Entrevista a Lido Pimienta: "Sigo sintiéndome una migrante y una ciudadana de segunda categoría por no haber nacido en Canadá y por no ser blanca"

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Lido Pimienta (2026)
Foto: Jazmín Aguilera

Diez años después de La Papessa (Anti, 2016), Lido Pimienta sigue haciendo de la mutación sonora una forma de resistencia. Bien sabemos que aquel disco escribiría el nombre de la cantautora colombiana en el circuito independiente sin vuelta atrás, concediéndole el Polaris Prize y dando paso a una trayectoria que desde entonces ha transitado sin remordimientos ni prejuicios por la electrónica, la cumbia, el dembow y la composición clásica.

Caribenya (Anti, 2026) llega ahora, apenas un año después de La Belleza (2025), como reverso del mismo, aunque reclamando con carácter una vida propia; donde aquel trabajo buscaba la belleza en medio de la oscuridad postpandémica y a través de la escritura orquestal, este devuelve a Pimienta al Caribe, al baile y a una música atravesada por la memoria, la pertenencia y la celebración. Cumbia, dembow, ambient, electrónica y pop conviven en un álbum que hace de la pista de baile un espacio para la insurgencia y la contestación. Y es que bajo su apariencia luminosa, Lido vuelve armarse con sus mejores gestos y recursos para interrogar las estructuras que atraviesan la vida de una mujer caribeña, madre, migrante y artista, la lógica actual de la industria musical y el tardocapitalismo que designa nuestro tiempo.

Lido Pimienta, además, estará visitando España este próximo otoño, con conciertos en Barclelona (Sala Upload, 2 de noviembre) y Madrid (Sala Villanos, 3 de noviembre).

Entrevista a Lido Pimienta (2026)

 

El pasado año lanzaste otro trabajo, titulado ‘La Belleza’, así que me gustaría comenzar preguntándote hasta qué punto hay detalles e ideas en ‘Caribenya’ que hermanan ambas propuestas. ¿Son, algo así, como las dos caras de una misma moneda?

Siempre supe que estas dos obras eran hermanas. Las une el coro y el sentimiento detrás de todo lo que pasaba en ese momento en mi vida. Siempre hago varias versiones de canciones y poco a poco comprendí que ciertas canciones eran como un planeta aparte, pero dentro del mismo universo. El COVID me quitó varios años de carrera, y al igual que a mucha gente, la adaptación a la vida virtual me resultó especialmente difícil. Mi matrimonio estaba en un momento terrible también, mientras criábamos a 3 hijos en un apartamento de una ciudad que se sentía más agobiante que nunca. Ahora siento que la obra se puede leer como un solo momento, aunque por separado también funciona. En ese sentido, yo me retiro de la obra cuando la saco al mundo y me retiro, incluso, de la acción creativa. Solo me dedico a observar y vivir la vida hasta que el momento llegue para la próxima ofrenda.

"Siempre supe que estas dos obras ['La Belleza' y 'Caribenya'] eran hermanas"

Sobre ‘La Belleza’, no sé de qué manera crees que aquel proceso supuso un punto de no retorno profesional para ti, en tanto que escribir para una orquesta, trabajar con esas escalas de tiempo y con ese nivel de detalle en los arreglos pudo marcar tu forma de entender y pensar la música para siempre.

A decir verdad, 'La Belleza' fue escrita de la misma manera que hago toda mi música, con un teclado, un micrófono y un daw en la computadora. Todo lo afronto igual, después de que mis hijos se vayan a dormir, me pongo a trabajar. Lo que en este caso sí cambió fue que empleé plug ins y sonidos distintos. En vez de tirar por la experimentación sónica, la idea era componer belleza, sin arandelas ni sonidos raros, solo la instrumentación que me pedía la orquesta del ballet de Nueva York. La primera versión de 'La Belleza' fue escrita para esa orquesta, y la música la escribí en pandemia, así que mirar las noticias de aquellos días, con tantas muertes por el virus a diario, me hicieron preguntarme "por qué ellas mueren y por qué yo sigo aquí"... Así que aquel clima fue, sin duda, un aliciente para mí a la hora de buscar la belleza y buscar la luz que tanto necesitábamos entonces.

