Entrevista a Carolina Velasco con motivo de su libro 'Tour Vértigo'

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25 marzo, 2019
Redacción: dod Magazine

Carolina Velasco

Redacción: Carlos Madrid

El clásico ‘Sexo, drogas y Rock&Roll’ ya no es lo que fue: músicos desde Los planetas a Animal Collective lo desmitifican

Por culpa del star system creado allá por los años 60, en una gran parte del imaginario popular sigue calando la idea de que los músicos se rigen por tres directrices: sexo, drogas y Rock&Roll. Un imaginario que se aleja mucho de la realidad actual y que Carolina Velasco ha querido desmitificar a través de su libro Tour Vértigo (Libros Walden). En él intenta humanizar a los músicos, desmontando muchas ideas que se han creado alrededor de ellos para seguir mostrándoles como un nicho magnético para la sociedad.

Así, a través del libro, Velasco da voz a unos 50 grupos de muy variado estilo; bandas que van desde Los Planetas hasta Animal Collective, pasando por Micah P. Hinson, La Bien Querida, Deerhoof, Los Punsetes, Ginferno, ZA! o los desaparecidos Delorean. Un libro publicado en 2012 y que ahora recupera Libros Walden para volver a poner el debate sobre la palestra: exponer de manera real, sin fuegos artificiales, el ámbito musical.

“Los escenarios más habituales de las giras son las gasolineras y los merenderos”

Carolina quería sacar a la luz esto porque durante su decenio entrevistando a grupos se dio cuenta de muchas cosas que no casaban. “Por ejemplo, que durante la promoción del disco, casi no tienen ni cinco minutos entre periodista y periodista, que luego se tienen que ir corriendo al local de ensayo, quizá dormir en una furgoneta...” Y zanja, “esto no tiene nada que ver con lo que nos venden”. Una idea que aparece muy bien explicada en el libro por el grupo ZA!. “El imaginario de las giras se suele situar en clubs y salas de conciertos, pero en realidad los escenarios más habituales son las gasolineras, los aeropuertos y los merenderos.” Y añaden, casi como reprobación: “La acción más común no es tocar o beber o comer; es esperar”.

Una idea que también defiende el reconocido Micah P. Hinson, pero quizá con más dureza. Argumenta que para él el escenario es el único refugio cuando está de gira, y que él mismo es el conductor y el tour manager. “Lo único que tengo es un agente que me dice dónde son los conciertos y somos mi mujer y yo quienes trazamos el recorrido. Cogemos el coche, hablo con mi sello, que son unos gilipollas, y me aseguro de que me den unos cientos de dólares para poder salir de gira”. Y sentencia: “¡Pero es una pesadilla!” Añade que no dispone de dinero para contratar a nadie y que, por ello, él y su mujer se tienen que encargar de todo. “Cuando sales de gira haces mucho dinero, pero de nuevo tienes que esperar a tener nuevo disco y te gastas el dinero otra vez.” una rueda infinita que se ha visto atrancada desde que la venta de discos dejó de suponer un ingreso importante para los grupos. “Lo que saco por la venta de CDs no es nada. Ni siquiera Dylan puede vivir de sus royalties”, apunta.

Aunque no todo son malas palabras hacia las giras. Ciertos grupos como Deerhoof o Danielle de Picciotto lo ven como una oportunidad para conocer a su público, para pasarlo bien, para beber... Incluso, yendo más allá, para Jean-Hervé Pèron del grupo Faust, “una vez que termina la gira, paso dos o tres días con depresión”.

Composición y grabación: el inicio de los problemas

Como se puede imaginar, las musas no existen. El miedo al folio en blanco lo sufren todos los músicos y, cuando pasan por momentos de sequía creadora, los nervios comienzan. Casi todos ellos, además, coinciden en que el mejor truco es el aislamiento. A este problema clásico que le surge a cualquier creador, hay que sumarle el de la grabación. Aquí, nacen diferentes inseguridades y miedos, como que el resultado no se parezca en absoluto a lo que el artista escuchaba en su cabeza antes de componer. Muchos de ellos apuntan que si tuvieran tiempo y dinero infinito, nunca saldrían del estudio por intentar un disco perfecto. “Publicar es una forma de rendirse”, sostienen. Una rendición que muchos de ellos tienen que llevar a cabo en un plazo de tres días, ya que como explica Velasco la mayoría no tiene dinero para alquilar el estudio muchos días y, sumar otra jornada, “podría suponerles un gasto que no pueden asumir”.

