
Comenzar a comprender el amor y el romance como escenario y no como postal tiene su intríngulis; a Molly Hamilton y Robert Earl Thomas les ha llevado quince años entenderlo, los mismos que nos separan de su entonces debut homónimo y su ahora nuevo trabajo, Roses (Captured Tracks, 2026), donde la dupla convierte los gestos mínimos en poética del sentir. Tras casi dos décadas juntos, Widowspeak ha conseguido alcanzar una narrativa adulta y madura en la que los grandes sentimientos y pasiones se revelan a través de esos pequeños detalles aparentemente insignificantes: servir agua en un restaurante, conducir sin rumbo, enfermar en un día libre o descubrir que ciertas heridas siguen floreciendo años después.
Grabado en Hydra, en una casa vieja convertida en estudio, y pulido después con paciencia casi artesanal, Roses recupera todo lo que está bien en la pareja y le pone el broche de oro a la etapa más emocionante pero también convulsa de sus vidas -en los últimos años se han casado, han sido padres y compaginan sus carreras musicales con trabajos ajenos a la industria. Nacidos de la efervescencia de la escena independiente neoyorquina de principios de siglo, Widowspeak han sobrevivido al cierre de salas, a los ciclos cambiantes de la industria y a la lógica voraz de la novedad permanente. ¿Su secreto? Ni ellos lo saben a ciencia cierta, pero el amor -mutuo y a la profesión- podría ser una pista.
Para mí, la inspiración ha ido cambiando con los años. Antes partía más de mis propias experiencias, de las reacciones viscerales a lo que estaba pasando en mi vida, y usaba la composición como una forma de responder a eso. Así empecé a escribir canciones, pensando que la emoción más intensa iba a producir la mejor canción. Durante muchos años, las canciones que me resultaban más fáciles y naturales eran las que nacían del desamor o del dolor. Y en cierto modo, sigo pensando que el amor es una gran fuente de inspiración porque es una emoción muy poderosa y puede adoptar muchas formas, pero cada vez me siento más atraída por otro tipo de emociones que surgen al observar a otras personas o al observarme a mí misma desde fuera. Ya no se trata tanto de reflexionar sobre emociones grandilocuentes, sino de los rituales del día a día, de cómo pasas tu tiempo, de cómo interactúas con la gente, con tu espacio y con el mundo que te rodea, y también de esa confianza que depositas en otras personas.
Al mismo tiempo, creo que también estoy volviendo la mirada hacia una versión más joven de mí misma, reconsiderando todo aquello que hacía que el amor se sintiera tan agudo e intenso. La canción que da título al disco, por ejemplo, fue escrita desde esa perspectiva del amor juvenil, pero visto desde fuera, no desde dentro, como recordando cómo era aquello. Supongo que el cambio también tiene que ver con quitarle presión a la banda, dejar de sentir que tiene que ser un recipiente en el que vuelco emociones enormes para conseguir las mejores canciones. Ahora me he dado cuenta de que quizás las mejores canciones que escribiré a partir de ahora saldrán de lo más anodino.
"Seguimos viviendo nuestra pequeña vida, con nuestra intimidad y decididos a no compartir más de la cuenta porque todavía creemos en algo llamado pudor"
Sin lugar a dudas. Siempre he tenido dificultades con la idea de presentar una versión de mí misma que pretende agradar. No es tanto una cuestión de querer caer bien o de querer atención. Más bien se trata de reconocer que, seamos cantantes, actores, gente más o menos famosa o gente totalmente desconocida, todos estamos continuamente performando una versión de nosotros mismos que decidimos conscientemente mostrar al mundo. Y además, queremos que sea auténtica y que represente quiénes somos de verdad, pero eso nunca podrá ser así del todo cierto porque solo ofrecemos una parte muy parcial de lo que realmente somos.
Y luego está internet, claro, que ha logrado que todos estemos presentando versiones ultra-revisadas de nosotros mismos todo el tiempo. Hoy en día es como si siempre estuviéramos actuando para una determinada audiencia y yo soy muy crítica con esa costumbre que hemos normalizado. Creo que nuestras canciones beben cada vez más de pensar en cómo todos estos cambios y supuestos avances se cruzan con el hecho de que nosotros sigamos viviendo nuestra pequeña vida, con nuestra intimidad y decididos a no compartir más de la cuenta porque todavía creemos en algo llamado pudor mi pequeña vida, con mis movidas personales e íntimas, y decidida a no compartir más de la cuenta porque todavía creo en algo llamado pudor.
