Entrevista a Hickeys: "Cuando hemos tocado fuera hemos sentido que nuestra propuesta era mejor valorada"

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20 septiembre, 2022
Redacción: Fran González

Hickeys (2022)

Sin la pretensión per sé de llevar por bandera la tarea de ser cronistas de su generación, Maite Barrena, Martina Gil Compairé, Marta Kunitsa y Ana Erice han acabado cargando con esa responsabilidad a través de sus contundentes letras, desprovistas de prudencia, y con ganas de meter el dedo en la yaga. Hickeys son un regalo caído del cielo para aquellos que daban por muerta la música de guitarras y el post-punk más ruidoso en nuestro país, aunque no es de extrañar que sus cadencias, pesadas y distorsionadas, les hayan llevado a triunfar antes en tierras extranjeras que en su propio hogar (habiendo incluso clavado su bandera en el mítico SXSW y en un largo etcétera de escenarios foráneos).

Aunque dicen que nadie es profeta en su tierra, este cuarteto afincado en Madrid busca ahora a través de su álbum de debut, Fragile Structure (2022), hacer gala de la rica diversidad de nuestro verdadero panorama musical –y no del que solo unos pocos quieren que nos hagamos eco-, insuflándole algo de aire a la casi agónica situación que vive el punk DIY en nuestro país, y grabando su nombre con letras mayúsculas y claras sobre la corteza de nuestras conciencias a través de mensajes molestos, incómodos, inconformistas y oscuros. El punk, sin engaños ni edulcorantes, ha vuelto definitivamente a nuestra escena gracias a Hickeys, y dos de sus componentes (Martina Gil Compairé y Maite Barrena) nos reciben bien temprano para desayunar a golpe de riff y doble bombo.

Entrevista a Hickeys

 

Primer finde con ‘Fragile Structure’ fuera, ¿ha habido mucho desparrame celebrativo?

Martina: ¿Quieres contestar tú, Maite?

Maite: Bueno, creo que has tenido tú más desparrame que yo, ¿eh?

Martina: Cierto, sí. [risas] Pues el viernes tuvimos el día bastante completo. Primero tuvimos un evento de presentación del disco en Marilians, haciendo versiones acústicas del mismo. Y después, para celebrarlo fuimos a un asturiano, cerca de Conde Duque, a tomar algo y se nos fue de las manos bastante. Maite tuvo a bien volverse a casa sobre las tres, pero yo continué un poquito más. Y también salí el sábado y ayer. O sea que en fin, un desastre.

Bueno, la ocasión lo merecía, ¿no?

Martina: La verdad es que sí, hemos pasado dos semanas con mucho estrés hasta ver el álbum fuera y poder soltarlo ya ha sido como una gran liberación.

Además, en nada os vais para Italia a hacer una mini-gira, ¿verdad?

Martina: No solo nos vamos a Italia, sino que además estaremos tocando en Londres a finales de este mes, con motivo de una iniciativa que organiza Madcool Talent, junto a Irenegarry y Pablo Pablo.

Maite: Sí, es una especie de festival llamado International Festival Forum, con conferencias presentadas por peña que gestiona festivales y con actuaciones de bandas emergentes de Reino Unido. Por su parte, The Spanish Wave quería llevar su marca por allí y para ello han contado con una especie de concurso que organizaba Madcool Talent. Nosotras nos apuntamos casi sin pretensión alguna, y cuando anunciaron que estábamos entre las ganadoras, flipamos bastante.

Y no es vuestra primera vez tocando en el extranjero, como bien sabemos. Habéis estado ya en varios países de Europa y hasta en el SXSW. ¿Os impone llevar vuestra propuesta ante un público no-patrio?

Maite: Para nada, es más, te diría que hasta podemos llegar a estar más a gusto con público extranjero. Recuerdo la primera vez que tocamos para gente que no era de España, que, paradójicamente, sí fue en España, concretamente en un evento organizado por el Berklee College en Valencia, y ahí fue donde nos dimos cuenta de que nuestra música tal vez podría llegar mucho mejor a un público predominantemente extranjero. Con el disco, y desde que tenemos más canciones fuera, quizás se nos está empezando a ganar un poco mñas de respeto aquí, pero tengo que reconocer que las veces que hemos tocado fuera, he sentido que nuestra propuesta era mucho más valorada o al menos se entendía más.

