Franz Ferdinand - Always Ascending [Crítica]

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14 febrero, 2018
Redaccíon: asier

Always Ascending - Franz Ferdinand

Redacción: Andrea Genovart

Contra todo pronóstico, el nuevo disco de Franz Ferdinand nos ha sorprendido a todos. Ha conseguido que hagan dos cosas que, a medida que pasaba el tiempo, dábamos cada vez más por imposibles: sorprendernos con un sonido diferente y que éste suponga una sensación de frescura. Take Me Out llegó a serles el elixir de la eterna juventud: los congeló en un momento donde solamente podían intentar superarse a partir de una mala versión de sí mismos, mientras los años de la música avanzaban. Tras muchos intentos fallidos de LP totalmente prescindibles y sobrevivir por pisar festivales en que parecían estar convocados solo para cantar la famosa canción, el quinteto escocés, reestructurado tras la marcha de Nick McCarthy, llega con Always Ascending. Título que en primer lugar puede parecer infantil y prematuro por su bagage incuestionable pero que, una vez escuchado, no puedes evitar darles la razón ante la ilusión manifestada de su nuevo proyecto. Quitando siempre el Always, claro.

Se trata de la presentación de un sonido moderado, de tonos rebajados construidos con un mensaje de cordura y crítica social. Un tomarse las cosas con algo más de calma; perspectiva que, aún su prolífica producción por la presión de mantener el listón de cuando nacieron e irrumpieron en éxito, parece ser que no acabaron por aplicarse. Encontramos aquí un tono más maduro que no busca perseguir el coro fácil y eufórico del indie rock más mainstream, aunque no por ello sus temas no se caractericen por ser de un movimiento melódico y veloz. Aún el tono generalizado más tenue de la banda, podemos encontrar en el repertorio dos caras de la misma moneda de cambio. Por un lado, están las canciones tan reconocibles de ser propias del quehacer de la banda: mucho ritmo y estructuras cohesivamente cerradas en Lazy Boy, la progresión de culminación apoteósica de Always Ascending y, como punto reformador dentro de su rock, el futurismo anunciando por la misma banda: los sintetizadores de Lois Lone o el tono embriagador de synth pop en Glimpse Of Love y Feel The Love Go.

Existe también, y forma parte de esta faceta innovadora, una vertiente más oscura e intimista predominada por una voz grave y llena de solemnidad que se aleja de toda faceta divertida. El tema más representativo de ello es The Academy Frag o Finally, un sencillo dónde Kapranos canta en forma de susurro y se permite hasta desafinar, enmarcado en una estructura de bucle y de modesta instrumentalidad. Paper Cages y su acompañamiento de piano podría jugar el papel de la balada del disco, juntamente con Slow Don’t Kill Me Slow, que bien podría tratarse un homenaje a la Velvet Underground de casi seis minutos: una pieza delicada y refinada que deja en reposo y asimilación este nuevo eje de Franz Ferdinand.

Los de Glasgow han conseguido, pues, deshacerse de esa marca de agua que los ha acompañado tanto tiempo y por todo el mundo. Y era tan sencillo como cambiar de fórmula. Como aceptar que, a veces, progresar no es sinónimo de seguir avanzando en el mismo camino. Porque, de hecho, lo más común es que para llegar a dónde no queremos no haya una linealidad ni una vez primera. En este caso, quinta prueba. Pero ya sabéis: quién esté libre de pecado que tire la primera piedra.

 

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