
En el jerga dublinesa, gurrier es el término que se emplea para designar a un joven pendenciero, un truhán, alguien dado a buscarse problemas. La banda que nos concierne ha decidido reapropiarse del término y convertir esa insolencia en una suerte de divisa creativa. Formados en plena pandemia, Dan Hoff, Ben O’Neill, Mark MacCormack, Pierce Callaghan y Charlie McCarthy han ido transformando aquella actitud de subsuelo en una propuesta de dimensiones cada vez mayores: del sudor de las pequeñas salas a los grandes festivales y los escenarios mayúsculos, sin renunciar por ello a la abrasión que cimentó su identidad.
Nobody’s Coming To Save You (PIAS, 2026) parte precisamente de la contradicción entre hacer crecer el legado de Gurriers sin domesticarlo. Y la respuesta pasa por ensanchar el músculo sonoro a golpe de capas, texturas, dinámicas, estructuras más ambiciosas y, al mismo tiempo, profundizar en una escritura que vuelve a mirar de frente al presente. Hoff construye un imaginario donde conviven la angustia digital, la alienación, la guerra, el capitalismo o la imposibilidad de permanecer al margen, con Beckett, Žižek y Vonnegut como interlocutores improbables.
El resultado es una ruptura parcial con respecto a Come And See (2024) y la consecuencia lógica de haber llevado aquella urgencia hasta sus últimas consecuencias. Una evolución que podremos ver en directo con el paso próximo de la banda por nuestro país -4 de noviembre en Barcelona (La (2) de Apolo) y 5 de noviembre en Madrid (Sala Nazca)- y de la que hemos podido hablar con Dan Hoff (vocalista) y Pierce Callaghan (batería).
Dan: Pues diría que mucho, la verdad. La idea con este trabajo era construir un sonido más ambicioso y expansivo, como apuntas, básicamente porque, después de estar tocando durante semanas en salas más grandes, comenzamos a plantearnos nuevas dudas que, sin duda, iban a afectar en el planteamiento de aquello que grabásemos posteriormente. Por ejemplo, nos obsesionó la idea de crear música que también fuese capaz de llegar a la gente que está al fondo de nuestros conciertos. Fue algo que Mark [Bowen] y Loren [Humphrey] nos ayudaron a abordar, ya que nunca antes nos habíamos planteado el proceso de grabación desde esa perspectiva. Obviamente, ellos tienen mucho más callo en esto, así que nos despertaron el interés de querer hacer que las canciones tuviesen más volumen y pudiesen entenderse incluso desde las últimas filas.
Pierce: Todos teníamos claro que queríamos ir en esa dirección, el problema es que no sabíamos cómo hacerlo [risas]. No fue hasta que habíamos escrito probablemente seis o siete canciones cuando empezamos a entender cómo encajaba todo el disco y cuál era el camino concreto que debíamos seguir. Creo que el oyente podrá darse cuenta cuando escuche el disco de principio a fin y descubra que, precisamente en las tres o cuatro últimas canciones es cuando el disco comienza a sentirse realmente expansivo, como menciona Dan. Y esas canciones llegaron de una manera bastante natural luego de habernos tirado mucho tiempo antes valorando la orientación que queríamos darle al conjunto.
Dan: Cualquier respuesta que te dé sería demasiado reduccionista. Suelo decirlo así, aunque sin pretender que suene negativo. Nuestro primer álbum sonaba como el de un grupo de chavales en un garaje haciendo música que quería sonar intensa y significativa, aunque todavía tuviera los bordes verdaderamente ásperos. Con este disco, en cambio, hemos aprendido a limar esos bordes cuando toca y al mismo tiempo a mantener la agresividad y la ferocidad propias de Gurriers, introduciendo a su vez nuevas ideas, temas y problemas más introspectivos, hablando del mundo que nos rodea. Buena parte de lo que cantamos ahora tiene que ver con el zeitgeist que estamos viviendo generacionalmente, así que el resultado no deja de ser también un poco sombrío. Por mucha euforia que le queramos meter a la fórmula, no podemos cambiar el paisaje que tenemos.
