Entrevista a Ángeles Huerta ('O Corpo Aberto'): "Si estuviésemos más acostumbrados a ver cine en lenguas co-oficiales, ciertos discursos excluyentes tendrían mucho menos calado"

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2 diciembre, 2022
Redacción: Fran González

Cuerpo Abierto - Ángeles Huerta

Con su documental Esquece Monelos (Olvida Monelos), la cineasta y realizadora Ángeles Huerta (Gijón, 1974) ya nos abrió un camino directo hacia los caprichos de la memoria y los entresijos de la mente a través de metáforas y testimonios vivos sobre la evolución urbanística del sureste de A Coruña.

Cinco años después y luego de haber ganado un reseñable reconocimiento con su mencionado trabajo (obteniendo la Mención Especial del Jurado del certamen Documentamadrid y siendo finalista en los Premios Feroz de 2016 en la categoría a Mejor Documental), Huerta prueba suerte en el mundo del largometraje de ficción con su obra prima titulada O Corpo Aberto (Cuerpo Abierto), una cinta de terror ambientada en la Galicia profunda de principios del siglo XX y basada parcialmente en los relatos del político y escritor gallego Xosé Luis Méndez Ferrín.

Entrevista a Ángeles Huerta, directora de O Corpo Aberto

Primer largometraje de ficción, Ángeles. ¿Hay nervios?

Bueno, ya te puedes imaginar. Es todo bastante incierto, hay mucha competencia este año, y está además esa sensación de no considerar que el trabajo ha terminado del todo hasta que la película no llega a las salas. Hay cierto alivio cuando ves tu proyecto acogido en ciertos festivales y demás, pero donde te la juegas de verdad es ahí, en el estreno.

Me consta que eres asturiana, pero afincada en Galicia desde hace muchos años. Ya nos dejaste ver tus inclinaciones por esta tierra de acogida tuya en 'Esquece Monelos' y ahora lo volvemos a ver, acercándote a la narrativa de Xosé Luis Méndez Ferrín.

Pues mira, hablando de él, justo antes de comenzar la entrevista me ha confirmado mi productor que tenemos varias fechas de presentación de la película en las que queremos que él esté presente, ya que me produce mucha excitación que éste pueda ver la versión final de la película. Él fue terriblemente generoso cediéndonos su obra, esa generosidad que solo tienen los grandes. Es uno de los últimos clásicos vivos que nos quedan en la literatura gallega y uno de los escritores más importantes de la segunda mitad de siglo. Además, es un gran cinéfilo y entiende perfectamente qué es una obra cinematográfica y qué es un relato literario, y creo que eso me ha otorgado personalmente tener una gran libertad para ampliar algunas tramas paralelas o introducir personajes que no estaban inicialmente. Suena irónico, pero a decir verdad, el relato es de lo más anti-cinematográfico ya que originalmente se trata de un relato epistolar, un recurso que solo mantengo al principio y al final de la cinta. Estuvimos constantemente en contacto con él, le pasamos una primera versión del guión y una última, porque tampoco quisimos abusar de su atención. Llegó un momento en el que simplemente me dijo “fai o que queiras, pero fai unha boa película” [risas].

Y por cierto, ¿cuáles son esas fechas de presentación?

Pues arrancamos presentando en Santiago el 9 de diciembre, el 10 hacemos Ferrol por la mañana y A Coruña por la noche, y el domingo 11 hacemos Vigo.

Él es conocido por ser un autor muy representativo dentro de las letras gallegas, y por tu parte, ya nos dejaste claro en ‘Esquece Monelos’ que te gusta teñir de cierta reivindicación lo que haces. ¿Dirías que en esta ocasión hay una cierta reivindicación lingüística?

