron a poner la primera piedra en una industria masculinizada. De aquellos barros estos lodos, y es que aunque esta prodigiosa década sucediera hace ya la friolera de 30 años, gracias a la inmortal huella que los mejores grupos musicales de los 90s dejaron en nuestra cultura, tendremos siempre la sensación de que estos tuvieron lugar simplemente hace cuatro días.
Reconócelo: tú también pagaste una entrada bien costosa para poder cantarte Wonderwall en un concierto de Liam Gallagher. Y es que, aunque los hermanitos Gallagher se separaran hace años e irrumpieran caminos por separado a principios de la década pasada, la huella de Oasis se puede seguir sintiendo tanto en sus trabajos en solitario como en sus conciertos (donde ambos tienen siempre a bien recordarnos algunos de los mejores hits que la banda británica nos dejó). Hubo un tiempo, sin embargo, en el que esta mal carada banda de Mánchester focalizaba su rivalidad en otros, concretamente en Blur, junto con quienes protagonizaron uno de los mayores befes que se recuerdan en la década de los 90s. La banda se separó oficialmente en 2009, después de una pelea entre los hermanos Gallagher en el festival Rock en Seine en París y sí, a nosotros también se nos encoje el cuerpo cada vez que nos topamos con una noticia de click-bait facilón sobre su posible reunión. Una que por desgracia, no parece llegar nunca.
Sabemos que Radiohead es una banda tan presente como la que más, y que a pesar de los años y de la evolución de la industria, la vigencia y el talento de sus miembros (demostrada a través de proyectos paralelos y en solitario, como los ilustres The Smile) sigue tan presente como el primer día. No obstante, todos guardamos un gran recuerdo de esa década de los 90s en la que aconteció la publicación de los que probablemente sean los álbumes de Yorke y los suyos mejor valorados por la crítica, a saber The Bends (1995) y OK Computer (1997), repletos respectivamente de temazos que continúan siendo a día de hoy imperecederos y tan valiosos como el primer día (Fake Plastic Trees, Street Spirit (Fade Out), Paranoid Android, o Karma Police entre otras).
A pesar de que su formación se conformara en los ochenta, y protagonizaran los primeros compases del punk más sumergido a finales de estos, no fue hasta 1994 que el trío de Berkeley publicó el trabajo que le cambiaría su vida. Nos referimos, efectivamente, a Dookie, el tercer disco de la formación que casi se siente como un propio debut si consideramos la repercusión que tuvo. Calificado por muchos como el punto de partida del pop-punk (y por otros, como la venta del trío al punk mainstream), Dookie está precisamente de celebraciones recientes, pues el tercer disco de Green Day cumple en 2023 nada menos que 30 años y para celebrarlo Billie Joe Armstrong y los suyos han preparado una edición de verdadero lujo que todo fan que creció en los 90s entre himnos de absoluta euforia y rabia debería poseer.
Con tan sólo tres discos de estudio, Nirvana cuenta en su mochila con alguna de las mejores canciones de rock de las últimas décadas y un abanico discográfico que ya quisieran para sí muchos. Son eternos, y ni siquiera la tragedia que marcó el desenlace de la formación de Seattle ha conseguido detener el paso y la huella de algunas de sus canciones, todavía vigentes, y que la sitúan como una de las mejores bandas de los 90s, sin atisbo alguno de discusión. El éxito de Nevermind (1991) fue un punto de inflexión en la historia del rock y es considerado como uno de los álbumes más influyentes de todos los tiempos, seguidos por otros trabajos notables, como Bleach (1989) o In Utero (1993), que este presente año también verá festejado su 30 aniversario con una edición especial, y el álbum en vivo MTV Unplugged in New York (1994). Kurt Cobain, por su parte, luchó contra sus problemas de salud mental y adicciones a lo largo de su vida, hasta que trágicamente puso fin a la misma en abril de 1994, con tan solo 27 años, poniendo fin a una era que para muchos no había hecho más que empezar.
Si algo ha definido siempre a Dave Grohl es su incansable y resiliente capacidad para demostrarnos que el rock nunca para a pesar de las desgracias. Así nos lo demostró recientemente con la publicación de But Here We Are (2023), el primer disco tras el fallecimiento de su batería Taylor Hawkins, y así fue cómo de hecho nació su ahora banda principal, Foo Fighters, tras el suicidio de Kurt Cobain en 1994. Desde entonces los Foos han sido estandartes y representantes del rock melódico y alternativo más enérgico y generacionalmente más poderoso que recordamos, siendo capaces de llegar a rangos infinitos de edades, así como de estilos propios. La banda atesora en su haber éxitos inmortales como Everlong, My Hero, Learn to Fly, Times Like These y Best of You, que a día de hoy son tan capaces de emocionarnos como de incitarnos a venirnos arriba.