Me alegro de que me preguntes por ese tema, porque considero que es importante compartirlo. Quiero decir, es bueno que la gente lo sepa, porque durante mucho tiempo ha existido este tabú casi embarazoso de reconocer que todavía no puedes vivir de la música. Pero sinceramente, cuanto más lo pienso, y sobre todo teniendo en cuenta que hemos decidido vivir en Nueva York, que es un lugar increíblemente caro, más claro tengo que tener otros trabajos y que eso sirva de base y estabilidad para la banda ha salvado nuestra relación con la música. De hecho, probablemente haya sido lo que más ha permitido que la banda siga existiendo, el quitarnos esa presión de que tenga que ser el éxito de nuestra música lo que pague el alquiler.
Eso me permite volver a ella cuando estoy lista para escribir y poder dejarla en un segundo plano cuando lo necesito. Actualmente trabajo en un restaurante y ya sabes, vivo dentro de esa rutina que consiste en llevar agua, ensaladas o filetes. Y esas pequeñas interacciones con la gente me sacan de mi cabeza. Me apartan de esa necesidad de ser siempre autorreferencial o de pensar constantemente en cuál es mi lugar en el mundo o qué imagen estoy proyectando. Es un golpetazo de realidad muy valioso, y en lugar de eso, puedo ser una observadora más y moverme por mi día a día como una neoyorquina más.
En lo económico y en términos generales, además, creo que la música ahora mismo es muy insostenible para todos. Quiero decir, ¿quién puede realmente vivir de forma holgada siendo artista independiente? Salvo que te llegue un éxito fortuito y descomunal, un hit en TikTok, o seas una banda con un apoyo industrial realmente sólido detrás, me parece imposible. Y ninguno de esos es nuestro caso, así que no creo que deba haber estigma alguno en ser una banda que también tiene otros trabajos, porque la realidad para todo el mundo, en cualquier sector y en cualquier empleo, es que vivir hoy en día es muy difícil.
"Durante mucho tiempo ha existido este tabú casi embarazoso de reconocer que todavía no puedes vivir de la música"
Pues fue una decisión bastante loca e inesperada, pero definitivamente no nos arrepentimos en absoluto. El estudio donde grabamos llegó a nuestros oídos a través de un amigo de un amigo. Creo que empezaron a recibir bandas de una forma más estable hace cinco o seis años y terminaron formando una comunidad muy sana ofreciendo residencias para grupos y demás, así que fue así como nos enteramos. Cuando hicimos el cálculo de costes y beneficios, teniendo en cuenta que íbamos a grabar en invierno, concretamente durante los meses de enero y febrero, nos dimos cuenta de que no era tan descabellado ni tan difícil económicamente grabar en Grecia en lugar de quedarnos aquí, en Nueva York. Nos gustó la idea de ir a un sitio que, además, en temporada baja, es muy tranquilo. Hydra en enero está muy callada, solo se escucha a la gente local, la que vive allí todo el año. Y estar todos en un mismo espacio, sin poder salir, también nos atraía, porque sabíamos que así seríamos más eficaces y constantes.
Pese a todo, sigue siendo un disco muy neoyorquino en tanto que las canciones ya estaban escritas de antes y se fraguaron en Nueva York, siendo todas ellas muy deudoras de mi vida urbana aquí. Pero si me preguntas si el entorno influyó en el sonido del disco, creo que sí, especialmente en el sentido de que, visto ahora con perspectiva, me parece un proyecto muy contenido y especial. Los arreglos y determinadas decisiones, sin duda, estuvieron inspiradas en el mero hecho de estar en un lugar tan bonito y recóndito como aquel. Bueno, ¿qué voy a decir? Es la isla que inspiró a Leonard Cohen...
