Entrevista a Matias Aguayo: 'Nunca había tenido la impresión de que uno tenía que trabajar tanto para tener tan poco impacto'

25 octubre, 2019
Redaccíon: dod Magazine

Matias Aguayo

Redacción: Felipe Martínez / Foto: Guzmán Infanzón en European Lab Madrid

Se cuida de dar consejos a otra gente, y aunque es un romántico de la música, no es un nostálgico. De hecho, afirma que le dan bastante rabia. Matías Aguayo ha desarrollado poco a poco su propio lenguaje musical con el paso de los años, uno de los más originales dentro de la música electrónica. El músico chileno, residente en Berlín en la actualidad, lanzó Support Alien Invasion bajo su propio sello, Cómeme.

Entrevistamos al productor chileno en el marco de European Lab Madrid, una serie de charlas y mesas redondas que tuvieron lugar en La Casa Encendida los pasados días 18 y 19 de octubre y en las que Matías Aguayo tuvo su propio espacio. Nosotros hablamos con él sobre música latina, independencia en la escena musical y su último trabajo.

 

Entrevista a Matias Aguayo

 

Está invitado en esta edición de European Lab Madrid como protagonista de una de las ponencias. “El imaginarium de Matías Aguayo” consistirá en contar cuáles son los elementos que inspiran a Matías Aguayo, desde cosas más abstractas hasta los elementos de la cultura pop. ¿Qué inspira a Matías Aguayo?

Es una pregunta bastante amplia, entonces como puede ser obviamente música con que crecí, pero también pueden ser sonidos de la naturaleza o incluso cómo habla la gente, de diferentes acentos y melodías, es algo que siempre me ha inspirado mucho para crear melodías así y no sé varias cosas.

 

Se mudó con su familia a Alemania al comienzo de la dictadura de Augusto Pinochet. Fue allí donde entró de pleno en contacto con la música electrónica. Con Chile siempre presente, ¿cómo comenzó a integrar ambas escenas en su música?

Yo crecí en Alemania. El impacto más fuerte fue digamos mi mudanza a Colonia cuando era adolescente y ahí en los 90 está todo pasando. Es ahí donde empecé a tocar y la música siempre me acompañó. Desde chico grababa casetes y después multipistas, siempre experimentando. Como no había tanto acceso a música, entonces uno tenía que inventarse un poco su manera de trabajar y su propio lenguaje musical. El hecho de no haber podido acceder a tanta información como hoy en día me ayudó bastante en eso, en desarrollar un lenguaje musical en el contexto de la música de Colonia, del minimalismo que se estaba haciendo allá. Ahí fue donde empecé a editar música, a tocar cómo hacerla. En ese momento con los amigos, etc.

Pero también fue la música lo que me acercó otra vez a Chile de otra manera, porque, claro, había fiestas allá. Empecé a tocar allá también. Y en un comienzo mis visitas a Chile en realidad eran más bien visitas a amigos y familiares sobre todo. Y luego ya empecé a trabajar con gente. Se cambió toda esa relación a algo que tenía mucho más que ver con mi trabajo y se profundizó aún más cuando me mudé a Buenos Aires y viví algunos años allá también. Entonces comencé a hacer el sello Cómeme y a colaborar con artistas de allá.

Y lo mismo cuenta también para México, donde me invitaron a tocar en 2006 y de ahí el país me abrazó. Siempre me volvieron a invitar. Entonces, claro, de una manera extraña pero muy bonita para mí pude combinar las raíces latinas con lo que aprendí en Europa y también, de cierta modo, crear un puente usando las infraestructuras que yo tenía acá, con los sellos con que trabajaba, distribuidoras para para poder apoyar a artistas de allá…

 

La música latina vive su mayor auge mundial. Solo se me ocurre el gqom como algo con un impacto similar en Europa y Estados Unidos. La música latina siempre ha tenido también una importante carga política y un fuerte carácter local. ¿Puede que se esté importando el sonido, pero no esa actitud y ese trasfondo político que también son fundamentales?