A pesar de que digas que 'La Belleza' y 'Caribenya' son discos hermanados, hay ciertos detalles que hacen que se perciba algo de cambio entre ambos. Por ejemplo, en el primero encontrábamos involucrado a Owen Pallet y ahora tenemos otro surtido de nombres, como la contribución de Arrabalero, miembro del colectivo Grupo JeJeJe, o Turbo Sonidero, entre mucha más gente.

Eso es cierto, pero las canciones en 'Caribenya' estaban listas casi en un 80% antes de incluir a otros productores. Siempre trabajo con Pedro (Chancha Via Circuito) y ya llevaba casi un año trabajando con Jose Olivares (Amigos Poderosos), así que todo se sintió bastante natural y fluido. Trabajar con Grupo Jejeje fue interesante, pues a pesar de ser muy fan no le conocía personalmente. Nos llevó tiempo ponernos de acuerdo con los horarios y esas cosas, pero el proceso fue hermoso, relajado y divertido. Todos contribuimos en todo, en la producción y en cualquier detalle mínimo. Después de tantos años, es la primera vez que colaboro con tanta gente en la producción de un disco y en el futuro espero poder volver a hacerlo.

El título, además, contiene ese juego de palabras implícito que no sé si muchos van a pillar a la primera, pero desde luego, quienes te conozcan bien seguramente sí lo harán puesto que eres una fan confesa y absoluta de Enya. Tengo la sensación de que fue una artista muy importante en su momento para una generación entera, como la tuya y la mía, y a la que sin embargo no se la ha reivindicado demasiado. ¿Estás de acuerdo?

En absoluto, no creo para nada que Enya esté olvidada. Ella tiene su agencia y decide cómo y cuándo ser parte del circo que es la industria musical. Francamente, aspiro a ser como ella. Cuando Enya sale de su castillo es para hacer cosas grandes, como bandas sonoras de súper películas. Los millennials, que son quienes están detrás de los medios en este momento, han logrado devolver a la vida ciertos tópicos de entonces, haciendo que todo ahora tenga ese aura noventera y de comienzos de los 2000, pero Enya es icónica, mucho más que una moda. Lo que pasa es que, en estos tiempos de híper vigilancia, donde la industria musical ya no va de música y las personas que vivimos en línea nos vemos obligadas a compartir cada momento de nuestras vidas, da la sensación de que todo lo que no salga en una red social parece que no exista. Compartir toda tu vida en redes, tener más seguidores que nadie o recrear los mismos videos virales parece que hoy día sea lo único que importa para tener una carrera o ser relevante, y una artista como Enya está por encima de todo ello, por eso la admiro tanto.

"Compartir toda tu vida en redes, tener más seguidores que nadie o recrear los mismos videos virales parece que hoy día sea lo único que importa para tener una carrera o ser relevante"

Si entramos a hablar del disco, quisiera hacerte algunas preguntas sobre temas concretos de este, como esa canción tan bonita que es 'Así Nací', con la voz de tu hija acompañándote. No es la primera vez que tus hijos permean de alguna manera en tu trabajo, de hecho les podemos ver también coprotagonizando el videoclip de 'Tóxica', aunque tal vez esta sí sea la primera vez que explicitas de forma tan directa tus reflexiones sobre la maternidad en una canción.

Esa canción, realmente, se la escribí a su padre, quien es mi compañero de vida, y que, en esos momentos, estábamos separados. Es una canción de agradecimiento y de cómo nuestra hija es el centro de nuestro mundo a pesar de todo. Un lazo que nunca se va a poder romper. Mis hijos siempre son parte de mi obra, pues a fin de cuentas mi obra es mi vida y todas las canciones nacen de las experiencias que me rodean. Para el video de 'Tóxica', por ser el primer tema de esta nueva etapa, recordé el video que hicimos para 'Nada', donde mi hija aparece recién nacida y mi hijo era todavía pequeño. A día de hoy, mi hijo ya es un adulto, y quería que estuviese a mi lado en el arranque de esta nueva aventura. Hacerlos parte de mi proceso creativo es lo más natural para mi.

