Entrevista: Steve Cradock, mucho más que el guitarrista de Ocean Colour Scene

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Ocean Colour Scene

Redacción: Ana Dara

Ocean Colour Scene regresan a España para celebrar los treinta años de Moseley Shoals, el disco que en 1996 terminó de cambiar su historia y que sigue ocupando un lugar central en sus conciertos tres décadas después. Hoy, la formación reúne a tres de sus miembros originales —Simon Fowler, Steve Cradock y Oscar Harrison— junto al bajista Raymond Meade. La gira pasará por Valencia (25 de septiembre, Visor Fest – Marina Norte), Madrid (26 de septiembre, La Riviera), Santander (27 de septiembre, Escenario Santander), Málaga (29 de septiembre, Teatro Cervantes), Sevilla (30 de septiembre, Sala Custom), Gijón (2 de octubre, Teatro Albéniz) y O Grove, Pontevedra (3 de octubre, Feria del Marisco). Y hay un dato que dice bastante por sí solo: La Riviera ya está agotada.

Steve Cradock habla de Moseley Shoals sin una pizca de cansancio. Dice que aquellas canciones nacieron cuando eran jóvenes, estaban completamente concentrados y hacer música significaba absolutamente todo para ellos. Y a partir de ahí conviene ampliar el foco, porque hablar de Steve Cradock únicamente como guitarrista de Ocean Colour Scene se queda bastante corto. Lleva más de tres décadas trabajando junto a Paul Weller, ha trabajado con P. P. Arnold, The Specials o Leah Weller, ha firmado cuatro discos en solitario y en el primero, The Kundalini Target, llegó a tocar prácticamente todo él mismo en apenas dos días de estudio. Durante el confinamiento se metió en su pequeño estudio de Devon para averiguar qué podía contar la música sin letras y de ahí salió A Soundtrack To An Imaginary Movie. Ahora, además, su gira Travellers Tunes le ha permitido reunir caras B de OCS, canciones propias, trabajos de producción y a buena parte de su familia dentro de un mismo proyecto.

Cradock tampoco parece demasiado interesado en convertir todo eso en una gran épica. Su estudio es, según él, poco más que un garaje psicodélico lleno de discos e instrumentos. Quizá por eso resulta todavía más divertido repasar una carrera en la que ha pasado por unos cuantos lugares donde se escribió parte de la música británica de las últimas décadas. Y aún le queda un deseo pendiente: grabar algún día un disco acústico con Pete Townshend. Palabras mayores llamando a palabras mayores.

Entrevista a Steve Cradock de Ocean Colour Scene

 

Volvéis a España con una gira que empieza en Visor Fest y al día siguiente pasa por La Riviera de Madrid, que ya está agotada. ¿Te sigue sorprendiendo la fidelidad del público de Ocean Colour Scene en España?

Muchísimo. Creo que hacía bastante tiempo que no tocábamos en España, salvo algún concierto por la zona de Cataluña; quizá unos quince años, aunque no estoy del todo seguro. Nada está garantizado, así que nos sorprendió conseguir agotar una sala tan estupenda como La Riviera. Es increíble.

Ahora se habla mucho de Oasis y hay gente que me dice que existe algo llamado “el efecto Oasis”. Quizá tenga algo que ver con una especie de nuevo auge del Britpop, no sé cómo explicarlo de otra manera, porque nosotros tampoco hemos publicado un disco en unos quince años. Al final seguimos teniendo aquello con lo que empezamos: ensayar en el garaje de mis padres, tocar en directo y construir el sonido del grupo sobre un escenario. En cierto modo estamos en el mismo lugar que hace treinta y siete años. Y nos sentimos muy honrados de poder volver a España. Tenemos muchísimas ganas.

En Visor Fest coincidiréis con Manic Street Preachers, Ride, Gene, The Damned o New Model Army. ¿Te parece curioso que grupos con trayectorias tan largas puedan reunirse en un festival así, aunque inevitablemente haya cierto componente nostálgico?

Supongo que sí. Desgraciadamente ya tenemos edad suficiente para provocar nostalgia [ríe]. Simon y Oscar tienen 61 años, algo que todavía me resulta difícil de comprender, y yo tengo 57. La edad es una de esas cosas que parecen no tener demasiado sentido cuando piensas en ellas. Pero estamos felices de seguir tocando música y, sobre todo, de que sigamos todos aquí para poder hacerlo.

La gira española es bastante intensa. ¿Todavía tenéis tiempo para conocer las ciudades o todo termina siendo autobús, camerino, prueba de sonido y siguiente concierto?

