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Entrevista a Smile: 'Mi intención es que la gente vea luz y esperanza en las canciones'

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Smile (2023)
Foto: Antón Uribe

Redacción: Ainara Medina

Las mareas se dividen en dos. En realidad, toda nuestra existencia se basa en principios dicotómicos: el bien y el mal, el cielo y el infierno, el silencio y la música, la felicidad y la tristeza, la pleamar y la bajamar. Y todo es cíclico, todo vuelve y se revuelve. Hay gente que, sin embargo, quiere hacernos creer que incluso en los peores momentos hay cierta esperanza, que hay alguna puerta escondida a una playa y que existe el verano en invierno. Smile es uno de ellos.

Tras cuatro álbumes publicados, vuelven esta vez con Rayo verde su quinto trabajo publicado y el primero que la banda edita íntegramente en castellano. Un LP que pretende reconectarnos con la naturaleza en un momento en el que todo corre y gira a gran velocidad. “Olvídate un poco de lo digital y empápate de lo natural”. Empápate, de verdad.

Este disco sigue la estela optimista y “buen rollera” que ha caracterizado siempre a Smile y del que son ejemplo canciones como Brisa, Nunca es tarde y Rayo verde. Hay, sin embargo, espacio para recordar tiempos pasados como en Pum Pum Pum’ en colaboración con DePedro, donde la infancia se presenta impregnada de salitre sin caer, eso sí, en la melancolía. John Franks (voz), Ferdy Bretón (bajo) y Javier González (batería) han creado junto con el teclista Israel Redondo y el guitarrista Miguel Moyano un trabajo que sonríe en sonidos folk, pop y lo-fi.

Hablamos John Franks sobre la vida, el surf y la música. En definitiva, de sus altos y de sus bajos, de la bajamar y la pleamar.

Entrevista a Smile

 

‘Rayo verde’ es el primer disco que publicáis íntegramente en castellano, ¿cómo ha sido pasar de componer en inglés a hacerlo en castellano?

Ha sido un proceso lento y ha requerido de mucha paciencia. Yo siempre he escuchado música en inglés, los discos que mis padres tenían en casa eran todos de grupos ingleses o americanos salvo uno que era de Mocedades. Esa fue la única referencia que tenía de más pequeño. He escuchado muy poca música en este idioma, por lo que, si en algún momento intentaba componer en castellano, me resultaba rarísimo y muy difícil. Sí creo que haber girado por toda España con bandas nacionales y estar en festivales con ellas, ha hecho que empezara a interesarme por algunos grupos en castellano y el proceso se ha ido haciendo más natural. Tan natural que hace unos tres años empecé a componer algunas canciones en castellano, hasta que di con una que me parecía lo suficientemente buena como para trabajar en ella. Ahora me sale de una manera mucho más fluida, igual que en inglés.

Parece un paso contrario a lo que suelen hacer algunos grupos españoles, es decir, tomar el inglés como una forma de sonar más internacional. Vosotros, sin embargo, habéis optado por nacionalizaros en ese sentido, ¿a qué se debe este cambio?

Si ya es complicado hacerte un hueco en el panorama nacional, imagínate en el internacional. Nunca hemos tenido una intención de ser o parecer internacionales. Yo he compuesto en inglés porque para mí era más natural y ahora me he pasado al castellano porque creo que te da más opciones. Ya solo a nivel de comunicación con tu público, el castellano es mucho más directo. Creo que actualmente, además, hay una tendencia clarísima a que los grupos nacionales canten en castellano. Me da la sensación de que los grupos que escucha la gente en inglés son de fuera, pero para escuchar un grupo en inglés de aquí ya no hay un hueco. Eso nos ha hecho pensar en ese cambio y tirar para adelante. Un movimiento que, por otro lado, podía haber sido un desastre y un suicidio, pero hemos tenido la suerte de que las primeras canciones que publicamos funcionaron super bien, hasta el punto de que son las más escuchadas en este momento.

En vuestros temas aparece de manera recurrente el mar como refugio al que acudir, pero también como una fuerza imprevisible que puede arrasarlo todo con una tormenta, ¿qué significa para ti el mar? ¿Cuál es tu relación con él?

