Especial: Mathieu Bablet y la nueva ciencia ficción en el mundo del cómic

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Cómic Silent Jenny de Mathieu Bablet

Redacción: Juan Jose Quijano

 

Mathieu Bablet, uno de los autores de cómics más reputados en la actualidad, tiene una narrativa muy coherente, en la que la ciencia ficción y los mundos abocados al desastre funcionan como bisturíes para examinar la anatomía humana y las estructuras colectivas. Estas terminan convirtiéndose en las piezas de un reloj destinado a marcar las horas de la exclusión, el control y la destrucción.

La evolución de Bablet no se basa en abandonar el pesimismo, sino en modificar la respuesta que ofrece ante él: de la supervivencia individual de La bella muerte pasa a la crítica de los sistemas sociales en Shangri-La; después, a una reflexión temporal y casi civilizatoria en Carbono & Silicio; y, finalmente, a relatos en los que la cooperación, el cuidado y la comunidad adquieren un papel mucho mayor, como ocurre en su reciente Silent Jenny.

Para Bablet, la ciencia ficción es una excusa para analizar los sentimientos humanos, ya que estos se convierten en la piedra de Rosetta para interpretar sus obras. Es uno de los protagonistas del cambio generacional dentro del género. Ya no encontramos aventuras espaciales centradas en conquistas o luchas contra alienígenas, sino un análisis más existencial de los seres humanos. Todo ello a través de sus futuros más terribles: el aislamiento y la soledad, en mundos que ya no parecen capaces de salvar nada.

Ante esta tesitura surge una pregunta: ¿cómo vamos a salvarnos a nosotros mismos? Esta cuestión se refleja de forma magistral en la última obra de Bablet, Silent Jenny.

Existen otras grandes obras de la nueva ciencia ficción que abordan esta temática, como Frontier, considerada el mejor cómic de 2024, o Capitán Maní: Dioses mancos, considerada la mejor novela gráfica de 2026. Tanto Capitán Maní: Dioses mancos como Silent Jenny tratan temas similares, pero de formas muy diferentes. Silent Jenny lo hace introduciéndonos en la más absoluta soledad, mientras que Dioses mancos lo hace a través de una aventura macarra y filosófica, llena de acción y diálogos afilados.

Es, quizá, uno de los mejores momentos del género en años y, sin duda, autores como Mathieu Bablet han contribuido a ello, haciendo de su sello personal la capacidad de introducirnos en los sentimientos humanos más desoladores.

Evolución argumental y temática de su obra

1. La bella muerte (2011): sobrevivir después del fin

La bella muerte (2011) - Mathieu Bablet

La primera gran obra de Bablet es también la más directamente ligada al imaginario postapocalíptico. La bella muerte, publicada en 2011 y nacida de su proyecto de formación, presenta un mundo en ruinas en el que la civilización ha dejado de ser el marco natural de la existencia.

Argumentalmente, el punto de partida es sencillo: un grupo de personajes intenta sobrevivir en un entorno urbano devastado. Pero Bablet no convierte la historia en una aventura convencional de supervivencia. Lo importante no es reconstruir la sociedad ni descubrir una solución tecnológica, sino observar qué queda de los vínculos humanos cuando la sociedad ha desaparecido.

Esta característica resulta fundamental para comprender toda su evolución posterior. En La bella muerte, el grupo todavía no representa una alternativa política o social. Es, sobre todo, una agrupación de individuos que comparten una situación extrema. El mundo exterior se ha derrumbado y los personajes se encuentran psicológicamente tan desorientados como el espacio que habitan.

La destrucción funciona, por tanto, en dos niveles. Existe un apocalipsis físico —la desaparición de la civilización conocida— y otro emocional: la pérdida de las referencias que permitían a los individuos comprender quiénes eran.

Aquí aparece uno de los rasgos que Bablet desarrollará posteriormente: la arquitectura como expresión de una sociedad. Edificios, calles, espacios industriales y grandes estructuras no son simples decorados. Son restos materiales de una civilización que ya no puede garantizar la supervivencia de quienes los recorren.

2. Adrastée (2013-2014): de la supervivencia a la existencia

Adrastée (2013-2014) - Mathieu Bablet

La obra abandona la ciencia ficción contemporánea para entrar en una fábula de inspiración mitológica.

