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Crítica: Heartworms - A Comforting Notion

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Heartworms - A Comforting Notion

Ya os contábamos hace unos meses que el debut de Heartworms no iba a ser una nota más en el parabrisas y así nos lo ha demostrado oficialmente su responsable, Jojo Orme, haciéndonos entrega de un breve pero aplastante EP de cuatro canciones que se clavan como agujas de nueve milímetros en nuestro entrecejo a la primera escucha. Sí, nuestra particular referencia a Trent Reznor no es baladí, y solo basta entrar en el universo oscuro, industrial y distópico que la joven artista británica ha dibujado en A Comforting Notion (Speedy Wunderground, 2023) para entender bien a qué nos referimos.

En un plano en blanco y negro, donde las referencias a la poesía más apocalíptica de William Burroughs se dan la mano con esa estética militarista e inquietante de la que Orme hace gala, nacen las piezas de una banda que bien se considera ya como el proyecto más prometedor de la escena sumergida británica. Y no es para menos, si atendemos al explosivo choque de sentidos que se genera en nuestros oídos cuando nos damos de bruces con esa enloquecedora diatriba lóbrega que repta entre reverberaciones añiles en Consistent Dedication hasta derivar en una performance agresiva y catártica en la que Orme esputa las palabras de su boca con una rabia ilimitada (“Ugly is the man, he’ll chew his eyes”).

En Retributions of an Awful Life será un sintetizador pristino y siniestro el que ejecute en esta ocasión su particular in crescendo, revelando en sus letras otra de las grandes pasiones de Jojo: la aviación (“Look at me, I can fly, that's the way it's happening”). Y ojo al puente principal de la canción, porque Orme no solo sabe susurrar de manera inquietante o gritar a pleno pulmón; también nos demuestra de lo que su voz es capaz sacando su vena más Siouxsie en esos versos finales del citado tema (“When you're young decisions are not fun”). En un peldaño más abajo de esta liberadora lluvia de males personales que parecen salpicar cada una de las intervenciones de Heartworms, nos encontramos con un tema homónimo que, tras una perturbadora voz distorsionada, nos lleva a una suerte de voz a la Beth Gibbons que deambula entre páramos de profunda oscuridad y desolación. Su temática, áspera y retorcida, no remontará en el corte final del EP, 24 Hours (el cual versa sobre el infierno en vida que Orme confiesa que vivió durante su etapa escolar), aunque sí lo hace en cuanto a tono, saliéndose parcialmente de los parámetros más lánguidos de esa impronta que habíamos percibido hasta el momento en sus anteriores cortes y sucumbiéndonos en una deliciosa ráfaga de rock industrial de la que no querremos salir hasta haber cerrado bajo llave todos nuestros demonios más internos.

El sello y la marca de ese particular rey Midas que es Dan Carey (Fontaines D.C., Slowthai, Wet Leg) son, además, clave para Orme dé rienda suelta a un trabajo que capture fielmente su personalidad, convirtiendo además su puesta en escena en todo un toque de distinción único que apunta maneras a convertirse en la banda de culto del momento. Si Orme ha sido capaz de conseguir esto solo con cuatro canciones, nos frotamos las manos desde ya pensando en lo que será capaz esta londinense el día que se proponga entregarnos un larga duración.

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