
Redacción: Francisco Nieto
La rotundidad del título del libro que vamos a reseñar no deja lugar a dudas: el autor nos va a llevar de concierto, y no a uno, sino a unos cuantos, con cantantes y grupos nacionales como internacionales. Hoy vamos de concierto. Cuaderno de directos (2008-2012), de Jorge Arenillas, no se anda por las ramas y, en sus casi cuatrocientas páginas que se devoran en un plis, se dedica a comentarnos, con un afán crítico que ya quisieran muchos tótems que se ganan la vida escribiendo sobre veladas musicadas en medios relevantes de comunicación, sus andanzas como público entendido en un ramillete de conciertos a los que tuvo la oportunidad de asistir.
El hecho de que el ensayo haya visto la luz en 2026, aunque los acontecimientos musicales tuvieran lugar hace ya casi quince años, da la oportunidad pintiparada al autor para poder revisar los textos escritos en caliente en su día y añadir una pátina de contemporaneidad y, sobre todo, una visión irónica permitida por la perspectiva que hace mucho bien al conjunto. En ese aspecto no nos queda más que recomendar leer a pie juntillas todo lo que se nos propone y no perderse bajo ningún concepto ninguno de los pies de página que jalonan cada crítica, pues no tienen desperdicio alguno. Se nota que Jorge se encuentra a sus anchas echando la vista atrás para recordar, escrito mediante, cuáles fueron sus experiencias en el lustro escogido para acometer tan estimable empresa.
Y nosotros lo disfrutamos como si hubiéramos estado en cualquiera de las primeras filas delante de los cantantes y músicos, en muchas ocasiones homenajeados y en algunas hasta vituperados. Si algo hay que agradecer en este estupendo libro es el hecho de que el autor no utilice cortapisa alguna si tiene que dejar a la altura del betún a cualquiera de los protagonistas quienes, por un motivo u otro, no es que se lucieran precisamente en sus actuaciones. Y si tiene que poner el grito en el cielo por algo que no funcionara o por alguien que no estuviera a la altura de las circunstancias, no le duelen prendas de cantar las verdades del barquero. Y nosotros, qué quieren que les digamos, se lo agradecemos.
Ese ejercicio de sinceridad deriva en que el libro te atrape desde la primera de las crónicas que aquí vamos a hallar. No vamos a desvelar grandes detalles en cuanto al contenido del mismo; nuestro consejo es que os hagáis más pronto que tarde con un ejemplar y ya nos contaréis la experiencia de su lectura. Aunque, si nos lo permiten, apuntaremos un par de muescas que sirvan de reclamo para que les entre el gusanillo de degustarlo lo antes posible.
Como la obra se divide en dos partes bien diferenciadas, una dedicada a conciertos de pop-rock español y otra a pop-rock anglosajón, pondremos nuestra atención en un ejemplo ilustrativo de cada bloque. En un concierto de Joaquín Sabina en el Huerto del Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares, en 2010, el autor apuntaba que los asistentes habían tenido que desembolsar veinticinco euros por barba y que ese era un precio que escocía. Claro, en el pie de página correspondiente, escrito años después, se nos informa de que en 2025 un asiento de pista en la gira de despedida del cantante costaba seis veces más esa cantidad.
Por otro lado, en uno de los apartados de la crónica de un concierto de Metallica en el Palacio de Deportes de Madrid, en 2009, se nos instaba a descargarnos ilegalmente un documental bastante conocido sobre la banda (Some Kind of Monster, para más señas). En este caso, el pie de página ilustra de manera harto eficiente cómo en aquella época el pirateo estaba a la orden del día y que hoy esa práctica tan "deleznable" ha pasado "casi" a mejor vida con la aparición de las plataformas de streaming.
Si bien los amantes de la música van a encontrar mil y una anécdotas de todos los talentos que aquí aparecen, no me gustaría finalizar esta crítica sin resaltar lo que, sin duda, más me ha gustado de Hoy vamos de concierto, y es todo aquello tangencial al propio acontecimiento en sí. Resulta realmente encomiable atender a todas aquellas circunstancias marginales que al buen ojo de Jorge Arenillas no se le escapan en ninguno de los conciertos a los que acude. Lo que aquí nos cuenta no lo vamos a encontrar en ninguna crítica musical al uso: desde lo inadecuado del local escogido, bien sea por la nefasta acústica, por el precio de las bebidas, por lo angosto del espacio o incluso por lo inapropiado del vecino que le ha tocado en suerte. Lo cierto es que en muchos momentos parece que nosotros también estemos allí, disfrutando o sufriendo la aventura que tan bien se nos cuenta.
Y poco más que decir de un libro ideal para regalar a cualquiera que guste de la música en general y de los conciertos en vivo en particular. Por lo que nos cuenta el autor parece que luego dejó de escribir crónicas de conciertos y su obra se remite al espacio temporal recogido en el libro. Es una pena, aunque desde aquí le apelamos a que, si todavía sigue yendo a algún que otro concierto, vuelva a retomar la pluma o el teclado y nos deleite con nuevas crónicas que vuelvan a ser editadas por Sílex, dentro de su política de maravillosas publicaciones a las que nos tienen acostumbrados.