El protagonista, inmortal después de haber recibido un don divino, emprende un viaje en busca de los dioses. La estructura argumental es deliberadamente más contemplativa que la de La bella muerte. Ya no interesa tanto escapar de una amenaza inmediata como comprender qué significa existir durante demasiado tiempo.

La evolución argumental conduce de la acción exterior hacia la introspección. El viaje geográfico se convierte progresivamente en un viaje filosófico. El personaje busca a los dioses, pero la cuestión verdaderamente importante es qué puede otorgar sentido a una existencia cuando el tiempo ha dejado de tener límites.

Aquí comienza a aparecer otra constante de Bablet: la sospecha de que la supervivencia, por sí sola, no constituye una solución.

Vivir más tiempo no significa necesariamente vivir mejor. Poseer una tecnología superior tampoco garantiza una sociedad mejor. Y conservar la civilización puede ser inútil si aquello que se conserva carece de sentido.

3. Shangri-La (2016): el individuo dentro del sistema

Shangri-La - Mathieu Bablet

Shangri-La supone un salto decisivo. Si La bella muerte analizaba a individuos después del colapso y Adrastée examinaba al individuo frente al tiempo, Shangri-La introduce al personaje dentro de una sociedad organizada, tecnológica y aparentemente funcional.

La humanidad ha abandonado la Tierra y vive en una gigantesca estación espacial. El sistema ofrece seguridad y comodidad, pero también establece jerarquías económicas, culturales y políticas. La premisa permite a Bablet examinar la relación entre consumo, tecnología, propaganda y desigualdad.

La evolución argumental es especialmente interesante porque el conflicto no surge inicialmente de un mundo que ha fracasado, sino de un mundo que parece funcionar demasiado bien.

La sociedad de Shangri-La ha encontrado una solución tecnológica a la supervivencia humana, pero esa solución tiene un precio: los individuos quedan integrados en una estructura económica y cultural que determina sus deseos. La prosperidad material no elimina la alienación.

4. Midnight Tales (2018-2019): el descubrimiento de lo colectivo

Midnight Tales - Mathieu Bablet

Midnight Tales constituye una transición muy importante porque Bablet deja de trabajar exclusivamente como autor individual y pasa a organizar un universo narrativo compartido. La serie funciona como una antología de historias sobrenaturales relacionadas con la Orden de Medianoche, una sociedad de brujas que protege a la humanidad frente a amenazas sobrenaturales.

Su importancia dentro de la evolución de Bablet no reside solamente en los argumentos concretos. También supone un cambio en su concepción de la creación.

Después de tres obras muy personales, empieza a experimentar con la narración coral. Diferentes autores y dibujantes participan en un universo común y aportan perspectivas diferentes.

Temáticamente, además, aparece algo que adquirirá mayor importancia después: el grupo como mecanismo de resistencia.

5. Carbono & Silicio (2020): la culminación de la primera etapa

Carbono & Silicio es probablemente la obra en la que Bablet concentra con mayor claridad las preocupaciones desarrolladas durante la década anterior.

Los protagonistas son dos inteligencias artificiales, Carbono y Silicio, creadas para acompañar y cuidar a los seres humanos. Su existencia se prolonga durante décadas mientras observan las transformaciones tecnológicas, políticas, ecológicas y sociales de la humanidad.

La diferencia esencial está en el punto de vista.

En Shangri-La, todavía observamos fundamentalmente a los humanos dentro de un sistema.

En Carbono & Silicio, observamos a la humanidad desde una perspectiva que ya no es estrictamente humana.

Eso permite a Bablet introducir una pregunta mucho más radical: si una inteligencia artificial puede recordar, amar, sufrir pérdidas y desarrollar vínculos, ¿qué diferencia esencial queda entre lo humano y aquello que hemos creado?

Pero la cuestión más importante no es tecnológica. Es social.

Los protagonistas sobreviven porque pueden adaptarse, pero esa supervivencia pierde sentido cuando están separados de otros seres. De ahí que la obra suponga un cambio respecto a los primeros trabajos.

