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Entrevista a Ben Frost: "Este disco es, en gran medida, una reacción e incluso un rechazo a mi experiencia haciendo bandas sonoras"

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Ben Frost (2024)

Muchos le conocimos gracias a su imprescindible papel poniendo música a algunos de los éxitos recientes de las principales plataformas de streaming del momento (desde Dark hasta 1899, pasando por Raised By Wolves o Fortitude). Pero lo cierto es que el artista australiano Ben Frost lleva más de dos décadas demostrando que su música es mucho más que el acompañamiento sonoro de piezas narrativas ajenas, y así nos lo ha querido recordar volviendo a reivindicar su trabajo por cuenta propia con Scope Neglect (Mute, 2024), su primer disco en seis años y una absoluta bomba disruptiva que rompe esquemas y deconstruye los géneros tal y como los conocemos.

Acompañado de Greg Kubacki y Liam Andrews, Frost volvió a poner los pies en los estudios berlineses Candy Bomber con el fin de retorcer su metodología un poco más y erigir una visión muy particular del metal progresivo a través de ocho cañonazos sónicos que no pasan inadvertidos. Mientras conduce, y desde su actual base de operaciones en Islandia, Frost tiene a bien cogernos el teléfono para tener una maravillosa charla sobre su nuevo trabajo, su experiencia en el mundo de las bandas sonoras y los elementos que le han hecho posible alcanzar su sonido actual.

Entrevista a Ben Frost

 

Primer disco de estudio que publicas en seis años, aunque en este tiemopo has firmado bandas sonoras muy importantes. ¿Echabas de menos hacer algo que no fuera para terceros?

Para empezar, déjame de decirte que hacer música para cine, televisión, teatro o cualquier otra disciplina artística es un arma de doble filo con la que hay que tener mucho cuidado, no sé si me explico. Hacer música apoyándote en el propósito de otra persona, así como en su narrativa y en su producto, es una manera muy simple de trabajar y sin tú verlo venir puedes correr el riesgo de acomodarte en exceso. Tanto que hasta puedes llegar a pensar que es la única forma posible para ti de escribir y componer música.

¿Te pasó eso?

Algo parecido. Es curioso, porque recuerdo que tuve hace unos años una conversación similar con mi querido amigo Jóhann Jóhannsson, quien tristemente nos dejó ya hace un tiempo, sobre la pérdida de inspiración después de haber trabajado durante años por comisión para otros. Él me dijo algo así como que acabó teniendo muchas dificultades para escribir música para sí mismo, así como para encontrar el tiempo, la motivación y la calma mental requerida. En aquel momento yo no entendía muy bien lo que decía, pues no tenía tanto trabajo por encargo como para empatizar con su pesar, pero ahora ya sí que puedo entender bien a qué se refería.

¿Sientes que al menos esa experiencia ha repercutido positivamente en tu trabajo por cuenta propia?

Te diré que este disco es, en gran medida, una reacción e incluso un rechazo a mi experiencia haciendo bandas sonoras. ¿Sabes? No creo en absoluto que la labor del músico deba ser sencilla, como te apuntaba antes. Ni que sus proyectos deban de ser simples y fáciles de resolver. Siempre he creído que donde un artista crece de verdad es en el momento en el que se le obliga a dar más de sí mismo, y para mí eso pasa por explorar nuevos territorios. Por ello, y después de trabajar en la música de ‘DARK’, de ‘Raised By Wolves’ y en última instancia, de ‘1899’, sentí que de ninguna manera mi siguiente contribución al mundo debía de ser a través de una banda sonora.

¿Qué aspecto de esa labor te disgustó más?

Sin duda, creo que la ingente cantidad de música que debes hacer para una banda sonora es la parte que menos me atrae o me interesa de este tipo de encargos. Quiero decir, si pones en ristre todas las piezas que componen, qué sé yo, la banda sonora de ‘DARK’, por ejemplo. Solo esa, ¿vale? Olvídate del resto, solo de ‘DARK’… Pues fácilmente, te topas con más de diez horas de música, ¿sabes? Eso es casi como toda la discografía de los Beatles, por verlo en perspectiva. De alguna manera sentía que ahora en adelante no quería trabajar en algo que requiriera manejar un volumen de contenido tan vasto y tan loco.

Quizás por eso ‘Scope Neglect’ se siente un disco tan sobrio.

Sí, mi intención con este disco ha sido hacer piezas más magras y libres de grasa. Creo que eso se percibe bastante bien en el toque minimalista de los temas, los cuales son capaces de flotar de forma voluble en el oído, pero al mismo tiempo pesan y tienen mucho físico y músculo.

