
Desde que irrumpiera en la escena del spoken word neoyorquino a mediados de los noventa, la obra de Saul Williams ha desafiado con obstinación cualquier frontera posible entre poesía, música, performance, cine o pensamiento político, entendiendo cada una de esas disciplinas como distintas formas de intervenir sobre la realidad. Más de tres décadas de consagración al arte le llevan ahora, y de nuevo junto a Carlos Niño, a renovar su visión de la tradición oral afroamericana, del jazz, del hip hop, del afrofuturismo y de la memoria colectiva en su nuevo disco, Leap Life (2026); un álbum nacido de la improvisación, de la escucha y de la confianza en el proceso creativo, donde la voz deja de comportarse como un mero vehículo para las palabras y adquiere la condición de instrumento.
Sus canciones dialogan con los ancestros, con los conflictos de nuestro tiempo y con formas de conocimiento que la modernidad ha relegado a los márgenes; se atreven a ofrecernos puntos de vista nuevos sobre poder, tecnología o espiritualidad, siempre desde la convicción de su responsable principal de que el arte continúa siendo un espacio capaz de transformar tanto a quien lo crea como a quien lo recibe.
Carlos mostró un entusiasmo enorme al descubrir que toda la música en la que llevaba tiempo trabajando pertenecía realmente a un mismo proyecto. Para él tenía todo el sentido. Yo no le cuestioné, aunque en ese momento ni buscaba hacer un disco como tal ni tampoco estaba seguro de hacia dónde nos estábamos dirigiendo. Simplemente acepté que las cosas sucedieran de esa manera. Y la verdad, cuanto más tiempo pasábamos trabajando en el disco, más sentido comenzaba a tener todo. Esta música, como te digo, nunca fue concebida originalmente con la idea de formar un disco. Eran composiciones que utilizaba para pensar, para crecer, para experimentar. El hecho de que Carlos fuera capaz de entender que todas ellas encajaban entre sí fue como una revelación, pero eso es precisamente lo que él ha sido siempre, un visionario.
Sí, en aquel momento nos parecía que todo estaba bien alineado, pero visto ahora con perspectiva, resulta un tanto surrealista que tardásemos tanto tiempo en juntarnos de nuevo.
Bueno, te diría que que es algo que he aprendido con el tiempo y quizás incluso de forma inconsciente. Siempre ha sido una manera de trabajar que admiraba y a la que aspiraba, pero es una metodología tan arriesgada y que requiere de tantos factores que necesitas tiempo para desarrollarla adecuadamente. Y en lo personal, desde luego, necesitaba tiempo para aprender a confiar en mí mismo.
Si hubieras visto mis conciertos años atrás, probablemente habrías escuchado canciones completamente escritas de antemano. Lo mismo ocurría cuando entraba al estudio: grababa material previamente compuesto. Pero cuando llegó el concierto de Treepeople, que organizamos precisamente para anunciar que íbamos a entrar al estudio a grabar 'Leap Life', tenía tantas cosas en la cabeza y el mundo estaba atravesando un momento tan complejo que sentí que la forma más directa de expresarme era simplemente hablando.
La música, en ese contexto, me ofreció un espacio de libertad y una relación distinta con el sonido que simplemente me hizo sentir cómodo, sostenido, lo cual terminaría trasladándose también al disco. Por eso hay canciones aquí que conservan la misma energía que aquel directo en Treepeople, con piezas cuya música está compuesta, pero cuyo verdadero punto culminante consiste simplemente en sentirte lo bastante libre como para hablar sobre ellas.
"No me preocupa tanto el desarrollo de cierta tecnología como sí su dependencia de determinados recursos extraídos de tierras indígenas"
Sin ninguna duda. En lo personal, no me preocupa tanto el desarrollo de cierta tecnología como sí su dependencia de determinados recursos extraídos de tierras indígenas. Siempre que se habla de estos temas se mencionan los combustibles fósiles como un concepto abstracto y como algo que no le pertenece a nadie, pero la realidad de esto es que esos son los restos de nuestros antepasados indígenas, presentes en esos combustibles, en esos minerales y en esas piedras preciosas que hoy alimentan todos nuestros dispositivos.
