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Entrevista a Anna Andreu: "Cualquier disco es una experiencia de crecimiento personal"

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Anna Andreu (2023)
Foto: Noemí Elías

Redacción: Pau Lobato Ferrando

Anna Andreu es una artista catalana que se sirve de palabras comunes para construir mundos abiertos. La cantante ha publicado recientemente una versión de un poema de Maria Antònia Salvà con Rita Payés y Pol Batlle, Quietud.

En 2022 publicó La mida, un LP que nos habla de todo aquello que nos acerca al equilibrio. A través de una métrica laboriosa y un sonido atmosférico de la mano de Marina Arrufat, la artista se enfrenta a las cuestiones que nos mantienen de pie. Conversamos con Anna Andreu sobre sus últimos proyectos y su trayectoria en la música.

Entrevista a Anna Andreu

 

“La mida” es tu último álbum formado por canciones que tienen una composición muy cuidada y trabajada. Las pistas parecen pequeños poemas, con una métrica calculada y rimas estudiadas. ¿Cómo es el proceso de creación de tus letras? ¿Tienes primero en mente un formato poético que luego trasladas a un terreno musical?

 Me sienta bien que se note el trabajo que hay detrás. Son canciones que empiezo un día, y a veces al cabo de seis meses las parto por la mitad para solo aprovechar un trozo. Me puedo pasar hasta dos años haciendo una misma canción. Las canciones tienen que ir mutando y desvelando su propio camino, como si fuese algo vivo.

Mi trabajo es un poco errático. No tengo una forma muy metódica de hacerlo. A veces hay una palabra que me gusta, una idea que intento describir de forma estética, una melodía que me restringe y me lleva a una métrica… Cuando hay algo de melodía no puedo usar cualquier palabra. Hay elementos restrictivos que me ayudan a enfocar el significado y elementos de la propia letra que me restringen la música que puede salir. Al final es ir construyendo las canciones alternando música y letra. A veces manda más una parte u otra, hasta que coge la forma que doy por buena.

¿No hay ningún patrón a la hora de componer?

Depende mucho de mi estado de ánimo. Cuando estoy más introspectiva o triste cojo una guitarra porque me lleva a algún sitio que conozco. Seguramente la canción que salga de aquí vendrá determinada por una música en que acoplaré una letra. Si estoy más activa no me da tanto miedo sentarme delante de la libreta a escribir. Entonces la música se adapta a alguna rima. Aún así, no soy capaz de distinguir qué va primero. Siempre me sorprendo a mí misma.

 

En 2020 sorprendiste con el lanzamiento de un sencillo titulado “Canción del jinete”, una versión de una canción de Paco Ibáñez basada en un poema de Federico García Lorca. Este 2023 publicaste de la mano de Pol Batlle y Rita Payés una interpretación propia del poema “Quietud”, de Maria Antònia Salvà. ¿Aspiras a homenajear las piezas literarias que más te conmueven?

 La verdad es que no. Para mí es un ejercicio, porque aquí sí que tengo una parte importante de la canción que viene dada. Entonces me puedo centrar en la parte musical. Este proceso tiene algo que me calma, porque es como hacerle un traje a medida a alguien que ya tiene un cuerpo.

Para mí es un ejercicio que genera mucho placer. Tampoco soy muy dada a leer poesía. Sencillamente lo hago cuando encuentro algo que me gusta o me emociona que se presta para hacer una canción. Hay muchas poesías que me gustan pero que para mí no se prestan… Solo lo hago en aquellas en que cojo la guitarra y le veo la forma de una manera orgánica.

El año 2020, en medio de la pandemia, debutaste en solitario con tu primer LP, “Els mals costums”. Antes de emprender tu trayectoria acompañada de Marina Arrufat fuiste una mitad del dúo Cálido home. El proyecto musical tuvo su recorrido en un género folk acústico con tintes rockeros. ¿Cuál es el legado de tu antiguo dúo en tu música actual?

Tocaba con Eduard Pagès, un amigo mío. Teníamos dos guitarras, y al ser dos acústicas era un ensamblaje. Tenía que ensamblarlo todo porque estábamos haciendo percusión con las cuerdas, o con la forma de rasgar.

Ahora estando con Marina Arrufat intentamos que nada de lo que hacemos sea prescindible. Hay pocos elementos que están muy pensados. La forma de trabajar a modo de ensamblaje la saqué de mi dúo. Con Eduard también aprendí a hacer canciones y a ser más llana con la música. Aprendí a hacer cosas más vacías y a dejar espacio para dar más entidad a las canciones.

 

Tu último álbum, "La mida", representa una apuesta por un camino que ya empezaba a trazarse en tu primer álbum, "Els mals costums". Los sintetizadores cogen más fuerza y las segundas voces entran en escena. ¿Qué es lo que te llevó a crear un sonido más atmosférico?

Principalmente me ayudó el saber que éramos capaces de llevarlo al directo.  “La mida” es un álbum al que queríamos ponerle más capas para que sonara más robusto en el directo y en el disco. Queríamos un sonido más grueso, por placer a la hora de tocar. Solo con Marina Arrufat y yo suena bastante potente en directo. A la hora de tocarlo es más dinámico respecto a “Els mals costums”.

 

En algunas pistas la electrónica atmosférica se materializa en sonidos que recuerdan a brisas y vientos suaves. Este experimento se complementa con el contenido de las letras, muchas ellas inspiradas en parámetros de la física natural. ¿Son estos dos componentes un intento de conectarnos con aquello que nos hace humanos?

