
Redacción: Ainara Medina
Alcalá Norte publicó su álbum homónimo en abril de este año. Hace apenas tres meses. Desde entonces, en un irrefrenable ascenso de popularidad, han sido catapultados a los carteles de los grandes festivales nacionales. Nadie, absolutamente nadie, ha querido, por un lado, ser el último en incluirlos en su programación y, por el otro, admitir no haberlos visto nunca.
En mitad de la vorágine mediática que los rodea, es fácil olvidar quién hay detrás de Alcalá Norte. En 2019 unos cuantos amigos de Ciudad Lineal en Madrid deciden juntarse en un local de ensayo para probarse a sí mismos, para echar el rato y para beber unas cuantas latas. Querían llamarse igual que su barrio, pero resultó que un grupo de Barcelona había decidido bautizarse de la misma forma (el por qué no creo que lo sepa nadie). A partir de ahí: un EP, un álbum, una gira por todo el país hasta el año que viene, decenas de entrevistas, la prensa musical arrodillándose ante el fenómeno, Rosalía recomendando su canción y hit La vida cañón y el hype o la expectación depende de qué bando seas. Hablamos con Jaime Barbosa, batería de la banda, que aparece en pantalla, cigarro y cerveza en mano. Los pequeños placeres de la vida.
Sí, ha habido muchísimas, la verdad. Es lo que hay que hacer también, ya está. Nosotros en un principio no pensábamos que fuera a ser la cosa para tanto, teníamos ilusión de que a la gente le gustara y tal, pero, coño, está siendo un poco heavy. También te digo que si la gente tiene interés en ver qué contamos en las entrevistas, pues es una muy buena señal.
Sí, va a salir la tercera ahora ya.
A ver, es un álbum en el que llevamos trabajando muchos años. Lo que pasa es que, claro, ahora mucha gente ha dicho, coño, esto de dónde sale, ¿quién cojones son estos? Pero nosotros llevamos cinco años ya con esto. Llevamos tocando desde mayo del 2021, es decir, hace tres años que empezamos a tocar en directo y al final algunas de esas canciones son las que están en el disco. ¿Qué es lo que ha hecho que le guste a la gente el álbum? Pues no lo sé, supongo que el aura o algo aparte de la música, ¿no? Porque a veces me da la sensación de que la música solo no es suficiente a estas alturas del mundo en las que estamos. Quizás es también algo de nosotros como personajes, no sé cómo decirlo, pero es una mezcla me parece. La música, obviamente también, si no hubiera gustado da igual que tú seas un personaje o la gracia que tengas para gustar al público.
Pues fue un poco así, en realidad. Hemos cogido tanto canciones que llevamos haciendo desde el principio del grupo, hasta temas que hicimos ya pensando en que había que sacar un disco. Lo que pasa que, a lo mejor a nivel producción, pues sí que se ha intentado que todo tenga una línea común, pero en ningún momento fue una idea pensada. No es un álbum conceptual, sino que son canciones que han ido saliendo a lo largo del tiempo y que decidimos que fueran las que formaran el trabajo.
Claro, trabajo hay. Al final cuando uno empieza un grupo intenta hacer buenas canciones y cuando ya se lleva un tiempo y te lo quieres tomar más en serio, te encaminas hacia el álbum. Siempre está la tentación al principio de ir muy rápido, de decir que algo hay que grabarlo cuanto antes y yo era un poco reacio a eso. Me ponía a pensar que, claro, los grupos que me gustan a mí a lo mejor tardaban cinco o seis años en sacar un nuevo trabajo. Calentarse mucho de primeras, lanzar un disco y que funcione es muy complicado. Hay que crear una estructura, trabajar con peña que se lo monte bien y hay que pensar las cosas de una manera un poco profesional. Nosotros no planeamos el disco en cuanto a contenido, pero sí pensamos esto que te comento.
La historia de Guarrerías, en el que estuve yo, es que fue un grupo en el que no hacíamos nada más que versiones Eskorbuto, La Polla Records, Cicatriz, Los Rip o Extremoduro, o sea, tocábamos un poco lo que nos parecía. Íbamos los viernes al local a beber vino y a fumar canutos. En siete años que estuvimos, tocamos una vez y fue para una movida en un camping de Ávila porque a uno se le había quemado la casa y montó una especie de festival. Yo me acabé hartando y me fui. Entonces fue cuando Juanpi, que también tenía otro grupo, me dijo para juntarnos, que era algo que él quería hacer desde hace mucho tiempo. El día que lo propusimos estaba Rivas en casa y dijo que quería venir un día al local de ensayo, a lo que le dijimos que, vale, pero que tendría que cantar él. Y así empezó Alcalá Norte.
Bueno, con ese grupo grabamos una maquetilla porque nos contactaron unos chavales de un instituto que estudiaban sonido y era para el trabajo de fin de curso. Tenían que grabar tres canciones y estaban buscando peña. Para allá que fuimos, grabamos aquello y quedó un desastre. Todavía lo tengo en el ordenador de recuerdo. Una de esas canciones era Barbacoa en el cementerio que luego hemos tocado mucho con Alcalá Norte. La reversionamos un poco, pero la letra la hice yo. Eso me llevé.
