
¿Qué tienen en común una de las grandes renovadoras de la cumbia argentina y una de las voces fundamentales del flamenco contemporáneo? A primera vista, parece que pertenecen a esferas musicales antitéticas -una entregada al universo de la pista de baile, la electrónica y los ritmos mestizos, y la otra al linaje del cante, la tradición andaluza y la liturgia jonda. Sin embargo, La Yegros y Estrella Morente comparten una misma obsesión, aunque formulada desde lenguajes distintos: la de hacer convivir la raíz y la vanguardia sin desdibujar aquello que las hace reconocibles.
Una idea que también atraviesa el espíritu de Iberoexperia Sessions 2026, que tras sus citas primaverales y como epílogo del verano vuelve a convertir Madrid y Barcelona en puntos de encuentro para algunas de las propuestas más atractivas y populares de la música iberoamericana actual. Después de haber acogido durante la primera mitad del año las celebradas actuaciones de La Muchacha, Liniker y Los Amigos Invisibles, la programación regresa en otoño con dos personalidades de renombre que refuerzan el histórico propósito del ciclo de tender puentes entre Latinoamérica, Portugal y España, reivindicando una escena donde las identidades musicales se entiendan como territorios de intercambio.
Y si crees que el programa de mano puede presentarnos, a priori, una pareja improbable, a continuación te ofrecemos una serie de argumentos para convencerte de por qué estas dos citas encuentran su exquisita razón de ser dentro de la filosofía y misión de Iberoexperia Sessions 2026.
El secreto, nos aventuramos a pensar, reside en que tanto La Yegros como Estrella Morente no trabajan únicamente con géneros, sino con identidades musicales fuertemente definidas. Argentina y España. Chamamé y flamenco. Folclore latinoamericano y tradición gitano-andaluza. Cumbia y cante. Dos universos con códigos propios que, lejos de convertirse en corsés, funcionan como materia prima para la invención y la fábula.
En el caso de la primera, Mariana Yegros ha hecho de esa premisa una fuente inagotable de creatividad. Apodada la reina de la nueva cumbia, su música parte de las raíces del folclore argentino, especialmente del chamamé, pero las somete a un proceso de mutación en el que conviven electrónica, reggae, hip hop, funk y carnavalito. Una genealogía de estilos particularmente reveladora cuya alcurnia remite a Misiones, territorio fronterizo con Brasil y Paraguay, mientras su experiencia vital está también atravesada por Buenos Aires y por la cultura electrónica y urbana de la capital argentina.
De ese cruce nacía en su momento una música tan difícil de clasificar como la que escuchábamos en Viene de Mí, el álbum que la proyectó internacionalmente en 2013 y que, poco a poco, se convirtió en la hoja de ruta que ha ido marcando su lenguaje propio. De aquellos barros, estos lodos, y más recientemente con HAZ (2024) veríamos a la argentina dándole un volantazo total a nuestras expectativas con ese llamado “folclore 2.0” que incorpora guitarras funk, flautas andinas, acordeones, loops house, electro-cumbia, metales y una electrónica cada vez más orgánica.
Por su parte, Estrella Morente representa otra mirada dentro de la misma operación. Heredera directa del legado de Enrique Morente, su trayectoria se ha construido desde una relación profundamente permeable con el flamenco, logrando que su portentosa voz pueda internarse tanto en el cante jondo como dialogar con el tango argentino, la copla, el rock, el jazz o la electrónica.
En la cantante granadina, esa relación entre tradición y renovación atraviesa toda una discografía que ha ido ensanchando los límites del flamenco sin perder nunca de vista el arraigo. Desde Mi cante y un poema (2001) y Calle del aire (2001), donde ya se perfilaba como una voz de enorme personalidad dentro del género castizo, hasta Mujeres (2006), su particular homenaje a figuras femeninas tan diversas como Chavela Vargas, Rocío Jurado o Nina Simone, su trayectoria ha entendido el acervo como un lienzo siempre presto al despliegue. En Autorretrato (2012) vimos su talento natural para hacer convivir en un mismo plano distintos palos flamencos con formas fronterizas, Amar en paz (2014) la llevó hacia la música brasileña junto a Niño Josele, en Encuentro (2016), junto al pianista Javier Perianes, exploraba el universo compartido de Falla y Lorca, Copla (2019) recuperaba una tradición popular admirable desde una sensibilidad presente, y Leo (2021) ponía en primer plano y como nunca antes su habilidad por reunir en un mismo lugar el ayer y el hoy.
Es también una cuestión de actitud, claro. Tanto La Yegros como Morente han comprendido que una tradición sólo permanece verdaderamente viva cuando admite el riesgo y que el pasado no se conserva repitiéndolo, sino conversando con él. Pero, ¿qué tal si, para ir con los deberes hechos a sus respectivos conciertos repasamos algunos de los temas más representativos de estas dos artistas?
Probablemente sea la elección más evidente, y por ello también la más difícil de evitar. El tango de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera convertido por Estrella en un ejercicio de apropiación flamenca que terminó siendo indisociable de la película homónima de Pedro Almodóvar. Más que una versión, es un ejemplo perfecto de cómo Morente puede trasladar una canción de un territorio cultural a otro sin borrar su identidad original.
