
Redacción: Ana Dara
Durante años, Jaime Hortelano ha formado parte de ese engranaje invisible del pop independiente, aportando su talento como instrumentista y productor para nombres de la talla de Tulsa, Nat Simons o Flecha Valona. Sin embargo, entre viajes en furgoneta, horas muertas de estudio y notas acumuladas en el escritorio de su ordenador, se iba cocinando un universo puramente personal que pedía salir a la luz.
El resultado de ese lento proceso de gestación es Pena Crónica, su primer EP de autoría propia. Lejos de la grandilocuencia, el impacto inmediato o la producción digital perfecta que satura las listas actuales, Hortelano apuesta por la belleza de lo mínimo, por el susurro antes que el énfasis. Grabado en El Puerto de Santa María bajo la atenta y libre mirada del mítico Paco Loco, el disco se envuelve en un sonido analógico, cálido y levemente saturado donde la distorsión y el ruido no buscan la dureza, sino la fragilidad.
Hablamos con él sobre las sensaciones al exponerse con nombre propio, el mito del autosabotaje en la composición, su obsesión por el tratamiento sonoro de Elliott Smith o Kevin Morby, y cómo un inesperado fallo informático acabó regalándole el cierre perfecto para un álbum que, más que una catarsis, es una hermosa y discreta habitación para aprender a convivir con los propios fantasmas.
Hay algo más de foco, claro. Lleva mi nombre, tiene mi cara en la portada y contiene un mensaje muy personal. Pero no deja de ser algo de muy corto alcance: al final, mi dedicación principal está en otros proyectos. Esto está hecho por el mero gusto de tener obra y compartirla. A nivel psicológico, siento que he dado un pasito para que se me conozca mejor, para que se sepa qué cosas hay en mi universo.
El ordenador me acompaña siempre, como a tantos. Siento que los músicos nos acostumbramos tanto al tránsito que el viaje nunca nos desconecta del todo de nuestro mundo. Al final también es trabajo. En horas muertas me encontraba apuntando cosas en el teléfono o en el ordenador, ideas que resonaban y que sentía que estarían mejor fuera que dentro. Al regresar a casa les daba más forma de canción, en un proceso muy lento pero muy disfrutable. Llegó un momento en el que enseñaba lo que hacía a mi círculo cercano y me animaban a publicarlo. En cuanto al proceso psicológico, dudé mucho. Hay cosas que llevan ahí desde 2023 y que hasta ahora no había sido capaz de sacar, porque no las consideraba aptas o dignas de ver la luz. Sin embargo, una vez publicadas, me he desprendido de la losa de la autocrítica, y eso es muy liberador.
No me ha costado, lo he disfrutado muchísimo. La producción es mi parte favorita de la música. Sueño con tener un estudio gigante y producirme a mí y a otros. Como los tiempos los marcaba yo, porque nadie estaba esperando nada, le he dedicado a estas canciones el tiempo que necesitaban para que quedasen bien. Recuerdo que Manuel Colmenero me dijo en una ocasión que a las grabaciones hay que “dejarlas dormir” y volver a ellas con la cabeza y los oídos descansados. Durante este proceso hubo mucho descanso y volvía a las sesiones con la cabeza fresca, así que era sencillo ver cuándo las canciones estaban listas.
Hoy en día, estoy obsesionado con Kevin Morby. Me encanta su visión de la música: es muy libre y cuenta las cosas tal como las ve. He pillado muchas referencias de sus últimos discos. De Elliott Smith siempre me fascinó su tratamiento sonoro y su lírica, lo frágil y lo hermoso que suena todo. He copiado de él muchas técnicas para las tomas de voces —dobladas siempre, una a cada lado del estéreo—, de guitarras y de pianos “muertos”. Aunque vengamos de sitios muy distintos, su universo interior siempre me ha llamado la atención y me he encontrado en su música muchas veces.
Adoro las máquinas analógicas. Tienen “ruido bonito”, que diría mi querido y admirado Nico Pastoriza. Sentía que toda esa distorsión aplicada a mi música plasmaría más fragilidad que dureza, y que ese ruido era un bello lugar donde esconderse. Por otro lado, Paco tiene un equipo vintage maravilloso por el que han pasado miles de canciones. Me gusta fantasear con que esos cacharros se han ido amoldando a aquello que los ha atravesado y han terminado teniendo una opinión o un carácter propio. Yo quería que imprimiesen ese carácter en mi música. Decidí trabajar con Paco porque es una persona maravillosa y me gusta mucho la idea que tiene de la música. Con él vas a sonar a lo que eres. Nos conocemos desde hace mucho por la escena musical de Cádiz, y tenía claro que quería hacerlo con él.
