Triángulo de Amor Bizarro - El Gatopardo [Crítica]

4 abril, 2018
Redaccíon: dod Magazine

 

Triángulo de Amor Bizarro - El GatopardoRedacción: Andrea Genovart

El Gatopardo es la continuidad - o mejor dicho, el bonus track - de Salve Discordia (2016), el disco que marcó un punto de inflexión ante aquellos que dudaban de la faceta más lolly pop de los gallegos Triángulo de Amor Bizarro, por su actitud tan evidentemente beligerante y un sonido mucho más cargado y oscuro. Con El Gatopardo, el movimiento ofensivo se lleva otra vez a cabo, y siempre tan bellamente, constatando que su contratodo es la zona de confort irrebatible para el cuarteto. No se trata solamente del resultado por un sonido aún más en diferido que consigue la desorientación siniestra en cada tema, sino por el elevado contenido cínico y sádico de sus letras.

O Isa, tema escogido como avance de la nueva publicación, es ¿el homenaje? a la bajista del grupo o a Isabel La Católica - ahí se juega hábilmente la ambigüedad - en forma de cantiga medieval. Maestría la de Rodrigo al recrear el tenebrismo de época mezclando la influencia de Bootsy Collins o James Chance, dando así lugar a una canción frenética que va alcanzando un tono efusivo tan rápido como denso, para suspender el estallido catártico con tempos de percusión lenta, antes de volver a su estallido de truenos de nuevo. La Locura de Satanás al descubierto por la genialidad de crear una cosmogonía simbólica propia: “O Isa/ avatar definitivo del medievo/ O Isa/ lucirán tu título en una portada de Maná/ maldecida por arrancar los olivos de Galicia”

Les Llevaré Mi Cruz es la herida abierta en canal en un marco tétrico de costumismo de mármol frío. Es velar el muerto en la casa vieja de persianas bajadas y olor a humedad. También es la voz dulce de Isa que hace tangible lo punzante de la fragilidad, el chirriar del plato por el roce del tenedor en el momento en que se baja la guardia. Es la cara B de El Fantasma de la Transición o Barca Quemada: canciones aparentemente pacíficas y moderadas, recreadas sobre pocas notas, pero que aun así abren una brecha incómoda que impide una escucha apaciguada. Ésta huye de la calma: los niños, las madres, tocados por la hora de Dios; descalzos, a pie de calle, felices sin saber. Una alegoría de la miseria y la deconstrucción del concepto de nación tomando por ejemplo al Duque de Barcelona. O, mejor dicho, Juan de Borbón. Nuestros Borbones.

Ciudadanos, tercera canción del EP, no sería del todo un ejemplo de esto último. Es quizá el tema más contrasta de este manifiesto: supone la nota de distinción por ser tremendamente engañosa. Lo que empieza siendo una casi balada pop por su tono elegíaco, cambia drásticamente por la invasión de unos sintetizadores justo en la mitad de la canción. Un giro tan brusco y discordante, que rompe con toda armonía perfectamente estructurada de lo que viene siendo una partitura lenta, que acaba por conseguir lo que busca la banda con las formas de su proyecto: la violenta desubicación.

Por último, Gatopardo, de una música muy parecida a O Isa, también es una denuncia política, una burla a la patria, una sátira a la identificación con el imperio de los castillos de aire. Extensos territorios de ejércitos luchando, sangre y caballos, y el silencio como el enemigo cómplice ante la alternativa de recoger un sentido consistente y unitario con el hilo conductor de nuestra historia de una tierra que dejó de sernos madre hace tiempo. De ésto último se ocupa Triángulo y, tan bien, que cuando haya rey muerto ya sabremos nuestro rey puesto.

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