Ya te contaré cuando termine [ríe], pero yo normalmente sí intento aprovecharlo. En esta gira creo que viajaremos todos juntos con el equipo en el mismo autobús y, como te desplazas durante la noche, al día siguiente tienes prácticamente todo el día para salir y conocer el lugar.

Además, mi familia y yo tenemos un pequeño apartamento en Estepona, así que voy bastante a España y solemos movernos por el país. De hecho, mañana mismo voy a conducir atravesando Francia y después España.

Se cumplen treinta años de Moseley Shoals. ¿Qué sigue emocionándote del disco y hay algún momento en el que pienses: “Dios mío, otra vez estas canciones”?

No. Me encantan todas las canciones de ese disco. Creo que simplemente tuvimos suerte: ocurrió algo, había algo en el aire o en el agua. Éramos jóvenes, estábamos muy concentrados y trabajar en aquella música significaba absolutamente todo para nosotros, así que nunca me canso de esas canciones.

Lo que sí me resulta extraño es pensar que cada diez años hacemos lo mismo: llega el décimo aniversario y piensas que podrías hacer una gira; llega el vigésimo y vuelves a hacerlo; ahora llega el trigésimo… Es una decisión bastante obvia, pero supongo que es lo que hacen los grupos. Podríamos no celebrarlo, claro, pero si podemos hacerlo, ¿por qué no? Eso sí, no vamos a tocar el álbum entero siguiendo el orden original. Si lo hiciéramos así, después de las tres primeras canciones el concierto prácticamente se habría terminado [ríe].

"En cierto modo estamos en el mismo lugar que hace treinta y siete años"

¿Hay alguna canción de Moseley Shoals que te guste ahora incluso más que en 1996?

Ahora me gusta muchísimo “The Downstream”, esa canción lenta, y también “Lining Your Pockets”, la otra canción más pausada del disco. Son preciosas. Y después está la última canción, “Get Away”. Creo que ahí está realmente el sonido de nuestro grupo. Es casi una canción folk construida sobre un único acorde, así que tiene esa repetición que funciona como un mantra; al mismo tiempo es enormemente psicodélica, por momentos muy potente, entra en terrenos de psych rock y acaba llegando hasta el dub. Creo que, de alguna manera, expresa toda la música que nos gusta. Para mí es una canción importante.

¿Aprendiste algo durante la grabación de Moseley Shoals que cambiara tu manera de tocar la guitarra?

Supongo que sí, aunque ocurrió de una manera un poco particular. Las canciones estaban escritas, pero terminaron convirtiéndose realmente en lo que son dentro del estudio. Después tuvimos que sentarnos, escuchar el disco y aprender a tocar unas canciones que, en teoría, ya conocíamos. En cierto modo tuvimos que aprenderlas de nuevo a partir de lo que habíamos creado en el estudio.

Cuando Ocean Colour Scene empezaba a finales de los ochenta, Birmingham ya tenía una historia musical enorme: Black Sabbath, UB40, The Beat, Duran Duran… ¿Cómo encontrasteis vuestro propio sitio dentro de una ciudad con tanta tradición?

No creo que sea algo en lo que pienses conscientemente. Simplemente terminas convirtiéndote en lo que eres. Fue estupendo venir de una ciudad que le había dado al mundo a UB40; sus dos primeros discos me parecían increíbles entonces y me lo siguen pareciendo. En cambio, el rock duro que había alrededor no nos gustaba demasiado. A mediados y finales de los ochenta entrabas en muchos pubs y encontrabas aquel blues rock pesado que me parecía aburridísimo. Me gustan Son House, John Lee Hooker y el blues original, pero aquel blues rock de los ochenta me parecía terrible. De todas formas, creo que uno simplemente es del lugar del que procede. No recuerdo que nosotros pensáramos deliberadamente en cómo encajar dentro de la historia musical de Birmingham.

¿Cómo acabaste tocando con Paul Weller?

Supongo que Paul quería ampliar su grupo en 1993 y buscaba un segundo guitarrista. Había comprado nuestro primer single, “Sway”, que creo que le gustaba, y Ocean Colour Scene habíamos sido teloneros de The Paul Weller Movement en 1992. Después me pidió que fuera a una audición. Así ocurrió. Suena bastante aburrido y laborioso contado así [ríe], pero eso fue exactamente lo que pasó.

Llevas más de tres décadas trabajando con él. ¿Qué recuerdas haber aprendido de Paul en aquellos primeros años?

Paul ha estado presente durante prácticamente toda mi vida y, en cierto modo, me ha enseñado casi todo lo que sé. Cuando empecé a tocar con él era muy abierto: compartía conmigo todo lo que sabía y también me mostraba hacia dónde estaba intentando llegar. Es un músico extraordinario y, evidentemente, un compositor fantástico. Yo simplemente observaba, aprendía y mejoré muy rápido. Tendría unos 23 o 24 años cuando empecé con él.

