Radio Futura se merece un biopic

11 enero, 2019
Redaccíon: dod Magazine

Radio Futura

Redacción: Ozantoño Torres

Una de las películas más taquilleras del pasado 2018 fue Bohemian Rhapsody, basada en la vida de Freddy Mercury y el grupo Queen. A la vuelta de la esquina tenemos el estreno de Rocketman sobre Elton John, cuya obra y biografía dan para rato; el Reginald Kenneth Dwight siempre fue muy tremendo para todo. Sí, este es el verdadero nombre del de las gafas. Así que, con este panorama, si os preguntásemos que grupo español podría tener un biopic a la altura de la tendencia del cine actual, sin duda alguna, y haciendo un repaso así modo general, creo firmemente que los Radio Futura. Os razono por qué pienso esto.

Si no están muy versados en la historia del pop-rock patrio puede que de este grupo solo tengáis un eco vago y lejano. Quiénes los conozcáis y estéis pensando “Pues no veo yo el lado cinematográfico en ellos”, aquí os vengo a relatar las múltiples cualidades de este productor sin par. Y, ojo, hablo de una peli modo mainstream y no cine de autor.

Arde la calle

Radio Futura representan como nadie grupo cuya obra resiste de manera envidiable el paso del tiempo. Y eso, siempre es una garantía para una producción cinematográfica. En su haber está el uso perfecto de la métrica en las canciones. Incorporaron las raíces ibéricas y africanas y, a la vez, son una de nuestras bandas más influyentes de todos los tiempos.

Por otro lado, tenemos el lado salvaje y contestatario que tanto gusta para un buen guión; no solo tuvieron grescas entre ellos –sobre todo al principio-, también las hubo y muy sonadas con su discográfica (Hispavox), hasta el punto de condenarlos a estar varios años de semi-clandestinidad. Pero en vez de arredrarse levantaron la cabeza y encontraron el filón que les haría grandes. Sus canciones son puro rock con bases rítmicas, unos riffs guitarreros muy metálicos inspirados en el funky y con letras muy curradas. No podemos obviar que Santiago cursaba filosofía y la metafísica entra perfectamente en sus composiciones. Por ejemplo, La Estatua del Jardín Botánico fue creada mientras leía Monadología del filósofo alemán Leibniz y no solo se acompaña de una irresistible melodía sino cuya letra habla de lo que trata ese mismo libro; mundos dentro de mundos.

La creación de Escuela de calor también merece una escena épica, como la de los Queen montando BR. La canción arranca con una batería casi tribal que pone en bandeja el punteo rítmico de Sierra y todo para meter el castellano en una rítmica afroamericana. Y vaya si lo logró. ¿Os imagináis la escena? Yo sí.

Y como para que le peli funcione bien tiene que tener una carrera envidiable, para eso solamente cabe mencionar la trilogía La Ley del Desierto / La Ley del Mar (1984), De un país en llamas (1985) y La canción de Juan Perro (1987). No hay quien rebata el argumento.

¿A qué ven ya motivos más que suficientes para que un productor se ponga manos a la obra? Yo veo mucho a Álex de la Iglesia como director del proyecto. Si os digo más, el argumento saldrá solo...

El grupo lo inició y creó Herminio Molero; un gaferas que escribía, pintaba y venía de varias formaciones. Y esto diréis que de cine tiene poco, ya. Pero es que resulta que salió por patas con denuncias de por medio, mal rollete a cascoporro y unas grescas que ríete tú de las del GH-VIP. Podría decirse que fue el malote. Y un malo, aunque sea gaferas, tiene su cosica. Lo podría hacer Brayes Efe y daría hasta juego. A ver, vamos a dejarlo clarinete; tampoco es que el muchacho fuese un villano en plan querer dominar el mundo y esas cosas, solo pedía lo que era suyo. Le tocaron su ego artístico y hasta ahí podríamos llegar. En su contra, decir que perdió todos los litigios, que conste en actas. Muy de cine actual ¿Verdad? Y a España le gusta mucho un drama, que diría Nacho Polo.

Evidentemente, para un buen biopic musical hacen falta trallazos que llenen el argumento en ciertos momentos del guión. Y tienen que ser canciones que el espectador cante, coree y grite a barlovento desde el patio de butacas. Pues este detalle también lo tenemos más que de sobrado; solo con nombrar algunos de estos hits seguro que se os hace la boca agua imaginándolo como parte de una B.S.O.: No tocarte, Escuela de Calor, Enamorado de la moda juvenil, Semilla Negra, Un africano por la Gran Vía, El canto del gallo, A cara o cruz, Veneno en la piel, Anabel Lee, El tonto Simón o el himno del que os hablé antes La estatua del Jardín botánico. A ver quién se queda quieto; ni las palomitas podrán dejar de moverse.

¿Qué título podría tener el biopic? Pues, propongo Arde la calle, la historia de Radio Futura, claro. Dirán ustedes que en el cine actual prima mucho eso del buen ver y aquí, mirad, también tengo argumentos a favor. Porque si Enrique Sierra aporta el modo punk que tanto gusta a la gente contestataria, Santiago es el guaperas por antonomasia del rock patrio. Tengo una amiga que estaba coladita, literalmente, por él. Y sí, Santiago era un guaperas de quitar el hipo, y cualquier chicuelo de Élite podría interpretarlo fabulosamente. Se cuenta que lo esperaban legiones de fans para simplemente tocarlo o verlo de cerca. Y si saludaba, que no era lo habitual, ocasionaba hasta desmayos. Y con ello la parte revista teen asegurada.

¿Veis como tengo razón? Claro que todo buen biopic que se precie necesita una cosa que funcione en el encaje audiovisual. El humor. ¿Lo hay aquí? Mucho, a borbotones. Por ejemplo aquello de cuando ya eran muy conocidos y grabaron una actuación para el programa 300 millones. Junto a ellos Alaska y Los Pegamoides y Los Zombies. Como se transmitía para países latinoamericanos -tales como Argentina y Chile- llamaron al gobierno español para decirles, de forma iracunda, que si todos los músicos españoles se habían vuelto maricas. Y cuando la discográfica le comunicó la noticia se partieron el ojete. Normal. A ver, cierto es que los bailes de Santiago eran una mezcla entre Jack Sparrow y Cepeda danzarín.

Y si algo pone la piel de gallina en el patio de butacas es el momento conciertos. Y estos fueron unos verdaderos llenaestadios. Desde el principio petaban las salas y luego los campos de futbol en los que actuaron. Para que se hagan una idea como sonaban en escuchen El directo de Radio Futura (BMG / Ariola, 1989) y entenderán lo que les estoy contando.

El gran drama de la película llega con la enfermedad del riñón de Sierra, que nos dejó el pasado 2012 tras sufrir una larga enfermedad. En sus últimos años había diversificado sus pasiones artísticas yendo más allá de lo musical, aunque sin abandonar su ocupación habitual como ingeniero de sonido y productor.

¿Os convence la idea, productores patrios? Pues no cejen en el empeño, que andamos justitos de referentes blockbuster con el pop-rock patrio de telón de fondo.


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