Claro, las cosas se pueden malentender de manera un poco superficial. Quizás a veces también lo latino muchas veces es reducido a lo tropical y sabroso. Pero la historia de la música en Latinoamérica es bastante compleja. En Argentina domina el rock y en Chile toda la oscuridad del new wave, etc.

Entonces, cuando hicimos Cómeme creo que nunca caímos tanto en ese cliché, porque muchas veces se hace algo que nosotros a veces hemos denominado música for export, que no es la idea. He escuchado de varias personas latinoamericanas que sí que existe ese peligro o que ven ese peligro de que al final lo que es lo que importa acá es un poco un estereotipo de algo y algo no tan enfocado en sus contenidos.

Pero también es la labor de nosotros como artistas transmitir eso. Cuando yo he tenido conversaciones con amigos y amigas lo vemos más bien visto como un reto, como algo que hay que comunicar y que es una cosa de doble filo que por un lado vemos que, claro, el auge de lo latino es bueno para nosotros porque nos ha permitido compartir muchas cosas. Pero al mismo tiempo también vemos el peligro, ese de que al final que al final sea como un simple estereotipo de lo que en realidad uno quiere transmitir.

 

Lejos de intentar transmitir algo o posicionarse de algún modo, muchos artistas conciben su música de una forma puramente hedonista, como un elemento de disfrute, lo que también puede llegar a darle un carácter de algo de usar y tirar. ¿No es peligrosa esta tendencia de desmarcarse y no posicionarse?

 

Bueno, no sé. Es muy complejo el tema, porque yo sí siento que igual mucha gente trata de transmitir un cierto contenido político, pero ese contenido en sí mismo muchas veces, como muchas cosas en el momento, se está reduciendo a lo que uno transmite. Por ejemplo, a través de las redes sociales, que yo creo que ha sido un desarrollo que en su comienzo quizás ayudó a que escenas se pudieran conectar, como por ejemplo el hecho cuando nosotros comenzábamos con Cómeme, la escena latinoamericana, digamos, no estaba muy conectada entre sí. La mirada siempre estaba más dirigida hacia Europa y en su comienzo las redes y esas cosas nos ayudaron bastante a poder comunicar y desarrollar cosas.

Ya son tantas cosas que cuentan que no tienen nada que ver con la música y que para el proceso creativo yo encuentro que es súper importante no comunicar, abstenerse. El ocio es algo súper importante y ese ocio en el que uno se puede concentrar, desarrollar ideas y así está siendo carcomido por el tiempo que estamos usando para promocionarnos como artista. Hoy en día no se espera más que uno haga buena música. Para mí un tiempo era una fórmula que funcionaba, nada más que hacer un trabajo bueno y alguien se va a dar cuenta. Hoy en día del artista se espera que se autopromocione, que cree un perfil de ella misma.

Y el que más eso quizá no necesariamente es la persona más talentosa o poética, porque muchas veces los artistas son gente muy sensible, tímida o qué se yo, y no funciona muy bien en ese contexto. Entonces como que la recompensa muchas veces la recibe gente que en realidad opera más bien como pequeños empresarios. Con un tremendo individualismo y menos cuidado hacia algo que es una comunidad. Se vuelve más una cosa donde justo las calidades artísticas que encuentro que se pierden un poco.

 

¿Entonces siente que ahora la música ha quedado relegada a un segundo plano?

Estamos rodeados de muchos minis emprendedores que saben hacer el statement correcto en el momento preciso, que saben armar redes y conexiones, y eso no necesariamente debería ser la calidad de un músico. Ahí yo veo un desarrollo un poco triste, porque sobre todo yo trabajo con jóvenes y no los envidio para nada. No digo que antes todo haya sido mejor. Soy pesimista a nivel cultural, pero nunca me ha gustado mucho la gente que vive demasiado en la nostalgia. La gente opera mucho desde el miedo, en el qué van a pensar los otros, qué es lo que puedo hacer y qué es lo que no… Y en cierta manera los músicos, dentro de toda esta cosa que es la industria musical son los más vulnerables porque como todo vamás rápido que antes, se pone de moda una persona, le va bien y el próximo año y nadie lo va a buscar.