La reflexión que intentaba perseguir con 'Robot Slave' iba más en esa dirección, en la de plantear la cuestión desde un prisma más espiritual. No sé si lo sabrás, pero la palabra "robot" proviene de una lengua eslava y significa literalmente "trabajo forzado" o "esclavo". A partir de ahí establezco un paralelismo entre el miedo actual que tenemos a que una máquina aprenda demasiado y el miedo que tenían los colonizadores a que las personas esclavizadas aprendieran demasiado. Por eso les prohibían leer, intentaban borrarles su humanidad, separarles de sus familias o destruir cualquier rasgo de sensibilidad en ellos. A menudo decimos que durante la esclavitud las personas eran tratadas como animales. Pero, en cierto modo, lo que realmente pretendían era convertirlas en robots, en seres cuya única función fuera trabajar sin cuestionar nada.
Podría ser. Como afroamericano, una parte de mi historia consiste en reconocer que mis antepasados fueron esclavizados y trasladados a Turtle Island, el nombre indígena con el que muchos pueblos originarios se refieren al continente norteamericano. Pero al mismo tiempo también siento que debemos rendir homenaje a los pueblos indígenas de esa tierra. Por eso 'Mazahua' tiene para mí un carácter casi mágico. Es como un lugar intangible en el que confluyen distintos mundos y distintas sonoridades.
La participación de Yaotl y Aztlan Underground era, por tanto, inevitable. Fue Carlos quien me habló de ellos por primera vez y quien tuvo inmediatamente la visión de que debían formar parte de esta canción. Lo que aportan al tema, unido al trabajo desarrollado dentro del programa Music Griot, conecta además con un texto que escribí el mismo día en que comenzó el alto al fuego en Gaza. No lo escribí desde la ingenuidad de pensar que Israel o Estados Unidos fueran a respetar realmente ese acuerdo. Lo escribí porque, en ese instante, la población de Gaza estaba aferrándose a la esperanza de encontrar un pequeño respiro. Quise honrar precisamente ese momento de esperanza.
Al hablar del pueblo palestino y ponerlo en relación con los pueblos indígenas de Turtle Island, intento mostrar que todas esas luchas están de alguna forma conectadas. Que la lucha negra y la lucha indígena forman parte de una misma historia y que siempre debe existir solidaridad entre ambas, porque, en el fondo, hablamos de la misma lucha.
"Trabajar con terceros es, simplemente, fundamental para que el arte salga bien"
Todo nació como un experimento muy sencillo. Le dije, "oye, me encantaría que participaras en el disco cantando por encima de esta música". Le puse la base, salí de la habitación y le dejé crear libremente. Y la cosa terminó saliendo tan bien que es, en mi opinión, otro de los momentos mágicos del disco.
También refleja muchas de nuestras influencias musicales, aunque nunca las mencionemos de forma explícita. En ese tema hay una especie de homenaje implícito a muchas de las voces y sonidos que nos han inspirado a ambos durante todos estos años. Cuando Carlos escuchó aquella grabación por primera vez, dijo inmediatamente: "Dios mío, esto tiene que estar en el disco exactamente así. No cambiéis absolutamente nada". Así que terminó siendo un experimento precioso.
Absolutamente. Y no solo partes de mi trabajo, también hay algo en mi manera de entender el mundo y de desarrollar mi crecimiento personal que únicamente nacen de mi relación creativa con otros. Si solo me apoyara en mi propia perspectiva o educación, mi trabajo jamás alcanzaría el nivel al que aspira. Cuando pienso en todo lo que he hecho durante la última década, desde mis discos hasta 'Neptune Frost', veo proyectos que han surgido precisamente de esa capacidad para escuchar, para pensar más allá de mi experiencia individual y para encontrar nuevos puntos de vista que me permitan crecer más allá de mis propios límites. Trabajar con terceros es, simplemente, fundamental para que el arte salga bien.
"La lucha negra y la lucha indígena forman parte de una misma historia"
Para mí, simplemente, no tendría sentido hacer arte si no es desde esa perspectiva. Pero te hablo, por supuesto, desde una apreciación del arte completamente personal y subjetiva, no pretendo que este deba ser el canon de pensamiento sobre el asunto en cuestión. Siento que tengo cierta responsabilidad para con el arte que en su día me inspiró y que mostraba compromiso. Te hablo de obras que marcaron mi vida, como 'Machine Gun', con ese Jimi Hendrix enfrentándose a la realidad de la guerra de Vietnam, o el 'Mississippi Goddam' de Nina Simone, o las voces de gente como Fela Kuti o Bob Marley, entre tantos otros. Eran personas que entendían que arte y justicia social van de la mano, así que eso es lo que aprendí de ellos.
