
Redacción: Juan Jose Quijano
El cómic de ciencia ficción en España ha evolucionado desde los héroes adaptados por los limites de la censura de posguerra, hasta la consolidación de la novela gráfica y el reconocimiento internacional de sus autores. Un genero prolífico, donde el escapismo de la realidad consolida su mayor acepción: naves, seres de otros planetas y universos totalmente nuevos. Pero el genero no solo da para imaginar y deslumbrar con seres extraterrestres o tecnologías imposibles, sino que el genero ha evolucionado hacia preguntas filosóficas y al análisis del propio ser humano. Porque la ciencia ficción no es solo el desarrollo de aventuras, sino la mayor puerta para hacernos preguntas.
España no es ajena a la evolución de dicho genero, pero si ha sido una puerta tardía del mismo. Mientras en distintas artes como cine o literatura en el extranjero teníamos grandes obras maestras, nuestro país tardo años en llegar a tener esa producción propia, la cual implicaba un coste económico alto como es el caso del celuloide.
Sin embargo el cómic y sus viñetas permitieron imaginar esos mundos de manera más adelantada al cine. En la ciencia ficción y el cómic en España vamos a poder observar varias etapas: la era del misterio de jóvenes asombrados por seres verdes , la era de la recreación grafica con mundos asombrosos en donde vivir aventuras imposibles y la era de consolidación, donde el genero pasa a ser una puerta abierta donde hacernos preguntas, reconocernos, criticar los aspectos más oscuros del ser humano, y como, no reírnos de todos ellos.
La dictadura impuso una fuerte censura y un aislamiento cultural que frenó la llegada de ideas modernas sobre el futuro. El público joven consumía cuadernos de aventuras y tebeos de corte tradicional, donde la fantasía o la ciencia ficción espacial aparecían de forma muy ingenua o anecdótica. Predominaban las traducciones o imitaciones de héroes espaciales extranjeros, mientras los autores nacionales trabajaban bajo estrictas directrices editoriales. Hablamos de una época donde la censura política y la influencia religiosa llegaron a cambiar el nombre de Batman y Superman por otros que no aludiesen a hombres con posibles super poderes, ya que el único capaz de tenerlos seria dios.
En este contexto encontraron hueco obras como Diego Valor, programa radiofónico que dio paso al tebeo, donde un comandante español heroico y disciplinado debe luchar contra malvados alienígenas para conseguir recursos para su amada tierra. El personaje era una reinvención de otro llamado Dan Dare del ilustrador Frank Hampson.
Por la escasez de papel de la época llego a editarse en recortes sobrantes de papel de periódico, en formato alargado con solo 2 filas de viñetas por página. La adaptación del héroe Dan Dare al comandante Diego Valor lo realizo el militar Enrique Jarnés Bergua.
Durante los años sesenta, el cómic de ciencia ficción en España vivió una profunda transformación y crisis de identidad, pasando del tebeo infantil de aventuras heroicas de la posguerra hacia formatos más maduros y experimentales influenciados por la carrera espacial y el cómic europeo.
Causa de ello es la aparición de las colecciones de bolsillo como Espacio Extra, en las que se hibridación texto e ilustraciones.
Los cómic propiamente dichos copian la temática de las obras estadounidenses con invasiones alienígenas, la conquista de nuevos planetas y la sumisión de sus alienígenas rebeldes, amenazas nucleares o robots.
A mediados de los sesenta surge una ornada de dibujantes de infinito nivel técnico, como Luis Bermejo o Esteban Maroto, los cuales a pesar de realizar ilustraciones de gran calidad terminan prestando servicio en revistas extranjeras donde hay una mayor libertad creativa y argumental que permite expandirse como autores. Se produce el éxodo masivo de nuestros dibujantes. En España La ley de prensa veía con ojos cautelosos argumentar que otros mundos eran posibles.
A finales de la década el genero da el paso que necesitaba y bajo la influencia de cómics europeos como Barbarella, aparecen Victor Mora y el dibujante Carlos Giménez, que terminan con el viejo arquetipo de hombre encuentra alienígena. Giménez comenzara a realizar composiciones y montajes dinámicos poniendo fin al realismo estricto y acercándose a una estética más pop.
En los cómics como Delta 99 y Dani Futuro, encontraremos preocupaciones ecológicas, pacifismo o filosofía. La trama cambia y el protagonista ya no es el humano conquistador, sino los alienígenas o la preocupación por conservar el universo frente a la amenaza de nosotros mismos.

