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Entrevista a Iván Ferreiro: "Hacer música pensando en si le va a gustar o no a un determinado tipo de gente es un principio de fracaso"

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Iván Ferreiro (2023)

Por mucho que su nombre no haya dejado de ser una total y absoluta referencia del pop patrio, hacía muchos años que no teníamos en nuestras manos un trabajo nuevo y original de Iván Ferreiro. Concretamente, siete, que se dice pronto. Sí, nos dio una gran alegría metiéndose en la piel de Germán Coppini y el resto de Golpes Bajos versionando toda su discografía dentro de aquel maravilloso Cena Recalentada (2018) y disfrutamos como enanos rememorando su laureada carrera en solitario con 15 Años Entre Canciones para el Tiempo y la Distancia (2019), y con su correspondiente gira de encuentro, titulada Cuentos y Canciones, donde el artista se dio el gustazo de revisitar sus mejores temas en directo.

Pero aunque esa ansiada entrega de canciones nuevas se haya hecho duramente de rogar, al parecer el bueno de Iván llevaba resistiendo y combatiendo dentro de la trinchera durante ya algunos años. Una Trinchera Pop (2023), para ser exactos. Un particular refugio donde el artista de Nigrán ha logrado dar forma a un sonido sorprendente e innovador, pulido y cuidado, con el que éste acentúa su madurez, su mirada libre de prejuicios estilísticos y un continuismo evolutivo que saciará a sus históricos seguidores. El mismo Iván Ferreiro ha tenido a bien atender nuestra llamada e intercambiar con nosotros algunas palabras sobre su nuevo trabajo.

Entrevista a Iván Ferreiro

 

Siete años después, Iván Ferreiro re-aparece en escena, jugándose el tipo y entregándonos el álbum más arriesgado de su carrera. ¿Es una respuesta a los tiempos tan cambiantes que la industria nos está ofreciendo en los últimos años?

La verdad es que a la hora de ponerme a hacer este disco he reflexionado mucho sobre el lugar en el que se encuentra la industria ahora mismo y qué papel jugamos los artistas en ella. Ha habido un cambio generacional muy grande. La industria, en sí, es otra completamente distinta a la que teníamos antes de la pandemia. Ahora mandan otros y la cosa fluye de manera muy diferente. Y no solo es que no me parezca mal, sino que además me parece muy bien. Estábamos muy estancados, llevábamos muchos años viviendo en una escena del todo retroactiva, con esos festivales mal llamados indies, y ahora le toca el turno a la gente joven. Por mi parte, creo que yo ya solo puedo competir conmigo mismo. Con mis 50 años lo único a lo que puedo aspirar es a hacer el mejor disco posible y el disco que más me emocione a mí.

¿Lo has logrado?

Eso creo. Estoy contento y estoy confiado. Pero también es cierto que siempre he tenido la sensación de que en cualquier momento me voy a marchar de esto. Cada año que pasa pienso que éste va a ser en el que me van a dar una patada y me van a dejar fuera de la música. He tratado de hacer un disco moderno. Moderno para lo que soy yo. Y que tenga desafíos. Lo que no podía hacer era ponerme a hacer reggaetón de repente, ¿sabes? O trap. Pero tampoco quería hacer el mismo disco que llevo años haciendo. He encontrado el punto intermedio en el que puedo experimentar dentro de mis límites y de mi identidad.

Durante muchos meses hemos podido ver cómo has llenado tu feed de Instagram con fotos de sintetizadores modulares y con un estudio que parecía el de Jean-Michel Jarre, por lo menos. ¿Qué relación dirías que tiene esto con el sonido conseguido en tu nuevo trabajo?

Hay mucha relación. Yo llevaba ya mucho tiempo algo aburrido de componer al piano y de una forma tan clásica. Siempre he dicho que el sonido no me importaba demasiado, pero con mis sintes sí que quería y buscaba desarrollar mi propio sonido. Para mí eso era realmente importante de lograr. Y no es lo mismo decir que quieres utilizar sintetizadores en tu nuevo trabajo y alquilarlos un día antes del día de grabación, que tirarte años trabajando sobre ellos y conociéndolos mejor. Necesitaba crear atmósferas propias que me ayudasen a contar lo que yo realmente quería contar. El disco habla de muchas cosas, pero uno de los temas más importantes es el de la creatividad. Siempre he disfrutado del proceso creativo, pero ésta muy probablemente sea la vez que más, porque gracias a todos mis cachivaches y juguetitos he logrado alcanzar una especie de cama para poder contar mis cosas como nunca antes. A su vez, el sinte me ha permitido hablar de muchos más temas que antes y establecer conexiones que han inspirado cosas insólitas en mis letras. La verdad es que estoy muy contento porque creo que hemos logrado que el disco se defina y sea entendido a la perfección bajo esa textura.

Hay giros en tu sonido que te hacen levantar la ceja un poco. ¡Pero para bien, ojo! De hecho, ‘Pinball’ es una de mis canciones favoritas del disco. Se nota además que te lo has pasado muy bien. ¿Crees que tu base de fans y seguidores entenderá este tipo de volantazos?  ¿O no es algo que designe demasiado tu forma de trabajar?