Unos sentimientos menos luminosos, aunque también muy necesarios de manifestar, afloran en ‘Marea’, donde quizás encontramos el ángulo más político y crítico del disco, ¿no?

Tal vez. 'Marea' es una canción protesta disfrazada de canción de amor, pero el amor, pese a todo, está muy presente en su letra. Hay amor a mi tierra, amor al Caribe, amor a toda la naturaleza y amor al paisaje que me vio crecer. Es una carta de amor a la juventud del Caribe, cuyos futuros son inciertos en este sistema capitalista y opresor que solo los quiere de esclavos.

El tema, además, le da la mano a ‘No me quiero ir’, canción que habla sobre pertenencia. Y claro, eso también nos ha recordado una realidad muy importante de tu historia, que es que resides en Canadá desde hace muchísimos años. ¿Hasta qué punto sientes que la Canadá de ahora sigue dándote lo mismo que te daba cuando te mudaste?

Para empezar, yo no escogí Canadá, Canadá fue escogida para mi y luego la vida me obligó a quedarme por mucho más tiempo del necesario. Este país tiene muy buenas relaciones públicas, con lo que es normal que allá les llegue buena prensa de todo lo que aquí sucede. Esos supuestos faros progresistas son destellos de un pasado socialista que ahora ya es tan solo un liberalismo débil que lo único que busca es privatizar todas las entidades que nos separan ideológica y políticamente de nuestro país vecino, Estados Unidos. Par mí, es el lugar donde vive mi familia, donde he construido una carrera artística linda y donde tengo amistades hermosas, pero Canadá también es un sitio donde sigo sintiéndome una migrante y una ciudadana de segunda categoría por no haber nacido aquí y por no ser blanca. Canadá me volvió dura e independiente, pero sobre todo me ha ayudado a quitarme muchas vendas que nos ponen en Sudamérica. La más grande, la de que Europa, Canadá o Estados Unidos son superiores. Si aparentan ser superiores es tan solo porque robaron las riquezas de nuestras tierras.

"Sigo sintiéndome una migrante y una ciudadana de segunda categoría por no haber nacido en Canadá y por no ser blanca"

Ha querido el destino que 'Caribenya' llegue casi cuando se cumplen diez años del lanzamiento de ‘La Papessa’, que no es tu primer disco, pero desde luego sí es el trabajo con el que se te puso en el mapa y con el que comenzamos a conocerte más allá de tus fronteras. Considerando que eres una artista tan irremediablemente camaleónica y que en estos 10 años no has parado de reinventarte, ¿crees que hay algo en tu estilo que ha permanecido intacto a lo largo de todos estos años y cambios?

Creo que, sin duda, la pequeña Papessa estaría muy feliz de conocer a Caribenya. Las letras y las composiciones siguen siendo mías, los temas sumamente íntimos siguen estando presentes en mis canciones nuevas, la preocupación por el planeta y los derechos humanos continúan formando parte de mi léxico habitual... En definitivas cuentas, soy la misma, solo que con mejor producción musical. Y estoy muy contenta que así sea y de haber podido desarrollar cierta coherencia en todo lo que artísticamente hago, pues en realidad para mi la música es tan solo un trabajo a tiempo parcial. Accidentalmente me puse en el mapa musical, como mencionas, pero hago muchas cosas además de cantar y me demoro tanto en sacar discos porque no el tiempo que le dedico a la música no es, desde luego, todo mi tiempo. Por ejemplo, me voy de gira ahora en septiembre, así que ahora estamos ensayando las canciones para tocarlas en vivo, pero no estoy escribiendo canciones nuevas ni estoy haciendo música. El tiempo que no paso ensayando, lo dedicado a pintar, a hacer cerámica y a escribir guiones para películas. Puedo decirte algo, y es que, dentro de 10 años, 'Caribenya' estará contenta de ver a la futura Lido dirigiendo películas.

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