No se trata de estos componentes en concreto. Se trata de muchas de las facetas que tiene una canción. Si te fijas en las letras casi nunca sale una palabra que tenga como mínimo dos cientos años. El disco hace referencia a cosas que siempre hemos tenido ahí como humanidad. No salen palabras modernas, son cosas muy atemporales. Lo que hace que el disco pueda conectar con una persona de ochenta años y una de treinta años es la atemporalidad de los objetos y las imágenes que aparecen. Respecto a las sonoridades, creo que van de la mano con la narrativa del álbum.

 

¿Te inspiras en elementos de la naturaleza para la producción del sonido de tus canciones?

En algunos sonidos sí. Los pájaros están muy presentes en el disco y hay sonidos que emulan sus ruidos. Aún así, los elementos naturales son más conceptuales. Los elementos no aparecen de una forma explícita, pero me apoyo en ellos para construir historias que luego incorporo en las canciones.

 

¿Hay alguna corriente artística o musical que te inspire especialmente para construir tu música?

 La música que escuchaba de pequeña cuando yo no la podía elegir es lo que más me afecta. El folklore tradicional de distintos pueblos, desde fado hasta música griega, me generaron unas preferencias estéticas. Estas canciones han conformado mi manera de entender la música. También me han ayudado a asociar sentimientos con sonidos concretos.

Aunque esté escuchando a un artista en particular, lo que manda en mí es lo que escuché cuando yo no decidía qué escuchaba. Creo que en este punto vital estás aprendiendo a escuchar, como aprende una niña. Son primeros sonidos que para ti tienen un sentido y a los que das un significado sin entender lo que dicen. Para mí la música griega era un lenguaje inventado pero que tenía mucho sentido. Como para mí el lenguaje en si no tenía sentido, me parecía que la métrica tenía todo el sentido del mundo. A veces cuando hago las canciones digo cosas que no tienen sentido, porque estoy intentando decir qué métrica va a tener. Entonces digo sílabas. No sé dónde acaba una palabra y termina la otra, pero hay una rima o una métrica.

El marco visual de “La mida” se forma por planos de larga duración compuestos por colores llanos. El anterior proyecto contaba con una estética más difusa que se apoyaba en planos detalle más rápidos y proyecciones inspiradas en la cámara analógica. ¿Por qué te decantaste por este giro artístico?

Cuando tengo cinco o seis canciones en un disco empiezo a pensar en la imagen que lo va a representar. En este punto ya empieza a haber un hilo conductor para las canciones. Cuando uno los cabos pienso en la paleta de colores. “La mida” es la medida, un valor clásico. A partir de aquí empecé a buscar referencias de arte griego clásico, y me encontré con cerámicas que tenían figuras naranjas y un fondo negro.

La medida para los griegos era muy importante. Lo que estaba fuera de la medida se asociaba con la arrogancia y con creerse más capaz que los propios dioses. Los dioses griegos al final eran vengativos y crueles, pero esto se les permitía solo a ellos. La idea de la medida era no cruzar la línea ni perder los nervios. Contener las emociones en un momento dado. Estos valores eran muy importantes, y transgredirlos era ofender a los dioses.

 

En la portada de “Els mals costums” apreciamos tu figura entera mientras estás sentada en una silla que se tambalea. “La mida”, en cambio, se enmarca en un plano medio corto en que apareces sujetando un huevo con una mano y la mirada serena.  ¿Conceptualmente se trata primero del vértigo y luego del equilibrio?

Con “Els mals costums” el concepto era un hábito universal, en este caso la silla que tiras hacia atrás para ver dónde está el límite. En el primer álbum iba mucho más insegura. El proyecto nació en la pandemia y no sabía si habría continuidad, ni siquiera si podría hacer conciertos. Marina Arrufat y yo decidimos que tocaríamos juntas, pero no sabíamos hasta qué punto funcionaría. Allí es cierto que había más vértigo.

El huevo de la portada de “La mida” representa la fragilidad. Se trata de la bondad, las cosas puras y que funcionan. La mano por detrás, la medida, es la fuerza que tú haces para aguantar. En este segundo álbum me afrontaba a las canciones desde un punto más seguro.

Anna Andreu - La Mida (2022)

“La mida” es una propuesta artística que nos hace entrar en nuestro interior de una forma y nos hace salir de otra totalmente distinta. La primera canción supone una pérdida de los principios rectores que rigen a uno mismo, mientras que la última pista invita a liberarnos de las imposiciones sociales y volver a conectar con nosotros mismos. ¿Se trata de una experiencia de crecimiento personal propia?

 Para mí cualquier disco que hago retrata un crecimiento personal. Cuando tengo el disco hecho me doy cuenta del momento en que lo he escrito y dónde estaba cuando empecé. Veo por qué añado constantemente una palabra o por qué estoy dándole vueltas a una misma idea. Pienso mucho en el orden de las canciones, pero intento que sea fácil de escuchar en un sentido emocional.

La interpretación de las canciones es muy libre. La que abre el disco, “Penyora”, la veo como algo más inherente a la sociedad. Representa que cada conflicto tiene una solución, pero a veces simplemente no hay marco. No nos han enseñado a alejarnos y ver en qué se enmarcan los problemas. La que termina el disco, “El mur”, habla de la meritocracia. Cada canción realmente tiene tantas interpretaciones como orejas puedan escuchar. Hacer canciones es ir poniendo piezas. Si cuando acabas la canción se aguanta, entonces es que funciona.

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