Monográficos dod: Chromatics y la última carta de amor desesperada

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17 agosto, 2021
Redacción: dod Magazine

Chromatics

Redacción: Fran González

Algunas formaciones musicales están llenas de misterios que jamás serán resueltos y, por ende, más atractivo y eterno acaba siendo su legado. No será la primera ni la última vez que una banda se lleva consigo incógnitas irresolutas, dejando así un vasto vacío con su sorpresiva e inesperada disolución. De hecho, siendo honestos y echando la vista atrás, si un grupo contemporáneo se podía permitir un final así, ése es sin lugar a dudas Chromatics.

Aunque su imprevista ruptura haya dejado la puerta abierta a futuros proyectos paralelos que ya han provocado especulaciones de todo tipo, ha quedado claro en la aflicción popular que la herencia del grupo de Portland será recordada y enmarcada donde se merece. Una trayectoria de veinte años que ha traído consigo seis álbumes de estudio, versiones muy personales que triunfaron sobre sus originales y momentos inmortales dentro de una esfera cinematográfica que siempre ha estado ligada a su sonido natural.

Aunque en nuestro recuerdo ocupe el digno y meritorio lugar que debe, lo cierto es que la de Chromatics ha sido una carrera irregular como pocas, plagada de proyectos que se quedaron a medio camino y cambios constantes en su formación e identidad. A través de sus dos décadas de vida hemos podido ver diferentes versiones de la banda estadounidense, localizando su origen en un ya lejano 2001, donde éste no era más que un proyecto individual perpetrado por Adam Miller, el único miembro original que permaneció activo y presente en el grupo durante sus veinte años de existencia.
Aunque el áspero y rasgado tono vocal de Miller quedaba lejos de la esencia que a día de hoy conocemos y asociamos a la banda de Oregon, hay que ser justos y reconocer que detrás de ese punk garajero que enarbola su primer EP “Beach Of Infants/Steps(Hand Held Heart, 2001) ya se podía atisbar una línea de sintetizador oscuro que anticipaba esa ola de post-punk revival que estaba por llegar.

Después de esta carta de presentación producida y editada por el mítico Calvin Johnson, no tardaron en llegar los primeros cambios y titubeos en la propuesta original de Miller, pues fue en 2003 cuando el proyecto individual pasó a ser un quinteto (en el que incluso llegó a estar involucrada Hannah Billie, la que más tarde se uniría a los también ya extintos Gossip). La figura del emblemático Johnny Jewel hizo por entonces una sutil primera aparición en el proyecto de Miller y acabó siendo una de las piezas más relevantes e involucradas para facilitar que su LP de debut viera la luz. “Chrome Rats vs. Basement Rutz” (Gold Standard Laboratories, 2003) aterrizaba con un planteamiento aún poco definido y plagado de tachas, pero con una proyección de lo más prometedora.

Desafortunadamente para Miller, la propuesta no pareció cautivar a sus otros compañeros, que decidieron abandonar el barco cuando apenas había zarpado, para formar poco después su propio proyecto paralelo, Shoplifting (una formación más ligada al punk convencional y a través de la cual buscaron abrirse un hueco en la escena riot de su Seattle original). En los años siguientes se vendrían curvas para Miller, pues la banda alteraría su alineación original unas cuantas veces más. A pesar de las idas y venidas de Nat Sahlstrom, Ron Avila y Lena Okazaki (sus nuevos y efímeros compañeros) y la ausencia temporal de Jewel, Miller se las ingenió para poder lanzar un segundo trabajo que supusiera la continuación de su denostado primer disco. Llegaría así “Plaster Hounds” (Gold Standard Laboratories, 2004), un larga duración de diez pistas producido por Jeremy Romanga, responsable en la época de otras piezas populares de corte noise y que desde luego influyeron de manera determinante y notable en el resultado final de este álbum.

