
Los británicos Fat Dog han hecho algo que a muchas bandas tempranas se les atraganta después de un primer gran éxito. Nos referimos a hacer borrón y cuenta nueva, pese a que la tentación de repetirse, después de un celebrado debut, en su caso con WOOF. (2024), era evidente. Su carta de presentación les hizo convertirse rápidamente en uno de los nombres más exportables del sur de Londres y en una de las apuestas más excitantes del nuevo rock británico gracias a esa mezcla imposible de catalogar y todavía más difícil de imitar. Un poco de post-punk deformado por la electrónica, otro poco de rave-rock para gente con daddy issues, psicodelia de garrafón, ruido, bailes atropellados y una inclinación casi enfermiza por convertir cada escenario en una ofrenda al fin del mundo.
No es de extrañar que tras el abigarrado verano de 2024, donde tocaron nada menos que cuatro veces en Glastonbury en apenas 27 horas, giraron por toda Europa y Estados Unidos, y se enfrentaron a escenarios cada vez mayores, el proyecto capitaneado por Joe Love comenzase a sentir que el cuerpo daba señales de agotamiento. Llegaron a rogar, ni que fuera para sus adentros, que alguien les cancelase. A ver si así, al menos, podían tomarse un break para un coffee.
De ahí que la segunda venida del grupo se titule así, fruto de un periodo de hiperactividad que les ha obligado a reinventarse para no quemarse. En Cancel Me (I’m Tired) (Domino Records, 2026) la banda bien podría haberse limitado a entregarnos otra ración de ladridos como mayor presupuesto, pero en su lugar han preferido abrirse a lo que tenga que venir, con ganas de innovar y dándole más espacio que nunca a su íntima intensidad.
“Tienes que afrontar cada álbum como si fuera el primero. No puedes pensar demasiado en el anterior, porque si no empiezas a copiarte a ti mismo y ese no creo que sea el camino. Tienes que sentirte ilusionado con lo que estás haciendo, si no, vaya mierda, ¿no?”, ríe Love entre voces de fondo. El artista nos atiende, literalmente, en plena ruta y a punto de aventurarse en otro extensísimo tour que, por cierto, hará parada en España con conciertos en Madrid (15 de octubre) y Barcelona (17de octubre). Les deseamos, por nuestra parte, que esta vez gestionen algo mejor esa bulimia conciertera, pues durante su primera travesía estadounidense, según nos recuerda Love, todos los miembros del grupo tuvieron algún tipo de crisis. Eso sí, Love consiguió casarse en Las Vegas después de proponerle matrimonio a su pareja en San Francisco. Un poco cliché casposo todo, quizás, pero nos quedamos con esa postal cómica y absurda en la que unos músicos exhaustos recorren América a toda velocidad, sobreviviendo como pueden a todo y decidiendo organizar, con la lengua fuera y contra todo pronóstico, una boda en Las Vegas después de haber tocado para dos personas. Definitivamente, un percal muy Fat Dog: “Estamos preparados para hacerlo otra vez. Hemos tenido algo de tiempo libre, así que, qué demonios, estamos listos”.
"Esta vez quería hacer canciones de las que supiera exactamente de qué hablaban"
Una de las diferencias más evidentes entre WOOF. y este Cancel Me (I’m Tired) no está necesariamente en la electricidad del sonido, que sigue siendo abundante, sino en la manera de escribir. En el primer trabajo de los británicos, la velocidad iba de la mano de las palabras y ahora parece que hay más voluntad por cómo expresar aquello que llevan dentro. El propio Love reconoce que esta vez quería tener una relación distinta con las canciones. “Tienes que pensar en qué hace importante a una canción. En el significado que hay detrás de cada una de ellas. A veces no se trata de la canción en sí, sino de por qué la estás componiendo y de lo que esta significa. Esta vez quería hacer canciones de las que supiera exactamente de qué hablaban”.
Recordemos que su encanto inicial dependía, en buena medida, de la sensación de descontrol y de un primer disco que cayó en nuestros oídos como una centrifugadora, con canciones que parecían escritas para hacernos sudar, saltar y perder la cabeza hasta preguntarnos qué demonios estaba ocurriendo a nuestro alrededor. Y por supuesto Cancel Me (I’m Tired) conserva esa dimensión física, tirando de un rave-rock equipado de sintetizadores, psicodelia, cuerdas a lo grande, paradas de estilo spaghetti-western y un gusto considerable por la barbaridad; pero también introduce una capa de introspección mucho más expuesta que en sus pretéritos episodios: "Cuando escribes canciones tienes que ser preciso, hablar con claridad. Es algo que he aprendido a hacer poco a poco", nos cuenta sobre ciertas piezas especialmente sensibles, como Call It What You Want, donde Love se aproxima como nunca antes al temor de repetir patrones heredados en su ADN.
