Hinds - I don’t run [Crítica]

23 abril, 2018
Redaccíon: dod Magazine

Hinds - I don’t run

Redacción: Andrea Genovart

Con la promo de meses y meses que habían hecho las mismas Hinds de I don’t run, cualquiera se esperaba que por fin se entendiese haber sido la primera banda nacional en el cartel del Coachella, su participación en el Glastonbury o gozar del prime time en The late show de Stephen Colbert, callando así a toda aquella crítica más detractora. Pero parece ser que, aún todo el marco mejorado por la posibilidad de mejora y recursos de su fama, no ha sido suficiente para hacernos entender que estábamos equivocados al decir que las Hinds no son ni merecen para tanto.

I don’t run (2018, Lucky Number) se trata de una segunda versión de su debut Leave Me Alone (2016), pero compuesto con más consciencia y bajo las expectativas de satisfacer a un público que antes era inexistente, pero que ahora hay que mantener. Esas dos polaridades que, juntas y enfrentadas, han hecho que no decaiga el fenómeno Hinds. Y así va a seguir siendo, puesto que dos años después volvemos a encontrar la misma fórmula: estrofa - estribillo - estrofa, las dos voces principales (Carlotta Cosials y Ana Perrote) a veces en coro y al unísono pero en su mayoría, y a propósito, a destiempo, marcando y tirando del carro de unas melodías donde bateria y bajo apenas consiguen subirse en ellas. T

emas que se defienden en el garaje - siempre exento de exigencia por definición - con inclinaciones hacia una vertiente vocal y facilona de hip - hop que les salva el transcurso musical del tema, la caoticidad como ese núcleo irreductible que les desprovee de responsabilidad y siempre el punteo solitario de la guitarra como para llenar esos vacíos que son los que permiten alargar la canción. Y todo eso podemos verlo en The Club, Rookie, Finally Floating, Tester, New For You o Soberland. O sea, en casi todo el LP.

Sí que es cierto que el sonido está más madurado, y por ello entendemos a que es algo más complejo y ambicioso. Los sencillos, como mínimo, duran en su mayoría más de tres minutos y ya no dos. El bajo tiene más presencia - aunque sigue siendo poca -, y se cantan letras más elaboradas. Eso sí, siempre en bucle. Los once temas de I Don’t Run son mucho más engorrosos aunque siguen todos ellos redondos, sobrecargados por capas y capas instrumentales que los hacen mucho más complicados de ser trasladados a un formato acústico. En general, todo resulta ser más sucio y barroco, cosa que juega a su favor al disfrazar su actitud punk y desenfadada como opción cuando probablemente es su única alternativa. Como disonancia cabe destacar la canción que cierra este segundo LP, Ma Nuit, una balada sobre guitarra española donde se mezclan castellano, inglés y francés; un gesto totalmente novedoso y a reconocer para el cuarteto madrileño pero que se hace un flaco favor enmarcándose en una grabación propia de un Nokia 600. Un sonido algo más relajado y que también encontramos en I Feel Cold But I Feel More, Linda o Echoing My Name.

Pero aún todo ello, dejando de lado la parte más técnica y que responde a el por qué de un fenómeno musical, no quita que la marca renovada de Hinds sea algo fresco. Sí, fresco, jovial, divertido, un pop happy de high school que cae en gracia. En definitiva, algo no denso, de eso que entra ligero. Y al final de eso trata el lo-fi: de actitud. Si la tienes, el resto no es que sea perdonable si no que deja de importar. E indiscutiblemente, las Hinds tienen eso. Una fuerte y desvergonzada presencia. Pero todos sabemos que no quien más grita más razón tiene. De hecho, muchas veces, por eso mismo la pierde.

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