Creo que he hecho un disco emocionante y que al fan de siempre le gustará. Espero que lo escuchen dos o tres veces para poder entender por qué he decidido hacer un disco así y no de otra forma. De todos modos, para mí hacer música pensando en si le va a gustar o no a un determinado tipo de gente es un principio de fracaso. Mis fans y la gente que me sigue siempre me han dado carta blanca para hacer un poco lo que me diera la gana. Siempre he tratado de tirar por vías inesperadas y hacer que mis discos sean distintos, y aun así, la gente me ha seguido comprando la película. Es mi particular manera de hacer que el oyente se acostumbre a algo nuevo y se vea obligado a no acomodarse. El disco está lleno de emoción y belleza, así que estoy seguro de que va a gustarle al oyente de toda la vida. Pero ya te digo, a la hora de escribir solo pienso en las cosas que me emocionan a mí. A partir de ahí pienso, “bueno, pues si me emociona a mí, le tendrá que emocionar también a alguien más, ¿no?” [risas]. Luego está el gran ejercicio que tienen que hacer todos los artistas de valorar si realmente lo que hacemos nos gusta porque lo hemos hecho nosotros o porque realmente es un trabajo bien hecho, pero eso ya es otro tema.

Otro cambio ha sido el que se refleja en las letras, menos objetivas y más reflexivas, casi filosóficas. ¿Te ha preocupado terminar haciendo un álbum que no fuera demasiado accesible?

La filosofía siempre es emocionante si se hace de la manera adecuada. A veces puede que la letra no la entiendas muy bien, pero te está dando una pista ineludible de que la emoción está ahí y existe. Es cierto que esta vez he sido más críptico, pero pienso que no siempre hace falta explicar las cosas de manera explícita para que éstas sean emocionantes. He pensado mucho en Lynch durante estos meses, ¿sabes? Y en esa capacidad suya para crear películas que gustan sin la necesidad de darte todas las respuestas. Y bueno, lo cierto es que yo tampoco dispongo de todas las respuestas. Los músicos ponemos nuestras propias dudas y preguntas dentro de nuestras canciones, pero no siempre poseemos las respuestas. La filosofía tiene más que ver con preguntarse cosas que con conocer las respuestas. Lo bonito es darse cuenta de que, gracias a las aportaciones de los demás, las preguntas pueden tener más respuestas de las que creíamos en un primer momento. Con mis letras he querido crear una metafísica de andar por casa y ahondar sobre preguntas y cuestiones que todos tenemos en mente. A fin de cuentas eso es lo que a todos nos hace humanos y nos iguala a todos. Y también te digo que a mi público nunca voy a tratarle como si fuera idiota. Creo que si algo me emociona a mí y yo lo entiendo, mi público también lo hará. Yo no soy especial. Solo soy un músico gallego que va por ahí, contando sus cosas. No sé, supongo que cuando salga el disco sabremos si acerté o la cagué estrepitosamente [risas].

Sorprende también toparse con las Tanxugueiras, en colaboración contigo. Especialmente porque no sueles incluir nombres invitados en tus álbumes como tal. ¿A qué se debe este honor?

Yo las conocí antes de que surgiera toda esta movida de Eurovisión. Las vi una vez en la tele, cantando una cosa muy chula, y me quedé flipado con ellas. Además, haciendo una cosita para Carlos Núñez en el año Xacobeo, también pude verlas tocar y fue alucinante. La cosa es que yo llevaba ya mucho tiempo queriendo hacer algo con unas cantigueiras, porque es algo como muy propio de Galicia pero que no se ha llegado a exportar de la misma forma que la gaita o el violín. Y por otro lado, tenía esta canción de ‘La Humanidad y la Tierra’, que además de guardar un mensaje ecologista, también tenía una finalidad feminista muy clara, con esa intención de remarcar que el mundo salvaje no da pie a la sensibilidad. Así que desde el principio supe que necesitaba mujeres fuertes para cantar esta canción. Con esto en mente, cogí y les escribí por Instagram. Les invité a comer, les comenté la canción y les engañé a total traición [risas]. La verdad es que ellas son muy buenas, tienen una actitud increíble, y aunque a lo largo de la canción haya mucho señoro cantando, son ellas las que mandan y marcan el tono de la misma. Fue un gran lujo poder trabajar con ellas. Le eché morro y no me arrepiento.

Por cierto, me flipa la idea de re-utilizar los estuches de diferentes discos ya existentes para la edición en vinilo de ‘Trinchera Pop’. Para los que no sepan de qué estoy hablando, cuéntanos un poco en qué ha consistido esta iniciativa y de dónde sale.