Hace poco descubrí aquella increíble sesión de “Come Together” para War Child: Paul y Linda McCartney, Noel Gallagher, Paul Weller, Johnny Depp, Kate Moss, Simon Fowler, Oscar Harrison y tú. ¿Qué recuerdas de aquel día?

Fue un buen día en la oficina [ríe]. Recuerdo escuchar a Paul McCartney tocar la guitarra eléctrica, aquella Epiphone Casino que había utilizado con The Beatles, y estaba a otro nivel. Era el mejor músico que había en aquella habitación aquel día; fue increíble. Después se puso a tocar el Wurlitzer, el piano eléctrico, y nosotros simplemente observábamos en silencio. También estuvimos hablando con él. Compartimos un porro; él y Linda tenían muy buena hierba. Y recuerdo especialmente algo muy bonito relacionado con su familia. Sus hijas Stella y Mary estaban allí. Paul McCartney, Paul Weller y Noel estaban abajo haciéndose las fotografías para la prensa, mientras Linda hablaba mucho de Neil Young y David Crosby y de cuánto le gustaba aquella música. Las chicas no paraban de decirle: “Mamá, ve a hacer las fotos, deberías estar ahí abajo”. Era precioso contemplar aquella familia tan normal y extraordinaria al mismo tiempo, animándose unos a otros. McCartney fue un caballero. Creo que todos estábamos sorprendidos de encontrarnos allí, juntos. Y entonces apareció Kate Moss; supongo que, si podías ir, ¿por qué no ibas a aparecer? Nosotros tuvimos la suerte de estar allí gracias a Paul.

"Éramos jóvenes, estábamos muy concentrados y trabajar en aquella música significaba absolutamente todo para nosotros"

“The Riverboat Song” terminó casi convertida en la música de entrada de TFI Friday. ¿Sigues en contacto con Chris Evans?

Este año hice una entrevista con Chris. Hacía mucho tiempo que no lo veía y coincidió con el trigésimo aniversario de su programa; supongo que me invitó por eso y también porque yo estaba promocionando la gira de Travellers Tunes. TFI Friday me parecía un programa fantástico. Llegaba el viernes por la noche y podías terminar lo que estuvieras haciendo y encontrarte con cuatro o cinco grupos tocando en directo. Había muchísimas bandas estupendas en aquella época, así que era un gran entretenimiento. Y, por supuesto, fue estupendo que utilizara el riff de guitarra de “The Riverboat Song”. Aunque he hablado con gente que lo escuchó tantas veces que acabó cansándose de él, así que quizá se utilizó demasiado. Espero que no [ríe].

¿Cómo surgió originalmente la idea de tu gira en solitario Travellers Tunes?

Me la propuso Andy Richardson, que organiza este tipo de giras en las que alguien publica un libro, se sube a un escenario y habla de su carrera. Yo realmente no quería hacer eso y tampoco me apetecía demasiado hacer el libro, aunque formaba parte del proyecto. Empezó a tener sentido para mí cuando conseguimos convertirlo en otra cosa. Sally, mi mujer, Cass, mi hijo, y mi hija Sunny, que se ocupaba del merchandising, se involucraron, y preparamos dos partes de 45 minutos en las que pudiéramos tocar muchísima música.

Incluimos bastantes caras B de Ocean Colour Scene, canciones que había producido, como “Baby Blue”, de P. P. Arnold, o “White Line Fever”, incluida en el disco de versiones de Paul Weller Find El Dorado, además de algunos temas de mis discos en solitario. En ese momento empezó a parecerme divertido: podía sentarme, tocar música y cantar canciones.

La acogida ha sido tan buena que Travellers Tunes seguirá en 2027, con unas 55 fechas. ¿Esperabas una respuesta así?

No sabía qué esperar. Fue bastante emocionante. Creo que el público entendió de verdad lo que estábamos intentando hacer y conectó con ello, y hubo momentos bastante emotivos. Ha sido fantástico.

En The Kundalini Target, tu primer disco en solitario, tocaste prácticamente todos los instrumentos. ¿Por qué decidiste hacerlo así?

Había escrito las canciones y, de alguna manera, ya sabía cómo debían sonar. Estábamos en mitad de la grabación de 22 Dreams, de Paul, si no recuerdo mal, y hubo dos días en los que él no estaba en el estudio. Les pregunté a Charles y a Paul si podía aprovechar aquel tiempo de estudio y lo hice todo en esos dos días. Toqué todo yo. Simplemente necesitaba hacerlo.

