Entrevista a Pond: "Me fascina que los seres humanos podamos ser tan crueles y violentos y al mismo tiempo formar familias y llevar a cabo proyectos extraordinarios"

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Pond (2026)
Foto: Olivia Senior

De un tiempo a esta parte, son muchas las bandas de la land down under que están petándolo allende sus fronteras; pero si hay una que sin duda nos transporta de forma directa a la Australia Occidental y su sonido lleva intrínseco un aroma a pub polvoriento y a carretera infinita, esa es Pond. Después de diez discos, la formación ha encontrado una nueva forma de sonar más a sí misma que nunca, consolidándose como una de las propuestas más imprevisibles surgidas del ecosistema creativo de Perth y Fremantle. El grupo, liderado por Nick Allbrook -quien responde a nuestra llamada a más de veintemil kilómetros de distancia física- regresa ahora con Terrestrials (Mungovision/Secretly, 2026), un trabajo que mira hacia la tradición del AOR borlanero, dejando atrás puntualmente sus característicos graves al tiempo que intenta comprender el presente.

Grabado bajo unas reglas tan sencillas como insólitas para una banda acostumbrada a la expansión psicodélica, el resultado del disco es un cruce entre la melancolía confesional de la Australia de los ochenta y el ornamento del glam-punk, dejando cabida en su mezcla a versos en los que conviven la destrucción del patrimonio indígena, las dinámicas del capitalismo extractivo, la desigualdad, los márgenes sociales y la sensación de habitar un planeta que parece acercarse constantemente a algún tipo de límite. Claro que, tratándose de Pond, incluso en medio de este desasosegante entorno, sus voces son capaces de terminar encontrando consuelo y esperanza.

Entrevista a Pond

 

La sensación que tuve escuchando el disco fue la de entrar en un pub australiano, aun sin haber estado jamás en uno, ni en Australia si quiera. ¿Era esa también vuestra intención?

Pues se podría decir que sí, la verdad. Desde luego, queríamos hacer música que resultara emocionante, rápida y que funcionara bien en un pub lleno de gente borracha y gruñona (risas). De todos modos, tenemos claro que nuestra filosofía con esto nunca será ofrecer una visión idealizada del alcohol. Un pub australiano puede llegar a ser un lugar bastante problemático si se va de las manos... De hecho, tenemos un auténtico problema nacional con el alcohol y con las apuestas y el juego, ya puestos. Así que, como todo en el disco, ese sonido tan a lo pub-rock tiene también dos caras.

El pub es un lugar que ha dado origen a mucha cultura y arte australiano poscolonial, algo muy importante para nosotros. Es un lugar donde la gente se reúne, socializa y lo pasa bien. Pero también puede ser bastante sombrío. Y, en realidad, esa es la cuestión que resume el disco y nuestra manera de hacer música. Esta dualidad no solo es cosa de Australia, ni de Australia Occidental, ni de nosotros en particular, sino que nos incumbe a todos los humanos. Y supongo que de eso habla el disco, de los terrestres, los habitantes de este planeta. Me fascina que los seres humanos podamos ser tan crueles y violentos y al mismo tiempo formar familias y llevar a cabo proyectos extraordinarios.

"Me fascina que los seres humanos podamos ser tan crueles y violentos y al mismo tiempo formar familias y llevar a cabo proyectos extraordinarios"

El disco, y el tema que le da título, de hecho, parecen actuar como una suerte de análisis antropológico del planeta visto desde fuera. Me interesa saber a qué conclusión has llegado después de esto.

Pues creo que la conclusión es bastante suave para lo que podría haber sido (risas). A pesar de la indignación y la decepción, no puedes evitar querer a la humanidad. Al menos yo no puedo. Y 'Terrestrials', la canción, trata en parte de ello. Sobre nosotros hay algo muchísimo más grande que la Tierra y que los cuerpos y las mentes que nos han tocado. Queremos a toda costa trascender el contrato, ese acuerdo no escrito donde aceptamos no matarnos entre nosotros, caminar sobre la Tierra con nuestros propios pies y cuidar a los demás. Y, sin embargo, constantemente parecemos querer ir más allá de eso, causando cantidades interminables de dolor y destrucción.