Te voy a dar una respuesta, que puede parecer a priori contradictoria, pero créeme, que no lo es tanto. ¿Buscaba reivindicar algo? No. No lo pretendí con ‘Esquece Monelos’, donde tan solo quise contar el proceso de demencia de mi padre y la historia de la ciudad, ni tampoco lo he pretendido en ‘O Corpo Oberto’, que es una película muy arrebatada, y mucho más pasional. No obstante, el cine que hacemos refleja las personas que somos, y también el país que queremos. Gracias a Dios, creo que el país que se retrata en el cine español es mucho mejor que el que vemos en los telediarios y tiene mucho más que ver con el país que realmente tenemos. Un país de contrastes, lleno de matices riquísimos que se contradicen entre sí y que son maravillosos. Además, en esta película sobre todo se pretendía reflejar la lengua que se habla en una frontera, que es la que se quiere y la que buenamente se puede, utilizando ésta para lo que realmente sirve, que es para comunicar, y no para lanzársela a la cabeza a nadie. Pero esa finalidad es posterior, por supuesto, y la intención inicial fue meramente artística.

¿Cómo fue vender una película en tres lenguas distintas a inversores extranjeros?

Es una condena a la que el cine independiente está ya acostumbrado, y tristemente, es una realidad que prácticamente ninguna cinta de esta índole es capaz de financiarse por sí misma si no la co-produces o la llevas a laboratorios internacionales para jóvenes productores y cosas por el estilo. Nos lo tomamos como el que se adapta a las condiciones climatológicas en pleno rodaje, incorporándolas a nuestro proyecto y enriqueciendo éste con lo que nos ha ido aportando el hecho de llevar la propuesta de aquí para allá. Ha sido una cocción lenta, como la del cocido galego o la de la fabada. Y en cuanto a los idiomas, sinceramente les daba igual.

¿Menos reticencias allí que aquí?

Creo que en cuestiones de bilingüismo, o trilingüismo como es nuestro caso, hemos avanzado mucho, no hay más que ver pelis que lo petaron en su momento en los Goya, como ‘Pa Negre’, ‘Handia’, o ‘Estiu 1993’. Pero, ¿sabes lo que echo de menos en estas situaciones? Que estas películas se emitan en versión original cuando se estrenan también en televisión. No sé, creo que si estuviésemos más acostumbrados a ver cine en lenguas co-oficiales, ciertos discursos excluyentes tendrían mucho menos calado.

Hablando de la película, encontramos en la Banda Sonora a Mercedes Peón.

Bueno, ella es lo puto más.

Sin embargo, el uso de la música en la película es prácticamente mínimo.

No te creas, ¿eh? Quizás el hecho de que tengas esa percepción es porque la música está bien empleada y tiene un valor orgánico muy poderoso. La película no deja de ser un relato que habla de lo inefable y de lo que no se ve, de ahí que hayamos querido apostar por un film que se puede entender sin verse, solo con oírse, y por ello el valor sonoro de éste es tan importante. No solo el atmosférico, sino incluso el que el propio maestro escucha en su cabeza. Y si te paras a observar detenidamente los minutos que están musicalizados en el total del metraje de la película, te sorprendería ver cuánta música tiene ésta en realidad. Sobre todo, la segunda parte. Pero lo que más destaco de ésta es el hecho de cómo fue trabajar con Mercedes. Ella y Méndez Ferrín son como semi-dioses de la cultura contemporánea gallega, y aun así, mostraron una humildad absoluta cuando trabajaron con nosotros. Mercedes, que es una creadora con una enorme capacidad y carisma, tenía en todo momento súper-claro que estaba trabajando para la imagen y el sentido definitivo de la película, dejando de lado esas perrerías tan propias que los directores les hacemos a los compositores, como cortar, mover, o loopear sus piezas. Lejos de molestarse, fue maravilloso ver su buena recepción con nuestra manera de manipular y trabajar con su música. Desde fuera puede parecer una mujer muy fuerte y con mucho carácter, pero en persona es una paisaninha de lo más dulce que hay.

Aun siendo tu primera película, te atreves con ese lugar común que todos los directores temen que es el de trabajar con niños y con animales. En tu caso, ¿qué tal fue esa experiencia?