La marcha definitiva de Avila, Sahlstrom y Okazaki abrió la puerta a otro decisivo capítulo en la vida de Chromatics, ya que fue alrededor de 2005 cuando Miller trasladó su proyecto a Portland y encontró así a las mentes pensantes que compartirían en adelante su visión e ideario. Por fin se cruzaban en su camino Ruth Radelet y Nat Walker, a los que de nuevo se uniría poco después Jewel, cambiando drástica y severamente la hoja de ruta que definiría el sonido y la intencionalidad de la banda. La esencia de los proyectos paralelos que Jewel había tenido hasta la fecha (como Glass Candy), así como la incursión del sello Italians Do It Better por primera vez en la producción, supondrían una piedra de toque para Miller y le ayudarían a encontrar la anhelada idiosincrasia que llevaba años tratando de hallar para su proyecto. Con esta premisa llegaba el tercer álbum de Chromatics, “Night Drive” (Italians Do It Better, 2007), un trabajo que lo cambió todo y asentó las bases de una propuesta mucho más específica y estable, que sin lugar a dudas se ajustaba de manera más certera al concepto que a día de hoy poseemos de la banda.

Un juego de guitarras melódicas, la novedosa presencia de la inconfundible y onírica voz de Radelet, el uso de samples propios y ajenos, reminiscencias y guiños a referentes clásicos de la cultura pop, un primer acercamiento a su futura larga lista de versiones con ‘Running Up That Hill’, o la pieza instrumental de quince minutos ‘Tick of the Clock’, empleada más tarde para la mítica Drive de Nicolas Winding Refn, son algunas de las bazas con las que este “Night Drive” contó. El sonido diáfano y etéreo de esos sintetizadores que evocaban a una suerte de italo-disco sombrío había llegado definitivamente para quedarse.

El característico aroma cinematográfico que comenzó a desprender la obra de Chromatics provocó que en los años posteriores detectásemos la presencia de su música en diversos proyectos audiovisuales de gran calado. Con todo, y pese a haber compuesto la música para un film anterior del mismo director, la truncada propuesta de Jewel para orquestar la banda sonora completa de la antes mencionada Drive derivó en que éste pusiera un paréntesis temporal en su rol como productor de Chromatics y se sumergiera de pleno junto a Walker en un proyecto muy particular y ambicioso llamado Symmetry: algo así como un cajón desastre en el que guardar las piezas de un trabajo que nunca fue, y evitar con ello que éste cayese en el olvido. “Themes For An Imaginary Film” (Italians Do It Better, 2011), recopila algo más de dos horas de música esparcida en nada menos que treinta y siete pistas instrumentales que suscitaron la explosión de un lado mucho más oscuro e introspectivo por parte del artista. No obstante, esas reminiscencias a John Carpenter y esas cadencias noctívagas tuvieron un corto recorrido que apenas vería una permanencia en el tiempo más allá de determinados lanzamientos visuales para algunos temas particulares y algún que otro concierto privado organizado por diversas marcas de moda.

En cambio, la vuelta a la oficina de Chromatics a finales de 2011 no pudo ser más fructífera. Darían comienzo por tanto los lanzamientos paulatinos de su nuevo trabajo de larga duración, empezando por el single homónimo ‘Kill For Love’, cuya base en 8-Bits entremezclada con el hipnótico y arrullador canto de Ruth Radelet consagraba la identidad de un sonido que se propagaría en los siguientes adelantos. En “Kill For Love” (Italians Do It Better, 2012) los de Portland confirmaban su carácter fílmico y su inquebrantable vínculo con la electrónica noir como eje central de su personalidad creativa. Recurriendo una vez más a su pasión por las versiones, firmarían su particular visión del ‘Hey Hey, My My’ de Neil Young con ‘Into The Black’, traspasando las barreras de la autoría y convirtiéndola en un himno propio que acabó extendiendo su recorrido de sobremanera y haciendo aparición en innumerables programas de televisión.

La sombra del “Kill For Love” fue alargada y les catapultó a realizar emblemáticas puestas en escena, como su recordado paso por el festival Primavera Sound en 2012 o su acto de apertura para el concierto de The xx en el anfiteatro del Hollywood Bowls. Pero a pesar de ello, el fantasma de la inestabilidad creativa que ya había sacudido a la banda en sus orígenes parecía estar acechándoles tímidamente desde alguna parte, pues en los años venideros se sucederían una serie de altibajos artísticos que alterarían la continuidad y la constancia del cuarteto. El ritmo incesante y prolífico de singles que automáticamente se convertían en celebrados hits parecía aún así no tener un plan práctico que les respaldase y caían en el olvido al no formar parte de ningún proyecto final definido. Tras una nueva aportación al mundo de lo audiovisual con ‘Yes (Love Theme)’ para el largometraje Lost River dirigido por Ryan Gosling, o la popular versión del ‘Girls Just Wanna Have Fun’ que apareció en un spot publicitario de Mango, Jewel entró en una insana espiral de lanzar y hacer desaparecer de las plataformas de streaming diversos temas que aparentemente formarían parte de un quinto álbum fantasma condenado a no llegar jamás.