Soy surfero desde hace un montón de años y tengo una relación casi espiritual con el mar. Es el lugar donde celebro lo bueno y me olvido de lo malo, a donde voy para quitarme todos los males, y a medida que voy creciendo soy todavía más consciente de todo el bien que me hace. De alguna manera cuando entro, salgo como una persona diferente, como alguien más renovado. He llegado a la conclusión de que la naturaleza es medicina pura. El hecho de que nos estemos alejando de ella como especie creo que es uno de los mayores errores que estamos cometiendo, el crear estos universos digitales... Es que no entiendo nada, no entiendo la deriva a la que va el ser humano con estas cosas. Estamos yendo hacia el lado contrario y cada día me doy más cuenta de ello. Ir casi cada día al mar, para mí es una especie de llamada de socorro para el resto de personas. Una llamada con la quiero expresar que lo que yo he descubierto sana de verdad, que es buenísimo para todos y que quiero que te unas a mí. Hazlo como quieras, pero hazlo. Olvídate un poco de lo digital y empápate de lo natural.

¿Sientes el mismo tipo de conexión con la música?

La música es un trabajo más introspectivo. No digo que el surf no los tenga porque tiene momentos así cuando estás esperando la ola. Al final nosotros, los surferos, en un baño de dos horas, encima de la tabla igual estamos un minuto si cuentas el momento en el que te pones de pie y estás surfeando realmente. Sí que considero que la música es otro ejercicio, un ejercicio de mirarte mucho más hacia dentro que me permite exteriorizar y gestionar todas las cosas que voy aprendiendo sobre la marcha.

‘Rayo verde’ es un fenómeno que recoge, primero, Julio Verne en su novela homónima y después Scott Fitzgerald en ‘El gran Gatsby’. En ambas se resalta lo complicado que resulta verlo porque solo se da bajo unas circunstancias muy específicas ¿hacer música es igualmente complicado? ¿Hay que orquestar todo al detalle para que salga bien?

Hacer música es complicado. A nosotros, de hecho, el proceso creativo nos lleva muchísimo tiempo, somos un poco pesados a la hora de cerrar las canciones. Las canciones llegan cuando quieren, hay días que me siento y me salen cosas y semanas en las que me siento y no me sale nada. Entonces se trata de esperar el momento en el que por alguna razón algo te llega, te lo quedas y funciona. Lo más difícil, sin embargo, a día de hoy en la música es hacerte un hueco. Hay tanto y tan bueno, hay una calidad muy grande y cada vez hay mejores músicos y mejores directos. Solo te tienes que poner un playlist de Spotify para darte cuenta de esto. Ayer mismo me puse a escuchar música antes de dormir y no conocía a la mitad de la mitad. Yo recuerdo que en los años 90 y principios de los 2000, cuando tú ibas a un festi, por lo general, conocías a todas las bandas y a día de hoy no conozco a nadie de los carteles. Va mucho más rápido y hay mucha más gente involucrada.

Sin embargo, parte de la grandeza de ese rayo verde es la promesa permanente que encierra de que terminarás viéndolo y de que, por tanto, tus deseos se cumplirán, ¿el proceso de crear y publicar un disco encierra la misma promesa?

Desafortunadamente no, quiero decir la suerte de que todo confluya y de que todo se alinee es difícil de conseguir. Es lo mismo que pasa con el rayo verde, para que tú puedas llegar a conquistar ese sueño ya no solo depende de ti. Tú puedes ser un rayo verde, pero el sol se tiene que poner de determinada manera, la luz tiene que ser de otra... tiene que haber tantas cosas que confluyan y que se den a la vez que al final se escapa de tu propio control. Ese es también uno de los motivos por el que escogí ese título porque me resultaba tan sugerente de maneras muy diferentes. Me encanta que el día se termine cuando el sol se pone sobre el mar y ese último rayo se pueda convertir en un rayo verde, me parecía súper poético lo que había leído de Julio Verne sobre cómo describía el verde, un verde que ninguna paleta pudiese recoger. Es también una muy buena metáfora para muchas cosas, incluida la música.

Describes tu música como luminosa en oposición a la oscuridad, ¿es tu forma de reivindicar lo positivo como fuente de inspiración artística?

