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Entrevista a Maria Jaume: 'Intento escribir profundo y a la vez reírme de mí misma'

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Maria Jaume

Redacción: Pau Lobato Ferrando

Maria Jaume es una cantante mallorquina pop que expresa sus diversos recorridos sentimentales a través de sus canciones. La cantante se sirve de la escritura con precisión para acercarnos a los pensamientos y aprendizajes de varios episodios románticos.

En su último trabajo, Voltes i voltes, podemos apreciar su forma de vivir las relaciones con una rica instrumentalización que le ayuda a dibujar desde playas paradisíacas hasta ciudades apocalípticas. Conversamos con ella sobre su trabajo más reciente y sus inicios en la música.

Entrevista a Maria Jaume

En 2019 ganaste el premio de música Sona9 de Enderrock, un galardón que te permitió grabar tu primer álbum de estudio con tan solo veinte años. ¿Te imaginabas que podías llegar a ser la ganadora de dicha edición?

No, en absoluto. De hecho, me presenté en el último minuto. Mi idea era coger experiencia porque casi no había hecho conciertos. Después viendo el nivel de la gente y la experiencia que tenían pensé… Seguro que no gano, pero me lo paso bien igual. Y al final pues gané.

 

En 2020 publicaste tu primer LP, Fins a maig no revisc, de la mano de Pau Vallvé como productor. Las canciones o bien tienen una estructura libre que prescinde de estribillos o no redundan demasiado sobre ellos. ¿No te dio miedo dejar de lado la estructura tradicional de la canción pop, en términos de debut comercial?

Yo siempre digo que el primer disco fue coger las primeras canciones que había hecho y mirarlas un poco. Con Pau Vallvé no nos metimos demasiado en la estructura, jugamos un poco y grabamos lo que tenía hecho. Ahora lo miro y es una sensación de ternura, pero también me doy cuenta de que nunca podré hacer lo que hice en ese disco, ¡porque básicamente no tenía ni idea!

Ahora es imposible hacer una canción sin estribillo. Antes era lo que me salía sin tener un conocimiento estricto. Es la magia de ese disco, de inexperiencia, de salirme algo y tal cual grabarlo.

¿Etiquetas tu música con algún género musical determinado? ¿Te sientes cómoda con la clasificación de música de autor?

Me cuesta definir los límites del género musical y meterme en uno. Se refieren a mí como indie pop, y creo que es lo que más lo engloba. Canción de autor me resulta raro porque lo asocio a la canción reivindicativa, al cantautor solo muy desgarrador y a llevarlo al directo de esta forma… Es cierto que luego hay muchos cantautores que no se representan así.

Supongo que tengo un poco de todo, aunque también pienso en lo que es ser indie, porque esta etiqueta ya no tiene ningún sentido... Mi música es un poco alternativa en el sentido de que no es mega mainstream. Al final lo que sí considero es que hago pop.

 

¿Cuáles son tus fuentes de inspiración para crear música?

La inspiración me viene desde estar tomando una cerveza con una amiga y que pase algo como que un colega me explique una historia de su novia. Aun así, siempre hablo desde mi perspectiva y de lo que me interesa, o que quiero reivindicar en ese momento.

Respecto a la música, me inspira todo lo que escucho. A veces hay cosas que no son tan directas o que no se relacionan tanto con mis canciones y que me inspiran. Escucho mucho a Julia Jacklin, que igual se nota un poco, y ahora estoy obsesionada con el disco de SZA, SOS. Me gustan mucho cantautoras como Courtney Barnett, Julia Jacklin, Faye Webster y Sufjan Stevens, pero también me gusta mucho por ejemplo SZA o Bad Bunny.

¿Te basas más en experiencias personales o en trabajos artísticos de terceras personas?

Un poco de todo. En el primer disco era sentirlo todo muchísimo porque tenía diecisiete años. Por eso me salía mucho hablar de mí y de mis experiencias. En mi segundo disco he hecho el ejercicio de hablar desde fuera y contar una historia que, aunque esté en primera persona, no significa que me haya pasado a mí.

 

Tus letras son muy precisas y describen situaciones que nos podemos imaginar con detalles. ¿Hay algún artista que te sirva como referente para elaborar tu lírica y tu sonido?

Pues esto no sé de dónde lo saco exactamente. He ido cambiando con el tiempo y ahora estoy más cómoda con mi escritura. Intento buscar la frescura en escribir algo pesado o profundo y poder reírme de mí misma para sacarle hierro. En esto me ha influenciado mucho Antònia Font y también Da Souza. Me gusta mucho esta manera de escribir, yo quizás no lo hago tan literal, pero intento pillar esta actitud de jugar con las cosas para que no sea todo tan serio.