¿Qué tal fue el proceso de comenzar a creer en vuestro talento? ¿Tuvisteis que lidiar con ese síndrome del impostor tan de nuestra generación? ¿Cómo diríais que se supera?

Martina: Mira, justo ayer en el Festival Brillante una persona muy bien posicionada dentro de la promoción musical me dijo que, como éramos un grupo de tías y tal, pensaba que éramos malas, pero que había escuchado nuestro disco y que, sorprendentemente, le había gustado.

¿Pero qué clase de piropo de mierda es ese?

Martina: Literal. Con respecto a lo de creérnoslo, pues si ya de por sí vemos que nadie espera gran cosa de nosotras, imagínate el autoestima con la que partimos. Una de las partes buenas de llevar esta actitud es que al menos sabemos que hacemos esto meramente por gusto y sabemos que no dependemos económicamente de ello. No tenemos ni vanidad ni pretensiones al respecto, seguimos siendo el mismo grupo de amigas que empezó a tocar hace ya unos cuantos años atrás, y no nos lo acabamos de creer, como tal. Si tuviéramos que comer de esto, seguramente estaríamos invirtiendo la mitad de nuestros beneficios en terapia para poder sobrellevarlo.

Maite: Pero también es cierto que al principio de todo, llevábamos por delante una inconsciencia que nos hizo atrevernos casi con cualquier cosa, sin apenas tener tablas. Lo he dicho muchas veces pero insisto, no sé cómo me atreví a tocar la batería de The Weeknd en el FIB sin tener apenas ni idea [risas].

Martina: Sí, eso es cierto, hemos ganado en consciencia sobre nuestros actos, una cosa es no creérnoslo a pies juntillas y otra es seguir atreviéndonos a hacer chaladuras así [risas]. Progresivamente, hemos ido poniendo criterios y varaderas más lógicas en lo que hacemos.

Hablando de esa evolución, uno se pone a escuchar vuestro ‘Diamond Munch’ y lo compara con vuestro disco y desde luego han cambiado muchas cosas. ¿Cómo diríais que ha evolucionado vuestro sonido y qué os ha hecho falta para llegar al sonido que queríais tener?

Maite: Bueno, lo que han hecho falta han sido muchas horas de vuelo, de quedar, crear canciones, tocarlas, descartarlas… Tiempo, sin duda, esa es la clave. Tiempo para conocernos mejor, musicalmente. El tiempo que nos ha llevado componer este disco es el tiempo que nos ha costado descubrir ese lugar común en el que nos encontramos musicalmente las cuatro.

Martina: Al principio veníamos las cuatro con referencias muy distintas y creo que el llegar a encontrar nuestra propia voz ha sido un proceso muy bonito. A ‘Diamond Munch’ le tenemos mucho cariño, pero ya no lo tocamos ni de coña. Suena a otra cosa, a lo que solían hacer mogollón de bandas en Malasaña en la época. No teníamos mucha idea de lo que estábamos haciendo, simplemente nos divertíamos y ahí que fuimos. Y tuvimos mucha suerte de que la gente nos apoyase, porque por desgracia, muchas otras bandas de esa época se quedaron por el camino y la nuestra podría haber sido perfectamente una de ellas. Pero Hickeys, por encima de todo y esto lo digo con la cabeza bien alta, es un grupo de amigas y yo creo que es gracias a eso que la cosa ha podido tirar para adelante. Más allá de hacer música, nos retroalimentamos mutuamente mogollón, yendo a exposiciones juntas, al cine, al teatro, hablando sobre qué tipo de música le iría guay a esa escena o a esa otra, y cosas así.

Maite: Pero en favor de ‘Diamond Munch’, debo decir que aunque en éste haya muchos elementos que emulaban algo que no nos representa musicalmente en la actualidad, también sembró muchas semillas que engendraron lo que ahora somos. ¡No estamos tan lejos de aquello!

¿Y qué me decís del contenido? A parte del sonido, que indudablemente ha cambiado, da la sensación de que en ‘Diamond Munch’ había más espacio para temáticas distendidas y coñas internas. ¿Ha perdido ‘Fragile Structure’ esa frescura en favor de presentarse como un proyecto más serio?

