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Entrevista a MGMT: "Seguir juntos es la prueba de que la banda es algo que está por encima de nosotros mismos"

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MGMT (2023)
Foto: Jonah Freeman

Andrew VanWyngarden y Benjamin Goldwasser, los responsables de las infecciosas melodías de psicodelia pop de MGMT desde hace dos décadas, se han planteado una ardua meta para este 2024: superarse a sí mismos, luego de haber firmado ya algunos de los tramos más gloriosos de su carrera y del pop independiente. La sombra de sus históricos hits (Kids, Time To Pretend o Electric Feel) y del sobrevenido y renovado éxito de Little Dark Age (2018) gracias a la siempre impredecible mano invisible de las redes sociales, parecía haber puesto contra las cuerdas a la dupla estadounidense, la cual, y sin achantes de ningún tipo, ve ahora en su inminente regreso (firmado de la mano de Loss of Life, su nuevo disco), la fantástica excusa para reencontrarse con su audiencia y renacer desde una nueva óptica.

La misma que les ofrece el hecho de haberse librado de las cadenas de una multinacional y haber comenzado a editar su música con el sello independiente Mom + Pop (casa de otros artistas como FIDLAR, Porter Robinson, Magdalena Bay, Courtney Barnett y otros tantos). Un detalle que, sin lugar a dudas, ha dotado de una energía especial el corpus de sus canciones nuevas y de las que hoy tienen a bien hablar con nosotros los propios miembros de MGMT.

Entrevista a MGMT

 

Este es vuestro primer trabajo en bastante tiempo y con una pandemia de por medio, ¿recordáis el momento en el que las canciones de 'Loss of Life' comenzaron a tener cohesión entre sí?

Ben: Pues creo que fue como hace dos años, estando en los estudios de Patrick Wimberly en Brooklyn, cuando después de llevar varias intentonas fallidas y terminar de grabar 'I Wish I Was Joking', nos dimos cuenta de que la cosa podía funcionar como disco. Recuerdo ese momento como la clave para nosotros para dejar de pensar en cómo hacer nuestro próximo disco y ponernos directamente en marcha y manos a la obra con respecto a la elaboración del mismo. A partir de ahí, el proceso vino rodado.

Teniendo en cuenta el periodo de incertidumbre que vivíamos por entonces y el título tan intenso que el disco posee, ¿han virado MGMT hacia un reverso más oscuro de su registro?

Andrew: Eso forma parte de la sorpresa del disco. La verdad es que en ese sentido siempre nos ha gustado mucho ser un poco tramposos y jugar con las expectativas de la gente, como en este caso en el que hemos servido todos los indicadores necesarios para que el oyente piense que nos hemos vuelto más ásperos o incluso desesperanzados, aunque nosotros bien sabemos que no es así. De todos modos, y aunque históricamente nunca nos haya interesado seguir las corrientes ni las modas que marca el presente, es inevitable verse arrastrado por esa tendencia a la tristeza y a la aflicción que nos ha rodeado en los últimos años. Basta con mirar diez minutos las noticias en un día normal para comenzar a sentirte automáticamente culpable de cualquier cosa y sentirte mal contigo mismo por el simple hecho de ser humano y ocupar un sitio en este planeta. Lejos de sentir que este clima nos ha hecho entrar en un estado de espiritualidad y consciencia con el universo, realmente lo que ha logrado es que hayamos terminado siendo unos miopes existenciales de cuidado y las tragedias nos terminen resbalando. De algún modo, que nuestro disco abarque ahora el final de ciertas cosas y el comienzo de otras es nuestro particular intento por tratar de superar la nube de pesimismo en la que nos hallamos.

 

Bueno, de hecho ahí vemos canciones como 'People in the Streets', que directamente remite a aquellos días o a un cierto componente político.

Andrew: Lo tiene, aunque tal vez desde un plano más bien abstracto. Es una canción que trata sobre alguien que vive desde una posición cómoda y privilegiada, pero ello no le exime de tener cierta empatía o conocimiento de las injusticias y luchas de la clase social, por ello decide salir a las calles y sacrificar sus propios beneficios en favor de la masa. Se involucra, pero al mismo tiempo observa, tratando de intentar discernir qué información es cierta y cuál no lo es. Hacer una canción sobre esto nos parece algo muy vigente, especialmente en los tiempos que corren donde la post-verdad inunda nuestros time-lines y la gente de a pie ve encuentra cada vez más difícil la posibilidad de conformar una opinión propia y segura sobre determinados asuntos. No podría decirse que es una canción política como tal, ya que no nos dirigimos hacia una problemática concreta, sino que simplemente es un reflejo de cómo muchas personas se sienten y tratan de lidiar con la actual situación social y cultural.