Pena Crónica es el primer corte del EP y también el que le da título. Siento que es la canción que tiene más desarrollo, más mensaje y, cómo no, más saturación. Pasé una guitarra barítona por un Minimoog y un chorus tipo Juno y llegué a un sonido que considero bellísimo. Era un entorno ideal para contar que tiendo a la tristeza, pero que no pasa nada, que ya nos conocemos y que va a estar todo bien.
No hay nada que me aburra más que encontrarme en Spotify con una canción que suena gigante y perfecta. Luego me pongo a investigar al autor y, en muchas ocasiones, ese sonido tan espectacular no se corresponde con sus raíces o con su nivel. Para este trabajo tenía claro que tenía que sonar honesto, respetando la imperfección y sin forzar la máquina hasta llegar a un sonido inverosímil. Jose y Alfon son maravillosos, tienen mucho gusto y entienden el concepto, así que no hubo que convencer a nadie de nada. Sus tomas entraron en la mezcla tal cual se grabaron, sin edición.
La necesidad de aceptar la pena como parte de mi genoma. Tuve una gran educación, pero, como a tantos otros de mi generación, nos faltó aprender el valor de la aceptación. Recuerdo perfectamente el día que el psicólogo me explicó que uno no se puede desprender de su fantasma, pero sí puede domarlo. Esa idea ronda por mi cabeza desde entonces y, varios años después, le di forma de EP.
Es puro miedo, pero he encontrado mi sitio ahí. Una musicalidad en la que no me siento tan expuesto. Igual captaría más atención manejando unos niveles normales de inteligibilidad, pero Billie Eilish también canta bajito y mírala.
Ningún vértigo. Afortunadamente cada vez soy más transparente y las letras del EP hablan de cosas que mis amigos y mi familia saben de sobra. Me da pereza lo de crear un personaje; todo ese malditismo que funcionó en su día ya no cuela.
No necesitaba hacer ningún ejercicio de grandilocuencia, no creo que siempre tenga que ser así. Estoy en un punto en el que me conozco, me entiendo y me concedo mis tiempos. Tiene muy poco de épica todo eso. Simplemente musicalicé el proceso de aceptación.
Nos apoyamos en la música constantemente, ¿no? Al menos la gente como yo. Supongo que imité el discurso de otras personas cuyas ideas resonaban en mí. Decía Rafael Lechowski que “donde duele inspira”. Esto es peligroso porque puede alimentar el mito del autosabotaje en pos de una buena canción. No llegamos hasta ahí, pero sí comparto el cliché de que la pena cantada es menos pena.
Creo que La Casa Está Encantada ya hablaba de un lugar interior habitado por fantasmas, pero sin demasiada voluntad de expulsarlos. Hay una idea parecida en Pena Crónica. Esa casa encantada era una primera forma de nombrar ciertas presencias, ciertos recuerdos o ciertas tristezas que siguen ahí aunque no las estés mirando todo el rato. En el EP he intentado construir un espacio más amable para todo eso, un sitio discreto y habitable donde la pena no desaparece, pero deja de dar tanto miedo.
Es gracioso. Un día abrí la sesión de grabación de Nada sin tener conectado el disco duro externo al ordenador, de manera que la mitad de las pistas habían desaparecido. Al darle al play sonó una versión más desnuda —obviamente— y me gustó tanto que pensé que sería bonito tener una versión “naked” como regalo para quien se quedase escuchando el EP hasta el final.
Estaba en el baño cuando me llegó el mail de que había pasado de fase. El jurado del Mad Cool Talent tiene nombres bastante grandes dentro de la industria, así que me ilusioné mucho. Recibí también muchísimo apoyo y eso le dio bastante alcance al proyecto. Ahora mismo todo eso parece haberse desinflado un poco, pero le guardo un recuerdo bonito.
Ayer hice una pequeña presentación del EP, un secret show en casa de una amiga, y fue muy emocionante. Hubo alguna lagrimilla y desde mi sitio veía muchas caras hermosas y sonrientes. Para mí eso es muchísimo más de lo que pensaba que podría llegar a remover este EP, así que me doy por satisfecho. Dudo que dé para muchos más momentos de emoción y celebración; todo muere muy rápido hoy en día. Pero por ahora, mientras aún viven, el camino de estas canciones está siendo precioso. Hurra.