Reconocemos que los 90s en España estuvieron algo parcos en cuanto a referentes y bandas que nos motivaran tanto como las que nos llegaban desde tierras anglosajonas, pero rascando siempre encontrabas algo que mereciera la pena. En el caso de Dover no hizo falta rascar mucho, pues las hermanas Llanos pronto lograrían el ascenso al reconocimiento mediático gracias al éxito de su Devil Came To Me (1997) y a pesar de su propuesta dura y desenfadada. Influidos por el pop alternativo y la electrónica dosmilera, el cuarteto madrileño dio un giro radical en su sonido en su recordado Follow The City Lights (2006), álbum que la crítica vapuleó y golpeó con fuerza hasta el ninguneo más absoluto y dañino, que en cierto modo le costó a la banda su inmediata desaparición. Sin duda, la eterna tarea pendiente para fans y medios es dejar de una vez que los artistas hagan lo que quieran sin convertirnos en jueces y verdugos de la carrera de nadie.
Mientras que el grunge imperaba en Seattle, en la otra punta de Estados Unidos los 90s estaban teniendo un tinte y color del todo diferente. Sofisticados, altivos, y con una mano metida en la poesía y otra en el registro de la Velvet Underground, bandas neoyorquinas como Sonic Youth exploraron los límites del ruidismo y el ritmo a través de una discografía que ponía en jaque los convencionalismos del pop. A pesar de que se formaran y debutaran en los 80s, fue en los noventa cuando la formación (de aquellas, compuesta por Thurston Moore, Kim Gordon, Lee Ranaldo y Steve Shelley) publicó sus álbumes más influyentes y destacados, entre ellos Goo (1990), Dirty (1992), y Experimental Jet Set, Trash and No Star (1994). La disolución de los mismos tuvo lugar en 2011, tras la separación y divorcio de Gordon y Moore, poniendo fin así a una historia única del pop y permitiendo que sus miembros desarrollaran sus respectivas carreras en solitario –de hecho, los discos de Kim en solitario son una verdadera delicia-.
Mientras que hay bandas que más les valdría estarse quietecitas ya, hay otras que parecen haberse caído en la marmita de la eterna solvencia artística, y a pesar de atesorar en el armario décadas de trabajo y éxitos, logran regresar y demostrarnos seguir poseyendo una absoluta y total vigencia. Es el caso de Blur, quienes en 2023 nos pusieron en nuestro sitio con la publicación de The Ballad of Darren y dejaron claro que la formación aún tiene mucho que seguir demostrando. Damon Albarn y los suyos poseen una infinita cantidad de proyectos paralelos, pero verles unidos de nuevo como si el tiempo no hubiera pasado fue una absoluta locura. En 2024 se cumplirán 30 años de su debut con Parklife (1994), así que, ¿quién sabe si Albarn y compañía tendrán algo más preparado para nosotros?
A pesar de los infinitos cambios sufridos en su formación, Billy Corgan se ha mantenido como pieza constante e inamovible de esta formación durante más de tres décadas, donde además de verle perder el pelo, hemos acontecido a la creación de algunos de los himnos generacionales más inspiradores y emocionales de la década de los 90s. Capaces de trasladar al rock alternativo más accesible la vaporosidad y espiritualidad de géneros como el dream pop y el rock psicodélico, The Smashing Pumpkins han hecho grande su nombre gracias a álbumes como Siamese Dream (1993) y Mellon Collie and the Infinite Sadness (1995) que gozaron de una apreciada acogida mediática gracias a temas como Today, 1979, y Bullet with Butterfly Wings, que ya ocupan un lugar imborrable en nuestra memoria.
Courtney Love no solo es recordada por ser la eternal viuda del grunge, sino por partir la pana con nombre propio y bajo su propia banda, Hole. Una formación que ha visto pasar en sus filas a artistas de lo más granado (entre ellas, Eric Erlandson, Jill Emery, Caroline Ruem, Patty Schemel o la gran Melissa Auf der Maur) y que fue precisamente en ese fatídico 1994 donde se consagraron con su Live Through This, uno de los álbumes más influyentes de la década gracias a temas tan icónicos como Doll Parts y Violet. La buena de Courtney, desde su papel de líder de la banda y más tarde como solista, atrajo siempre la atención del público y los medios tanto por su música como por su estilo y personalidad controvertidos, capaces de no dejar nunca indiferente a nadie.
