Crítica: Heartworms - Glutton For Punishment

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Heartworms - Glutton For Punishment (2025)

Tras habernos robado el aliento hace un par de años con A Comforting Notion (2023), su carta de presentación en formato corto, teníamos claro desde el principio que Jojo Orme (alter ego de Heartworms) acabaría dándonos algo muy potente cuando decidiese llevar a cabo su futura puesta de largo. Glutton For Punishment (Speedy Wunderground/PIAS, 2025), el esperadísimo debut en larga duración de la británica, es exactamente el salvaje y despiadado salto que cabía esperar por su parte y el pistoletazo de salida para una carrera tan extrema como prometedora.

Mientras que el post-punk actual ha terminado optando por vías más comedidas y fórmulas auto-replicadas con mayor o menor acierto, Orme ha decidido salirse de la ecuación e inclinar la balanza hacia el lado más gótico e industrial del género, hallando en esa áspera oscuridad un lenguaje propio y su mejor versión. Cuando en las fotos promocionales de su presente proyecto la veíamos posando enfundada en lo que ella denominaba "la Brida Brutal" (una suerte de instrumento medieval de castigo destinado a humillar y silenciar públicamente a las mujeres), en seguida nos dimos cuenta de que su consiguiente narrativa no nos dejaría indiferentes. Y en efecto, la buena de Jojo hace honores a las expectativas y nos ofrece a lo largo de las nueve pistas de su elepé un sobrecogedor recital de aciagas y purgantes disertaciones que conectan directamente con el lado más reptiliano de su imaginario.

Como si de una tesis particular sobre el dolor propio y ajeno se tratara, el alma y voz de Heartworms nos remite en sus canciones a un pasado marcado por las convenciones que la sociedad esperaba de ella como mujer adulta. Unos cánones que, aun siendo rehusados por la cantante, no dejaron de perseguirla recurrentemente durante años hasta hacerla comprender el verdadero significado de la palabra "castigo" (tanto el externo como el autoinflingido). El título de su largo no es baladí y condensa con diestra certeza en su sarcástico tino el sentir de una voz que parece haber meditado mucho sobre las perfectibles decisiones que los seres humanos tomamos a lo largo de nuestra vida. Por eso el descontento manifestado en sus letras se sentirá trágicamente atemporal y desalentadoramente conocido.

Por consiguiente, y a pesar de que su dicción se plantee en primera persona, Orme logra regalarnos un relato sobre desaliños familiares y relaciones rotas que el oyente podrá hacer suyo sin mayor dificultad, encontrando entre sus piezas odas que nos recuerdan lo fina que es en ocasiones la línea entre el amor y la obsesión (con Just To Ask A Dance evolucionando hacia una balada de pop agitado tan inquietante como pasional) y lo emocionalmente lesivo que un hogar desestructurado puede llegar a ser (con una Smugglers que directamente nos hará viajar a los primeros discos de PJ Harvey). Todo ello, huelga decir, asistido por excelentísima mano en la producción de Dan Carey (Wet Leg, Fontaines D.C., Goat Girl, Squid, black midi) que acompaña a la artista en esta gradual evolución al alza.

Otra gran lección que la británica nos entrega con este trabajo es que cualquier etiqueta que pudimos haberle calzado desde que comenzáramos a saber de ella se cae ahora por su propio peso. La artista no solo se libera de las restrictivas y acotadas líneas del post-punk de base apostando por ideas que oscilan desde el dance rock más tenebroso (Jacked) y el electroclash más juguetón (Mad Catch), sino que además reinventa su pasión por la imaginería militar a golpe de discotequeo marcial y épico (Warplane). De todo menos predecible, y edulcorando con sorpresivas dosis de ritmos pop los elementos de la receta, el todo termina resultando mucho más pegadizo de lo que inicialmente cabría sospechar. Ya lo deja claro la propia Orme en los últimos compases del disco, conjugados a través de su versión más acústica para el acto homónimo del disco: "All I want to do is dance, dance, dance, dance...". Un sentimiento primario y animal al que no renuncia, por muy largas que sean sus noches.

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