Angus Andrew, de Liars, confiesa que “cosas que funcionan bien en tu cuarto fracasan en el estudio y se convierten en una odisea interminable de equipo, micrófonos, acústica y edición.” Por su parte, Chema de Los Punsetes, opina más o menos en la misma línea. “Hay veces que llegamos a un punto sin salida y nos obcecamos demasiado en intentar seguir por ahí. Llegar a darnos cuenta de lo evidente, a veces, nos cuesta demasiadas discusiones”. Un miedo y estrés que comparten casi todos ya que en el estudio es la hora de la verdad, donde se juegan todo. “De lo que salga de allí dependen no sólo las críticas y las cada vez más escasas ventas, sino las posibilidades de salir de gira”, apunta Velasco. Pero más allá de eso, ponen en juego “la propia carrera, la coherencia, la identidad e incluso, muchas veces, hasta el autoestima”.

Y quizá sea por ello que muchos apuestan todo saliéndose de los convencionalismos. Es el caso de Cosey Fanni Tutti quienes grabaron en un depósito de cadáveres. Algo que según Velasco “va muy en sintonía con el grupo”. Hay que apuntar que, aunque se trate de un lugar extravagante, no serán los primeros ni los últimos: Björk ya grabó una canción en un aseo. Y Carolina aporta un dato curioso: “Todo el mundo dice que la acústica en estos lugares es muy buena”. Habrá que seguir innovando pues.

Todo trabajo artístico tiene un alto contenido de subjetividad. Por lo tanto, ¿cómo hacer frente a ello dejando de lado al ego? ¿Dónde está el punto medio? Aquí hay cierta división ante la manera de enfrentarse a ello. Grupos como Zola Jesus o Xiu Xiu dicen que directamente no las leen. Argumentan que les destruirían, por lo que prefieren mantenerse al margen. Sin embargo, otros como Chema de Los Punsetes o Banin Fraile de Los Planetas acuden a ellas. En concreto, Banin apunta que le “afectan dependiendo de dónde vengan, dependiendo de si conozco al que lo ha escrito, a su trabajo, si merece mi respeto, si su criterio tiene algún valor para mí”.

Pero a parte de las críticas, los músicos también se tienen que enfrentar a los periodistas. Largas horas en las que escuchan una y otra vez más o menos las mismas preguntas. Además, una vez que han realizado la entrevista pierden el control no sólo de lo que se publica, sino también de sus palabras. Pueden surgir declaraciones sacadas de contexto que destrozarían meses de trabajo. Así, normal que algunos las repudien. (Y lo dice un periodista) Brian ‘Geologist’ de Animal Collective lo argumenta: “A menudo respondemos las mismas preguntas una y otra vez, incluso después de que nuestras preguntas se hayan publicado.” Y añade: “se nota mucho cuando alguien no se ha molestado en preparar la entrevista y se ha limitado a buscar en Google otras entrevistas  para encontrar formas de rehacer las clásicas preguntas.” Pero es quizá Brandford Cox, de Deerhunter, el ejemplo más característico de estos momentos: tuvo que finalizar una entrevista en 2010 alegando que no tenía “fuerzas para responder preguntas.”

Yo quería enseñar más lados de los artistas”, apunta Velasco. “Todos tenemos días malos, pero nunca trasciende. Ellos, sin embargo, cuando tienen un día torcido todo el mundo habla de eso.” Aunque, como en todos lados, hay matices: “Por supuesto que hay casos de hijos de puta dentro y fuera.”

Un libro que funciona como una desmitificación de todo lo que rodea a la música y a los grupos, pero, sobre todo, que ayuda a humanizarlos.

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