Crítica: Protomartyr - Hotel Usona

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Protomartyr - Hotel Usona

Digo, sin miedo a equivocarme y consciente de mis palabras, que Protomartyr nos ha hecho entrega de la mejor película de terror de 2026 con Hotel Usona (Domino Records, 2026), su séptimo álbum de estudio. Una suerte de Overlook habitado por todas las miserias y vergüenzas de la América presente (la deportación, el patriotismo convertido en liturgia, la violencia institucional, el trumpismo) y erigido a partir de una narrativa que va mucho más allá de la de otro disco de indignación política que nos llega desde el otro lado del charco.

Qué gusto da toparse, para variar, con una obra en la que todo está verdaderamente orquestado con milimétrica agudeza, sin nada dejado al azar ni puntadas sin hilo. Un águila calva, el emblema nacional estadounidense por antonomasia, nos da la bienvenida con su encendida mirada y esa pompa heráldica desde la portada. Más tarde veremos a Joe Casey desangrando el mito de esta imperial ave con su sardónica e incisiva Exalted Eagles, donde revierte el american dream entre congas latinas que inclinan el cerviz con obsecuente sumisión ("Would you stay with us again? / Would you suggest us to your friends?"). Porque las nueve habitaciones de este alojamiento provisional no solo buscan declamar una homilía respondona y disidente contra los tópicos de todo lo que está mal en el mundo, sino que también ocultan en su prosa descarnada el fin de golpear duro nuestra normalizada asepsia y habilidad para acostumbrarnos a aquello que huele a podrido ("Two bombshells hit the villa / A vertical of bone-thin children / Celebrity smiling, drops the weight", cantan con una mala baba impasible en Sounds We Cannot Hear).

Casey, además de haber depurado su voz hasta convertirse en un crooner retorcido y enigmático, nos regala en cada pista un generoso puñado de tesis a pie de verso que son auténticamente para enmarcar. Pero si sus demoledoras sentencias no nos dejan lo suficientemente ojipláticos, ahí llega con exultante tino la producción de Dave Fridmann, incapaz de permanecer estática ni durante treinta segundos y empeñada en mudar la fisionomía de las canciones con voluntad febril. Lo que antes podríamos catalogar de forma reduccionista como post-punk, aquí se expande con ambición diegética hacia lo que parece una banda sonora de cine negro entre golpes de trip-hop, secciones de viento y baterías furibundas (The Knife Dream). Es en este punto cuando comprendemos que, analizar apropiadamente Hotel Usona exige, como mínimo, la paciencia de un galerista para no perder detalle y disfrutar a tope de cada recoveco; una recompensa para la escucha exigente y entomológica que nos hará pasar de la electrónica minimalista y aterciopelada de Converts a la exótica cincuentera de Third Country o la guitarra más áspera y distorsionada del disco, que nos espera en recepción para el Checking Out.

Por supuesto, podríamos poner la lupa en cientos de ideas más que la banda se dispone a lanzarnos a la cara a lo largo del compacto (el apetito insaciable de la máquina en Feed the Sewer, la metamorfosis ideológica del oportunista en Converts, la tragedia humanitaria en Third Country o el vértigo de asumir una nueva vida cuando todo alrededor se desmorona en Checking Out), ya que, como bien notará el oyente, estamos ante un elepé abigarrado de mensaje e intención. Pero será mejor que dejemos que sean Casey y compañía quienes desnuden con verbo y garra las vilezas particulares de cada uno de los huéspedes de este trasunto arquitectónico de nuestra dantesca realidad.

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