Sin embargo, también hay personas que han entendido mucho mejor de qué va esto. Es curioso, pero los niños, o la gente enamorada, o quienes son etiquetados habitualmente como locos o psicóticos, o las grandes figuras espirituales están mejor adaptados a esta idea y no tienen ese deseo casi psicopático de querer ir más allá de lo que nos ha sido otorgado. Supongo que con este disco hemos querido ahondar en eso y en lo mucho mejor que estaríamos si aprendiéramos a estar satisfechos con lo que tenemos.

Hablando de canciones, destaco también 'Through the Heather', probablemente una de las más melancólicas del álbum. He leído que nació durante vuestra última gira europea, entre hoteles, furgonetas, carreteras, y toda esa parte menos glamurosa de la vida rockera. Teniendo en cuenta que este es vuestro undécimo disco y que además volveréis a la carretera este verano, ¿habéis aprendido a encontrar placer en las giras a pesar del agotamiento?

La clave para soportar eso es que, a decir verdad, nos seguimos llevando muy bien entre nosotros y eso es una suerte enorme. Somos muy buenos amigos y no todo el mundo puede presumir de ese privilegio: terminamos una gira de dos meses y al día siguiente quedamos para ir al pub. Esa es la clave, ser amigos y disfrutar de verdad de la idea de tirarse dos meses juntos. En lo personal, pues... Vas aprendiendo otras cosas, como beber menos, moderarte un poco, hacer ejercicio, dar paseos por la naturaleza... Y en la grabación, pues diría que todo consiste en intentar seguir emocionándote con hacer algo distinto. Sé que no todos nuestros discos acaban siendo tan distintos entre sí, pero la idea inicial siempre es: “vale, el nuevo va a ser realmente rápido, ruidoso, enfadado, de rock, de esto o de lo otro; venga, vamos a hacerlo”. Creo que nunca podríamos decir simplemente: “¿Hacemos otro disco de Pond?” y quedarnos ahí, sino que con cada álbum queremos emocionarnos con la idea de que no hay límites. "¿Y si hacemos uno de techno?" Y entonces te emocionas, pruebas cosas, compras juguetes nuevos, te pones a hacer el tonto,... Vale, al final termina sonando a otro puto disco de Pond, pero al menos te has ilusionado por el camino (risas).

"Somos muy buenos amigos y no todo el mundo puede presumir de ese privilegio: terminamos una gira de dos meses y al día siguiente quedamos para ir al pub"

Volviendo a Australia, he leído que el disco lleva ADN de Seabird, un pequeño pueblo costero al norte de Perth que describes como "el lugar más claramente australiano occidental que te puedas imaginar". ¿Cómo es eso?

Mira, imagina esto por un momento: una playa enorme que se extiende hasta el infinito en ambas direcciones. A lo largo de la playa hay un par de cientos de pequeñas cabañas. Y luego hay un enorme pub que domina todo el suroeste de Australia. El pub está construido con grandes bloques de piedra caliza y delante de él, una vista increíble del océano. Luego hay como unas 300 sillas de jardín de plástico para que todo el mundo se pueda sentar a beber cantidades enormes de cerveza y después vuelva a su cabaña a ver la tele y dormir. Por alguna razón, para mí eso encarna una gran parte de la historia occidental de nuestro país (risas).

Pese a la distancia, no se diferencia tanto de nuestra realidad aquí, en ciertas partes de España, ¿eh?

Me lo imagino... Tío, haríamos una gira de seis meses por España si pudiéramos (risas).

En esa ciudad que me has descrito es donde trabajasteis el álbum, así que hablemos precisamente de la producción, pues una vez más habéis considerado depositarla en manos de James y Jay. ¿Qué significa para Pond que el sonido siga dependiendo de los propios miembros de la banda y qué nuevas fórmulas diríais que habéis introducido?

Bueno, creo que hemos mejorado un poco a la hora de mantener las cosas más simples. Aunque seguimos acabando algo más metidos en el barro con la producción y las sobregrabaciones, al menos cuando empezamos tocábamos en directo, con solo unos pocos instrumentos, y grabábamos en cinta, manteniendo los arreglos bastante ajustados. Otra cosa importante fue que intentamos aprendernos muchas de las canciones y tocarlas en directo. De hecho, interpreté varias en conciertos previos para que, cuando entráramos a grabarlas, ya las domináramos. En lugar de grabar, editar, construir una gran composición y luego aprenderla para dejarla lista para el directo, la idea fue escribirla, practicarla sin grabarla, tocarla en directo varias veces y entonces ya estar listos para grabar. Nunca habíamos hecho algo así y la verdad es que salió todo muy bien.

