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Entrevista a Christina Rosenvinge: "Cada vez que hago una canción nueva, vuelvo a sentir que tengo 16 años"

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Christina Rosenvinge (2023)
Foto: Elisa Miralles

Cuando el arriba firmante estaba todavía pensándose en si salir o no al confuso y peligroso exterior, Christina Rosenvinge ya ondeaba sus líneas indomesticables y crudas al ritmo del carburador de su descapotable Spider plateado. Treinta años después, y homenajes a su dilatada y laureada trayectoria aparte, la carrera de esta artista tan única continúa resonando gracias a sus melodías inmortales, sus trabajos cargados de sentimiento y emoción, y una habilidad incomparable para escribir canciones hasta dormida, que terminan convirtiéndose en una parte más de la vida del oyente.

Con la bandera del independentismo artístico siempre izada, Rosenvinge lleva tres décadas siendo una indiscutible constante de nuestra escena, reinventándose desde la multidisciplinariedad y recordándonos por qué su nombre se escribe con mayúsculas en nuestro historial musical patrio. Un pasado, presente y futuro profesional inabarcable y abrumador que la Unión Fonográfica Independiente (UFI) ha tenido a bien distinguir durante la presente edición de los Premios MIN de la música independiente con el premio honorífico Mario Pacheco el próximo 17 de mayo. Con motivo de esta entrega, hemos tenido el inmenso orgullo de poder darnos cita con la propia Christina Rosenvinge y charlar distendidamente sobre la evolución de su carrera, las vivencias que han dado forma a sus imperecederos relatos y su secreto para seguir sintiendo la ilusión del primer día.

Entrevista a Christina Rosenvinge

 

¿Cómo llevas lo de que ya te estén dando premios honoríficos a toda una carrera? ¿Te incomoda un poco?

¡Para nada! Creo que está muy bien lo de recibir premios honoríficos. Aunque también te digo que muchas veces este tipo de premios lo que hacen es intentar compensar otros reconocimientos que no te dieron en su momento. Pero un premio como éste es muy especial, sobre todo viniendo de la mano de un colectivo como es el de artistas independientes, que se siente como una familia muy heterogénea, con sellos de todo tipo, pero con un mismo punto en común, que es la valentía de seguir adelante en una industria tan complicada como es la musical. Todos sabemos que la gente que se dedica a esto lo hace por amor, y por tanto, una distinción por su parte me hace sentir muy honrada.

Ya de joven decías que no entendías muy bien los caprichos de esta industria. Teniendo en cuenta que ésta es cada vez más compleja, imagino que seguirá siendo todo un misterio, aun teniendo tanta experiencia.

Sinceramente, sigo sin entender muy bien cómo funciona la industria. Pero es que no la entiendo yo ni la entiende nadie, y con el tiempo la cosa no ha hecho más que complicarse. Mientras que la cuestión del directo sí que es sencilla de valorar e incluso de cuantificar, en lo que respecta a la venta de discos todo se ha vuelto muy complejo, tan pronto como entró en juego la distribución digital. Creo que precisamente por eso es importante que se resalte el lado heroico de los sellos independientes en un momento como éste, donde las grandes multinacionales sí han logrado sobrevivir, pero las pequeñas distribuidoras continúan sufriendo mucho. También hablamos de una industria en constante evolución, por lo que cuando quieres creer que lo estás empezando a entender todo, de repente se produce otro gran cambio y te toca volver a empezar. Sin embargo, creo que la cosa también se ha democratizado bastante, en tanto que los soportes de la música, verdaderamente, son el directo y el público. La música permite que se den cosas tan mágicas como el hecho de que tanto una mujer de ochenta años como un niño de trece puedan llegar al público por igual gracias a esa habilidad por darle un significado nuevo a cosas que ya todos conocemos, y eso es algo eterno que siempre va a funcionar. La gente siempre va a necesitar música, y para eso estamos aquí la gran familia que formamos los músicos y el resto de colectivos que funcionan como un andamio para nosotros.

A pesar de los pesares.

El nuestro me recuerda un poco al modus operandi de las hormigas, ¿sabes? Pasé un verano en una casa que estaba llena de hormigas y siempre cogía un trapo y limpiaba los caminos que habían hecho. Sin embargo, cada mañana despertaba y me encontraba que las hormigas habían encontrado las maneras para volver a formar una nueva carreterita y rehacían su camino. No podía evitar sentir una gran admiración por ese tesón y creo que de alguna manera, nosotros también funcionamos así. El público siempre va a acabar encontrando su manera para llegar a la música, y viceversa. La cuestión ya son las circunstancias y condiciones en las que ello se da, pero si hay algo que nos define en esta industria es que, pese a todo, terminamos sobreviviendo.

¿Se puede sobrevivir en esto siendo “una mala empresaria” y “sin tener un súper-ego”?