Yo creo que sin eso no seríamos nada. Esto ha sido así desde el principio porque ha habido muchos integrantes, pero todos éramos de nuestro padre y de nuestra madre. Esa ha sido siempre la gracia de Alcalá Norte me parece. Considero que si a todo el mundo le gusta el mismo grupo lo más normal es que decidas hacer un grupito rollo X, pero mal porque eso ya existe y X lo hizo muy bien. Creo que el hecho de que a cada uno nos guste una cosa y que tengamos nuestras influencias hace que se cree algo no sé si novedoso, probablemente no, pero juntado de una manera que a lo mejor es original. Las piezas han encajado de una manera concreta y ha funcionado, pero no creo que hayamos inventado nada.
La cosa es que nosotros jamás sonamos en directo como esas Maquetas Tempranas. Algunas de las canciones que están en ese EP las seguimos tocando y la única diferencia que hay entre cómo sonaban en directo en 2021 y cómo suenan ahora, es que ahora las tocamos mejor. A mí no me hacía mucha gracia cómo sonaba aquello, pero luego hay mucha gente a la que le gusta mucho el sonido de esas maquetas y no le gusta tanto cómo sonamos ahora. Bueno, es normal, son estilos diferentes, pero el directo siempre se ha parecido mucho más a lo que es el disco actual.
Parece que han pasado 30 años y no han pasado ni dos meses [risas]. Sí, un poco, claro. Cuando uno empieza con esto también piensa en qué pasaría si funciona, funcionar de verdad, pero no se es consciente hasta que pasa. Asusta un poco. Yo intento pensar en frío, salirme un poco de la movida y procuro no mirar las redes. Te das cuenta de que si no ves nada en Internet, todo sigue igual y que está todo bien. Al final estás en tu burbuja a nivel musical, los medios, la gente que conoces, los otros grupos… Parece que todo el mundo te conoce. La realidad es que no. Vas por la calle y no pasa nada, nada ha cambiado. Hay ratos en los que te puedes sentir un poco superado, en mi caso, al menos, pero procuro tomármelo con tranquilidad e ir para adelante.

Podría pasar y hay que contemplarlo. Estamos en un momento en el que hay que darlo todo, así que si la burbuja tiene que explotar y no es por nosotros, pues que explote. Las cosas son así. Lo que tenga que pasar, pasará.
Hombre, imagino que sí porque el sonido de Alcalá Norte, por englobarlo en algo, diría que es ochentero. La nostalgia evidentemente funciona también. A mí me parece que para lo que hacemos nosotros hay un público enorme, una maravilla. Además, algo que me hace mucha ilusión es que hay una orquilla generacional acojonante de peña que viene a vernos. Esto ocurría con grupos que llevan 30 0 40 años tocando, ¿no? Lo típico de acabar uniendo a toda la familia en un concierto. A Alcalá Norte, de repente, viene el padre, el hijo y el espíritu santo porque hay gente de veinte años y de sesenta. Para mí eso es uno de los verdaderos triunfos que hemos tenido, es de lo que más orgulloso estoy.
Pues mira, eso viene porque hace tres años o así, invitamos a Ben Yart, Kiliki, Sara y Suneo a un programilla de entrevistas que Rivas y yo teníamos en Radio Relativa. Bueno, se suponía que Suneo iba a venir, pero el cabrón se fue a patinar por ahí. Esa tarde o al día siguiente quedamos otra vez con ellos y ahí ya sí que estaba Suneo. Fuimos a tomar unas birras y nos caímos bien. Fue él, fíjate, el que dijo que la voz de Rivas le parecía una mezcla entre la de Toño de los Burning y el cantante de The Cure. Ahí se quedó como la broma inicial. Le dijimos que a la próxima que se viniera, que nos avisara e íbamos al local a hacer algo. Así que la siguiente vez que vino, en vez de quedar en el parque para beber latas, pues quedamos en el local para beber latas. Y así salió primero 420N. Superman fue al tiempo también, otro día en el local todos juntos. Chill Mafia y Alcalá Norte igual no tienen nada que ver, pero también es verdad que ellos nos dijeron que tocáramos de teloneros para su bolo en el Ochoymedio en enero de 2022. Ahí se afianzó más la amistad. Estas canciones salieron porque nos caímos bien.
No, la realidad es que no. A Alcalá Norte se nos pone como la banda del barrio, pero para nada es un rollo reivindicativo hecho a propósito de la calle. Lo que pasa es que podemos hablar de nuestro barrio porque es el sitio donde estamos. Simplemente, Rivas escribe sobre lo que le va surgiendo y puede hacer una canción sobre la Primera Guerra Mundial, Calvino o un libro que se acabe de leer. No somos un grupo político, para nada, otra cosa es que en ciertas canciones se puede tratar ciertas temáticas.