¿Crees que el hecho de tener un estudio propio fue lo que esta vez os permitió probar ciertas cosas nuevas, como esa?

Sí, desde luego, fue el incentivo que nos faltaba... El problema es que ya no lo tenemos. Nos echaron para convertirlo en un hotel.

¿Qué me dices?

Sí, tío... Las ruedas de la industria siguen girando. Era un espacio genial, lo bastante grande como para ir cada día, o cada dos días, y simplemente tocar instrumentos y ensayar. Y eso fue fantástico. Creo que no teníamos algo así desde que empezamos a tocar con veinte años y vivíamos juntos en una casa compartida, donde tocábamos lo que queríamos y repasábamos lo que habíamos escrito una y otra vez, intercambiando ideas y cosas así. Fue realmente genial y por eso este disco tiene algo de aquel espíritu inicial.

Hablado de estudios, hace unos meses pudimos ver un vídeo viral con miembros de Pond, de Geese, de Tame Impala y de King Gizzard tocando juntos en un estudio, y todo el mundo se quedó muy a la expectativa.

Si te soy sincero, no estoy seguro de que pueda hablar de ello... Pero bueno, te contaré que fuimos convocados por Jay para un proyecto nuevo con GUM. En ese momento Geese estaban en el país porque tenían un concierto en Perth y al mismo tiempo, Ambrose de Gizz llevaba un par de meses por aquí porque su pareja es de Perth, así que es habitual verle... Es un viejo amigo, nos llevamos genial. Poco a poco nos juntamos Joe, Kev y yo, y después se sumaron los chicos de Geese. Y GUM nos dirigía, pero sin demasiadas guías... Simplemente nos decía, "toca más rápido, toca más lento, ahora algo que parezca más rollo Stevie Wonder" y movidas así. Pero desde luego, sin demasiadas pretensiones. Lo importante de aquel día fue tocar juntos y pasarlo bien.

Esperamos poder oír en algún momento qué salió de allí.

Lo oirás, lo oirás, créeme.

"No hace falta saber demasiado sobre capitalismo tardío para entender que están jodiendo la industria independiente"

Eso espero. Y, hablando de tanto talento australiano junto, parece que el pop y el rock de vuestro país está viviendo un gran momento a nivel global. Sin embargo, también existe la percepción de que muchos de vosotros sois más queridos fuera que en casa. Lo digo porque leí un informe de Creative Australia que afirma que el 80% de los royalties musicales proviene de mercados extranjeros, y que, aunque la mayoría de los australianos están orgullosos de su cultura, solo un tercio busca activamente música local. ¿Lo veis así también allí, Nick?

Bueno, es un problema más complejo de lo que parece y con muchos matices. Creo que en Australia tenemos un público muy agradecido, y el que escucha y apoya bandas independientes, créeme que lo hace con todo y de corazón. El problema es que no somos muchos... Y esos mercados de fuera, principalmente de Estados Unidos e Inglaterra, atraen muchísima más gente y más dinero. Australia es un país enorme, con cinco capitales, y mucha cultura, pero luego tenemos esta circunstancia tan absurda en la que el dinero público se usa para subvencionar cosas como traer a Coldplay a Perth y que toquen diez noches seguida en un estadio. Y gran parte de la población dice: “Qué maravilla, nos encanta Coldplay, me acuerdo de 'Clocks', claro, qué canción tan divertida”, y van todos.

Así es como el 70% de la población de Perth acude a las diez noches de Coldplay y provoca que este tipo de dinámicas se prolonguen y nunca haya dinero para los artistas locales. Muchos recintos y salas pequeñas y cutres terminan convertidas en hoteles, o compradas por grandes conglomerados de licorerías y transformadas en pubs, McDonald’s o cosas así. Ese es el problema que ahora mismo desangra a nuestra escena... Es simple, si hubiera una forma de conservar espacios baratos para la gente, la música aquí sería mucho más reconocida y reivindicada. Supongo que esto pasa en todo el mundo. Al final son las consecuencias del boom inmobiliario y el liberalismo abusivo que nos rodea. Es un tema del que no estoy suficientemente cualificado para hablar, pero desde luego no hace falta saber demasiado sobre capitalismo tardío para entender que están jodiendo la industria independiente.

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