6. The Midnight Order (2022): cuestionar la institución

The Midnight Order - Mathieu Bablet

The Midnight Order recupera el universo sobrenatural de Midnight Tales, pero lo convierte en una historia mucho más estructurada.

Johnson y Sheridan pertenecen a una organización secreta encargada de controlar a las brujas consideradas demasiado peligrosas. Cuando Johnson descubre que la siguiente persona a la que debe perseguir es su propia hermana, el conflicto adquiere una dimensión personal.

La pregunta fundamental pasa a ser: ¿puede una organización creada para proteger a la sociedad convertirse en una amenaza para aquellos a quienes pretende proteger?

Es un tema extraordinariamente coherente con Shangri-La. Cambia el género, pero no la preocupación.

En Shangri-La, el individuo descubre las contradicciones del sistema económico y social.

En The Midnight Order, el personaje descubre las contradicciones del sistema moral.

7. Shin Zero (2025): la comunidad como respuesta

Shin Zero, realizado junto con Guillaume Singelin, continúa claramente esta transformación. La obra presenta a jóvenes héroes en un mundo posterior a la época de los grandes monstruos, donde el concepto tradicional de superhéroe ha perdido buena parte de su sentido.

La evolución respecto a La bella muerte es casi inversa.

En aquella primera obra, los personajes intentaban sobrevivir después de la desaparición de la sociedad.

En Shin Zero, los protagonistas necesitan crear nuevamente un sentido colectivo.

La cuestión deja de ser «¿cómo sobrevivimos?» y se aproxima a otra: «¿para qué queremos reconstruir algo?».

El héroe individual pierde centralidad. Lo importante es la relación entre personajes, la cooperación y la posibilidad de recuperar una idea de comunidad. Esto coincide con su posterior obra, Silent Jenny.

8. Silent Jenny (2025): del apocalipsis a la restauración

Cómic Silent Jenny de Mathieu Bablet

Silent Jenny representa hasta ahora una de las expresiones más claras de esta última etapa.

La historia se sitúa en un mundo devastado ecológicamente. La protagonista, Jenny, trabaja con la esperanza de recuperar ADN de abejas y contribuir a restaurar un ecosistema prácticamente destruido. Bablet regresa al apocalipsis.

Pero ahora el argumento ya no está construido exclusivamente alrededor de la supervivencia después de la destrucción, como ocurría en La bella muerte.

El cambio es enorme. En la primera obra, el mundo ha terminado y los personajes sobreviven entre sus restos. En Silent Jenny, la destrucción sigue siendo el punto de partida, pero existe un proyecto de reparación.

No se trata necesariamente de optimismo. Aparece una posibilidad que en las primeras obras estaba mucho menos presente: la acción colectiva orientada a reparar, cuidar y transmitir vida.

La trayectoria de Mathieu Bablet puede entenderse, en conjunto, como un desplazamiento desde el individuo hacia la comunidad.

El dibujo: desde el efecto «GUUUUAU» al arte secuencial directo.

La persistencia en un dibujo con un toque naïf, como ocurre también con Singelin en Frontier, es una de las señas de identidad de Bablet. Sus personajes se encuentran en las antípodas de la representación clásica de la ciencia ficción, como la que podemos encontrar, por ejemplo, en José Ortiz en Hombre o en Carlos Giménez en La casta de los Metabarones.

Bablet apuesta por un trazo de personajes más infantil, a veces casi manga, pero siempre sobrio. Mientras tanto, el paisaje se muestra con un detalle brutal. El entorno se convierte en el verdadero protagonista y, en muchas ocasiones, es el encargado de transmitirnos los sentimientos de los personajes.

Ese efecto «GUUUUAU» está especialmente presente en sus primeras obras, como La bella muerte, y en su obra cumbre, Shangri-La. En la primera veremos las ruinas abandonadas de las ciudades; en la segunda, la grandiosidad tecnológica de las estaciones espaciales. Se nos muestran mediante planos elegantes y grandilocuentes, hasta el punto de que casi podemos sentirnos como al entrar en una catedral.

El dibujo, sin embargo, evolucionará con los años. Sin perder este rasgo, avanzará hacia una mayor rapidez narrativa y, en Silent Jenny, se encontrará más moderado e integrado en el ritmo de la historia.

