Reseña de '36-39 Malos tiempos' (Carlos Giménez, Penguin Random House)

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Cómic '36-39: Malos tiempos' de Carlos Giménez

36-39: Malos tiempos, el tebeo con el que el historietista Carlos Giménez (Paracuellos, Barrio...) retrató la guerra civil española, se ha publicado por primera vez en un único volumen total editado por Reservoir Books.

La editorial reúne por primera vez los cuatro álbumes originales de la serie, en un integral perfecto para aquellas personas que en su momento no tuvieron la oportunidad para hacerse con esta magnífica obra del autor madrileño que cuenta en su mochila con trabajos como la trilogía España: Una, Grande y Libre (1976-1977), Paracuellos (1976-2022) o Trilogía del crepúsculo (Crisálida (2016), Canción de Navidad (2018) y Es hoy (2020)), entre otros.

Carlos Giménez lleva décadas construyendo una de las miradas más personales y reconocibles del cómic español sobre la memoria, la infancia y las heridas del siglo XX. En ese recorrido, 36-39, Malos tiempos ocupa un lugar especialmente significativo. Si en Paracuellos y Barrio se asomó a la dureza de la posguerra, en Rambla arriba, Rambla abajo abordó la última etapa de la dictadura y en España una, grande, libre fijó su atención en las convulsiones de la Transición, aquí retrocede todavía más para adentrarse en el Madrid republicano durante la Guerra Civil.

Publicada originalmente por Glénat en cuatro álbumes, Malos tiempos no sigue una única trama convencional. Es una obra coral formada por pequeñas historias que van enlazándose hasta construir algo mucho mayor. Algunos personajes aparecen con más frecuencia y funcionan como hilo conductor, especialmente Marcelino y su familia, pero Giménez no plantea su relato alrededor de un protagonista absoluto. Su verdadera intención parece ser levantar un gran fresco humano sobre la guerra y sus consecuencias.

Marcelino representa muy bien esa mirada. Es un hombre comprometido con la causa republicana, pero su principal preocupación no pasa por la ideología, sino por sacar adelante a su familia. No es un héroe ni un fanático, sino alguien normal y corriente atrapado en una situación fuera de lo común. A su alrededor, Giménez retrata cómo una derrota militar termina transformándose también en una derrota moral y cotidiana. Su mujer, Lucía, lo expresa con especial crudeza cuando comprende que, terminada la guerra, ya no se trata de resistir al enemigo, sino de sobrevivir bajo quienes ahora ostentan el poder.

La estructura recuerda inevitablemente a Paracuellos o Los profesionales. Son relatos breves que pueden funcionar de manera independiente, pero que adquieren otra dimensión cuando se leen como partes de un mismo universo. No hay una progresión narrativa clásica ni una conclusión diseñada para cerrar todas las heridas. Al terminar, queda más bien una sensación de desconcierto, como si el lector hubiera recorrido las diferentes escenas de un enorme mural en lugar de seguir una historia construida según el esquema tradicional de planteamiento, nudo y desenlace.

Cómic '36-39 Malos tiempos' (Carlos Giménez, Penguin Random House)

Dentro de ese mosaico aparecen algunos episodios especialmente poderosos. Uno de ellos es el tríptico formado por ¿Quién viene de madrugada?, El asesino parlanchín y Diente por diente, protagonizado por Eusebio, teniente del bando nacional. Su búsqueda del cadáver de su padre en una vieja cantera y el posterior encuentro con Malasangre, responsable de su muerte, desembocan en una historia dominada por la venganza y por una violencia que parece imposible contener.

Hay algo de western en todo ese episodio. No resulta extraño teniendo en cuenta la experiencia previa de Giménez como dibujante de género para agencias en trabajos como Gringo. Aquí los pistoleros ya no llevan espuelas, sino carnés políticos, pero el mecanismo dramático sigue siendo muy parecido: hombres enfrentados, códigos de honor, humillación, revancha y balas. Cambian el escenario y las circunstancias, pero no el impulso que conduce hacia la violencia.

Una de las grandes virtudes de Malos tiempos es precisamente la capacidad de Giménez para condensar historias enormes en detalles aparentemente pequeños. En Sito, un simple hueso de gato resume la indefensión de los niños durante la guerra. En Sole, una palabra pronunciada en el peor momento basta para marcar para siempre a una niña. En El comunista, el hallazgo de un carné de partido entre las ropas de un cadáver convierte por un instante a un niño en alguien demasiado consciente del mundo que lo rodea.

La infancia vuelve así a ocupar un lugar central. Como ocurría en Paracuellos, Giménez observa el conflicto desde quienes apenas pueden comprenderlo pero sufren sus consecuencias de manera directa. Los niños recogen comida, pasan hambre, escuchan conversaciones de adultos y aprenden demasiado pronto conceptos que nunca deberían haber tenido que conocer.

Cómic '36-39 Malos tiempos' (Carlos Giménez, Penguin Random House)

Gráficamente, Malos tiempos vuelve a demostrar hasta qué punto Carlos Giménez domina los recursos propios de la historieta. Su dibujo puede pasar del realismo más duro a una síntesis casi humorística sin que exista una ruptura entre ambos registros. La expresividad de los rostros, el uso de la luz y las sombras, la composición de las viñetas y la combinación de línea y mancha están al servicio de la narración en todo momento.

También resulta especialmente interesante su manera de representar los diálogos. Muchos personajes se detienen para pronunciar largos parlamentos que, sobre el papel, podrían frenar cualquier historia. Sin embargo, Giménez los convierte en momentos de enorme intensidad. Hay algo teatral en esas escenas, con personajes prácticamente declamando mientras una iluminación poco naturalista refuerza su estado emocional. Las sombras aparecen donde las necesita la narración, sin que importe demasiado de dónde procede la luz.

Esa libertad es una de las razones por las que su obra funciona tan bien dentro del lenguaje del cómic. Giménez no intenta imitar el cine ni convertir la página en una sucesión de planos cinematográficos. Aprovecha las posibilidades de la viñeta para conseguir efectos narrativos que pertenecen exclusivamente al medio.

36-39, Malos tiempos es, en definitiva, una obra sobre la Guerra Civil, pero sobre todo sobre las personas que quedaron atrapadas dentro de ella. No busca héroes ni grandes discursos sobre la épica del conflicto. Lo que muestra son familias, niños, soldados y ciudadanos enfrentándose al hambre, el miedo, la violencia, la ideología y la necesidad de seguir viviendo cuando el mundo alrededor se derrumba.

También es una de esas obras que dejan claro por qué Carlos Giménez ocupa un lugar tan importante dentro del cómic español. Detrás de cada página hay décadas de oficio, memoria y conocimiento del lenguaje de la historieta, pero también una capacidad poco común para convertir pequeños gestos y experiencias individuales en algo mucho más grande.

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