Creo que precisamente esa filosofía de vida es la que te puede llegar a favorecer más. Nunca me he obsesionado con ser la número uno, ni he encontrado ningún tipo de motivación en esa cosa competidora y combativa de estar a la cabeza de nada. La música es algo muy personal, y tan pronto como entiendes que ni a ti te puede gustar toda la música ni tú le puedes gustar a todo el mundo, comienzas a comprender tu lugar. Por eso siempre he trazado un camino que estuviera a mi medida, dando con la mejor forma de hacer las cosas, y a ser posible, de una forma distinta e inesperada. Es por esto que, precisamente por no haberme quedado en ninguna década concreta, nunca se me ha podido asociar a ningún movimiento o etiqueta en particular. No me gusta la nostalgia y soy muy poco conservadora, de ahí que en mi trayectoria se puedan encontrar tantas personalidades distintas dentro de una misma voz. Aquello que desde fuera mucha gente veía como algo profesionalmente suicida, en cambio, ha terminado siendo la clave de mi supervivencia.

También lo debió ser para llevar a cabo uno de los primeros discursos feministas que se recuerdan en el pop en español.

Creo que la clave para llegar a eso, sin referentes ni apoyos, fue crecer con un chico. Mi hermano, que era un año más mayor que yo, era mi compañero de juegos y con él fue con quien empecé a ir a comprar discos de los Beatles, con 12 ó 13 años. Desde aquellos días comencé a darme cuenta de que las cosas eran distintas para él de lo que lo eran para mí. Años más tarde, cuando comencé a tocar en bandas, la cosa se confirmó al terminar siendo yo vista simplemente como “la chica”. Por ello fui consciente desde el principio de que ese rol no era para mí y por eso me marché de la primera banda en la que estuve, porque yo no quería ser simplemente “la chica del grupo”, quería tener la misma autoridad que el resto y sentir que la banda era algo mío.

Y a partir de ahí, se dieron una buena sucesión de saltos en tu carrera que muchos no se esperaron.

Si hay algo que ha sido constante en mi carrera ha sido el afán por mi parte de derribar prejuicios. Pasé de hacer música de éxito con Álex y Christina –donde mucha gente ni siquiera fue nunca consciente de que yo me encargaba de componer las canciones- a convertirme en cantautora rock, haciendo música más oscura. Un movimiento de lo más inusual en la época que despertó sorpresa, incomodidad y escepticismo dentro de la escena, precisamente por el simple hecho de ser mujer. Luego cambié de idioma y cambié de país. Y más tarde continué en esto siendo madre, que es, desgraciadamente, bastante raro de ver, pues la mayoría de veces que una mujer decide dedicarse a la crianza, esto también suele venir dado junto con el respectivo sacrificio de su carrera artística. He tenido distintas vidas, pero no precisamente porque yo lo haya querido así. De hecho, para mí hubiera sido mucho más fácil y cómodo tener una trayectoria más estable y sin obstáculos, pero la cosa ha salido así. La buena noticia es que he logrado superar todas esas barreras, y aquí sigo, haciendo música y en activo, sin la necesidad de vivir de lo que ya hice. Y demostrando que muchas de esas cosas que la gente me decía que no se podían hacer, las he logrado hacer. Se puede pasar del mainstream al underground, y viceversa, se pueden tocar diversos instrumentos, se puede pasar de la música al cine, y del cine al teatro. Se pueden hacer muchas cosas, y aunque con ello terminara acumulando también un sinfín de reacciones de cinismo y hasta de faltas de respeto por parte de terceros, el tiempo me ha dado la razón y espero que ahora la cosa sea más fácil para las generaciones venideras.

¿Crees que la actualidad ofrece un clima distinto a aquel con el que tú te topaste en su día?

Por fortuna, estamos viviendo actualmente una eclosión de talento femenino grandísimo. No solo desde el plano de las bandas, como vemos con las Ginebras o las Cariño, sino también de la mano de solistas increíbles, como Verde Prato, María Rodés, o Tulsa, entre muchas otras. Algunas de ellas, escribiendo canciones que son de lo mejor que se ha escrito en este país nunca. Pero hay una falta de equilibrio muy grande entre la cantidad de talento femenino existente y la cantidad de oportunidades que se ofrecen. Yo estoy en el lado de las afortunadas, pero soy consciente de que no hay color entre el despliegue llevado a cabo para la gira de una banda de chicos y el de la gira de una artista femenina. Que estas cosas no se hagan por dinero exclusivamente, no quita que no se requiera de dinero para poder llegar al gran público o tocar en determinados lugares, y la realidad es que el sector de las promotoras sigue siendo mayormente masculino y conservador en lo musical.

Lo que se ha avanzado por un lado, ¿se ha perdido por otro?

Después del año de la eclosión del feminismo, en el que parecía que había un cierto consenso, ha habido todo un movimiento contrario que, además de sentirse en la música, también se puede ver fácilmente en las redes sociales. Yo soy madre de dos chicos, y me sorprendo muchísimo al comprobar la facilidad con la que les llega ese bombardeo constante de contenido reaccionario, machista y misógino. Creo que es realmente preocupante.

Teniendo en cuenta que los jóvenes pueden ser los más proclives a sufrir las consecuencias de esto, ¿se puede hacer algo para pararlo?