Otro de los grandes rasgos del dibujo de Bablet, que ha ido cobrando importancia con el tiempo, es el de la deformidad y los seres mutilados. En Shangri-La ya encontrábamos pasajes terroríficos en los que humanoides eran torturados mediante la experimentación.

En Silent Jenny, la deformidad también aparece, pero enfocada desde otro prisma. Ahora la deformidad no da miedo, sino que debe ser aceptada. Quienes viven en los márgenes no están tan separados de quienes fingen llevar una vida normativa. Este nuevo enfoque es una de las propuestas más interesantes de su dibujo, capaz de evolucionar desde el miedo hacia la sensibilidad.

La nueva ciencia ficción

El cambio generacional dentro de la nueva ciencia ficción es enorme. Con Bablet encontramos consumismo, ecología y nuevas formas de relacionarse. Es uno de los primeros autores que introduce una cultura marcada por las redes sociales y los teléfonos móviles, y que aborda las clases sociales desde una óptica completamente nueva.

Un lector de hace años, cuando se acerca a Bablet, puede experimentar un pequeño choque: seguimos hablando de los seres humanos, pero ahora desde la perspectiva de una nueva generación. Esto no es 2001: Una odisea del espacio, ni es Alien. Es una nueva sensibilidad, marcada por el aislamiento de los jóvenes en una sociedad en la que parece no quedar esperanza y en la que saben que están condenados a no conservar nada.

La preocupación por lo humano y la nueva forma de acercarse a ello resulta especialmente interesante a nivel narrativo. En Bablet, muchas veces los héroes no son más que máscaras de otros seres humanos despreciables. Los buenos nunca lo son por completo. Los sentimientos rara vez se expresan de manera directa. Es más un ejercicio de sentir que de explicar.

Y ahí Bablet consigue marcar la diferencia: deja ese poso de tristeza, esa sensación de habernos hecho sentir lo mismo que los protagonistas. Algo que solo consiguen obras como Watchmen o Capitán Maní: Dioses mancos.

Bablet ha sabido poner el foco no en las explicaciones infinitas sobre los mundos del futuro, sino en los sentimientos más marginales del presente.

Esto tiene también una vertiente que afecta al argumento. En Bablet, muchas de sus historias funcionan a través del deus ex machina y se toma la licencia de no explicar muchas de las cosas que suceden. Para un lector clásico, esto puede percibirse como un error de guion, pero Bablet parece ser consciente de lo que hace y utiliza precisamente esos vacíos argumentales como parte de su narrativa.

Lo importante no es explicarnos qué sucede, sino transmitirnos la sensación de que no sabemos qué está pasando.

Es cierto que este recurso ha sido más depurado con el tiempo y encaja mejor en cada una de sus obras. En Silent Jenny nos muestra situaciones sin explicación, casi sin saber qué motivaciones mueven a los personajes o quiénes son realmente. Esto puede resultar desconcertante, pero también consigue generar interés y mantenernos enganchados.

Sin embargo, en su primera obra, La bella muerte, encontramos el estilo de Bablet menos pulido. Allí sí queda un efecto extraño. Podemos disfrutar de una primera mitad que quizá contenga algunos de los momentos más interesantes que ha realizado el autor en toda su carrera, pero la historia se rompe a mitad de camino sin una justificación completamente convincente —o, al menos, con una justificación argumental bastante débil— y termina conduciéndonos hacia una historia diferente que deja en segundo plano lo construido anteriormente.

En esta ocasión sí se le ven más las costuras.

En resumen: Bablet gana la partida

Estamos ante uno de los autores más importantes de la ciencia ficción y del cómic contemporáneo. Un autor joven que todavía tiene mucho que decir y uno de los renovadores del género. Y esa es precisamente una de sus grandezas: no tiene miedo a cambiarlo.

Resulta interesante observar su evolución, no solo para comprobar la solidez de sus preocupaciones, sino también para ver cómo ha ido cargando sus historias de una técnica narrativa cada vez más depurada y de un dibujo cada vez más poderoso.

Con un estilo muy personal, consigue algo digno de mérito: no hacernos simplemente ver una historia, sino hacernos sentirla.

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