"Nos obsesionó la idea de crear música que también fuese capaz de llegar a la gente que está al fondo de nuestros conciertos"
Pierce: Creo que, dadas las condiciones tan excepcionales con las que tuvimos que lidiar durante aquellos días, lo que ocurrió fue que la banda adquirió una importancia enorme en nuestras vidas desde una fase muy temprana. Probablemente era lo único en lo que podíamos concentrarnos y la única cosa que, de alguna manera, continuaba adelante mientras todo lo demás se detenía o, directamente, se desmoronaba. Todos perdimos nuestros trabajos al principio de la pandemia y, aunque fuese por narices, eso influyó en la manera en la que hemos afrontado todo desde el comienzo, tomándonos muy en serio el proyecto. La idea era sencilla: había que seguir avanzando. No importaba lo que ocurriera ni que las cosas no salieran como quisiéramos, había que seguir. Esa cosa de aceptar la incertidumbre y de perseverar creo que forma una parte muy importante de nosotros como grupo y de cómo nos hemos consolidado colectivamente.
Dan: Una de las cosas más interesantes para nosotros en este disco, si no la que más, es que sí, por supuesto influyeron en muchas de las ideas e hicieron con nosotros un montón de experimentos interesantes. Pero, cuando le enseñé a Mark las demos de las canciones que teníamos —creo que le envié ocho demos, entre ellas algunas como 'Crybaby', 'Nothing Happens Twice' y 'Nobody’s Coming to Save You'—, dijo que sonaban tan bien que, con una buena mezcla y cuatro arreglillos, ya tendríamos un buen álbum hecho. Lo cual nos enorgulleció muchísimo, como te puedes imaginar.
Luego, evidentemente, quisimos dorar más la píldora y les dejamos que aportaran ideas, ya que para eso habíamos contado con ellos. Por ejemplo, creo que 'Nobody’s Coming to Save You' tenía un puente final muy largo que simplemente se iba desvaneciendo, y fue idea de Mark volver al estribillo. También había cosas que nosotros hacíamos como grupo que, en determinados momentos, eran bastante poco convencionales. 'Top of the Bill', nuestro tema de 2024, no tiene prácticamente estribillo, por ejemplo, es una canción que, simplemente, va creciendo. En ese sentido, aprendimos a que no tardase tanto en llegar el estribillo en las canciones, ¿sabes? O al menos a conseguir que este aterrizase mejor en la dimensión de la canción.
Pierce: Yo añadiría, además, que ver a Bowen tumbado en el suelo, manipulando un montón de pedales hasta conseguir los tonos perfectos, es ya de por sí un privilegio absoluto [risas]. Simplemente verlo en acción y poder observar cómo funciona su cabeza es algo que le recomiendo experimentar a cualquier banda. Y con Loren pasó lo mismo. Podías ver cómo empezaban a surgir las ideas y cómo se emocionaba con ellas. Y cuando ellos se emocionaban, tú también lo hacías, porque pensabas: "Así es cómo deben ser los buenos productores. Así es como se las gastan esos productores legendarios sobre los que he leído libros y he visto documentales".
Dan: Exacto, desde nuestra perspectiva se percibía que Mark y Loren realmente creían en lo que intentábamos hacer.
Pierce: Loren, como buen batera que es, tuvo a bien dedicarme una atención especial. En ocasiones, me lanzaba esa pregunta que parece obvia pero que esconde tras de sí cierto reverso: "¿Estás seguro de que quieres utilizar ese ritmo en esta parte?", decía. Y puede que él ya supiera mi respuesta, solo quería que fuera capaz de justificarlo, que explicara porqué tenía sentido hacer eso en esa parte concreta. No fuimos conscientes en ese momento, pero poco a poco nos dimos cuenta de que fue su manera de hacernos comprender lo que ocurría dentro del disco y de asegurarnos de que cada elemento ocupase el lugar que le corresponde.
"Desde nuestra perspectiva se percibía que Mark y Loren realmente creían en lo que intentábamos hacer"
Pierce: Bueno, Loren nos planteó enfrentarnos a algunos experimentos que jamás habíamos puesto en práctica. Por ejemplo, nos dijo que tocásemos todas las canciones del álbum dos veces y que simplemente nos pusiéramos a experimentar, haciendo un montón de fills, texturas y cosas de ese tipo que luego pudiéramos ir colocando en distintos lugares. El truco terminó siendo muy importante en canciones como 'Crybaby' y 'Pins', aunque en realidad creo que se puede percibir de una forma u otra a lo largo de todo el disco. Él nos dijo que ya había hecho algo parecido con Geese y con Cameron Winter y que este tipo de cosas realmente elevaban las canciones.
