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Entrevista a Animal Collective: "Nuestra amistad es lo único que le da sentido a lo que hacemos"

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Animal Collective (2023)
Foto: Hisham Bharoocha

En el año en el que se cumplen veinte del origen de su formación, los estadounidenses Animal Collective nos demuestran que el paso de las décadas no es óbice para que la banda continúe haciendo gala de las mismas máximas que han definido siempre su sonido. Unos principios basados en la no-reglamentación y en un aperturismo creativo que les ha llevado a explorar sin límites ni prejuicios los lados más experimentales de la música, sin renunciar a su vez a la confección de melodías pop enfermizamente pegadizas y juguetonas.

Ya pueden pasar los años que haga falta, que David Portner (Avey Tare), Noah Lennox (Panda Bear), Brian Weitz (Geologist) y Josh Dibb (Deakin) no renuncian a esa autenticidad tan propia (la que les lleva a seguir entregándonos sin reparos temas de 22 minutos, como Defeat, o a introducir en sus canciones cadencias barrocas y renacentistas), tal y como revelan los impulsos expresivos y únicos de Isn’t It Now?, su nuevo álbum de estudio que estará disponible a partir del próximo 29 de septiembre de la mano de Domino Records. Con motivo de su publicación y de ese 20º aniversario de la banda que sobrevuela el presente año, nos reunimos con Brian Weitz, aka Geologist, para conocer un poco más sobre este nuevo trabajo.

Entrevista a Animal Collective

 

Con canciones como ‘Defeat’, que dura aproximadamente 20 minutos, dejáis claro que la experiencia y la edad han logrado que Animal Collective sean considerados del todo unos ácratas musicales.

Bueno, personalmente diría que esa siempre ha sido la marca personal de la banda, porque francamente, y desde que teníamos veinte años, hemos hecho lo que realmente nos ha dado la gana. No sé si hicimos en el pasado canciones de 20 minutos, como la que mencionas, pero definitivamente sí que tenemos varias canciones en nuestro repertorio que superan los 10 minutos y son puramente instrumentales y experimentales. Se me viene a la cabeza, por ejemplo, ‘Visiting Friends’, de nuestro álbum ‘Sung Tongs’, que creo que dura como más de 10 minutos y está hecha a partir de tan solo uno o dos acordes y evoluciona sobre letras ininteligibles. Precisamente, si consideramos lo personal que ha sido siempre nuestra propuesta, me veo en la obligación de recalcar lo afortunados que somos de poder ganarnos la vida haciendo música, manteniendo además un estilo coherente con nuestros principios a lo largo de estos veinte años.

Interpreto que jugadas como esa son arriesgadas, pero sabéis lo que estáis haciendo en todo momento.

Es curioso porque ninguno de nosotros sabría qué hacer si no nos hubiésemos podido dedicar a esto desde un principio. Pero al mismo tiempo, tampoco calculamos desde un punto de vista arribista qué tipo de música queremos entregar al público o qué debemos hacer para obtener un determinado éxito. De hecho, muchas veces escribimos música sin saber muy bien qué queremos hacer posteriormente con ella, o si formará parte de un disco o si será simplemente un single. Por ejemplo, y ya que la mencionabas antes, con ‘Defeat’ nos pasó algo así. La compusimos hace como cinco años, para una presentación en vivo que hicimos en un festival de esculturas sonoras en Nueva Orleans llamado Music Box. Se sentía como un concepto muy libre y sin límites, y a menudo lográbamos emocionarnos cada vez que la tocábamos en directo, así que decidimos mantenerla en el set y terminó convirtiéndose en la pieza central de este nuevo trabajo. Creo que resume bastante bien todas las ideas que queríamos proyectar en ambos discos, tanto en ‘Time Skiffs’ como en ‘Isn’t It Now?’, de ahí que terminara siendo single.

Y por si hacer canciones de esa duración no fuera suficientemente personal, sumáis arreglos renacentistas a algunas de vuestras canciones.