Con el fin de la dictadura en 1975, desapareció la censura oficial. Nacieron publicaciones de vanguardia y de cómic para adultos donde la ciencia ficción encontró un cauce de expresión libre y maduro. En estos años la ciencia ficción se convierte en el rey de los géneros, introduce más aspectos psicodelias y eróticos. En los años 70 se utilizara el genero para burlar la censura y los corsés sociales y plantear temas actuales en mundos lejanos. El genero se convierte en una puerta para hablar del hoy, lo cual llevo a cabo a la perfección la revista 1984 utilizando el futuro como marco para los problemas del día a día.
Encontraremos entre los setenta y ochenta la obra Historias de taberna galáctica, un hito en el cómic underground español. Reuniendo distintos capítulos donde seres del futuro nos cuentan, entre copas, cortas historias y leyendas que han escuchado. Rareza absoluta marca un antes y un después. Algunas de sus historias ya sean meros encuentros con alienígenas o vidas de ludópatas condenados a destruirse, dejaran un tono triste y frio. Su cambio a la hora de aproximarse al genero cambiara el mismo para siempre.
En los años 80 el espacio pierde el carácter utópico y deja de ser un lugar que explorar. Se vuelve hostil, lleno de corporaciones corruptas, adoptando un carácter más oscuro y claustrofóbico. El terror irrumpe en el genero pero también se crea uno nuevo, el ciberpunk, destacando obras como Clarke &Kubrick de Alfonso Font y Hombre de Antonio Segura y José Ortiz.
El dibujo acercara el genero a perspectivas realistas de robots oxidados y seudozombies apocalípticos cercanos al genero de terror. Cobraran muchísima importancia las portadas de perfectos acabados de dichos cómics, influyendo gran importancia sobre ellos el dibujante argentino Juan Giménez.
También aparece la versión cañi del espacio y surgen sagas de humor como Goomer, más cercana a las tiras humorísticas de Makinavaja o Historias de la puta mili que a la solemnidad del genero más puro de ciencia ficción.

El modelo de publicación por entregas y revistas colapsó por la caída de ventas. Muchos dibujantes y guionistas españoles de talento tuvieron que emigrar profesionalmente hacia el mercado francés, belga o estadounidense. El género sobrevivió de manera marginal gracias a pequeños editores que mantenían vivo el medio en blanco y negro.
Por tanto se vive un nuevo éxodo hacia mercados extranjeros, trabajando para Marvel o las franquicias de la saga Star Wars.
En esta época el genero evoluciona hacia el manga, influenciado por Akira y Ghost in the Shell.
Los autores que se quedan en España tratan de reinventar los argumentos y el espacio, los robots y las naves dan paso a una linea argumental nueva, la ciencia ficción comienza a hablar del tiempo y sus realidades paralelas, explorando los campos cuánticos de la física, como es el caso del cómic Trazo de tiza.

La irrupción de la novela gráfica devolvió la estabilidad comercial al sector. Se crearon galardones como el Premio Nacional del Cómic y las obras empezaron a venderse en librerías generalistas. Estos impulsos que dotan de vitalidad al noveno arte revitalizaran a su vez la ciencia ficción.
A pesar del boom de obras, la precariedad de los autores marcara este primer cuarto de siglo XXI, la industria no tiene dibujantes ni guionistas fijos, sino que las editoriales actuaran de distribuidoras sin personal fijo. La mutación de la industria tras los años noventa supondrá una puerta más grande para la entrada de nuevos autores, pero una habitación muy pequeña para mantenerse todos en ella
Los autores nacionales hibridaran géneros y podremos encontrar filosofía, multiversos y chistes sobre el sinvergüenza de tu jefe en la misma viñeta.
Es una época de explosión argumental, donde se trataran diversos temas y sin las estructuras clásicas. La libertad temática y formal sera dominancia de estos años.
La posibilidad de desarrollar novelas graficas donde se abandonen los clichés del genero, crearan obras maestras nuevas.
Es el caso del hispanobelga Kenny Ruiz y su Cazador de rayos, donde encontraremos un estilo cercano al manga y a la novela épica, donde incluso el héroe es un villano. Obra publicada entre 2003 y 2006 que abrió el boom del genero de nuevo, adaptándose a nuevos estilos y un nuevo público.
En obras como ¡Universo!, compuesta de distintas historias humorísticas sobre el futuro, veremos una de las cumbres de la ciencia ficción española, haciéndonos reflexionar a la vez que reír. Uno de los cómics españoles más vendidos de la historia.
Y en la novela gráfica Capitán Maní: Dioses mancos donde veremos nacer el realismo sucio espacial, una space opera filosófica llena de aventuras, en la que seccionar al ser humano en cada uno de sus aspectos, con un final totalmente abrumador sobre lo que somos. Mezclando el nihilismo más descarnado, con la aventura sin tregua, el western y la filosofía. La mejor ciencia ficción adulta, aclamada en 2026 según múltiples críticos. Como vemos el género sigue muy vivo.
La ciencia ficción desde sus inicios, ya sea como adaptaciones ingenuas de lo desconocido hasta el infinito abanico de preguntas que es hoy, ha tenido que reinventarse constantemente. Y a pesar del agotamiento de la propia industria del cómic, nunca se ha agotado como genero. Quizá es el genero por excelencia, porque donde otros permiten transmitirnos una emoción, la ciencia ficción permite transmitirnos todas. El futuro es abierto, lleno de preguntas. Y los autores españoles han sabido hacérselas. Por eso podemos encontrar grandes obras como las descritas. Así que quizá sea el momento de disfrutarlas.