En el primer álbum Pau Vallvé y yo intentamos que el disco no fuese pesado, porque era un poco intenso. Por eso incorporamos cancioncillas cortas. En este disco hubo una influencia muy directa de Miquel Serra. Él tiene canciones muy cortas o audios de cuando era joven o de su hermano. Algunas parece que estén grabadas con casete, estando en la cama.

 

El álbum Fins a maig no revisc tiene una clara presencia de las guitarras combinadas con la voz y las entradas en escena de la batería. Musicalmente, es más llano que tu último álbum, Voltes i voltes, con una instrumentalización más diversa que también integra coros, piano, instrumentos de viento, entre otros. Además, las pistas siguen una estructura más típica de la canción pop. ¿Qué te hizo evolucionar en esta dirección?

Aprender y espabilarme un poco. Quería hacer algo diferente respecto al primer álbum. Para el primer disco Pau Vallvé y yo arreglamos las canciones que ya tenía para que las pudiese tocar sola en directo sin que se echase en falta una instrumentalización. Fue un primer proyecto, de él y yo, sin nadie externo y muy rápido, sin plantearnos ir más allá. En el segundo álbum la idea era diferente, mucho más estructurada y pensada. Con Lluís Cabot hicimos mucho trabajo juntos y pensamos mucho. Le di muchas más vueltas a cómo quería que fuese.

En 2021 publicaste el cálido sencillo, Un bon berenar. ¿Por qué razón no entró luego a formar parte de ninguno de tus dos LPs?

Porque lo veo mucho como un escalón. Ya tenía más idea de lo que quería hacer, pero fue pensado como un sencillo. Tenía ganas de probar cosas nuevas sin alargarlo. Lo grabé y me gustó mucho, pero cuando empecé con Voltes i voltes no me cuadraba incluir la canción porque el álbum es un pasito más en el sentido de sonoridad, producción e incluso de estructura. En el vinilo está como hidden track al final, porque me daba pena que no estuviese en ningún sitio.

 

La canción que abre Voltes i voltes, 2008, nos sitúa en un escenario de libertad y superación de una experiencia romántica. ¿Se puede decir que es el estadio posterior a Fins a maig no revisc?

Es un poco así. Fins a maig no revisc es cuando ya has salido de una relación totalmente tóxica, desde una óptica muy sentida y reciente. 2008 es hablar desde un sitio de máxima seguridad y tranquilidad y poder decir lo que quieras, que ni te afecta. Es lo que quería transmitir, hago lo que me da la gana y te miro con desprecio y todo. 2008 es acudir a este momento de mierda y poder hablar de ello como una cosa ya superada.

Entre los paisajes de Voltes i voltes encontramos desde experiencias románticas hasta aceptaciones de los finales o afirmaciones de crecimiento personal. En este sentido, los temas son más dispersos respecto a Fins a maig no revisc, con un hilo conductor definido por una experiencia romántica que parece relatarse en un orden cronológico. ¿Quisiste plasmar esta apertura temática en tu música?

En Voltes i voltes hay el ciclo de que te dejen, salir de una relación, superarlo, volver a enamorarte y entrar dentro de otra relación y finalmente estar enamorada de una forma rutinaria. En Me desplom y en Procés natural hablo mucho de ello, de una relación superestable y sana desde una estabilidad y tranquilidad. Me desplom trata un poco de desromantizar las relaciones, decir que a veces no puedes soportar a alguien, pero aún y así lo quieres igual. Voltes i voltes son las vueltas que yo doy en torno a las relaciones.

En el disco también hablo de otros temas, no es puramente romántico. Ni Picassos ni Dalís es una historia surrealista, pero a la vez con elementos muy reales. Creo que está dentro de mi ciclo romántico, pero no es un momento concreto de una relación. Se trata de abrir los ojos y ver según qué cosas, también una fantasía de yo matando a un agresor.

 

La colaboración del álbum con Núria Graham, A final de mes, describe un escenario pospandémico de extraña apocalipsis con el que todos nos identificamos. Sin embargo, sorprende la alegría de la melodía. ¿Por qué motivo decidiste enfocar la grabación de esta forma?

A final de mes va de estar en una relación a distancia a medias. Echar de menos dentro de un apocalipsis muy chungo. La canción pasó por distintas fases. Al estar con Núria Graham me apetecía hacer algo un poco más alegre y rockero. Esto también tuvo que ver con los referentes que yo tenía en la cabeza en ese momento, que era principalmente Courtney Barnett. Después con Lluís Cabot la hicimos un poco más pop y mainstream.

Al principio la grabación tenía acordes más oscuros, pero me gusta mucho contrastar la música con la letra. Cuando oigo esto me llama mucho la atención. Me gusta mucho estar bailando y después darte cuenta de lo que estás cantando.

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