"Escribir una canción sobre ciertas mierdas te puede ayudar a interiorizarlas un poco mejor, pero superarlas requiere un esfuerzo mayor"
“Ser consciente de los problemas es siempre el camino a seguir. Si sabes que algo no está bien, tienes que verlo venir. Puedes hacer un esfuerzo consciente para decidir que no quieres caer en la misma trampa que otras personas cercanas a ti, pero tarde o temprano necesitarás ayuda. Escribir una canción sobre ciertas mierdas te puede ayudar a interiorizarlas un poco mejor, pero superarlas requiere un esfuerzo mayor”. Desde luego, no hace falta convertir ninguna de sus canciones en tesis sobre herencia emocional para entender aquello que ha cambiado en su sentir; Love parece más interesado que nunca en mirar hacia dentro sin dejar de comportarse como él mismo, maridando sudor, chiste y mala leche en un cóctel que pega fuerte.
Buena parte del salto sonoro del nuevo álbum pasa por Oli Bayston, coproductor junto a Love de varias de las nuevas piezas, y cuya presencia nos ayuda a entender por qué Cancel Me (I’m Tired) suena más amplio y menos dependiente de la pura energía escénica. Go Fuck Urself, primer single del disco, ya apuntaba en esa dirección, echando mano de sintetizadores ochenteros, una melódica, y un registro electro-pop capaz de convertir cualquier gruñido en estribillo. La colaboración con Bayston, según apunta Love, no consistió simplemente en poner una capa nueva de barniz sobre lo que Fat Dog ya hicieron tiempo ha, sino que hubo un empeño consciente en desligarse del sonido de WOOF.: “En su día, cuando hicimos el disco con James [Ford], la banda ya había tocado parcialmente gran parte de todas aquellas canciones en directo y estaban realmente quemadas. Grabando el disco, quisimos que sonaran de una manera determinada, recuperando, en cierto modo, aquel espíritu del directo. Pero esta vez todo fue un poco diferente. Simplemente, quisimos hacer un disco que no le demostrara nada a nadie".
Entrando en el estudio desde la voz de Love, no podemos evitar preguntarle por su afán, casi obsesivo, por los detalles. Algo que, según él confiesa, le ha traído consigo serias dificultades a la hora de determinar cuándo una canción está formalmente terminada: "Quiero creer que si hablas con la mayoría de músicos, todos insistirán siempre en lo difícil que es considerar una canción terminada. Desde que me dedico formalmente a esto, puedo afirmar que siento cierto placer en dejar siempre las cosas abiertas y en no matar nunca una canción del todo. Es bonito que las canciones nunca terminen de sentirse completas y estén siempre predispuestas a transformarse".
"Es bonito que las canciones nunca terminen de sentirse completas y estén siempre predispuestas a transformarse"
Sabiendo de su afán por perfeccionar hasta el último detalle, nos cuesta cantar con credulidad aquel verso de “Let AI write the hit", que resuena con fuerza irónica en el tema que da título al disco. La sorna salta a la vista, y más considerando que su impronta choca frontalmente con el conformismo mediocre de quienes han introducido con absoluta dependencia la Inteligencia Artificial en su hacer. Fat Dog parecen interesados en reivindicar justamente aquello que las herramientas automáticas nos han arrebatado: el esfuerzo, la frustración, la lentitud, el placer de la metedura de pata, y hasta el significado: "Es lo que te decía antes. Una canción tiene que tener significado, así de simple. Tiene que haber algo detrás. ¿Por qué escribimos y cantamos estas canciones? Pues porque sentimos que necesitamos cantar sobre ello, así de sencillo. Si no sientes ese 'algo' en particular, pues joder, no hagas esa canción, ¿no? ¿Qué sentido tiene decirle a la IA que escriba algo que tú no sientes? Por mucho que nos empeñemos, la tecnología no puede humanizar sus resultados cuando se trata de hacer arte".
Es esta dosis de carne y piel, sin duda, la que nos hace recordar que Fat Dog nació al candor de la gente, acumulando adeptos bajo sus ritmos (el famoso The Kennel), incluso antes de fichar por un sello grande y de publicar su primer disco. Como buenos obreros del rock, picaron piedra sobre los escenarios de Reino Unido sin la certeza de a donde les iba a llevar todo aquello, demostrándonos que el directo es su fuerte y que antes del disco estaba la sala. En plena crisis de la escena del directo en Reino Unido, con cientos de salas echando el cierre al año y cada vez más dependientes de las posibles ayudas gubernamentales que llegarán en algún momento, nos hablan de la mítica Windmill de Brixton, uno de esos lugares donde parte considerable de la escena londinense contemporánea aprendió primero a tocar y después a tener nombre propio: "Aquel sitio fue muy importante para nosotros. Tocamos allí unas cinco veces por semana a lo largo de un año, más o menos, y fue, literalmente, lo que permitió que nos convirtiéramos en una buena banda en directo. La puerta para escribir canciones específicamente para esos espacios, lugares donde quieres que la gente se encuentre”. El deseo de pertenencia, siempre adscrito a lo que Fat Dog han tenido a bien ofrecernos, vuelve a salir a flote, mientras se embarcan de nuevo en su nueva gira: "Como sabrás, la banda nació durante el confinamiento, cuando tocar en directo era literalmente imposible. Y creo que por eso nos obsesionó tanto el hecho de escribir canciones basadas en el hecho de que la gente pudiera reencontrarse. Canciones que generasen un espacio para la unidad. El directo lo es todo, y para nosotros, antes del disco está la sala. Una banda solo existe cuando la gente se junta a cantar sus canciones".