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Crítica: Blur - The Ballad of Darren

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The Ballad of Darren - Blur

Reconocemos que el hecho de reencontrarnos con Blur a estas alturas de la película, y después de ocho años de su última aventura en larga duración, nos enfundaba respeto y pavor a partes iguales. Tras esa incontable cantidad de hits emblemáticos que han terminado gozando de la categoría de temas de cabecera para tantas generaciones, nos enfrentábamos a este regreso con el temor de quien retoma el contacto con un viejo compañero de la escuela (resonando en nuestra cabeza todo un mar de dudas, relativas a si existiría la ignición necesaria para avivar nuestro interés por la banda, si se caería en la reiteración de fórmulas eficaces pero limitadas, o si directamente la conversación moriría a los escasos cinco minutos).

Ni siquiera su glorioso y reciente paso por algunas de las salas y recintos más emblemáticos de Europa y Reino Unido garantizaban por completo nuestra confianza en The Ballad of Darren (Parlophone, 2023), pues bien sabemos que Albarn y compañía tienen carrete y registro pretérito de sobra para seguir llenando estadios como en sus mejores días sin necesitar echar mano de trucos nuevos. Así pues, la validez de sus nuevos diez cortes, a excepción de puntuales adelantos entregados formalmente o vistos en directo, continuaba estando en entredicho hasta que ahora, y desde la certeza que nos da comprobar la buena salud de la que goza la banda treinta años después de su formación, por fin tenemos el privilegio de poder desenvolver los frutos de esa reunión que desde el pasado 2022 nos ha hecho soñar.

Unos frutos que ya adelantamos no serán quizás de lo más satisfactorios para aquellos que se aproximen al noveno LP de la banda con la esperanza de escuchar un nuevo Modern Life Is Rubbish o un trabajo que rasque en el aura más 90s de la formación. Los años no pasan en balde, y poco o nada de procedente nos parecería toparnos en pleno 2023 con unos Blur que erróneamente tratasen de emular a sus respectivos y veinteañeros yoes. Por ende, las emociones más crudas y desprovistas son ahora las auténticas protagonistas de un álbum que confirma el momento tan contemplativo y reflexivo en el que Albarn y los suyos parecen hallarse, firmando desde una preciosa honestidad algunas de las letras más sensibles y conmovedoras de su trayectoria (tómese la insólita dulzura de The Everglades (For Leonard) como ejemplo).

No engañan a nadie, pues tan pronto como el disco arranca con The Ballad escuchamos a un lánguido Albarn musitar ese “I just looked into my life and all I saw was that you're not coming back” entre cajas de ritmos y coros, más próximos a sus proyectos con firma individual que a cualquier trabajo de Blur que recordemos (quizás sea la costumbre de haber disfrutado recientemente de estos más que de un disco propiamente ejecutado por la banda, pero éste será un sentimiento que percibiremos en más ocasiones a lo largo de sus respectivos cortes, como nos sucede en esa sintética y juguetona Barbaric). En la evolución de sus primeras líneas encontramos el perfecto equilibrio entre lo que parece ser su mirada más desafiante y canalla a golpe de distorsión (St. Charles Square) y su habilidad para detener el tiempo y sumirnos en los imprecisos y caprichosos devenires del tiempo (con esa Russian Strings convertida en la perfecta banda sonora para dar paseos meditabundos y cabizbajos), dejándonos claro desde el principio lo que ha supuesto para ellos funambular entre los límites de la euforia y el desastre en los últimos años.

Como separador meridiano del álbum, y a pesar de su título, The Narcissist podría ser la clave para entender la dirección de este nuevo trabajo, mucho más orientado ahora hacia el exterior (y al incontrolable ritmo en el que la vida se ha movido en los últimos años), que hacia sus propios ombligos, tal y como subrayan de la mano de versos que explicitan la intención del cuarteto por entender la evolución del presente y asimilar la repercusión e impacto de su propuesta (“Oh, glorious world / Oh, potent waves, valleys gone wild / Connect us to love and keep us peaceful for a while”). Con el hit radiable de turno ya tirado (y que de hecho ya ha entrado a formar parte del indiscutible abc de los mejores temas de Blur), la banda prosigue su andanza con perfil bajo, pero que humildemente nos brinda pasajes del todo reseñables, algunos con espíritu de himno comunal y valsístico (Far Away Island), y otros que directamente son momentos de máxima delicia con Graham Coxon a las seis cuerdas (The Avalon). El terreno parece abonado para la gran llantera, la cual efectivamente termina por llegar de la mano de su cierre con The Heights, el sumun de emotividad a la altura de sus mejores baladas y que hace palidecer al resto de pistas lacrimógenas que álbum posee (“Something so momentary you can’t even feel it”).

El disco es una auténtica montaña rusa que crece alrededor de una narrativa marcada por despedidas estoicas y que, contra todo lo esperado, denota inconformismo en sus formas (a diferencia de lo que este tipo de impredecibles reagrupaciones suelen aportar). Y es que ésta es mucho más que una reunión a la desesperada protagonizada por estrellas caducas y obsoletas; The Ballad of Darren es el retrato de cuatro tíos sentando cátedra en cada línea y dándonos una lección de vigencia en pleno ecuador de sus vidas.

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