Bueno, no llevamos nuestros amplificadores ni nada parecido, porque logísticamente eso habría sido inviable, así que dependimos mucho del equipo que había allí. Nos llevamos guitarras y pensábamos conseguir un piano eléctrico, pero el estudio no tenía uno, así que acordamos con ellos alquilar un Rhodes, y antes del viaje imaginábamos que simplemente lo subirían en el ferry y luego lo llevarían al estudio. Pero no éramos conscientes de que todo lo que se lleva a ese estudio tiene que venir desde Atenas al ferry, y luego en mulas hasta el interior del pueblo, a través de cuestas empedradas y muy empinadas...
De hecho, tenemos fotos muy divertidas del piano eléctrico en diferentes sitios... Sobre un palé, encima de dos mulas, hasta llegar al estudio... Lo más gracioso es que, después de semejante travesía, nos dimos cuenta de que ni siquiera teníamos del todo claro para qué íbamos a usarlo (risas). Así que sentimos un poco de culpa, en plan: “Madre mía, hemos traído esto y ni siquiera nos hacía verdadera falta, ahora tenemos que sacarle partido sí o sí” (risas). Pero bueno, creo que acabó coloreando algunos momentos del disco de una forma que no habría sido posible de otro modo, así que, a pesar de todo, terminó siendo una herramienta muy especial, aunque sea bastante patético pensar en el viaje que hizo para llegar hasta allí...
En cierto modo, sí puedo sentirme algo optimista sobre pequeñas cosas, supongo. Soy artista y vivo en Nueva York, donde acabamos de elegir a un alcalde socialdemócrata que, ojalá, logre hacer cosas políticamente inspiradoras para el resto del país e incluso para otras ciudades del mundo. Creo que hay algunas medidas políticas que se están tomando sobre las que, a pequeña escala, sí puedo pensar en positivo. Y también diré que ahora Rob y yo tenemos una hija de diez meses, y hay algo en eso que, aunque ya me lo habían dicho y yo no lo entendía del todo hasta vivirlo, realmente puede hacerte sentir optimista. No porque crea que todo el mundo deba tener hijos ni porque los hijos sean una especie de hito imprescindible en la vida de una persona, sino porque, si los tienes, pueden cambiar tu perspectiva sobre lo que es posible y sobre lo que hay de bueno en el mundo.
De todos modos, de forma natural soy cínica y acostumbro a mirar el mundo con ojos sospechosos siempre, eso nunca desaparece del todo. Cada día hay malas noticias, por desgracia. Pero la única forma que tenemos de enfrentarlas es actuando en determinados contextos que están en nuestras manos. Y esto quizás pase por, a nivel local, votar por un alcalde que esté en oposición directa a todo lo que representa la administración actual, por ejemplo... Necesitamos creer que en América puede haber un cambio de ciclo político. Como familia, hemos llegado incluso a pensar en vivir fuera durante un tiempo porque hay cosas de Estados Unidos que realmente nos avergüenzan y nos aterrorizan. No es solo una cuestión de tirar la toalla y huir, es el simple deseo de construir un futuro que no duela tanto como el presente. Sé que suena muy utópico pero, ¿tan raro es desear vivir en un país que no demonice la inmigración o que no bombardee otros países a la primera de cambio?
"Necesitamos creer que en América puede haber un cambio de ciclo político"
Sin duda, creo que la banda que hizo aquel disco estaba completamente absorbida por lo divertido y emocionante que era ser joven y tener un grupo en Brooklyn entre 2010 y 2011. Dejábamos que la vida simplemente sucediera y fue, en muchos sentidos, una experiencia increíble de la que no me arrepiento. Pero con los años he aprendido mucho sobre no dejar que la vida te viva a ti y sobre intentar entenderte un poco mejor para tomar decisiones más sanas y sostenibles. Tuvimos años bastante locos y en nuestras giras éramos un poco salvajes. Cualquiera lo diría por la música que hacemos, pero lo cierto es que no éramos lo que se dice una banda tranquila (risas). Pero también fue un tiempo que me sirvió para terminar entendiendo lo mucho que quería dedicarme a esto. He aprendido a frenar un poco, a tomar distancia y perspectiva. Dejé de beber hace unos siete años y ahora aprovecho más las mañanas. Eso a mi yo de 22 años le habría hecho convulsionar (risas), pero definitivamente también creo que se sentiría muy orgullosa de saber que terminaría casándome con Rob, que tendríamos una bebé juntos, que viviríamos en este loft de Bushwick y que, pese a todo, seguiríamos haciendo música.