Weezer - Pacific Daydream [Crítica]

9 noviembre, 2017
Redaccíon: dod Magazine

Weezer - Pacific Daydream

Redacción: Andrea Genovart

Es sabido que el nuevo disco de Weezer iba a generar generar controversia y múltiples críticas. Pero no hay de qué sorprenderse tanto: Weezer siempre ha sido uno de esos grupo que, tras un nuevo lanzamiento, mejor o peor según los gustos de cada uno, ha provocado sorpresa. Un decir “esto no es lo que hacían antes” o “están perdiendo su originalidad”; pensar, por ser tan evidente, que han cambiado, es la tónica general.

Sí que es cierto que Pacific Daydream (2017, Crush Music) llama la atención por ser un LP apresurado tras la reciente publicación, en 2016, de su décimo disco con título homónimo, conocido como White Album (2016). Nuevo repertorio probablemente innecesario, pues comprende diez temas que bien podrían tratarse de la misma canción. Ritmos fáciles y divertidos, perfectos para mover la cabeza arriba y abajo mientras esperas en la barra a que te sirvan la copa, basados en la estructura estrofa - estribillo - estrofa. No es algo desagradable al oído - es Weezer, por supuesto que no -, pero está muy lejos de ser un disco imprescindible en la música en general y en la discografía de la banda en particular.

Ya llevamos mucho tiempo escuchando y conociendo a este grupo que parece haber vendido su alma al diablo a cambio de estado eternamente jovial. Y decimos vender porque, realmente, se trata de ello cada vez más. Si bien nos gustaba de la banda estadounidense su frescura power pop, pese a ser un grupo de cincuentones, en este disco se les ha ido la mano. De las manos no tanto porque, repito, ya estábamos acostumbrados a estos loopings tan viciados y sin emoción. Lo que había sonado como un grupo de veinteañeros con temas de radio noventera como Island In The Sun o Say Ain’t So, ahora podría ser la BSO de American Pie o de nuestro primer drama de pubertad, emparejandose con un estilo más propio de Ratitude (2009) que con el indie - rock de Hurley (2010) o el punk-rock de Maladroit (2002).

Hasta cierto punto se les perdona porque sus canciones nunca han pecado por complejas, pero cabe reconocer que existe un matiz cualitativo entre sencillez y simplicidad. Y esta vez los tenemos en éste último estadio, navegando en una inercia de producción masiva donde pesa más la noticia sobre su nuevo lanzamiento, que ya deja de tener el carácter de primicia o novedad, que la calidad de lo que ofrecen con sus constantes reapariciones. Es cierto que la voz de Cuomo en canciones como Feels Like Summer supone un despunte que obedecer a una mejora vocal, siendo capaz de llegar a unos altos nunca oído, pero después de elegir a Beach Boys y a Happy Hour para formar el trío de ases de Pacific Daydream pocos más valen la pena de inmortalizar. Y de eso, precisamente, empiezan a enfermar los prolíficos Weezer: por abusar del famoso elixir de juventud se están empezando, quizá sin darse cuenta, a prejubilar.

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