Sí, sin duda, siempre lo he dicho. Hice bellas artes y cuando estaba en la facultad veía obras muy oscuras, gente que se expresaba más cómodamente en las sombras que en la luz. Ahí me di cuenta de que yo no quería eso. Estaba, además, en un momento en el que necesitaba la luz y no la encontraba porque es muy difícil encontrar música, cuadros o películas que tengan luz. Así que decidí que yo quería generar luz, por lo que es algo muy buscado en todo lo que hago. Hay canciones que he descartado porque, a pesar de que me gustan, a lo mejor me resultan demasiado oscuras para lo que yo quiero plasmar en ellas. Mi intención es que la gente vea luz y esperanza en mis canciones para que pueda sentir ese regocijo de que todavía nos podemos salvar y de que hay cosas allí fuera que merecen realmente la pena.

El disco parece concebido como un lugar al que transportarse, una playa particular donde respirar tranquilamente a que todo pase, ¿fue vuestra idea al empezar este nuevo trabajo?

Me gusta regodearme en el momento playero porque creo que nos hace diferentes. No es lo mismo ser un tío de Getxo que surfea prácticamente todos los días que ser un tío de Albacete que va a pasear por el monte. Él hablará de unas cosas y yo hablaré de otras. Me gusta que haya esas diferencias y que cada uno tenga su personalidad dentro de lo que hacemos. Sin querer caer tampoco en ese buen rollo que a mí tampoco me motiva a nivel artístico. Intento hilar muy fino para que no sea música como de autoayuda, si no más profunda, reflexiva y que se vea que hay un mirar hacia dentro sin caer en lo banal y en lo superficial. Eso sí, es el oyente el que tiene que decidir si he superado la prueba o no.

En la canción en colaboración con DePedro, ‘Pum Pum Pum’, ambos recordáis la infancia como el calor de un verano, ¿es este también un viaje a la nostalgia del pasado? ¿Un guiño al verano interminable?

Bueno es que el verano es para mucha gente el único momento del año en el que es realmente feliz por esa estructura en la que vivimos. La canción con DePedro nació en inglés y con una letra muy diferente. Cuando intentamos hacer la transición al castellano, la traducción literal de la canción era terrorífica. Es la única canción del disco que no he escrito yo, la escribió el productor, Antonio Garamendi. Estábamos viendo la manera de encajarla en castellano con una métrica y rimas que venían del inglés, pero él quería que cayera en el mismo sitio, que no cambiáramos nada al cambiar el idioma. Fue un trabajo super difícil del que yo fui incapaz. Entonces Antonio se fue de vacaciones a Vietnam y dice que un día en la playa se le apareció la luz divina que le iluminó la manera en la que transcribir esa canción. Lo hizo, precisamente, inspirándose en los veranos de su infancia con sus hermanos. A Jairo, de DePedro, por otro lado, le conocí de adolescente en Benidorm cuando un amigo mío me invitó a pasar un par de veranos en su casa y él veraneaba allí también. Solíamos quedar con las guitarras a tocar unas canciones juntos en la apuesta de sol, me acordé de eso y le llamé para hacer la colaboración.

En alguna otra entrevista comentabas que, por lo general, tu canción favorita del disco y la que la gente luego más destaca no suelen coincidir, ¿cuál es, en este caso, tu favorita y cuál crees que será la de ellos?

Hace unos días hicimos esa pregunta en Instagram y han aparecido todas. No hay una en concreto un que le haya gustado más a la gente lo que lo hace aún más sorprendente. Nuestro segundo disco era un disco de rock clásico americano salvo por una canción que hicimos con el ukelele, super playera, y fue la que todo el mundo cogió como single. En el tercero nos pasó lo mismo. Hicimos un disco de folk en el que había una canción como pop-rock y fue esa la que escogieron, por lo que que estén gustando todas es algo que nunca antes nos había pasado. Todavía no sé cuál es mi favorita, no lo tengo claro. Lo que me da un poco de pena en general, es que las canciones algo más tranquilas la gente no suele entenderlas como algo propio de Smile. Las que mejor funcionan son las que son muy alegres y esa otra parte de mí, esa parte un poco más reflexiva, no llega tanto a la gente. Yo suelo escoger una de esas, en este caso, podría ser ‘Lo que pesa’ o ‘Rayo verde’, pero todavía no estoy muy seguro.

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