Hookworms - Microshift [Crítica]

11 febrero, 2018
Redaccíon: dod Magazine

Hookworms - Microshift

Redacción: Andrea Genovart

Hookworms es uno de esos grupos que merecen tener un éxito – hablando en términos de repercusión mediática - mucho mayor. Aún así, como bien ha sucedido con bandas como Sea Girls, en tiempos de lucha por la visibilidad todo está por llegar. La banda de Leeds y Halifax acaba de publicar su tercer LP, Microshift (2018, Domino Records), después de cuatro años de The Hum (2014, Domino Records) y cinco de Pearl Mystic (2013, Gringo Records/Domino Records), trazando una trayectoria compositiva lo más alejada de la monotonía lineal.

Este quinteto de música alternativa nos presenta, otra vez, un giro distinto pero  sumamente cualitativo del sonido de su banda. En su disco debut se nos presentaba un repertorio que rompía de modo evidente con toda armonía y estructura posibles, con temas que buscaban la experimentación constante y que los acercaban a ser una banda instrumental de neopsicodelia; en su segundo LP nos adentraban en un noise pop algo más melódico pero enmarcado en la tendencia soft de bandas como Preocuppations. Ahora, en cambio, se alejan de una vertiente que construye y rodea lo intimista para buscar una presencia más vital y melódica – y, todo sea dicho, más accesible y comercial.

Microshift empieza a dejar embriagarse – debe ser inevitable – de ese indie pop británico. Sin duda, estamos ante su repertorio más movido. Podríamos decir que hasta  bailable; Each Time We Pass, quizá el tema más lento y parecido a lo producido anteriormente, tiene unos aires tropicales que hacen imposible cualquier atmósfera cautivadora. Por otro lado, la presencia de la voz ha ganado un terreno si no mayoritario de lo más importante, y no solamente en tiempo sino en fuerza. Ullswater – tema que podría ser perfectamente de The Killers - y Static Resistance son ejemplos vivos de este cambio: el acompañamiento con de coros que pretenden ondear un público de masas que ya no se queda reguardado escuchándolos en solitario o una modesta base electrónica a lo Moon Duo en algunos temas como son Negative Space. SAún así, encontramos sus rasgos más primerizos en un par de sencillos como Opener – una introducción de casi cuatro minutos de pura instrumentalidad de aires shoegaze – y Shortcomings.

Se trata de un giro hacia un space rock con una sutileza y elegancia propia de las cosas bien hechas, algo que hemos podido ir comprobando en la trayectoria del quinteto que siempre ha sido aclamado por la crítica más independiente.


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