Crítica: Sus hijos - Un padre imposible y un apellido demasiado grande

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Sus hijos (& Sons, Pablo Trapero, 2025)

Redacción: Ana Dara Peña Giraldo

Los padres artistas llevan una temporada complicada en el cine. Sentimental Value (Joachim Trier, 2025), El ser querido (Rodrigo Sorogoyen, 2026) y ahora Sus hijos (& Sons, Pablo Trapero, 2025), que llegará a los cines españoles el 18 de septiembre, vuelven, desde lugares muy distintos, sobre hombres que han ocupado tanto espacio como creadores que apenas han dejado sitio para ejercer de padres. En esta última, además, el asunto del legado acaba llevando la historia hacia un terreno inesperado. Conviene no saber demasiado antes de verla: hay plot twists, y de los buenos.

Andrew Dyer (Bill Nighy, Love Actually, 2003; Living, 2022) fue un escritor de éxito y ahora lleva casi veinte años sin publicar, encerrado en una enorme casa de la campiña inglesa. Bebe, toma pastillas, escucha jazz a todo volumen y prácticamente no tiene relación con sus dos hijos mayores. Vive con Andy (Noah Jupe, A Quiet Place, 2018; Honey Boy, 2019), el pequeño, y Gerde (Anna Geislerová, Želary, 2003; Anthropoid, 2016), el ama de llaves que hace lo que puede con él. Cuando muere un viejo amigo, Andrew empieza a pensar que será el siguiente y llama a sus dos hijos mayores, Richard (Johnny Flynn, Beast, 2017; Emma, 2020) y Jamie (George MacKay, Captain Fantastic, 2016; 1917, 2019).

Trapero adapta junto a Sarah Polley —guionista y directora de Women Talking (2022) y Away from Her (2006)— la novela & Sons (Random House, 2013), de David Gilbert, y debuta en inglés después de una carrera que incluye Mundo grúa (1999), El bonaerense (2002), Elefante blanco (2012) o El clan (2015). El cambio de idioma y de paisaje se nota, aunque sigue siendo reconocible su manera de moverse entre familias mal avenidas. La película empieza con un largo plano secuencia que presenta a Andrew bastante maltrecho mientras recorremos con él la mansión. Se tambalea, cruza habitaciones y va dejando claro, sin necesidad de explicarlo demasiado, cómo vive ese hombre. La casa rebosa libros, discos, muebles y vestigios de otra época. Avanzado el filme, aparece la casa de Isabel (Imelda Staunton, Vera Drake, 2004; Harry Potter and the Order of the Phoenix, 2007), su exmujer, mucho más luminosa y moderna, y Trapero saca partido a ese contraste sin cargar las tintas con el simbolismo.

También rueda el conflicto de una forma bastante distinta a Sorogoyen en El ser querido. Allí abundan los primeros planos de rostros y ojos, a veces hasta la insistencia, aunque algunos tengan mucha fuerza. Trapero mueve más la cámara, recorre las habitaciones y persigue cierta inestabilidad. El problema es que Sus hijos es una película muy dialogada y hay momentos en los que ese movimiento parece estar intentando airear escenas que, de otra manera, podrían escorarse demasiado hacia lo teatral.

Jamie encaja especialmente bien con esa decisión. George MacKay interpreta a un cineasta que va casi siempre con la cámara al hombro, filmando a su padre y lo que ocurre alrededor. Trapero recoge ese gesto y deja que su propia cámara adquiera también un pulso nervioso e inestable. Jamie es además el más distante de los hermanos, mientras Richard entra de lleno en el choque con Andrew. También alrededor de él aparece un productor de cine interpretado por Dominic West (The Wire, 2002-2008; The Crown, 2022-2023), interesado en acercarse al célebre escritor a través de su hijo. Y ahí Johnny Flynn firma una de las interpretaciones más brillantes de la película. Richard es alcohólico en recuperación, quiere trabajar como guionista y pretende adaptar al cine la obra de su padre, aunque la relación entre ambos sea desastrosa. Arrastra un resentimiento considerable hacia Andrew y, al mismo tiempo, sigue pendiente de lo que pueda decir, hacer o concederle.

Hasta ese momento, Sus hijos podría pasar por otro drama sobre un padre brillante y varios hijos bastante hartos de él. Entonces Trapero y Polley dan un giro que obliga a recolocar buena parte de lo que acabamos de ver, llevando más lejos la cuestión que ya estaba presente desde el principio: qué heredamos de nuestros padres y qué hacemos con eso. Ahí vuelve a conectar con Sentimental Value y El ser querido. Las tres hablan de figuras creativas de mucho prestigio cuya vida familiar ha salido bastante peor librada que su carrera. Fuera de casa pueden ser directores, escritores o artistas admirados; dentro, la versión tiene bastante menos lustre. Bill Nighy lleva a Andrew bastante al límite, con barba, alcohol, mal humor y algún momento en el que el personaje bordea la caricatura. Imelda Staunton, Isabel, aparece menos, pero cada intervención suya afina la película, sobre todo cuando se enfrenta directamente a Andrew. Entre ambos hay algunos de los mejores momentos del film.

Sus hijos funciona especialmente bien cuando se concentra en esa familia que lleva años viviendo con una versión concreta de lo que ocurrió. No todas las vías que abre llegan igual de lejos: hay narcisismo, alcoholismo, creación, identidad, culpa, perdón y legado para bastante más de dos horas. Richard quiere convertir la obra de su padre en un guion, Jamie lo filma y Andy todavía intenta entender qué lugar ocupa en todo aquello. Los tres siguen ajustando cuentas con el mismo hombre, cada uno a su manera. Y ahí está lo mejor de Sus hijos, bastante más interesante de lo que su premisa familiar hace pensar al principio. Si a la media hora crees que ya tienes la película calada, espera sentado...

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