Le habéis nombrado antes; Patrick Wimberly, responsable en la producción de vuestro bien avenido 'Little Dark Age', vuelve a repetir en la producción de este disco.

Ben: Ante todo Patrick es un buen amigo nuestro y eso marca ya bastante el tono y el clima de trabajo en el estudio. Lleva trabajando con nosotros desde hace mucho tiempo. Si no recuerdo mal, incluso desde nuestro primer disco. Por supuesto, su talento como productor habla por sí mismo, pero lo que hace realmente posible nuestra confianza en él es nuestro grado de conexión a nivel humano, que por otra parte es algo que buscamos tener con todo el mundo que trabaja con nosotros. Esa forma de aproximarnos a los objetivos y mirar el terreno con los mismos ojos es lo que hace posible que salgan adelante proyectos como este disco.

 

¿Ha cambiado algo con respecto al proceso llevado a cabo en 'Little Dark Age'?

Ben: Sí, aunque tampoco han sido cambios estratosféricos. Han sido más cambios actitudinales. Creo que la gran diferencia entre el proceso que comprendió 'Little Dark Age' y este nuevo 'Loss of Life' es la paciencia de la que nos hemos valido todos para llevar a cabo el disco. Nos hemos quitado de encima la urgencia y hemos apostado por un proceso más natural en el que dejarnos llevar.

Andrew: Con 'Little Dark Age', al igual que con otros discos en el pasado, éramos muy auto-exigentes. Nos marcábamos una rutina muy férrea de objetivos en el calendario y si no los conseguíamos, llegábamos a frustrarnos mucho. Como dice Ben, las cosas han ido más fluidas aquí, quizás como consecuencia directa de ese periodo de aislamiento que veníamos de vivir. Además, nos encontrábamos en puntos muy distantes del país, cada uno en una costa, y disponíamos de menos tiempo para trabajar. Partíamos de una idea a modo de semilla y cuando teníamos ocasión de trabajar juntos, nos focalizábamos en ella y la desarrollábamos, directamente y al grano. En ese sentido, es un álbum mucho más hecho al detalle.

Si hablamos de cambios, el más grande parece ser el paso de firmar vuestra música con una multinacional a hacerlo con un sello independiente.

Ben: Pues a diferencia de lo que la gente pueda pensar, tampoco hemos notado una gran diferencia en ese sentido. Donde sí la hemos podido percibir más quizás haya sido en el hecho de que antes no estábamos involucrados en toda la dinámica del lanzamiento de un disco y ahora sí. Ya sabes, todos esos procesos y aspectos más vinculados con el negocio y la industria. Durante dos décadas habíamos sido simplemente la imagen de la banda y habíamos existido simplemente como miembros de la misma, mientras que ahora nos sentimos más responsables de ciertas cosas. Te diría que, en torno a esto, hay un antes y un después tras la cancelación de nuestra gira en 2020. Cuando el COVID nos sacudió a todos los artistas y procedimos a cancelar nuestras respectivas fechas, obviamente no tuvimos más remedio que resguardarnos en casa y mantenernos alejados de la vida en carretera. De algún modo, el confinamiento hizo que dejáramos de ver la música del mismo modo para siempre.

 

Y entonces apareció el sello Mom+Pop, casa de otros muchos grandes artistas independientes.

Andrew: De momento estamos muy contentos con ellos. Tanto el lanzamiento de los singles como la promoción del disco están funcionando muy bien, y sobre todo, como apuntaba Ben antes, nos han permitido trabajar desde una óptica que se acomoda mucho más a la dinámica y la percepción de la profesión que tenemos ambos ahora mismo. Es curioso porque, cuando comenzamos a buscar sello, nosotros ya teníamos el disco compuesto, producido e incluso masterizado, y en cierto modo, esto nos hizo tener una confianza extra en nosotros mismos de cara a ser más selectivos con quiénes decidíamos comenzar a trabajar. Nos reunimos con muchísima gente, pero por alguna razón conectamos especialmente con los responsables de Mom+Pop de forma inmediata, quizás por las similitudes entre su filosofía y la nuestra. Desde que comenzamos en esto siempre quisimos hacer un pop que se acercara a las masas, pero sin perder el toque subversivo e irreverente. De algún modo, vimos esa misma actitud en Mom+Pop, quienes apuestan por productos arriesgados y disruptivos, apoyando la visión de los artistas y los intereses creativos de los mismos. Así que la decisión fue clara.