Pues la idea es toda de Paula Marín, que es la que siempre se ha encargado de hacernos las portadas y demás, pero la intención original vino marcada por una apreciación del reciclaje única que designó muchísimo nuestro proceso creativo durante el disco. Inspirados por Max Richter, que hizo su propia revisión de las Cuatro Estaciones de Vivaldi, nos dimos cuenta de que el disco estaba lleno de retales y recortes de canciones antiguas, haciendo acopio de samples y demás. Con ello, Paula tuvo la idea de trasladar ese espíritu "reutilizado" a la edición física del disco, y diseñó la propuesta de utilizar estuches de vinilos ya existentes para el nuestro, dando así una segunda vida a los mismos  y abrazando el mensaje que el disco contenía. No es un gesto definitivo, ni tampoco diríamos que el álbum habla solo del reciclaje, ni mucho menos, pero sí nos parece que va muy acorde con la intención que el álbum guarda.

Comentábamos antes de soslayo el hecho de que, literalmente, no has parado quieto. Y es que, además de un disco nuevo, también estás de estreno literario. Concretamente, editas junto a María Rodríguez el libro ‘Meteoro y El Señor Conejo”. Háblanos un poco de este proyecto y de cómo ha sido para ti lidiar con tantos frentes abiertos.

Bueno, aquí la que escribe realmente es María, yo solo le di la idea. Ella, que además es mi prima carnal, tiene un talento increíble para escribir y tiene ya publicada una novela que se titula ‘La Importancia del Pez Cebra’. La cosa es que la idea surgió de cuando hacíamos una gira con Leiva, con quien precisamente teníamos esa broma de “Meteoro y el señor Conejo”. De ahí brotó la intención de hacer una novela sobre nosotros y sobre esa gira. Siempre me había hecho mucha gracia la idea de escribir un libro en el que parece que te estoy contando toda la verdad y de repente se va todo de madre y se revela que te estoy contando una milonga buena. Pero yo no soy un escritor, yo soy un autor de canciones. Y aunque muchas editoriales me han estado tentando durante mucho tiempo con la idea de publicar un libro y demás, yo tenía claro que ese no era mi negociado. Así que até cabos y me di cuenta de que era el momento de crear el libro que yo siempre habría querido escribir pero a través de alguien que realmente fuera capaz de hacerlo, que era mi prima María. Y ahí fue cuando empezamos a trabajar en esto. Yo le pasé una posible trama a ella, pero ésta se lanzó a imaginar su propio mundo y la verdad es que nos divertía muchísimo leer la manera en la que María tenía de destrozarnos la vida a través la ficción. Mi gran propósito con este libro, de hecho, es lograr que la gente se lo pase bien. A veces los libros son solo para retorcer la realidad y poder divertirse.

Me gustaría que acabásemos con una reflexión, y es que hace un tiempo rompiste los tabúes del artista veterano hablando abiertamente de tu depresión y tratando el tema sin remilgos. Ahora vemos a muchas bandas y artistas muy jóvenes contándonos sus problemas de salud mental de forma explícita en sus letras. ¿Crees que se ha sentado un precedente sano y necesario?

Tan solo creo que ya iba haciendo falta que salieran a la luz ciertos temas que tampoco son tan dramáticos como la gente piensa. Vivimos en una sociedad en la que siempre se le ha tenido miedo a los locos y acostumbramos a pensar que quien necesita de un psicólogo o de un psiquiatra es tan solo un pobre loco. Pero la pregunta que yo me haría es, ¿y quién no está loco? Porque quizás la gente que presume de ser la más estable son solo un atajo de hipócritas y de sociópatas. De hecho, se dice que el porcentaje de sociópatas dentro de nuestra sociedad es altísimo. Solo que ahora ya no matan gente, sino que dirigen grandes multinacionales.  Hablamos de aquellos que tienen una depresión o sufren de bipolaridad y deciden dar el paso de tratárselo, pero no hablamos de aquellos que no se los tratan y forman parte de fondos carroñeros que se dedican a echar a gente de sus casas todos los días. Hay locuras mucho peores que tener una depresión. Por otro lado, en mi generación decir que estabas de bajona era un síntoma de debilidad y yo creo que eso es muy erróneo. Lejos de ser débiles, creo que una persona que es capaz de combatir sus propios demonios y levantarse de la cama a pesar de todo es mucho más fuerte y valiente que quien goza de una vida plena y maravillosa. Lo que es muy dramático es que exista gente que sufre de esos problemas y no se atrevan ni tan siquiera a decirlo o desconozcan que haya herramientas para trabajarlo. Lo malo de tener todo esto escondido es que se terminan creando una serie de verdades falsas asumidas por la sociedad que nos hacen mucho daño. La mal llamada cultura de la superación, con ejemplos tan tóxicos como Rafa Nadal. Un tipo millonario, al que le duele todo el puto cuerpo y aun así continúa remando para que los telediarios le aplaudan. La clase trabajadora lleva años luchando para que, en caso de sufrir de una enfermedad, puedan tener el derecho a quedarse en casa, y ahora, de repente, vemos a este tipo de figuras que predican ese ejemplo antiguo y rancio de tener que aguantar y tirar para adelante. Percibo que la gente joven ahora identifica mucho mejor este tipo de comportamientos y los combate de forma más eficiente que, por ejemplo, mi generación. Y a mí ese cambio, me gusta.

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