Comenzaría así la irregular y espesa etapa del “Dear Tommy”, en la que la banda parecía obstinada en bloquear su propio progreso. La ascendente calidad de los incontables singles que llegaron a ver la luz durante este periodo parecía contraponerse con el simple hecho de no haber planes que pronosticasen un LP a corto plazo que los pudiera recopilar. Los rumores sobrevolaban las cabezas de los fans, el tiempo pasaba y cada año los medios informaban de un hipotético y futuro lanzamiento que nunca tenía lugar. Mientras tanto, la banda parecía encontrar con tímido acierto su equilibrio en el caos, pues fue en 2017 cuando tocaron techo profesionalmente contribuyendo con dos temas a la banda sonora del retorno de Twin Peaks, llegando incluso a figurar en un par de episodios subidos al mítico escenario del Roadhouse.

Poco después conocimos una verdad relativa que justificaría con pinzas el eterno misterio del fallido lanzamiento de “Dear Tommy”. Aparentemente, Jewel había vivido una experiencia cercana a la muerte mientras nadaba en 2015 y automáticamente decidió destruir todo el material grabado y editado hasta la fecha. Exquisitas pistas como ‘Cherry’, ‘Shadow’, ‘Teacher’, ‘Time Rider’, ‘Blue Girl’, ‘Black Walls’ o ‘Endless Sleep’ se veían por tanto abocadas a un huérfano e inmerecido ostracismo, encontrando más tarde su lugar en injustas mixtapes de discutible notoriedad. Jewel continuó impacientando y confundiendo a la prensa cada cierto tiempo con más mensajes equívocos relacionados con un nuevo álbum. Hasta que finalmente, y después de un hiato de siete años tras su último LP, llegó el que iba a ser el esperado quinto disco de Chromatics. Desafortunadamente, acabó tratándose de un insípido “Closer To Grey” (Italians Do It Better, 2019), que en otro contexto más favorecedor quizás hubiese gozado de una acogida más amable, pero que en las circunstancias citadas, la sombra del mitificado “Dear Tommy” provocó que acabase estando tristemente lejos de suplir las expectativas del respetable. Un año más tarde, intentaron salvar los muebles con un sorpresivo pero insuficiente sexto disco, en el cual recopilaban ciertas remezclas del anterior LP, además de incluir algunas discretas canciones nuevas. Aunque para cuando ese “Faded Now” (Italians Do It Better, 2020) quiso cobrar su efecto, el público ya vivía más inmerso en aquellos temas pasados que un día se quedaron en tierra de nadie.

A pesar de que sus seguidores no se mostraron especialmente volcados con lo nuevo que la banda había ofrecido en los últimos dos años, el presente 2021 (o en su defecto, el siguiente año, tras la cancelación de su gira por motivos sanitarios) parecía el momento idóneo para reconectar con un fandom que nunca dejó de serles fiel. Chromatics ascendió al Olimpo del synth-pop pintando un lúgubre y caleidoscópico fresco donde elementos como carreteras interminables, alcantarillas vaporosas, y calles ligeramente iluminadas por neones parpadeantes eran las claves para entender y adentrarse en su imaginario. Durante unos años que fueron clave para el desarrollo de la música independiente, Jewel y compañía acabaron convirtiéndose en una fuente referencial e inspiradora para una extensa multitud de artistas con los que compartieron escena y tiempo.

Sin embargo, la triste noticia recientemente publicada en las redes sociales de Ruth Radelet y Adam Miller (confirmada posteriormente por el propio agente de Johnny Jewel), parece haber truncado cualquier atisbo o esperanza de poder volver a sentirnos de nuevo envueltos en la elegancia nocturna y la sensual desidia que solo la estela de la formación de Portland era capaz de producir, dejando tras de sí tantas puertas abiertas sobre su futuro como incógnitas sobre su pasado. El linaje de Chromatics descansa ahora en una melancólica y eterna noche de la que hemos sido testigos durante veinte intensos años y a la que ya solo podremos regresar en nuestros sueños más trémulos y fervientes.

 

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