Martina: En todas nuestras canciones hay bromitas. Nuestra propuesta ahora quizás se perciba desde fuera como algo más seria, también porque irremediablemente somos más adultas, pero seguimos teniendo ese grado de complicidad entre nosotras que, si rascas, lo acabas viendo. Quizás no de forma tan explícita como antes, ya que canciones como ‘Hickey Hickey Bang Bang’ hablaban, al fin y al cabo, sobre cosas tan simples como echar un polvo, y ahora somos más oscuras e intensas y hablamos sobre lo mucho que duele vivir [risas], pero nos seguimos riendo de nosotras mismas como el primer día.

Maite: De hecho, con Hans surgió la coña de llamar a Marta “cura pacón”, por su forma de cantar ‘Reliquias’, que nos hacía mucha gracia.

Oye, y ahora que lo sacáis vosotras, ¿qué tal ha sido trabajar con Hans en el disco?

Martina: Sobre Hans no tenemos palabras para expresar lo que ha supuesto grabar con él. Sin él, este disco no sonaría como suena. Hay muchísimos matices en el álbum que son responsabilidad suya, y su papel ha sido crucial. Con él habíamos contactado hace un tiempo para grabar una canción, que es ‘Alegria Di Vision’, y más tarde repetimos con él para la versión que hicimos del ‘Anemone’ de The Brian Jonestown Massacre, y esto fue para nosotros como abrir la puerta a una nueva esfera de sonidos que marcó el resto de nuestro devenir. Además, nos encantó como Hans trabajaba, tan minucioso y al detalle, capaz de tomarse su tiempo y calmarnos, en lugar de hacer las cosas a correprisas, como habíamos experienciado con otros productores anteriormente. Cuando pensamos en hacer el disco, era inevitable que pensásemos en él a la primera. Era como ir a ver a nuestro tío de Navarra.

Si hablamos de otras personas involucradas en el proyecto, la portada de ‘Fragile Structure’ da también para un buen análisis. Si no me equivoco, se trata de una escultura realizadas por Andrea Muniain. ¿Cómo surgió esta comunión entre vosotras y su arte?

Martina: Pues mira, eso viene precisamente de las actividades extraescolares que nos gusta hacer juntas. Todo vino de una expo a la que asistimos, organizada por el colectivo Casa Antillón en Madrid, con propuestas de todo tipo presentadas por diversos artistas. Vimos cosas muy guapas, pero lo que más nos flipó fue toparnos con la obra de Andrea. De aquellas, justamente estábamos dándole vueltas a qué portada queríamos para el disco, y después de barajar muchas ideas y propuestas, dimos con la clave: queríamos hacer una estructura en 3-D y para tal idea nadie mejor que Andrea, cuya obra nos había gustado tanto unos días atrás. Contactamos con ella allá por 2020, cuando apenas teníamos cinco canciones grabadas, y se las pasamos con el fin de que sacara algo en claro que le pudiera inspirar.

Maite: También quedamos con ella para que nos conociera en persona y entendiera mejor qué esperábamos de su trabajo. Era la primera vez que se enfrentaba a un encargo de este tipo y entendimos que al principio fuera un proyecto algo vertiginoso para ella. Y la verdad es que no tardó mucho en pasarnos las ideas de lo que acabó siendo la escultura definitiva. Por su parte, Andrea siempre quiso que entendiéramos la escultura como un todo, y no con el fin de que cada parte tuviera un significado propio por separado. Creó algo bello, una figura poderosa que transmitía carácter y significado per sé, sin necesidad de ser analizada capa tras capa.

Martina: Además, nos moló mucho la idea de ir sacándolo a trozos, en las portadas de los singles, con el fin de generar esa idea de artefacto que se va armando, hasta finalmente encontrarte con esa totalidad. En la portada de la edición física del disco se puede observar que la escultura está colocada en un ángulo del plano, y si le das la vuelta al disco los ángulos coinciden para que justo al otro lado de la habitación se vea y esté partida.

Vamos, que todo tiene más miga de lo que pueda parecer a priori.

Martina: Es más, con respecto al disco de vinilo en sí también quisimos representar algo, pero por desgracia ha habido un error de fabricación y el color del disco no es exactamente el que queríamos que hubiera tenido. Nos hubiera gustado que éste tuviera un color más anaranjado, en lugar de rosáceo, y con ello explicar que, al mismo tiempo el disco está hecho del material de la escultura y la escultura está también a su vez hecha con el material del disco.

