
No es fácil afinar con tanta precisión un sentimiento tan específico, a medio camino entre la melancolía de entretiempo, el vértigo de hacerse mayor y esa insidiosa sensación de que el verano (pese a su asfixiante yugo) se acaba siempre demasiado pronto. Pero Slow Pulp han encontrado el tono y el truco idóneos para que su tercer disco nos llegue justo cuando el calendario resulta más oportuno. Melodie (ANTI-, 2026), con sus once piezas marcadas por la incertidumbre y el desarraigo, ilustra certeramente esa crudeza inherente al cambio de piel y al irremediable atropello del paso del tiempo.
El asunto empieza a adquirir verdadero interés cuando uno descubre que el desajuste no lo transmiten únicamente sus letras, heridas pero nunca lastimeras, sino también una fórmula sonora emanada de la providencial resolución de recuperar una mecánica de trabajo que habían olvidado. Por primera vez desde que se convirtieron en un grupo con cierta maquinaria a su alrededor, Henry Stoehr comparte las labores de producción con Emily Massey y el productor Elliott Kozel, mientras ambos retoman una forma de componer mucho más parecida a la de los primeros años del conjunto. Antes de que existieran discos que defender y una presión con la que lidiar, Stoehr y Massey se intercambiaban canciones, riffs e ideas sin demasiada reverencia por el resultado, y ahora, en aras de volver a sentir lo mismo haciendo música, regresaron a esa dinámica con treinta temas cribados que deparan en el material que conforma este álbum.
Es un procedimiento bastante elocuente si tenemos en cuenta que se trata de un disco obsesionado con el cambio. Yellow and Green abre el repertorio poniendo sobre la mesa esa afición de sus responsables por volver la vista atrás para comprobar hasta qué punto el tiempo ha hecho trizas nuestra versión de los acontecimientos, con una Massey regresando a una ruptura de los diecinueve años que entonces parecía poco menos que un cataclismo y que ahora, desde los treinta, puede contemplar incluso como una de las mejores cosas que le sucedieron. Y desde ahí, da la sensación de que el disco se reafirma como una suerte de cuaderno de cuentas pendientes, con These Days prolongando una deriva entre calles, parques y días que se parecen demasiado entre sí o Better Man (escrita desde la perspectiva de Stoehr sobre la necesidad de abandonar el control extremo y aceptar la persona en la que uno se ha convertido), convirtiendo la inseguridad en una cuestión de responsabilidad personal.
Delegar en Kozel también les ha permitido alumbrar un disco ajeno a la etiqueta sencilla y tan disímil como la coherencia les permitía. Precisamente, es la última canción citada la que rompe con ese indie-rock generalizado y deviene en un power-pop ochentero, de guitarra reverberada, percusión anticipatoria y estribillo a coro, que la convierten, con diferencia, en la mejor pista que el cuarteto norteamericano nos ha ofrecido en mucho tiempo. Las ganas por innovar y no estancarse en un sonido plano también se aprecian en capítulos siguientes, como la homónima Melodie, que con su distorsión y su agitación pop-punk nos invita directamente a montarnos un pogo con nuestras propias lágrimas ("Melodie, in the background of a dream / trying to pull me out"); o Red Car, también dispuesta a quitarle hierro al asunto con una estructura más accesible y menos solemne que sus otras compañeras de tracklist.
El disco capea con solvencia el riesgo de caer en la bajada de decibelios excesiva o el solipsismo ególatra propio del folk más intimista (Not For Nothing) gracias a su recurrente manejo de un slowcore vivo y presto para la constante transformación, capaz de hacer que incluso los momentos más personales del compacto (Like Me) se puedan sentir como propios. Escuchando el cierre de la partida, con una Massey a lo Phoebe Bridgers, desgarrada de arriba a abajo sobre un punteo bañado en reverb (Slip Away), cuesta no pensar que Melodie debería ser el disco que saque de una vez a Slow Pulp de ese cómodo margen de culto en el que llevan demasiado tiempo instalados: el disco que les convierta en el secreto a voces que llevan tres álbumes mereciéndose ser.