Tom Chaplin en Estocolmo (o cómo los suecos viven un concierto)

15 marzo, 2017
Redaccíon: dod Magazine

Tom Chaplin (2017)

Redacción: Pablo Aznar

El sábado pasado tuve la oportunidad de ver a Tom Chaplin, cantante de Keane, en Estocolmo. Como no pudo pasar por España en su gira, decidí subirme al país de Abba e Ikea para poder ver de nuevo en directo a esta voz prodigiosa que tanto me ha inspirado en la vida. Quería ver cómo estaba Tom en su época post-Keane, después de los excesos que casi terminan con su vida.
El evento fue en el Södra Teatern, hasta aquí todo normal. Entramos algo asfixiados tras la paliza de viaje (vuelo a Copenhague el día anterior y 6 horas de tren hasta Estocolmo) pero en seguida tomamos consciencia de la situación. Vamos a ver a Tom Chaplin presentar su álbum en solitario, y tenemos ganas de cantar. Aprovechamos para avanzar unas filas, se apagan las luces y sale el susodicho artista al escenario respaldado por una violinista/teclísta/corista de puro espectáculo, un guitarra, un batería muy feliz y un pianista. Gozos, jolgorio y aplausos, cómo no. Comienza con Still Waiting, canción que abre su CD The Wave (2017) y le sigue Hardened Heart. En el momento en el que termina una canción, cuál es nuestra sorpresa al ver que un silencio sepulcral inundó la sala, abriendo paso a las palabras que dedicaba el bueno de Tom al público sueco. Un máximo de respeto, todo el mundo expectante esperando las palabras que soltaba el miembro de Keane. Nuestros ojos atónitos no podían más que cuestionarse cómo un público podía permanecer callado de esa manera, sin apenas moverse ni cantar un estribillo. No sólo silenciaron entre canción y canción sino durante todo, todo, TODO el concierto.

Maniquíes. Yo pensaba estar entre maniquíes todo el rato, porque pese a que el setlist fue in crecendo, rememorando viejos temas como Bend and Break, o la archifamosa Somewhere Only We Know, el público permaneció callado, respetuoso, quizás con ligeros movimientos de cabeza de vez en cuando.

El concierto en sí fue tremendo, pasó por cada una de las canciones de este álbum, incluido un mensaje a su mujer que casi arranca el "oh" del público. Casi. Todos sabemos que tuvo muchos problemas con el alcohol (incluso rememora su última fiesta en Suecia en donde no se acuerda de nada, pero lió una tremenda en el hotel) y suena Solid Gold. Impactante también fue el momento en el que prescindió de banda para sentarse frente el piano y dedicarnos Worthless Words (¡qué subida tiene su estribillo!) y según se calentaba el concierto, más rígidos permanecían los cuerpos de los casi 300 suecos que estaban en la sala. La única excepción fue un par de chicas con alguna cerveza de más que tímidamente hicieron saber a Tom que le querían, con un "grito" que inundó todo el teatro (y no precisamente por la potencia).

Sonaron Quicksand y sonó Bedshaped, sonó Hold on to Our Love y sonó Silenced by the Night. Sonaron todas sus canciones en solitario y tuvo tiempo para cerrar la primera parte del show con Crystal Ball. Aquí si que se vio algo de agitación por parte del público, pero siempre leve. Se ve que lo estaban gozando.

Quizás fuese por el género musical, o la media de edad que rondaba los treintaytantos, quizás fuese por los tres grados que hacía fuera en la calle o por el respeto hacia la música. Pero oímos silencio. En serio, mucho silencio, ver un concierto en Suecia es como ir al cine.

Y he de reconocer que fue una auténtica gozada.

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