Y así todos están comidos por la industria y es como toda una fauna que no permite crear esa tranquilidad y agilidad que teníamos nosotros, por ejemplo, en Colonia, que estábamos haciendo cualquier cosa, haciendo lo que nosotros queríamos y alguien se dio cuenta y dijo ‘¡Wow! esto está bueno’.

Y todo eso está siendo muy difícil. El capitalismo está así, invadiendo nuestras vidas, no solo a los músicos, obviamente, pero yo puedo hablar desde la perspectiva de músico, que yo veo que la gente está trabajando prácticamente 24 horas, porque estar conectado significa trabajo y están conectados todo el tiempo. Entonces es como un círculo vicioso que no sé hasta dónde va a llevar y del cual pienso que de alguna manera habría que salir.

 

Otro de los temas que se tratan son las presiones a las que está sometido el sector cultural. Conforme aparecen facilidades para ser más independiente, los viejos mecanismos se reinventan para seguir ahí. ¿Es posible lograr una independencia real?

Bueno, en mi caso, por ejemplo, yo puedo decir que siento que hasta ahora sí. Quién sabe cómo será en unos años. Sobre todo para la gente más joven que recién están empezando, porque yo opero desde una situación un poco privilegiada, ya me establecí de cierta manera. Pero yo lo veo en un momento que es difícil llegar a la independencia. Se necesita un esfuerzo que nadie quiere realizar pero que, por ejemplo, yo decidí hacer.

Esto es una tontería, no me gustaba y me salí de las redes sociales y ver cómo la gente me aplaudió diciéndome “valiente”… ¿Cómo va a ser eso valiente? Valiente es esconder a refugiados o, no sé… eso es valiente, pero ya no participar de esa opción para promocionar tu trabajo. Eso ya se concibió como un acto valiente. Me hace preguntar, ¿entonces por qué no? ¿Qué es lo que nos hace ser una montura independiente o andar graduando como quieras decirle?

Nuestro espacio público es uno comercial, completamente comercial, y regido bajo unos algoritmos que nadie entiende y además con relativamente poco impacto, porque es tanta información que para mí no se justifica invertir tanto tiempo a una cosa que tiene tan, tan, tan poco impacto. En el fondo no estás solo trabajando gratis para generar el contenido de estos sitios y eso se reparte muchas cosas más porque entonces tú como músico hoy en día ya esperan poco menos que tú mismo escribas los artículos, te piden que hagas esta lista y una lista de tus temas favoritos e influencias…

Y después al final yo nunca había tenido la impresión de que uno tenía que trabajar tanto y tener tan poco impacto porque sale un disco tuyo y el próximo día salen 800 discos más. Y yo seriamente me pregunto cuál puede ser la salida de eso, porque es como una burbuja. No sé a donde va a terminar esto.

 

Entonces Cómeme sería un ejemplo de independencia…

Si, lo cierto es lo que nosotros hemos tratado con Cómeme es establecer una comunidad, un sello en el cual uno se pueda permitir trabajar de otras maneras y en el cual también nosotros siempre hemos tratado también de operar de una manera más social, digamos dentro de este grupo, de apoyarnos.

Y así entonces sí creo que hemos logrado establecer eso, como una plataforma donde la gente puede sentir cierta independencia y que sea un espacio para los locos, que ya no van quedando tantos. Porque hoy en día, cuando yo voy a esos artist dinners de antes de las fiestas, uno está rodeado de puros Djs que en el fondo parecen ser empresarios. Como cada uno: “bueno, yo acabo de abrir un bar u otro restaurante” y el otro está invirtiendo en mezcal y el otro no sé qué.

Y yo miro a mi alrededor y eso siempre existió. No es nada nuevo, pero siempre están los freaks también, que realmente dedican toda su vida y su tiempo a la música y van quedando pocos. Y sí, entonces obviamente yo siempre me pregunto si es posible operar de otra manera, si uno puede generar un espacio independiente dentro de estas dificultades.

 

El feminismo también tiene su espacio en European Lab Madrid. Tiene una serie de escritos reflexionando sobre ello desde tu posición privilegiada en la industria. ¿Se está haciendo lo suficiente para lograr una igualdad real?