El sonido Seattle tiene una larga lista de primeros espadas y representantes, y entre ellos no podía faltar la legendaria formación de Eddie Vedder, quien además de gozar en la actualidad de una reputada carrera en solitario, siempre amenaza con devolver a la vid a su banda madre, tal y como los más nostálgicos esperan con impaciencia que suceda. Mientras esto sucede o no, siempre nos quedará tiempo para volver a visitar las pertinentes canciones de Ten (1991), el debut de Pearl Jam y uno de los mejores discos de la década (con temas como Alive, Jeremy o Black, para no serlo).
Para variar, el año 1994 (punto clave de la década, no cabe duda) acogió la formación de la banda Sleater-Kinney, originalmente compuesta por Corin Tucker, Carrie Brownstein y la baterista Janet Weiss (aunque en la actualidad solo se mantengan las dos primeras). Una de las formaciones de rock más influyentes de la escena underground y que juntas contribuyeron a la creación de un sonido crudo y enérgico que fusionaba elementos del punk rock, el rock alternativo y el indie rock (especialmente manifiesto en su homónimo álbum de debut, firmado en 1995). La estela reivindicativa y airada de la banda fue creciendo a lo largo de los años (dejándonos en los noventa otros dos álbumes más, Dig Me Out y The Hot Rock), hasta finalmente poner la formación en receso tras una década de actividad. En los años recientes hemos acontecido a su regreso, demostrándonos la vigencia de sus mensajes, empoderadores y feministas, y que tendrán a bien culminar con un undécimo álbum de estudio este mismo 2024.
Red Hot Chili Peppers no son teóricamente una súper-banda, pero si atendemos a analizar por separado a cada uno de sus miembros, bien podría serlo. Cómo explicamos si no que en un mismo grupo se den cita el talento vocal de Anthony Kedis, la virulencia percutiva de Chad Smith, el virtuosismo al bajo de Flea o la emotividad a las seis cuerdas de John Frusciante. La banda, que arrancó su andadura en 1991 con el célebre Blood Sugar Sex Magik, aguardó hasta ocho años para lanzar su segundo álbum perteneciente a los 90s, con el que oficialmente colgarían del aro mediático oficialmente y para siempre: Californication (1999), uno de los trabajos más completos de la década y que todavía a día de hoy ocupa un lugar importante en la memoria de los fans, los nostálgicos, y de aquellos que crecimos durante los noventa.
Si hablamos de formaciones que no son súper-grupos pero que perfectamente podrían serlo por el papel individual que cada uno de sus miembros jugó en la ecuación final, Fugees son sin duda otro de esos nombres que se nos viene a la cabeza. De qué otra forma podríamos catalogar a una banda compuesta por la voz única de Lauryn Hill y las habilidades de rap de Wyclef Jean y Pras Michel. Formados alrededor de 1990, el trío despega oficialmente tras la publicación de The Score (1996), uno de los álbumes más influyentes del hip-hop y el nuevo soul de los 90s, gracias a temas imposibles de olvidar como Killing Me Softly with His Song, Ready or Not y Fu-Gee-La. Sin embargo y a pesar del éxito de The Score, la banda se separó poco después de su lanzamiento debido a conflictos internos y proyectos en solitario de los miembros. De hecho, la propia Lauryn Hill en particular continuó su exitosa carrera en solitario y lanzó su álbum The Miseducation of Lauryn Hill en 1998, el cual ganó múltiples premios Grammy y es a día de hoy considerado todo un clásico de la década.
Es comenzar a sonar la sirena modulada del comienzo de Black Hole Sun y venírsenos inmediatamente a la cabeza su lisérgico y surrealista videoclip. Desafortunadamente y desde 2017, también nos emociona enormemente escuchar cualquier tema de Soundgarden, luego de haber sabido de la lamentada y terrible pérdida de su vocalista y líder, Chris Cornell, quien era conocido también por sus múltiples proyectos paralelos, pero que eternamente será asociado a esta legendaria banda de grunge que contribuyó a elevar el nombre del género durante los años 90. A pesar de que su debut se produjo en 1988 con el icónico Ultramega OK, no fue hasta 1991 y la publicación de su Badmotorfinger que la banda comenzó a ser considerada como el adalid del rock alternativo que aún a día de hoy sigue siendo.
Suena a tópico machacón reincidir en la vigencia de determinados grupos como influencia en el presente, pero es que Rivers Cuomo y los suyos tienen el don de ser una de las formaciones más recurrentes en el cajón de referentes del nuevo punk y el pop garajero (tanto que bandas de nuestra escena como Yawners le dedicaron una canción que hasta el propio vocalista tuvo a bien poder escuchar). Su rock alternativo melódico, a menudo con un pie en el emo y otro en el power pop, ha evolucionado a lo largo de los años (dejándonos álbumes imperecederos, como su homónimo debut en 1994) pero nunca parece haber renunciado a esos himnos empoderadores de espíritu adolescente ni a su sentido del humor, con el que a día de hoy consiguen seguir haciendo discos del todo memorables.
