Medalla - Emblema y Poder [Crítica]

15 enero, 2018
Redaccíon: dod Magazine

Medalla - Emblema y poder

Redacción: Andrea Genovart

Todos conocemos la expectación que hay con Medalla. Han conseguido crear sensación. Primero, porque su propuesta ha roto con la previsibilidad, no necesariamente para expertos, de hoy en día en esto de la música; segundo, porque saben hacerlo. Y es que están formados por miembros de Zephyr Bones, Rapaza, The Satagpies y The Saurs. Recién confirmados en el festival Vida Festival - y no nos extrañaría que en la nueva edición del Primavera Sound dado el último fake que ha estado circulando -, el grupo barcelonés empieza a crecer a pasos agigantados.

Recién publicado su primer larga duración a finales del pasado año, Emblema y Poder (2017, El Segell del Primavera) ha recibido maravillosas criticas. Un sonido que consigue diferenciarse de lo que vamos recibiendo de las (no) nuevas bandas emergentes, que no salían de un sonido garage fiestero. Medalla es una mezcla de estilos que convergen en un sonido agresivo y fuerte, con una gran presencia de la instrumenta de cuerda y una batería dura. Con una voz lejana y coreada, con eslóganes propios del hardcore y unos tonos bajos que tantean con el rock y hasta con el heavy metal, presentan diez temas que como mínimo dejan un sabor extraño por original y novedoso, quizá por ser capaces de teletransportarte en esa era de rock nacional más visceral, como también menos melódico.

Si en Navaja Certera parece que estamos escuchando una intro de Extremoduro, en Murciélago asistimos a un sonido más shoegaze; también se les cuela una especie balada a lo Cala Vento en Deporte Vano o a casi una pieza instrumental en Furor. Todo ello con letras sobre violencia, de tono heroicos y luchas transcendentales; se trata de vencer el destino, de sudar y de levantarse aunque tu pierna este chorreando de sangre por una batalla apocalíptica.

Adiós, pues, a la nueva era del indie español de bromas cómicas e infantiles ochenteras; esto no es ni Los Punsetes, ni Leon Benavente. Y diremos más Black Sabbath porque está claro que en nuestra escena nacional no hay grupo semejante. Al menos que se le parezca de estos años. Esto es más Viña Rock que Sonorama. Esto es algo, además de bueno, totalmente necesario.


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