Sí, me he dado cuenta de que hay muchas iniciativas con Cómeme. Nosotros también, de a poquito nos fuimos acercando a eso y ha sido importante para nosotros llegar al punto donde estamos ahora, donde estamos editando la misma cantidad de producciones femeninas que masculinas. Y el peligro lo veo que en que, claro, también se puede volver una pose y una cosa así que se soluciona sólo superficialmente. Porque si bien ahora, por ejemplo, en los lineups de los festivales y así obviamente se ven muchas más mujeres, mientras, al mismo tiempo, la industria sigue en las manos de hombres blancos en su gran mayoría.

Y lo que no se ve, lo que está detrás del escenario, lo que no se ve directamente es eso que en el fondo sigue ahí. Yo creo que no ha cambiado tanto. Las mujeres que trabajan dentro de la industria musical y no están, digamos, en el escenario lo tienen difícil, sobre todo si son de color y ahí es donde tienen que pasar más cosas.

Yo creo que hay muchos discursos semi-progresistas, pero que en el fondo no sé, quizás muchas veces le falta radicalidad en el sentido de su palabra y también se reduce a eso. Yo me doy cuenta, yo estoy ahí adentro. Yo veo el discurso de los pobres y todas esas cosas, y después hablo con la gente y te das cuenta de que en realidad no, no aplica tanto en el día a día, que es más bien la postura que cuenta, y eso obviamente no es suficiente y me molesta bastante. 

 

Tu último disco es distinto al resto. No incorporas la voz y está lleno de ritmos partidos y sonidos tribales que se mezclan de una manera compleja. Es un disco muy intenso sonoramente.

Todos mis discos han sido bastante diferentes, y en este caso hay algo que se parecía al último disco. Cuando estoy haciendo un álbum no me doy cuenta que estoy haciendo un álbum, o sea, nunca me he sentado así como a hacer un álbum, sino que son más bien procesos que te llevan a eso, donde de repente te das cuenta que eso sí pinta para un disco. Y en este caso, por un lado, todo comenzó por el hecho de que me gusta tocar ciertos ritmos que vienen de Sudáfrica, por ejemplo, o de México, y me di cuenta de que mezclando esos diferentes ritmos con orígenes en las periferias culturales, surgía otro ritmo nuevo. Todos esos tresillos que pasan cuando mezclas un tema de tribal de México con un tema de gqom sudafricano y cosas así. Y eso me empezó a interesar porque en mis mezclas en la pista empecé a escuchar cosas que todavía no estaban. Entonces yo pensé “bueno, voy a programar ritmos así para poder tocarlos” y de ahí partió todo.

A mí me gusta mucho enganchar y mezclar los temas, pero me gusta mucho que también vaya cambiando el BPM, que en algún momento sean 4/4, después un 6/8 y cosas así. Me gusta mucho bailar cuando toco y estar toda la noche con un mismo ritmo… A mí no me inspira tanto para hacer movimientos con el cuerpo y algunos elementos musicales que te hacen mover las caderas, mover los hombros y así como ir armando un diálogo con todo el cuerpo.

Es algo que me interesa mucho. Siempre me ha interesado. Como que de ahí parte un poco eso. Y después también estuve investigando otros ritmos de la Amazonia, ritmos súper ancestrales e interpretándolos de cierta manera, no en su superficie, como sucede tantas veces, sino más bien en su estructura, para crear unos ritmos que yo pueda decir algo menos poscoloniales, que funcionen en la pista de baile y que sean electrónicos.

Entonces me empezó a gustar la idea de un sonido muy cristalino, muy poco retro, digamos, con ninguna referencia en el pop o en la música electrónica, sino crear algo muy 2019, con sonidos casi cinematográficos, muy espaciales. Y también un poco exagerado. Y ahí, en algún momento, me di cuenta de que no hacía falta voz, porque había muchos elementos que ocupan ese espacio de la voz.

 

Dentro del propio disco también hay bastante variedad. Sin ir más lejos, la propia Support Alien Invasion podría ser parte de la banda sonora de una película de ciencia ficción.

