Perro - Trópico Lumpen [Crítica]

20 marzo, 2018
Redaccíon: dod Magazine

Perro - Trópico Lumpen

Redacción: Andrea Genovart

Podemos aventurarnos a decir que estamos ante la primera nueva etapa de Perro. Entre comillas, porque hay una promesa implícita con los cuatro murcianos que consiste en que nunca dejen de ser suficientemente marcianos, con el privilegio de no tener que justificarse cualquier cosa que hagan. Así pues, que el grupo busque nuevas fórmulas para seguir haciendo el canalla es algo irreductible en el modus operandi de la banda. Pero cabe reconocer que en su nuevo sonido es plausible la mano de Hans Kruger como productor, el mismo de grupos tan necesariamente geniales como King Gizzard & The Lizard Wizzard - sí, por ahí van los tiros -, Courtney Barnett, Plutonic Lab o The Drones. Y si a ello añades la mezcla de Joe Carra (Wilhelm, Los Ginkas, El Columpio Asesino, Delorean) en los Montreal Estudios, repitiendo otra vez, imaginar un sonido algo más enrevesado y explosivo es bastante previsible.

Tropico Lumpen (Miel de Moscas, 2018) parece ser el resultado de un oleaje que se ha llevado la melodía eufórica de Tiene Bacalao, Tiene Melodía (2013) y Estudias, Navajas (2015) pero del que seguimos observando - y recogiendo - sus sedimentos. Nos encontramos con un cambio de registro del cuarteto de dos baterías, caracterizado fundamentalmente por una presencia del sintetizador mucho mayor - por no decir a rebosar - y un abandono de las estrofas que da lugar a largos episodios de pura recreación instrumental de experiencia algo bizarra. Este nuevo curso no supone que hayan dejado de ser aquellos amigos que en su tiempo libre se divertían mezclando el garaje con el kautrock desde una dejadez sarcástica y primitiva. Trópico Lumpen sigue siendo una fiesta de lo absurdo, que huye de la seriedad y de los trascendentalismos. Eso sí, es una fiesta más trabajada. Más consciente. De gente algo más mayor y que quiere probar de distanciarse de su imagen anterior.

El primer tema ya es todo un juego de expectativas que consigue enredarnos pero bien. Celebrado Primo, segundo single del LP, es un sencillo tranquilo - un poco demasiado - y feliciano que sorprende porque en él no se escuchan ladridos. La sensación de qué va a venir ahora al oír esas notas de bienvenida tan celestiales es inevitable para el oyente fidedigno de Perro, aquel al que tienen aclimatado con ritmos veloces y cambiantes. Pese a encontrarse aquí con una constancia rítmica que no termina de arrancar y que parece una canción de motivo ceremonial, finalmente te atrapa. Y es en ese momento, como pasa con el resto de nueve temas del lanzamiento, cuando identificas a un Perro que se encontraba algo escondido, aunque su sonido ya no sea 100% reconocible.

Que no salten alarmas. Sigue habiendo una línea melódica, pero que ha renegado de su tropicalismo, que permite establecer relación una de continuidad con su anterior repertorio. Y allí es donde se encuentran temas como Sin Ser Yo Nada de Eso, con una intro algo hardcore y propia de un tema de Betunizer. Canción que junto a El Sereno, Cronobeicons y Campamento Golifa nos recuerdan a ese Perro de La Reina de Inglaterra, pero que experimentan ese matiz más push que los convierte en temas menos celebrativos y más combativos. No obstante, siguen respondiendo a lo que de verdad nos importa a todos, que es a lo que nos vienen acostumbrados y lo que esperamos en su directo: jaleíto del bueno.

Pero esta vez lo bueno está, más que nunca, en su LP. Una forma caleidoscópica que parece el juego de las sombras cuando te topas, por ejemplo, con Ese tu Frescor, y también con su hermana Por Mi Lo Que Veáis. Encuentro primerizo que es la vacilada en toda regla, el aquí no hay huevos de la banda: La Lenta. De Perro. Su - primera - canción lenta. La jamás vista. Siempre nos hemos reído con Perro, pero ahora ese Perro ha reído de nosotros. Que hagan canciones de frases cortas no significa que solo sepan hacer los mismos cuatro acordes; lo que siempre se dice, pero nunca se demuestra. Hasta ahora. Y eso no es todo: en el otro lado de la misma moneda de la sorpresa, Supercampeones: sintetizadores como eje estructurador de un tema que se recrea en su instrumentalidad casi los cuatro - cuatro, sí, ¡cuatro! - minutos de duración, cortada de vez en cuando por una voz en diferido y coros inclusive. Todo ello, en un marco donde es la notoriedad del bajo el que se encarga de reconducir permanentemente la canción. Pero si se trata de faceta instrumental, tenemos a su pieza estrella Disco Mascota, que aunque queda un poco lejos de ser la nueva Marlotina no tiene nada de envidiar: un sonido robótico y constante que se alarga en las partituras obligandonos a dejar de hacer el cafre y escuchar de dónde procede la locura, que no casualmente guarda resonancias con sus amigos y asiduos compañeros de bolo Za!. Lo mismo podríamos decir de Pickle Rick, donde el teclado marca un tempo histérico y ansioso que, en vez de enmarcar la canción en un estadio de euforia, lo hace en uno mucho más agresivo y beligerante, culminando en un final de neo psicodelia en el intento canalizar un ritmo progresivo sin freno. El lado vorágine del krautrock.

De eso se trata, pues, este paso más allá que ha hecho Perro, y que exhiben orgullosamente: nada de finuras ni de la parte vocal en primer plano, se trata de hacer ruido quedando todo - aún más - rudo. Y que ya no gire solamente entorno al pasarlo bien. Los cachorros han crecido, ya no quieren ser un juguete con qué divertirnos, tampoco recoger cariño: quieren ser malos, respetados, poder morder. Hemos calentado al Perro y ahora necesita enloquecer.

 

 

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