Otro cambio es que os estrenáis en las colaboraciones, algo que creo que nunca os habíamos visto hacer hasta ahora. Y no podríais haber elegido alguien mejor para ello: Christine and the Queens para 'Dancing in Babylon'.

Ben: La idea vino dada de forma bastante bidireccional. Creo que ambas partes habíamos estado al tanto de lo que los unos y los otros hacíamos durante mucho tiempo e incluso habíamos hablado en alguna ocasión de hacer algo juntos, pero la idea se quedó en el aire. Por otro lado, teníamos ya esta canción hecha y no fue hasta casi el final de la mezcla del disco cuando nos dimos cuenta de que el tema estaba convirtiéndose en una power ballad apabullante que exigía a todas luces la incursión de una voz adicional. Así que automáticamente nos acordamos de ella. No fue una colaboración presencial, sino que todo se realizó a través de intercambios de archivos en la nube y en red, pero aun así estamos muy satisfechos con el resultado y con habernos encontrado con esas voces grabadas tan bonitas en una carpeta de Dropbox [risas].

Es curioso que apostéis ahora por una vida más cómoda y alejada del foco, como mencionaba Ben antes, cuando precisamente MGMT está viviendo su momento más dulce con el renacer de 'Little Dark Age' gracias a TikTok.

Andrew: Ah, ¿y no te sabes la última? En las últimas dos semanas ha pasado lo mismo con 'Time To Pretend' y las escuchas del tema se han disparado. Es una locura, no hay quien lo entienda.

 

¿Cómo lidiáis con estos éxitos sobrevenidos e inesperados como consecuencia de las siempre impredecibles redes sociales?

Ben: A decir verdad, nos divierte. Y si te soy sincero, tampoco se diferencia mucho de la manera imprevista en la que hemos logrado otros de nuestros éxitos en el pasado. Recuerdo que hace veinte años se nos quedó la misma cara cuando nos dijeron que una discográfica multinacional quería ficharnos. Nosotros estábamos a lo nuestro, haciendo música, y no podíamos creerlo. Pues con esto nos pasa un poco lo mismo. Nos parece genial, pero no logramos entenderlo muy bien. Y por supuesto, no afecta lo más mínimo en la forma en la que operamos como banda. Te puedo asegurar que en nuestros métodos presentes no hay ningún tipo de cálculo premeditado sobre qué tipo de temas creemos que van a funcionar mejor en redes sociales ni cosas por el estilo. No nos parece mal que haya artistas que funcionen así, pero nosotros no tenemos ya ni edad ni habilidad para hacer eso. Supongo que hemos sido simplemente muy afortunados.

¿También os sentís afortunados por seguir juntos, después de tantos años?

Andrew: Esa es una pregunta complicada y desde luego no hay una única respuesta para ella. Por un lado, creemos que seguir juntos es la prueba de que la banda es algo que está por encima de nosotros mismos. Que sigamos siendo amigos y haciendo tan buena música es el testimonio vivo de nuestro vínculo. Va incluso más allá de nuestras semejanzas en gustos o incluso del tiempo que pasemos juntos, pues ya no nos vemos tan a menudo como antes como consecuencia de vivir en puntos del país tan alejados. Pero en el momento en el que volvemos a juntarnos, sucede algo. Algo que lleva sucediéndonos desde el primer día en el que nos conocimos y que sabemos a todas luces que no es para nada común. De algún modo, consciente o inconscientemente, hemos tratado de preservar esa conexión a lo largo de los años, a pesar de que han habido momentos de grandes tensiones, desacuerd0s o discusiones. Sentimos que nuestra conexión, lo que sucede tan pronto como trabajamos juntos y lo que logramos traer al mundo gracias a ello, es más importante que nuestro ego. Desde el principio tratamos de que tanto las responsabilidades como los beneficios estén divididos al 50% y el hecho de no ser quisquillosos con el crédito de nuestros éxitos es lo que nos ha permitido sobrevivir tantos años después.

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