En mi caso, debo decir que lo que me despertó vuestra música fueron sentimientos menos metafísicos, será que también soy más simple. Por ejemplo, lo primero que me despertó el escuchar vuestro disco fue el gran deseo que muchos tenemos de poder ver más música como la muestra en España y que ésta triunfe. ¿Cuál es el estado de salud que le observáis a la música guitarrera y auto-editada en este país?

Martina: Este año ha habido como 900 festivales en toda España y los que de verdad lo han petado han sido los que han apostado por un indie nacional más veterano, el cual, sí, arrasa, pero son propuestas que están muy alejadas de ser nuevas y frescas. Yo personalmente no me siento muy identificada con la música que se lleva haciendo en España en los últimos años. Los sellos apuestan por una suerte de tontipop o por una música que tiene menos carga conceptual, sin complejidad letrística o musical. En cuanto a lo de auto-gestionarse, como hemos hecho nosotras, es una tarea muy arriesgada, y en el momento en el que entra alguien externo, siempre busca llevarse una parte demasiado grande del pastel. Si eres inexperto o un grupo joven, la cosa hace que se te quiten las ganas. A título personal y como banda, no sabemos muy bien en qué dirección irá la cosa, tal vez el año próximo la gente comience a apostar más por escuchar cosas nuevas que se salgan de su abc de siempre y pueda ser nuestro momento. Pero me da la sensación de que estamos “netflixalizados” y que solo nos interesan productos que nos entretengan sin hacernos pensar demasiado. La cultura de festivales, a mi parecer, atrae eso. Son simples excusas para juntarse a beber sin importar demasiado lo que suene de fondo y eso es muy triste.

Maite: La teoría de los festivales, en el papel, no está mal. Tú vas a ver fulanito y menganito, que son los cabezas de cartel, pero durante el resto de horas que tienes muertas, puedes acabar descubriendo artistas y bandas nuevas que no conoces y que de repente te acaban flipando. Pero en la práctica, son contextos que exigen a los asistentes un ritmo que desgasta muchísimo. Por no hablar de que cada vez más se perciben con más claridad y evidencia las diferencias de categoría entre unos artistas y otros. Todos sabemos que existen grupos de primera y grupos de segunda, pero si vas a llevar una banda a un festi, en tu trato o en la forma en la que organizas la movida se deberían de notar un poco menos ese tipo de diferencias.

Y dicho de otra forma, ¿qué creéis que se puede hacer para que proyectos como el vuestro (y en general, la filosofía DIY en la música) gocen de la visibilidad que se merecen y que no solo unos pocos nombres o estilos muy concretos monopolicen circuitos de festis y medios?

Martina: Pues hace unos años había una propuesta muy chula que se llamaba Slapback TV, que grababa, en plan KEXP, a grupos madrileños independientes y que quizás tenían más dificultades para llegar a Radio 3 o hacerse de notar en medios principales. También está el proyecto de Amor de Ordenador, que es un podcast genial que se encarga de dar voz a grupos y gente de la cultura más underground. Hay cositas. Pero es difícil llegar a ellas si no estás ya originalmente metida en ese circuito y despierta dentro de ese entorno concreto.

Maite: Y en cuanto a esas propuestas, son cosas que se hacen casi con cuatro duros, y en el momento en el que éstas piden subvenciones o ayudas para invertir en la durabilidad del proyecto, se las comienza a exigir que le den visibilidad a otras cosas que no son underground. Tú quieres seguir fiel a lo que haces, pero también quieres que se te vea más. Pero para que se te vea más tienes que pasar por aros que van a suponer palos en la rueda del desarrollo de tu visión y te van a exigir cambiar tu discurso. Una especie de círculo vicioso que se retroalimenta, o de pescadilla que se muerde la cola.

Martina: Ser músico es la hostia de precario, y en España no se nos da ningún tipo de facilidades para poder desempeñar nuestra labor con soltura y gusto. Nosotras siempre lo hemos dicho y lo diremos: hemos tenido mucha suerte de haber podido sacar la cabeza, desde el mismo momento en el que ganamos el premio de producción del FIB, con el que pudimos reunir algo de dinero para poder ir tirando y arrancar. El dineral que cuesta la inversión en el alquiler de un local o en tocar con buenos instrumentos es terrorífico, y es normal que sea disuasorio para cualquier chaval o chavala joven que se plantee agarrar una guitarra y ponerse a hacer música.

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