Bueno, ahí tiene más la culpa Dave (David Portner, aka Avey Tare), que es realmente quien comenzó a interesarse por la composición y la música renacentista y terminó integrándola en el proceso compositivo de este disco. Es algo que, de hecho, se puede apreciar en bastantes armonías y melodías, como las de ‘All the clubs are broken’ o ‘King’s Walk’, que terminaron siendo canciones con arreglos muy barrocos. Como consecuencia de ello, Dave comenzó a escuchar mucha música de ese estilo. Concretamente, recuerdo descubrir junto a él los discos del zanfonista francés Valentin Clastrier que me volaron la cabeza y me descubrieron las múltiples posibilidades que el instrumento tiene. Al principio emulaba los sonidos con el sintetizador, hasta que decidí ponerme en el modo estudiante y empezar a practicar con una zanfoña real, lo cual se sintió como un auténtico reto, pues ni son fáciles de tocar, ni tampoco de encontrar. Ni por supuesto baratas, para que nos vamos a engañar. Si quieres una zanfoña realmente buena, tienes incluso que registrarte en una lista de espera durante algunos años. Es de locos. En mi caso, simplemente compré una usada y es la que todavía sigo usando a día de hoy. Así que a partir de ahí decidimos que estas influencias se notaran cada vez más en nuestros temas, ya que creímos que no era algo demasiado usual en la música pop actual.

Desde luego, no es lo que alguien espera de una banda al uso, pero tal vez sí de una banda como Animal Collective.

La verdad es que yo también estoy sorprendido por ello, pero confieso que la zanfoña se ha convertido con el tiempo en uno de mis instrumentos favoritos. De hecho, estoy a punto de emprender una gira en solitario en la que prácticamente solo tocaré la zanfoña y un sintetizador modular. Creo que me permite explorar más a fondo ese punto de vista experimental que tanto me recuerda a nuestros primeros trabajos, cuando ni siquiera éramos una banda como tal, y simplemente Dave y yo nos divertíamos dedicándonos a hacer nuestros humildes pinitos improvisados. Justo me está viniendo a la cabeza un show al que Dave y yo asistimos en los noventa, perteneciente a una serie de conciertos que el guitarrista japonés Keiji Haino dio en Nueva York, y donde pudimos ver por vez primera a alguien haciendo solos experimentales con la zanfoña. También recuerdo asistir a bolos de Tony Conrad donde éste exploraba los límites del sonido drone, o del mítico John Cale haciendo lo propio con la Theatre of Eternal Music. Vamos, que no hemos inventado nada. Pero personalmente sí que siento que hemos aportado algo con esta producción que no se veía desde hacía tiempo.

Si no me equivoco, las ideas para este álbum cobraron vida en una cabaña de Tennessee.

La verdad es que todo comenzó mucho antes. Antes de la experiencia en la cabaña y antes de nuestro viaje a Tennessee. Concretamente, en el festival de Nueva Orleans que te mencionaba antes. Tres de nosotros fuimos allí como invitados, Josh, Dave y yo. Noah tenía compromisos con su proyecto como Panda Bear, así que estuvo ausente durante esta primera parte del proceso. Nosotros en cambio no teníamos nada que hacer durante aquel mes, así que aceptamos la invitación pero a cambio les prometimos hacer un set totalmente nuevo, compuesto por parte de los tres únicamente para la ocasión. De aquellas sesiones de ensayo salieron canciones como ‘Dragon Slayer’ y ‘Prester John’, que terminaron siendo parte de ‘Time Skiffs’, y ‘Defeat’ y ‘Magicians from Baltimore’, que lo hicieron en ‘Isn’t It Now?’. Un año después, Noah se liberó de sus ataduras con Panda Bear y se unió a nosotros, trayendo consigo canciones nuevas y la idea de irnos a trabajar durante un mes a una cabaña en Tennessee. Allí diría que fue donde terminamos de apurar el groove de las canciones, con Dave tocando el bajo, Noah tocando la batería, y Josh y yo a los teclados, logrando la clase de fluidez y conexión que logramos en directo y que tan buenos resultados nos había traído un año atrás en Nueva Orleans.