Realmente, cuando estás en ese trance e imbuida en la vorágine del rodaje, no eres consciente de todas las decisiones que tomas, sino que los miedos y reparos te llegan a posteriori, cuando en montaje te das cuenta de los charcos en los que te has metido. Aunque el tópico es conocido por todos, fui muy ingenua y no supe el movidón en el que me estaba metiendo hasta que lo tuve delante. Por suerte, contamos con un coach infantil maravillosa que hizo un gran trabajo, con mucha experiencia en pedagogía teatral y trabajando con ellos desde el cuerpo. Y por supuesto, con muchas horas de ensayo para que todo saliera bien.

Las abejas, el árbol, el desenlace de Martín, los picores nerviosos de Don Miguel… la película deja bastantes cabos sueltos y apuesta por un terror muy subjetivo. ¿Te gusta sugerir más que darlo todo mascado?

Como espectadora, me gusta que particularmente me traten como una adulta, así que cuando me toca estar al otro lado también intento tratar así a los espectadores. Hay algo en la historia muy poético, y son precisamente esos cabos sueltos que mencionas tú, ese no saber del todo el origen y el desenlace de algunos personajes… No hablamos de personajes que mueren de manera física, sino espiritual. Y en cuanto a lo de las abejas, te contaré… Hay una tradición de la Galicia rural, llamada danza do abellón, fechada de principios de siglo XX, donde los asistentes a los velatorios se cogían de las manos entre ellos y hacían una suerte de “corro de la patata” alrededor del ataúd del difunto en cuestión, mientras emulaban el zumbido de las abejas. Entraban en una especie de trance colectivo que les ayudaba a digerir el dolor, y que además complementaban con la particular nota de que, el primero que se sentase o cesase en su pertinente zumbido, sería el próximo en fallecer. Me pareció fascinante y me gustó mucho la idea de incorporarlo al desosiego que genera la película. No sé si más allá de ciertos puntos de Galicia se entenderá la referencia, pero bueno, quien quiera entender que entienda.

En el film vemos que Don Miguel representa la racionalidad y el escepticismo frente a ese misticismo paranormal que hay en el imaginario de los aldeanos. ¿Cómo eres tú frente a este tipo de leyendas y contextos? ¿Eres escéptica o te gusta dejarte llevar por lo que no se ve y lo que no se sabe bien cómo se explica?

Como hija de mi época, estoy atravesada por la razón y el racionalismo. Es por ello que el personaje de Miguel es el que nos guía durante la película, y por sus ojos y su cuerpo vivimos todo lo que va sucediendo y nos transformamos a su ritmo. Dicho lo cual, si no tuviera una parte espiritual, no habría hecho esta película. Equivocadamente podemos pensar que los términos “atávico” o “rural” están asociados a algo peyorativo, y en la película nosotros no hablamos de una sociedad atrasada, sino de un entorno no-secularizado y más conectado con lo espiritual. Sin caer en el error de romantizar la vida en una aldea, con toda la dureza que está adscrita a la misma, creo que tenemos mucho que aprender de lo rural. Ahí está esa dicotomía que mostramos en la película, entre lo racional y lo espiritual, y yo personalmente creo que lo más sano sería integrar ambos mundos entre sí. Parte de los padecimientos contemporáneos que tenemos nos vienen precisamente por haber dejado de lado ciertas creencias y por esa hiper-secularización que sufrimos. Estamos huérfanos de espiritualidad.

Con ‘Esquece Monelos’ se podían establecer ciertas líneas de conexión entre la historia que narrabas y tu vida personal. Dirías que, a pesar de tratarse de una ficción fantástica, ‘O Corpo Aberto’ contiene también ciertas trazas de autobiografía?

Somos las preguntas que nos hacemos, y creo que la película lanza bastantes interrogantes que pueden decir mucho de nosotros mismos. Preguntas sobre el género, con lo relativo al personaje de Obdulia, preguntas sobre la construcción social del deseo, preguntas sobre lo encerrados que estamos… No deja de ser una elaboración poética de sentimientos que están ahí dentro. Aun no siendo hechos concretos, no por ello dejan de ser menos dolorosos. Sin esa conexión propia y con una misma, es muy difícil levantar una película.

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