Dan: Bueno, y lo del cubo de basura...
Pierce: Oh, sí, claro, cómo olvidarlo... En la primera mitad de 'Drones' se escucha una especie de percusión hueca que no es otra cosa que un cubo de basura. Uno de esos enormes cubos metálicos de acero, como los que ves en la WWE. Simplemente pusimos una toalla por encima para amortizar el sonido y así se quedó. En mi cabeza, quería encontrar un sonido que recordara a la batería de 'She’s Lost Control' de Joy Division y el resolvió la papeleta así. Mi idea era hacer algo diferente, y vaya si lo fue [risas].
Pierce: Así es. También recuerdo que, grabando en Londres, tomó prestada una caja de ritmos de James Ford que utilizamos en 'Pins', programando en ella ritmos de percusión próximos al hip-hop de la Costa Este que lograron que el tema sonase mucho más bailable. No sé, ya te digo, toda la experiencia fue en sí increíble. Le sacamos muchísimo partido a sus aportaciones y fue la clase de contribución que eleva tus ideas y que esperas obtener cuando cuentas con un productor externo.
"Estamos ante uno de los momentos más aterradores de la historia porque ya no podemos confiar en lo que vemos: vivimos en un valle inquietante de información"
Dan: Creo que la influencia de Beckett en este disco tiene que ver con la invasión de lo absurdo, más presente en nuestros días que nunca. Recuerdo una parte de 'Esperando a Godot' en la que uno de los personajes tiene un soliloquio larguísimo donde, de alguna manera, habla de absolutamente todo lo que está ocurriendo en el zeitgeist de ese momento. A su manera, y adaptado a los tiempos que corren, esa era nuestra pretensión con este disco.
En lo persona, siento que estamos viviendo una época muy extraña. Consumimos muchísima información por internet, nos exponemos a los vídeos más extraños y a las noticias más agresivas, y todo eso lo tenemos completamente normalizado. Pero lo que me inquieta todavía más es ganar conciencia de que, en los últimos años, la mayoría del contenido que consumimos ni siquiera esté creado por personas reales. Cada vez es más probable que aquello que vemos en el móvil sea fruto de una inteligencia artificial que ya ha aprendido publicar información, difundirla e interactuar consigo misma al respecto. Siento si sueno catastrofista pero creo que estamos ante uno de los momentos más aterradores de la historia porque ya no podemos confiar en lo que vemos. Vivimos en un valle inquietante de información.
Dan: Ser contestarios forma parte de nuestra historia. Si te remontas todo lo atrás que puedas en la línea cronológica de nuestro país, descubrirás que siempre ha habido una forma de protesta y de escapismo muy latente en la música irlandesa. Y si saltamos hasta los años noventa tenemos a artistas como Sinéad O’Connor, que literalmente destruyó su carrera por sus convicciones respecto a la Iglesia católica y los problemas sistémicos que había detrás. Después tienes a bandas irlandesas como The Dubliners y otras cuyas canciones, sí, hablaban de beber, de montar en bicicleta y de todo tipo de cosas absurdas, pero también tenían letras extremadamente políticas que se nos fueron enseñadas cuando éramos niños. Las escuchábamos con nuestras familias, mientras bebíamos, bailábamos en bodas, o festejábamos en Navidad…
En Irlanda existe una conexión muy fuerte entre la música, la política y la idea de hacer lo correcto. Por supuesto, también existe en otros países, pero el hecho de que nosotros sufriéramos el colonialismo y sigamos, en muchos aspectos, sufriendo sus consecuencias todavía a día de hoy, hace que nuestras voces se escuchen muy alto. Seguimos luchando contra algo de lo que todavía arrastramos un trauma generacional, por eso creo que somos un pueblo que no suele echarse atrás cuando ve que otra persona está siendo acosada o tratada de manera completamente injusta. Ya sea ante un genocidio, una guerra o cualquier forma de discriminación, tenemos claro que nunca vamos a mirar hacia otro lado.