La idea del Support Alien Invasion es más bien algo que se me ocurrió una vez que empecé a diseñar unas pegatinas, pensando así como consignas actuales, políticas, pero un poco más abstractas o divertidas. Anoté esa cosa de supuesta invasión entonces, como el lenguaje, como una base de mucha referencia cultural y de palabras. Y así como que cada vez más me sentí menos la necesidad de implementar el lenguaje o la voz, porque yo sentía que ya estaba todo y que hay otros niveles de comunicación en ese disco. Entonces quería hacer como una especie de folclore planetario para poder comunicar con los extraterrestres.

No solo me refiero a los extraterrestres, que ojalá vengan a salvarnos de esta locura que está pasando, sino también de abrazar lo otro, lo extraño y que a muchos niveles nos está pasando. Que por un lado todo es una uniformidad, que por el otro lado hay todo este desarrollo de la ultraderecha en tantos lugares y para mí se trata más bien de una consigna completamente opuesta a eso: abrazar al migrante, a lo que viene de afuera, a lo desconocido. Y eso se convirtió de a poquito, como en el statement del disco.

También creo en los títulos de las canciones que elegí y en algún momento probé a meter mi voz ahí y siempre sonaba forzado. Nunca sentí que haya una necesidad ahí. Entonces, claro, me tomé esa independencia. Libertad de decir bueno, la gente seguramente que compra un disco mío espera escuchar mi voz. Y bueno, esta vez no. Y cada vez que yo hago un disco siempre trato de acercarme de otra manera, también a nivel técnico, de cambiar de método de trabajo, porque si trabajo de una manera que nunca había aplicado antes, me vuelvo un poco principiante de algo. Y al ser principiante es como una situación en la que uno siempre se encuentra con sorpresas, porque no sabe muy bien lo que uno está haciendo.

 

En medio de una emergencia climática y de fenómenos globales tan preocupantes como el ascenso de la extrema derecha, ¿cuál debe de ser el papel de los artistas y de la música?

Bueno, yo creo que la música puede abrir la mente, puede romper fronteras también o ignorar fronteras, o sea, la música me ha permitido trabajar con gente de contextos culturales y sociales muy diferentes, con la que quizás haciendo teatro o arte, no podría haber entrado en ese diálogo..

Para mí está siempre muy vinculado a cómo se presenta, también cómo arma el diálogo con un público, porque la música puede ser muy liberadora y todo eso, pero cuando entramos todo el tiempo en este contexto industrial se vuelve nada más un contenido de una vorágine de contenidos y cosas que funcionan dentro de un mercado. Entonces yo creo que puede ser música avanzada y liberadora.

Si el contexto no permite que esa música exista o se escuche, entonces tampoco puede gustar. Entonces sí, por un lado, en la música deberíamos siempre avanzar, no ser tan referenciales. Ser honestos con la música. La música es un lenguaje muy transparente, donde uno realmente puede escuchar todo, desde la pretensión hasta la diversión. Todos escuchan el resultado musical y, por ende, la música siempre es algo extremadamente político.

Yo creo que son tantos los niveles políticos que puede tener la música, desde la postura del Dj hacia su público, que no lo perciba como público, sino como que se sienta como parte del diálogo. Hay cosas tan sutiles como esas. Y la libertad en la música para mí a veces también se define en el espacio, en lo que no está en la música, en lo que no está pronunciado en la música, en el espacio entre un beat y el otro, en el espacio que es la música para la imaginación.

Y yo sí creo que uno puede conformar con arreglo a la manera de tocar mismo, así sin decir ninguna palabra, tener un statement político y para mí siempre lo he sentido dentro de la música electrónica como una posibilidad, porque, por ejemplo, El punk, muy político que sea, te dicta algo con un contenido, está enmarcado en ritmos bastante blancos, digamos, y acordes bastante tradicionales. Entonces, como que yo siempre he pensado que hay que encontrar nuevas formas.

Si sigo haciendo y siguiendo un poco la escuela del modernismo o algo así. Pero sí, yo creo que como comunidad tiene que haber una especie de reacción más profunda y que él mismo parece imposible.


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