¿Te resultó fácil llegar a ese sonido, a pesar de la carga que traías por haber trabajado para ciertas bandas sonoras?

No, en absoluto. De hecho, este disco comenzó más o menos durante la pandemia, donde como tantos otros amigos pillé el COVID y me dediqué a trabajar en casa haciendo música para combatir el parón que la industria sufrió. Al hilo de lo que comentas, por desgracia todo aquello que escribí durante aquel tiempo me parecía una auténtica porquería, pues venía justamente influido por mi experiencia previa haciendo bandas sonoras. Directamente, los temas parecían una continuación barata de aquellos proyectos. Era música que hablaba demasiado del momento presente. Quiero decir, no engañaba a nadie, era música literalmente compuesta por un tío en pijama y eso era lo que transmitía. Así que decidí tirarlo todo a la basura y empezar de nuevo.

Ahí fue cuando decidiste abrir la mano a otros referentes.

Sí, más o menos tenía claro que quería explorar direcciones nuevas, y en ese momento comencé a poner el foco en la música pesada y en el metal progresivo, que son géneros que siempre había admirado y adorado. Al mismo tiempo, tampoco quería hacerlo de un modo convencional, así que me propuse aproximarme a estas ideas de una forma nueva y personal. Así fue como contacté con los colaboradores principales del disco, Greg Kubacki, a quien no conocía de nada, y Liam Andrews, quien es de mi misma ciudad y nos conocemos bien, pero nunca antes habíamos trabajado juntos.

Bastante arriesgado comenzar un proyecto así, ¿no?

Mucho, ya lo creo. Había muchísimas posibilidades de que no nos gustásemos mutuamente o de que no nos entendiéramos dentro del estudio. Especialmente con Greg, a quien no conocía absolutamente de nada y el riesgo era aún mayor. Ante todo, nunca quise que ellos se adaptaran a mi forma de hacer música, sino todo lo contrario, que dejaran volar sus respectivos enfoques para luego comprobar cómo estos reaccionan en contacto con el mío. Para ello, me propuse generar un ambiente de trabajo en el que se sintieran cómodos. Por ejemplo, Greg es un guitarrista acostumbrado a tocar con banda así que sabía que para extraer lo mejor de él debía de generar un sonido de batería a su alrededor. Orquesté el mismo, construyendo una escena en la que él pudiera imaginarse inmerso, y le grabé tocando sobre ese lecho de baterías artificiales para capturar exactamente el tipo de reacción y sonido que necesitaba. Lo que él no sabía es que después, en la grabación, terminaría por borrar las baterías y me quedaría tan solo con sus riffs aislados.

El resultado, de hecho, es bastante inquietante, tal y como observamos en ‘Lamb Shift’, por ejemplo.

Lo es, sí. Lo que me propuse haciendo esto era explorar las diferentes caras del silencio, que es algo sobre lo que no se acostumbra a trabajar demasiado en la música. Hay muchos tipos de silencio, ya sabes. No tiene nada que ver el silencio que puedes lograr cortando digitalmente una canción, con el silencio natural de una habitación vacía, o el silencio que consigues extrayendo elementos individuales de una pieza, como en este caso. Es un silencio tenso, preñado de energía, que busca despertar en el oyente la escucha activa y la conciencia del silencio. Es la música está escuchándose a sí misma.

Me consta que grabaste en Berlín, y con una filosofía de trabajo muy deudora de la de Mark Hollis de Talk Talk.

Para explicarte eso, tengo que recapitular. Por un lado, sí, grabamos el disco en Berlín, en los estudios Candy Bomber, donde años atrás había trabajado con Swans. Por otro lado, el trabajo de Hollis con Talk Talk ha sido siempre una inspiración muy presente para mí, en tanto que me fascinó la manera en la que discos como ‘Spirit of Eden’ y ‘Laughing Stock’ fueron grabados. Eran otros tiempos, ya sabes, finales de los 80. Y menciono esto, porque eran tiempos en los que las bandas podían tirarse tranquilamente un año dentro del estudio grabando un disco y experimentando, lo cual es algo totalmente impensable a día de hoy. Ese tipo de situaciones permitían, por ejemplo, que Hollis y su ingeniero de sonido, Phil Brown, se decidieran a invitar a participar en la grabación de su disco a músicos externos con los que nunca antes habían trabajado antes, y ver así qué pasaba ahí dentro.

Ah, eso me suena.