Un disco este que, aunque deliberadamente heterogéneo, resume (como su propio nombre indica) en quince piezas la herencia de los Morente atravesada por seguiriyas, bulerías, tangos, sevillanas, rumbas, habaneras y canciones que se sitúan directamente en la frontera de lo flamenco. Cuba-Cái, grabada junto al bajista cubano Alain Pérez, resume literalmente la siempre presente vocación transatlántica de su estirpe, poniendo en un mismo binomio la relación entre Cuba y Cádiz y estableciendo un puente entre dos orillas musicales que comparten historia, ritmo y lengua.
Tras Autorretrato, Morente decidió adentrarse en un territorio aparentemente lejano como es el de la música brasileña. Junto a Niño Josele y bajo la dirección de Fernando Trueba, Amar en paz (2014) recorre clásicos de Vinicius de Moraes, Antonio Carlos Jobim, Luiz Bonfá, Milton Nascimento o Villa-Lobos, conformando esta singular carta de amor a la tradición carioca, llevándola a su propia lengua, pasándola por el filtro de su sensibilidad y descubriendo qué podía ocurrir al otro lado de esa frontera.
Es su punto de partida y peaje prácticamente inevitable para entender a la artista argenta. La canción que dio título al debut de La Yegros había aparecido ya como single en 2012 y condensaba la fórmula que después se convertiría en seña de identidad: cumbia y chamamé atravesados por electrónica y cultura urbana, con la producción de Gaby Kerpel aportando una dimensión digital al folclore. Aunque todavía en estado embrionario, contiene esa idea de tradición convertida en materia de baile que poco a poco se repetiría hasta perfeccionarse.
Si Viene de mí planteaba las coordenadas, Chicha Roja demuestra hasta dónde La Yegros podía llevarlas. Publicada como adelanto de Magnetismo, su segundo álbum de estudio, la canción amplía su paleta hacia la chicha, el tropical bass y la electrónica, con nada menos que Gustavo Santaolalla entre sus colaboradores. Quizás el ejemplo más cristalino de cómo, partiendo de una música profundamente enraizada, se puede llegar a una atractiva lógica de club sin desactivar su identidad.
Y todavía en nuestros días, con esta Bailarín como ejemplo, nos demuestra que continúa explorando su fórmula, más de una década después y cruzando nuevamente folclore, chamamé, cumbia y electrónica. El cuarto álbum de la cantante llegaba con los credenciales de ser el más abierto y emocional de la artista, sin renunciar aun así a esa vocación irremediablemente bailable que durante años ha puesto a tantos escenarios en pie.
Con más de una década de trayectoria, la arpista y cantante gaditana Mar Gabarre, conocida artísticamente como Musgö, será la encargada de poner música tanto al pre como al post concierto de Estrella Morente en Madrid y Barcelona, prolongando sobre el escenario ese diálogo entre raíz y contemporaneidad que atraviesa la programación de Iberoexperia Sessions.
Su propuesta parte de una instrumentación poco habitual dentro de los circuitos de la música popular, construyendo un universo propio en el que conviven folk, electrónica, pop y tradición andaluza, con la voz y las texturas acústicas como elementos vertebradores. Ya desde Open the Gate (2019), su debut, hasta Un sendero (2023), su primer álbum íntegramente en castellano, Gabarre ha ido ampliando progresivamente las posibilidades expresivas de su instrumento, convirtiéndolo en un elemento central de una música que oscila entre lo íntimo y lo expansivo, entre el ayer y el mañana.
Su presente, por lo pronto, pasa por La grieta (2025), un trabajo más oscuro y experimental en el que la electrónica adquiere una presencia mucho más acusada y establece nuevas correspondencias entre el folclore andaluz y la música clásica. El resultado es un paisaje sonoro de contrastes, atravesado por una tensión constante entre penumbra y luminosidad, que encuentra en el directo una dimensión especialmente física e hipnótica y que nos hará entender que toda tradición verdaderamente viva necesita, de vez en cuando, cambiar de piel.
Por su parte, el universo que rodea a La Yegros no se agotará en el escenario, y es que como preámbulo y prolongación de sus conciertos en Barcelona y Madrid, Iberoexperia Sessions le reserva a Flaca DJ la responsabilidad de asumir el control de la pista con una sesión que funciona, en cierto modo, como otra declinación más del ideario del ciclo. Sofía Conti, nombre tras el alias de Flaca, es una productora argentina afincada en España que desde finales de la década de 2010 viene remando fuerte para ser considerada ya como una de las figuras más destacadas de la nueva escena urbana y electrónica, con sesiones que cruzan cumbia, reguetón, guaracha, rap, funk y sonidos híbridos extraídos de las profundidades de SoundCloud.
Su trayectoria viene marcada por la naturalidad con la que habitualmente pone en circulación distintas genealogías de la música latina en sus respectivos sets, donde convive el reguetón de la vieja escuela con el RKT, la cumbia con la electrónica o los ritmos urbanos contemporáneos con producciones nacidas en los márgenes digitales. Ya en sus primeras mixtapes, como Peligrosa y Belicosa, esa vocación de mezcla aparecía como una declaración de principios y por ello mismo su presencia junto a La Yegros en Iberoexperia Sessions 2026 no es un mero añadido festivo: es el calentamiento previo y el broche perfecto para una noche concebida para hacer del mestizaje musical una experiencia física, colectiva y viva.