Estudias, navajas - Perro [Crítica]

7 diciembre, 2015
Redaccíon: dod Magazine

Estudias, navajas - Perro (2015)

Redacción: Diego Pla

El primer disco de Perro salió en 2013 y fue uno de los álbumes revelación del año en el panorama español. Llevaba por título ‘Tiene bacalao, tiene melodía’, y los murcianos se encargaron de demostrar, concierto a concierto, que su garra y carisma iban mucho más allá de los once temas grabados en estudio. Después de verlos en directo, era inevitable acudir al buscador o a YouTube para saber más sobre la desconocida banda. Y allí estaban sus primeras grabaciones, en formato maqueta o recopiladas bajo el título de ‘Singles brasileñas’. Y no, aquellas tampoco eran canciones menores.

Reseña de ‘Estudias, navajas’, el nuevo disco de Perro

Después de tocar en festivales de media España, tragando mucho sol y muchas veces ante cuatro gatos (al principio siempre figuraban en los programas a primeras horas de la tarde), el ladrido de estos cuatro gamberros ya es conocido por todos aquellos de oído despierto. A finales de octubre lanzaron su segundo LP, Estudias, navajas, que tantas expectativas había generado. ¿Y bien? Han cumplido, y con creces.

Perro siguen siendo perros desde la portada (que otra vez firma Cohete Fernández) hasta el último acorde, pasando por cada uno de los golpes de maraca que aparecen muy de tanto en tanto. Las constantes vitales de la formación continúan más que vigentes: los punteos erizados, la doble batería tronando y trotando, el tono entre satírico y lúdico… y la rabia, sobre todo la rabia.

Estudias, navajas’ vuelve a estar caracterizado, asimismo, por la repetición machacona de ritmos y estribillos (‘Droga Porro’). Es como si cada uno de los cuatro componentes estuviera apartado de los otros, en su rincón, cabizbajo y embebido en lo suyo, pero golpeando con el talón el suelo, al ritmo de lo que hacen sus compañeros. Porque parece que la paradójica manera que los de Perro tienen de celebrar su éxito es enfadarse todavía más. O algo así como reírse hacia adentro de todo y todos. En primer lugar, de ellos mismos.

¿Qué ha cambiado entonces con respecto a su primer álbum? Ahora, Perro suenan más rotundos, más urgentes, menos melódicos. En ‘Estudias, navajas’ las pausas (los silencios, los huecos) cobran más peso, más presencia, aunque haya temas "espitosos" como no les habíamos escuchado hasta la fecha. Claro ejemplo de ello es ‘Papi Papito Ñam Ñam’, corte en el que, además, podemos observar otro de los deliciosos matices perrunos: la batuta la lleva la música, mientras que la voz del cantante se adapta al ritmo con inflexiones dislocadas.

En las letras sigue habiendo crítica, tan mordaz como inofensiva. Así, las reivindicaciones de temas como ‘Azul mayoría absoluta’ o ‘Factura de la luz’ son tan explícitas como sus títulos, pero el predominante tono burlesco resta seriedad al asunto abordado. Ya lo decíamos: en Perro no hay tono lastimero, solo ganas de fiesta, se hable de lo que se hable. Muchos de los temas y las frases siguen siendo crípticos, aunque nunca tanto como para que no podamos captar, al menos, el significado esencial. Porque sí, Perro también saben hacer poesía, pero con una lírica asequible (a poco que uno se acostumbre a su particular jerga).

Una de las cuestiones más recurrentes cuando de grupos emergentes se habla son los referentes. En el de caso de Perro reconocemos ecos de El Columpio Asesino, Def con Dos, Thee Of Sees, Fugazi o incluso The Cramps (ahí está el tono vampiresco de ‘Rencor Sabadell’), aunque probablemente ninguno de estos nombres salga de boca de los murcianos si se les pregunta al respecto.

En cuanto a géneros, el eclecticismo también es notable: punk, noise, pop, indie… Todo ello pasado por el particular tamiz de los murcianos, cuya identidad propia y reconocible ya era más que palpable en ‘Tiene bacalao, tiene melodía’. Así, pueden permitirse el lujo de crear temas como ‘Calypso Zombie Runner’, en el que, para contar una historia (también son trovadores) tiran de ritmos tropicales, sin desentonar lo más mínimo con el conjunto.

En definitiva, en ‘Estudias, navajas’ Perro se vomitan a sí mismos en un elocuente ejercicio de creatividad e insolencia. Fieles al estilo con el que se parieron, vuelven a ofrecer una retahíla de doce canciones polifacéticas, todas ellas hipnóticas, traviesas y, sobre todo, bailables.

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