Entre The Kundalini Target, Peace City West, Travel Wild – Travel Free y A Soundtrack To An Imaginary Movie hay bastante libertad musical. ¿Tus discos en solitario son el lugar en el que puedes explorar cosas que quizá no llevarías a Ocean Colour Scene?

No estoy seguro. Simon dice que quizá The Kundalini Target debería haber sido un álbum de Ocean Colour Scene. No sé realmente por qué hago esos discos; simplemente me resulta divertido hacerlos en ese momento.

A Soundtrack To An Imaginary Movie, el disco instrumental, empezó durante el confinamiento. Como todos los músicos, teníamos muchísimo tiempo, así que yo simplemente iba al estudio. No intentaba escribir deliberadamente; quería comprobar si podía aparecer una sensación únicamente a través de la música. Precisamente por eso no quería escribir canciones ni ponerles letras. Era una pequeña prueba: quería ver qué emoción había en la música y qué estaba saliendo de mí en ese momento. Lo grababa y, poco a poco, aquello terminó convirtiéndose en el álbum. No fue nada grandilocuente; simplemente una cosa divertida que hacer en aquel momento.

Diez años después volviste a Peace City West y lo remezclaste. ¿No estabas satisfecho con el disco original?

No, no estaba satisfecho. La calidad de sonido de la mezcla me parecía horrible. En aquel momento me había convencido de que estaba intentando hacer algo sucio, underground, una especie de disco lo-fi de los sesenta, un poco vanguardista. Esa era la manera en que me lo justificaba, pero en realidad lo que estaba haciendo era un disco que sonaba mal [ríe]. Además había muchas pequeñas piezas entre las canciones. Por ejemplo, había un hombre egipcio recitando una oración en mi teléfono y cosas de ese tipo. Creo que llevé todo aquello un poco demasiado lejos. Así que simplemente lo volví a mezclar, intenté conseguir un sonido mejor y creo que acabó siendo un álbum más conciso.

Sally, Cass y Sunny ya estaban presentes en Travel Wild – Travel Free y ahora Travellers Tunes también se ha convertido en un proyecto familiar. ¿Cambia algo cuando trabajas con tu propia familia?

A un productor le pagas, ¿no? [ríe]. Cass tiene muy buen oído y es un gran músico. Confío en su opinión y es bastante meticuloso. En realidad todo parte de que todos queremos conseguir lo mejor. Aportan una mirada muy fresca, están muy implicados y eso hace que trabajar juntos resulte fácil.

"Me encantaría hacer un disco acústico con Pete Townshend"

Además de tus propios discos has producido y trabajado con P. P. Arnold, The Specials, Leah Weller y ahora con Paul Weller y Liam Bailey. ¿Qué disfrutas especialmente de producir a otros artistas?

He tenido muchísima suerte porque son personas cuya música realmente me gustaba. Recuerdo comprar Kafunta, el segundo álbum de P. P. Arnold para Immediate Records, y pensar que era extraordinario: su versión de “God Only Knows”, por supuesto “Angel Of The Morning”, todo aquel disco y también la portada, con aquel tocado africano fotografiado por Gered Mankowitz. La conocí por primera vez cuando actuó en Birmingham. Nuestro estudio estaba a la vuelta de la esquina y fuimos simplemente como fans. Llevamos flores y yo llevé mi disco para que me lo firmara. Le dijimos que teníamos un estudio allí cerca, que estábamos en un grupo y que quizá algún día podría venir a cantar. Ella no pareció demasiado impresionada [ríe], algo que entiendo perfectamente.

Con The Specials ocurre algo parecido. Era fan desde 1979. Recuerdo que un vecino vino a casa y me puso el single de “Gangsters” y pensé: “¿Qué es esta música?”. Aquella recuperación del ska fue algo enorme: estaban The Specials, The Beat, Bad Manners, UB40… Era una escena fantástica. Me encantaban The Specials, Terry Hall y The Jam. He tenido muchísima suerte porque muchas de las personas que admiraba mientras crecía acabaron siendo gente a la que pude conocer y con la que incluso llegué a trabajar.

Has descrito tu estudio en Devon como una especie de “departamento artístico”. ¿Cómo es realmente ese espacio?

Es pequeño; en realidad es un garaje. Está decorado de una manera bastante psicodélica y tengo allí todos mis discos. Hay batería, contrabajo, un piano de cola y un órgano Hammond. Es un lugar donde puedo relajarme y escuchar música, pero también trabajar. Creo que viendo fotografías se entiende mucho mejor que intentando explicarlo con palabras.

Estudio de Steve Cradock
Imágenes del estudio de Steve Cradock

¿Hay algún artista con el que te encantaría trabajar como productor?

Me encantaría hacer un disco acústico con Pete Townshend.

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