Por supuesto. Creo que no hay que menospreciar nuestro poder. La música es muy poderosa, y creo que si ese mensaje está ahí, también debe estar el nuestro, para contrarrestarlo. Y a diferencia de lo que pueda parecer, esa obligación les atañe a los hombres más que a las propias mujeres. Igual que somos los blancos los que tenemos que solucionar los problemas del racismo, son los hombres los que tienen que solucionar los problemas del machismo. Nosotras tenemos los deberes hechos. Y hay hombres que también, ¿eh? Pero siempre de manera individual. Creo que falla la implicación colectiva, el ir todos a una.

Lo has mencionado antes, y estaría bien retomarlo. A lo largo de tu carrera nunca te has encasillado, ¿cuál crees que es el secreto para que, a pesar de los años, no hayas logrado caer en la tentación de vivir de rentas del pasado?

Cuando eres adolescente, todos tus ídolos son más mayores que tú, pero hay un momento en el que, cuando cumples los 50 como yo, toda la música nueva que descubres está hecha, obviamente, por gente más joven. Y donde yo encuentro que la gente de mi generación se queda anquilosada es cuando empiezan a caer en ese error de comparar “lo de su época” con la música de ahora. Cada vez que alguien lo hace, me echo a temblar. Yo no siento que pertenezco a ninguna época. Mi época es ésta, el hoy. Por eso siento inspiración cuando veo a gente de 20 años, porque vienen con una frescura de la que yo ya no dispongo. Lo importante es seguir nutriéndote y forzarte a cambiar tus esquemas.

Aunque también estamos en un año en el que es irremediable que no nos pongamos algo nostálgicos, con el 30 aniversario de ‘Que Me Parta Un Rayo’.

Así es, de hecho tenemos una gira maravillosa por Latinoamérica con varias fechas que va a servir para quitarme la espinita que llevo desde hace 30 años clavada. Y es que, aunque ‘Que Me Parta Un Rayo’ fuera en su día un disco con mucho éxito, la realidad es que no gozó de una gira que estuviera a su altura. Hay momentos de mi carrera que, por unas razones u otras, en su momento tuvieron poca difusión en directo, y ahora me gustaría reinterpretarlos y darles el espacio y la proyección que se merecen, pero siempre sin dejar de hacer canciones nuevas, por supuesto. Esa es una sensación de euforia que no se debe perder nunca. Cada vez que hago una canción nueva, vuelvo a sentir que tengo 16 años.

En tu caso, además, has jugado ligas que se han salido de lo habitual para una artista musical, como fue aquel proyecto tan interesante sobre ‘Safo’.

Me gustaría decir que la idea fue mía, pero en realidad fue un encargo. Una de esas llamadas con las que uno sueña. Una productora teatral me llamó para preparar algo relacionado con la figura de Safo, de cara al Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. Tuve la suerte de que me dieran carta blanca para hacer lo que quisiera, y decidí reunir un elenco de siete mujeres bailarinas, cantantes y actrices, además de contar con María Folguera y Marta Pazos. Todas juntas hicimos equipo y llevamos a cabo una idea muy natural, con la que pretendíamos, ni más ni menos, que devolverle la música a Safo.

Cuéntame más sobre su historia, porque debo reconocer que no sé absolutamente nada de ella.

La cosa es que Safo no era una poetisa al uso, como pudo haber sido en su día Lorca o cualquier otro. La poesía de Safo nació cantada y perteneció a la tradición oral. O sea, que perfectamente se podría considerar a Safo la primera gran cantautora de la historia. Una suerte de matrona o antecesora de todos los grandes, desde Bob Dylan, hasta Serrat, o Patti Smith… Era una mujer, con una lira, delante de su público, que además inventó la púa de guitarra para que la pudieran escuchar desde la última fila. Y la inspiración que sentimos por sus canciones ha llegado hasta nuestros días. Ahora, trasladadas a un lenguaje más pop, queda perfectamente demostrado que sus canciones podrían seguir siendo absolutamente vigentes. De hecho, son la raíz de mi próximo disco, que se titulará ‘Los Versos Sáficos’, y que será una adaptación de las canciones que hicimos en teatro.

La inspiración, como parte fundamental de tu arte, parece sobrevivir con el tiempo. ¿Cuánto dirías que queda, treinta años después, de esa Christina que era capaz de inspirarse en cualquier persona que pasaba por su vida?

Todo está dentro de nosotros. Hay un hilo de veintiséis años que va desde ‘Que Me Parta Un Rayo’ hasta ‘Un Hombre Rubio’  con el que he descubierto que existe mucha relación entre todos mis trabajos, aún estando estos separados por décadas. Todos ellos, a fin de cuentas, han sido mi particular manera de traducir mis traumas y mis momentos más dolorosos en canciones, y lo más bonito de esto es que, al crear una canción, también estás creando un vehículo emocional que no solo te sirve a ti, sino también a quien te escucha. Para mucha gente mis canciones han supuesto compañía o se han sentido como algo curativo, y es que éste es el arte más antiguo que hay, el de crear un relato con el que lograr comprendernos a nosotros mismos.

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