Hablando (bien) del nuevo disco de Miley Cyrus

4 septiembre, 2015
Redaccíon: dod Magazine

Miley Cyrus & Her Dead Petz

Redacción: Vitor Blanco

Cuando parecía que nada podía superar a Kanye West y su anuncio de presentarse a la presidencia de los Estados Unidos,  la clausura que Miley Cyrus ofreció en la gala de los VMAs que la MTV dejó a muchos boquiabiertos. Y no por la característica estética hortera y multicolor, los pases de twerk o las pezoneras. La antigua estrella Disney presentó su nuevo single Dooo it! y acto seguido anunció el lanzamiento inmediato de su nuevo CD, íntegramente gratuito en la red.

No estaríamos hablando de Miley Cyrus si este Miley Cyrus and Her Dead Petz fuese una nueva colección continuista de su famoso Bangerz. Junto a la ayuda de Wayne Coyne de The Flaming Lips firma una verdadera novedad en la música pop de nuestro tiempo. Este nuevo larga duración sorprende por su sonido atrevido y arriesgado. Con una portada que resume a la perfección la revolución encabezada por la cantante (además de un indudable acierto estético), se presenta al mundo con una voz más madura. Los culos, porros y niños sin hogar que anteriormente semejaban una descarada estrategia de marketing, cobran una nueva profundidad y una meditación inédita que nos hace dudar si es este el momento de, finalmente, empezar a tomar en serio a Miley.

Y no faltan palabras que deberá censurar en muchas actuaciones, o sentencias contundentes sin rodeos. “Sí, fumo marihuana; y sí, amo la paz” inaugura su mejor disco hasta la fecha en esa contundente Dooo it! de acertados ritmos trap (a la que afortunadamente eliminó el desmadre final de 'bakalao' ibicenco con la que la conocimos en la actuación y videoclip). Otras suenan terriblemente extrañas y maravillosamente poéticas. “He soñado que Davie Bowie me enseñaba a montar en skate” reza Twinkle Song. O sobre la cena que tuvo con sus amigos en la que el arroz y el sushi le quitaron el apetito (Pablow the Blowfish). También caben alegatos veganos: “Es más fácil pensar que nunca haces daño a algo vivo intencionadamente” en Space Dude; y extraños fetiches como lamer dientes, que se atreve a revelar en la increíble BB Talk.

Esta BB Talk crea un coherente monólogo en medio de un disco de surrealistas asociaciones y afirmaciones. Sobre una base de percusión mínima la voz de Miley se sincera sobre cuestiones amorosas, relaciones, sexo e incluso emojis de What’sApp. Una canción cuyo único homenaje sería citar toda su letra. Nos podemos limitar al contundente estribillo: “Baby talk is creeping me out. Fuck me so you stop baby talking”.

Llega además, justo después de Fuckin Fucked Up, de un escaso minuto que ojalá se extendiera horas. Karen Don’t Be Sad o The Floyd Song (Sunrise) podrían estar perfectamente en el Before We Forgot How to Dream de SOAK. Y con Cyrus Skies retoma la Lana del Rey de Paradise. Aciertan baladas como Space Boots (con claros recuerdos de su famosa Adore You), Milky Milky Milk y Lighter. Los featuring se mantienen a la altura. A Sarah Barthel de Phantogram le propone colocarse mientras se excita “como mantequilla derritiéndose en el Sol”; y con Ariel Pink debate sobre la violencia. El rap de Big Sean en Tangerine tiene ecos del mejor A$AP Rocky (y su increíble Max B) mientras medita sobre la búsqueda de sí mismo. “Life should come with a sign saying: results may vary”.

Acercándonos al final, Sun sorprende por diferente pero no acierta (¿Miley Cyrus o Lady Gaga?). Llora mientras canta a su pez fallecido en Pablow the Bowfish y marca lo experimental de su nueva etapa con Miley Tibetan Bowlzzz. Cierra Twinkle Song, salvada por los gritos finales de Miley (“What does it mean?”) y un inolvidable “Fuck Yeah!” tan innecesario como necesario.

Es cierto que 24 canciones pueden resultar excesivas y algunas podrían haber quedado por el camino. No debemos olvidar, sin embargo, que And Her Dead Petz es el disco experimental de Miley Cyrus. Un fortuito viaje donde la joven cantante parece hacer lo que realmente quiere en una búsqueda interna hacia su propio sonido. La sensación final es la de madurez. El activismo LGTB+, el feminismo, la marihuana, la masturbación y la revolución sexual alcanzan finalmente un mensaje meditado, directo y contundente como no había conseguido su álbum predecesor. Ya lo venía anunciado en las actividades en las que desde hace meses se ha visto involucrada, pero Miley Cyrus and Her Dead Petz se impone como su manifiesto.

Tanto si eras hater de Miley, o si, como yo, simplemente pasabas de ella, la escucha es obligada. Sus nuevas 24 canciones parecen tener la misma capacidad de crear nuevos fans como de perderlos. El tiempo dirá si realmente estamos ante el nacimiento de una bomba anti- pop a la que realmente valga la pena seguir la pista. O si, por el contrario, la industria la conseguirá callar (o lo que es peor, emplear sus palabras en aras del exclusivo beneficio económico).


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