Por razones obvias, a día de hoy nos es imposible volver a escuchar a The Cranberries de la misma forma en la que lo hacíamos en los 90s, o al menos no sin evitar que se nos caiga una furtiva lágrima por la mejilla. Y es que a pesar de que aconteciera en 2018, todavía se nos hiela la sangre al recordar la catastrófica e irremplazable pérdida de Dolores O’Riordan. Nuevamente, y como si el destino tuviera un plan, debemos trasladarnos a 1994 para darnos cita con el debut de la formación, el formidable No Need To Argue, donde podremos encontrarnos con temas como Zombie entre otros tantos, y que ahora cobran un cariz emotivo nuevo y del todo demoledor.
Conocidos por su compromiso y vínculo contra las injusticias sociales y un posicionamiento político abierto en el que abordaron temas como el racismo, la opresión y la desigualdad, a lo largo de su trayectoria Rage Against the Machine destacaron notablemente en la escena de los 90s gracias a su habilidad para confluir entre géneros (del rock duro al funk, pasando por el hip-hop y el rap) y construir himnos de salvaje pegada capaces de generar alrededor de una generación entera un revuelo de euforia y rabia como pocos lograron. Zack de la Rocha y los suyos no fueron enormemente prolíficos, pero de esta década que nos ocupa destacamos con especial cariño su homónimo debut de 1992 y su predecesor, Evil Emprire (1996).
Por alguna razón, y a pesar de la viralidad y trascendencia de sus canciones, una de las grandes olvidadas cuando se trata de enumerar voces femeninas de los 90 es la gran ama y señora Shirley Manson, precursora del pop kitsch y oscuro y vocalista de Garbage. Conocidos por un sonido distintivo que fusiona elementos del rock alternativo, el pop y la música electrónica, la formación estadounidense debutó en 1995 con un álbum homónimo cuyas pistas (destacando Stupid Girl o Only Happy When It Rains, entre otras) fueron precursoras de un estilo liberado y extinto de etiquetas, capaz de llegar tanto al gran público como al target menos generalista.
Los noventa sirvieron para corroborar la emergente pegada de las bandas femeninas con coraje y mensaje, entre las cuales se encontraban L7, el cuarteto californiano liderado por Donita Sparks. A lo largo de su carrera y más concretamente durante los años 90, L7 lanzaron varios álbumes de estudio notables, como Smell the Magic (1990), Bricks Are Heavy (en 1992, y donde encontramos la destacada Pretend We're Dead), y Hungry for Stink (1994). Conocidas por su energética actuación en vivo y su participación en la escena grunge y punk de la década de 1990, L7 se separaron oficialmente en 2001 aunque su legado sigue siendo relevante para quienes aprecian su enfoque poderoso y desafiante en la música.
Al igual que Sleater-Kinney, en plenos noventa y en el seno de Olympia, Washington nacía otra banda –y no cualquiera- representante del movimiento riot girrrl: las poderosas y rabiosas Bikini Kill. Como una respuesta feminista y contracultural de la escena musical underground, surgía ese amasijo de voces luchadoras y empoderadoras que entre otros, tuvieron a bien tener a Kathleen Hanna y las suyas como voces propulsoras de una música enérgica y un compromiso manifiesto en sus guerrilleras letras, capaces de abordar temas tan inéditos durante aquellos días como el sexismo, el acoso sexual y la igualdad de género. Sin embargo, el grupo no solo elaboró música provocadora, sino que también abogó por la creación de espacios seguros para las mujeres en la música y el activismo. Organizaron conciertos y eventos que promovieron la igualdad de género y la voz de las mujeres en la música y la cultura –un legado que, a estas alturas, todavía colea como espíritu clave de muchas bandas.
¿Hay una voz más dulce que la de Hope Sandoval? Si la hay, desde luego no lo queremos saber. Podríamos quedarnos a vivir en esa eterna Fade Into You, y desvanecernos en el vaporoso, delicado y emocional relato que comprenden las respectivas canciones de su debut, She Hangs Brightly (1990), equipadas con esos riffs reverberados y ensoñadores del tristemente desaparecido David Roback. La carrera de Mazzy Star, por su parte, se desaceleró tras del lanzamiento de su tercer álbum, Among My Swan (1996), y pasaron por un largo período de inactividad, con actuaciones y lanzamientos ocasionales en los años siguientes. Aunque su romanticismo, color sepia trágico, perdurará para siempre vivo en los compases de sus lánguidas melodías.