Todos ellos no solo fueron capaces de retratar su época, sino que además crearon algo completamente nuevo. Sus ideas, unidas a nuevos ritmos y nuevas formas de expresión, terminaron dando lugar a obras que incluso hoy se consideran fundacionales, trabajos que desbordaban cualquier género establecido.
Para responder a eso sin generalizar tendría que estar al día de toda la música que se produce actualmente, y no es el caso. Lo que sí puedo decirte es que los artistas tienen, por supuesto, la entera libertad de no acatarse a ningún compromiso o responsabilidad, pero si no hacemos de nuestro arte algo que, bajo ningún concepto, pueda ser utilizado como propaganda del Estado, ten por seguro que este terminará siendo empleado para tales efectos.
Cuando pienso, por ejemplo, en gran parte del cine y la televisión producidos en Estados Unidos, veo una enorme carga de propaganda institucional. Se reproducen discursos islamófobos, ideas de excepcionalismo estadounidense, toda una serie de mensajes políticos que quedan incrustados en esas películas y en muchas de las obras que consumimos sin apenas darnos cuenta. A mí, desde luego, me enseñaron que el arte era otra cosa y que los artistas tenían, como mínimo, la responsabilidad de no acabar siendo agentes encubiertos de la CIA. Quizás "responsabilidad" no es la palabra adecuada, pero sí creo que nadie que se dedique a esto debe olvidar que el verdadero espíritu del arte es desafiar el poder.
"Nadie que se dedique a esto debe olvidar que el verdadero espíritu del arte es desafiar el poder"
Bueno, aún hoy me siento profundamente agradecido por aquel momento en el que descubrí, casi por casualidad, las posibilidades que ofrecía la poesía recitada. Hasta entonces nunca había imaginado que ese pudiera ser mi camino. Mi atención estaba completamente centrada en el teatro, me consideraba actor, pero fue cuando entré en contacto con la escena poética neoyorquina de mediados de los noventa cuando algo cambió.
Recuerdo abrir mi diario y darme cuenta de que aquello que la gente compartía sobre el escenario se parecía muchísimo a lo que yo llevaba tiempo escribiendo para mí mismo. Sentí una conexión inmediata con aquellas personas y con aquella forma de entender la creatividad, así que me dije "yo también quiero subir ahí y leer algo". Y, en cuanto di ese paso, se abrieron ante mí mundos completamente nuevos. Estoy enormemente agradecido por todo lo que surgió de aquel movimiento del spoken word, de los poetry slams y de los micrófonos abiertos a los que acudía entonces. Aquella experiencia no solo transformó mi relación con el lenguaje, sino también mi manera de entender cuál podía ser el papel del arte.
Empecé a pensar en el arte como una especie de combustible alternativo, incluso como una forma de tecnología. Eso era lo que sentíamos que estábamos haciendo con el lenguaje en aquella época. Pertenecíamos a una generación que había crecido junto a los ordenadores y, de alguna manera, contemplábamos los poemas como si fueran códigos que había que descifrar. Tratábamos de desenredar el lenguaje para hacer las emociones más comprensibles y, al mismo tiempo, de desenredar las emociones para simplificar el lenguaje.
Aquello fue absolutamente decisivo para entender quién era como artista y sigue siéndolo hoy. Por eso miro atrás con una enorme gratitud. Y, si pudiera observar mi vida actual desde la perspectiva de aquel joven de 1996, creo que simplemente me diría: "Sigue adelante". Porque, ¿sabes? Por aquel entonces me sentía profundamente honrado cuando alguien me llamaba poeta, pero también demasiado tímido como para definirme así. Si alguien me decía que era poeta, respondía "gracias" y me lo tomaba como un cumplido. Pero si me preguntaban directamente, contestaba algo mucho más modesto: "Yo solo escribo". Con el paso del tiempo creo que, al menos, me he ganado el derecho a presentarme como poeta y creo que ahora entiendo mucho mejor lo que significa esa palabra.