Entrevista a... Death From Above

8 octubre, 2017
Redaccíon: dod Magazine

Death From Above (2016)

Redacción: Ro Sánchez

Esto es una entrevista a Death From Above. Sí, ya puedes olvidarte de ese incómodo 1979 que te daba pereza y no pegaba nada. Jesse Keeler y Sebastien Grainger ya lo han hecho. «Me siento muy bien con ello, ha sido una decisión fácil no usarlo más», me cuenta Grainger, y bromea: «¿y los fans? Bueno, es difícil de decir, no lo sé porque no les he preguntado a todos. Parece que mucha gente ni siquiera sabía por qué lo teníamos, así que no sé si será confuso, pero para nosotros es mejor seguro». La banda tuvo que cambiarse el nombre en 2004, tres años después de su formación, por problemas legales con James Murphy de LCD Soundsystem, que usaba este nombre cuando era DJ en los noventa, pero sobre todo cuando también en 2001 fundó su propio sello discográfico llamado DFA Records. Ellos pensaron que fue Murphy, que es muy de demandar –también lo hizo con el co-fundador de la compañía Tim Goldsworthy por enriquecimiento indebido dentro del sello– quien les mandó ese engorroso burofax, lo que provocó que tuvieran que añadir la fecha de nacimiento de Grainger al final –el número mínimo de caracteres para que el cambio fuera válido– y una pila de insultos y maldiciones hacia él y su calavera en cada manifestación pública. Muchos años más tarde se enteraron de que Murphy era inocente y los dedos parecen ahora señalar a su antigua discográfica Vice Records.

Entre el Death From Above de antes del 1979 y el de después han pasado tres discos, una separación, una reconciliación y un hiato. Hasta hace relativamente poco habían pasado más tiempo separados que unidos desde que la banda se creara. Por eso cada álbum de DFA es diferente y especial de alguna manera: su primer disco fue el debut, el segundo trabajo una reunión, y este tercero llamado Outrage Is Now! sería el primero en entrar dentro de cierta estabilidad. De hecho, ya lo han definido como la progresión natural de la banda y también como su versión más pura. «Es porque en este disco hemos confiado más en nuestros instintos que nunca. Quizás por seguridad, por la edad... No sé exactamente por qué ha sido, pero no hemos cuestionado nuestros instintos demasiado. Tampoco significa que no definiéramos el sonido o las canciones previamente, pero sí estábamos más seguros en cada movimiento». Y aquí Grainger empieza a marearme porque, aunque me asegura que este disco no suena a su primer trabajo, sí me reconoce que «esa misma actitud con la que empezamos a crearlo juntos sí está un poco más viva esta vez», y que ese sonido sí que tiene que ver con sus principios: «todo empezó cuando Jesse y yo recibimos la copia de prueba en vinilo de The Physical World, la pusimos y la sentimos como muy buena. Después pusimos nuestro primer disco y pensamos “bueno, está bien, pero podría sonar mejor, como The Physical World”. Y tras ese pusimos nuestro primerísimo álbum, Heads Up, que nos sonó increíble. Así que decidimos que las cosas básicas, como grabar la batería en una sala pequeña, eran mejor para la banda, porque nos sonaban mejor así. Aquel disco lo grabamos en el sótano de la casa de un amigo mientras sus padres estaban en la parte de arriba. Y quisimos volver a hacer sonar nuestra batería así, más directa, y que las letras fueran como un gran boceto».

Si instrumentalmente Death From Above querían sonar directos, en las letras Sebastien buscaba todo lo contrario. «No quería que las letras fueran claras y evidentes. No quería decirle a la gente qué son las letras porque pueden significar algo diferente para otras personas que para mí. Incluso hay canciones que cuando las escribí tenían un sentido, cuando las grabé tenían otro distinto y ahora que las escucho, tienen otro nuevo. Para mí las letras tienen vida propia». Lo que buscaba de esta forma también era desvincularse de su faceta de compositor, «que ya sé que suena raro porque he escrito yo todas las letras, pero quería ser interpretable, que estuvieran limpias de mis ideas».

En medio de la mutabilidad de la lírica y el porrazo imponente melódico y rítmico está ese título que una vez no estuvieron demasiado convencidos de utilizar por si sonaba muy crudo y agresivo. Y aunque se niega a contarme de qué trata porque «no querría que mi interpretación contaminase cómo lo ves tú. Es una frase que para mí significa algo distinto que para ti», termina confesándome la intención que tenía cuando se le ocurrió: «no iba a limitarme en una idea que sobreviviera en el tiempo, quería hacer algo sobre el ahora, el ahora mismo, porque tampoco hemos tardado tanto en hacer este disco y lanzarlo. Como el álbum sonaba tan inmediato, el título debía reflejar eso mismo. Y hay energía en ese título».

Outrage Is Now! parece una lucha entre lo efímero y lo duradero en el tiempo. Ya desde la portada se ve que es la primera vez que los dos elefantes con las caricaturas de Keeler y Grainger no protagonizan el artwork, pero sí lo hace el título, quizás para realzar ese concepto en el que han pasado años trabajando. «No empezamos a componer el disco inmediatamente después del anterior, pero sí a conceptualizarlo. La manera en la que queríamos grabarlo, cómo queríamos que sonara. Estas conversaciones empezaron casi cuando acabamos de grabar el disco anterior». Y frente a esto, un álbum escrito en tan sólo un año, con esa pretensión tan clara de que sonara tan directo como fugaz y sólo perteneciente a ese momento.

Puede que no quisieran hacer nada eterno, pero desde luego han perdurado en el tiempo. Aunque se separaran en 2006, bandas como Japandroids, también de Canadá, o Royal Blood, que les han reconocido como referencia, no existirían de la misma manera. Han marcado el camino de géneros en los que nunca han conseguido encontrarse: ni en la escena hard rock canadiense con su primer LP, ni en la del rock a secas con el segundo, lo que les ha llevado a verse relacionados tanto con el indie como con incluso el metal. «No creo que encajemos en nada. Es tarde para que nosotros encajemos en algún sitio, cada uno nos hemos convertido en personas muy raras», o como ellos dicen, que no son una banda normal que haga música normal. «Creo que empezamos como banda y no había más bandas que fueran un dúo, sólo conocíamos un par. Y tampoco muchas eran de bajo y batería, ni las hay ahora. No sé si esto te dice por qué somos tan raros. No hay muchas bandas que tenga la misma historia que nosotros: se juntan, hacen un disco, se separan durante cinco años, se vuelven a juntar y hacen otro disco… tenemos cierta narrativa como banda».

Death From Above estarán en España en 2018 para presentar su nuevo disco Outrage Is Now!, concretamente en Madrid y Barcelona el 19 y 20 de febrero respectivamente. La Riviera y la Sala Apolo serán las encargadas de acoger los directos de DFA. «Se supone que deben ser un abandono. Tienes que venir al concierto, olvidarte de tu móvil y estar completamente en el momento, con la música, en vivo. Los conciertos deben ser un conjuro. Tienes que estar rodeado del sonido, perder en el momento. Da igual qué momento sea. Esto es lo que intentamos hacer en el escenario, entrar en trance».

Más | Crítica de 'Outrage Is Now!'

 

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