Efectivamente, un poco como lo que yo he hecho en esta ocasión. Ellos, por su parte, tomaron la idea de ciertos artistas de jazz, como Miles Davis o Coltrane. La cosa es que estos metían dentro del estudio a determinados músicos y exploraban junto a ellos sus posibilidades y sus márgenes de reacción, comprobando así qué música eran capaces de generar ante ciertas melodías sesgadas que escuchaban, de las cuales no se revelaban del todo sus respectivos arreglos. Ocultaban, por ejemplo, el bajo o una melodía de harmónica, y después se les pedía tocar de nuevo, mostrándoles unos arreglos y no otros. De este modo la actitud y predisposición del músico era diferente en cada toma y lograban capturar piezas únicas. No sé, siempre me pareció una manera fascinante de trabajar y sabía que algún día la terminaría poniendo en práctica.

En cuanto a géneros, ¿por qué te decidiste por el metal?

¿Sabes? Es un género muy denostado, pues se piensa que no puede ser sofisticado, cuando no es en absoluto cierto. Tiene esta cosa casi atlética y acrobática de poder ofrecer mucho en muy poco tiempo. Con piezas muy cortas, de dos o tres minutos, que encapsulan muchísimo poder y energía y van directas a darlo todo. Hay otros estilos capaces de generar esa energía, pero su afán por alargarse les juega a la contra y terminan por perder impacto. Con el metal, sin embargo, no sucede eso, precisamente por la duración de sus cortes. Son rápidos y en ellos pasan muchas cosas que cambian constantemente. Eso genera una calidad y una naturaleza meditativa que encuentro a faltar en otros géneros y que, particularmente, he querido capturar en este disco.

Aunque en tu caso, has querido quedarte con la esencia del sonido.

Así es, de ahí que haya querido quitar elementos de la fórmula y quedarme con el chasis. Es una idea que bebe muy directa de lo que otros minimalistas americanos han hecho a lo largo de la historia, como Terry Riley o Alice Coltrane. Sin embargo, en todo momento quise que fuese algo nuevo y se desarrollase lentamente hasta tener sentido para mí.

Es curioso porque justo ahora se cumplen 20 años de tu primer disco, ‘Steel Wound’. ¿Sientes que en aquel disco ya había ciertos rasgos de tu actual personalidad creativa?

Puede ser, sí. Hay ciertas evidencias ahí que permanecen. Con aquel disco pasaron muchas cosas. Para empezar, lo grabé en casa del amigo de un amigo, pues tenía esta idea entre ceja y ceja de querer recluirme en un lugar concreto y alejarme de todo para comprobar qué tal me iba la experiencia y poder dar forma a un disco en ese contexto. Todos mis trabajos tienen un componente emocional muy grande, y supongo que ese es el denominador común por el que preguntas, pero en ese disco en particular hay uno aún más especial, pues lo compuse mientras mi abuela materna moría de cáncer. Era mi primera experiencia con la muerte y todos esos sentimientos quedaron de alguna manera reflejados ahí y capturados para siempre. Por otro lado, poco tiempo después decidí mudarme a Islandia, que no es más que una prolongación de ese deseo previo de aislamiento personal que ya reflejé en la preparación de mi primer disco y que, de diversos modos, he ido replicando a lo largo de mi vida. Sin ir más lejos, mi reciente colaboración con Richard Mosse fue otra experiencia de aislamiento que nos exigió mucho a nivel mental y físico.

Definitivamente, hay un patrón.

Supongo que sí. Esos deseos de ponerme a prueba, de ver cómo el espacio afecta a mis ideas y las hace cambiar, y de ver cómo yo me adapto al medio, son rasgos que no perecen y siguen estando vivos en mi actitud y en todo lo que hago. Para mí no hay otra manera posible de hacer música y es éste el tipo de contexto en el que veo crecer mis habilidades. Las cuales, debo confesar, son muy limitadas. Es decir, no soy un gran músico, pero sé dar con la clave para sacar lo mejor de mí.

Cerremos hablando de futuro, Ben.

Bueno, hay muchos planes en mente. Por supuesto, nos encantaría volver a España pronto, hace mucho que no vamos por ahí. De hecho, mi técnico de sonido, Carlos, es español. La idea es querer llevar al directo estas canciones a lo largo del próximo año, pero queremos trabajar con detalle su puesta en escena. No es fácil y ya hemos tenido experiencias mejorables. Esta música nos pide hacer un show en directo único, algo que sea capaz de reflejar la intensidad de las piezas como éstas se merecen. Así que junto a Carlos, Tarik Barri en los visuales y Greg estamos trabajando codo con codo para lograr un espectáculo que haga justicia a este disco.

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