Y así es como terminasteis dando forma a vuestros dos álbumes, a pesar de que en medio de ello os surgiera una pandemia.

Terminaron saliéndonos como 15 ó 20 canciones, o una cosa así, ni siquiera lo recuerdo con exactitud. Y por supuesto, teníamos claro que era demasiado material para un único disco, especialmente contando con una canción que llegaba a los 22 minutos, como era ‘Defeat’. Así que mientras decidíamos qué hacer con todas esas canciones y qué formato debíamos darle a nuestro próximo proyecto, digamos que el destino, y concretamente las malas noticias que el 2020 trajo consigo, decidieron por nosotros. A principios de aquel año reservamos un estudio para grabar las canciones apropiadamente, sin seguir teniendo muy claro cómo las íbamos a dividir. Como mencionabas, teníamos en la recámara canciones con ese toque renacentista que las unía más entre sí y otras más progresivas, pero no teníamos un hilo conductor común y definido del todo. Así que mientras nos decidíamos, la pandemia tuvo lugar y puso en espera todas nuestras expectativas. Nos entristecía mucho no poder grabar las canciones ni poder estar en el estudio, tal y como teníamos planeado, así que decidimos trabajar en remoto, para matar el tiempo y ver qué tal se nos daba la experiencia. Así surgió el EP ‘Bridge To Quiet’, el cual dio bastante buen resultado y supuso para nosotros una interesante alternativa para trabajar las canciones que habíamos dejado en barbecho meses atrás.

Un poco de luz para vosotros, ¿no?

Exacto, lo vimos claro. Las canciones que podíamos hacer a golpe de click y desde casa formarían parte de un primer disco, y aquellas otras pistas que nos requirieran estar más en contacto los unos con los otros y tocarlas propiamente dentro de una misma habitación, formarían parte de un segundo disco, que ya llevaríamos a cabo una vez la pandemia hubiera terminado. Así es como terminamos cribando las canciones de ‘Time Skiffs’ y posteriormente, de ‘Isn’t It Now?’.

Además, las pistas de este último disco fueron producidas por Russell Elevado, quien tiene unos créditos impresionantes.

Para este disco queríamos transmitir al oyente las mismas sensaciones de estar en uno de nuestros conciertos o de estar viéndonos en directo, y la verdad es que Russell capturó esa idea desde el principio. Fue increíble acontecer al proceso analógico que llevó a cabo, pasando por los preamplificadores y la placa, hasta llegar directamente a la cinta. Era como estar viendo a un maestro. Fue todo un privilegio poder verlo, incluso hasta te diría que fue una experiencia relajante. Desde el principio, Russell quiso deshacerse de la etiqueta de productor y se comportó como uno más de nosotros. Tuvo una forma muy curiosa de trabajar con la banda, pues nunca antes había grabado ni producido muchos de los instrumentos que formarían parte del disco, como la zanfoña. Y en lugar de documentarse o investigar por cuenta propia, quiso descubrirlos con nosotros y desde el estudio, preguntándonos sobre los instrumentos en sí, y grabando diferentes pistas de audio mientras caminaba por el estudio hasta encontrar el punto en el que mejor se oyeran los matices de estos. Ver a alguien trabajar de una forma tan rudimentaria y a su vez tan auténtica fue realmente inspirador.

Dentro de este par de años tan ajetreados, incluso tuvisteis tiempo de coquetear con el noble arte de hacer bandas sonoras, concretamente para las películas ‘Crestone’ y ‘The Inspection’. ¿Se siente muy diferente, en comparación a hacer un álbum regular?

Digamos que es algo que a algunos miembros de la banda nos gusta mucho hacer y otros simplemente consideran que no es para ellos. Yo soy de los que lo disfrutan y realmente considero que ésta ha sido una experiencia asombrosa. Personalmente quedé muy satisfecho con los resultados. Era algo que queríamos vivir desde que éramos adolescentes, y de hecho a principios de los dosmiles nos moríamos de ganas de que alguien nos pidiera hacer un proyecto así, salvo que nadie se atrevió a pedírnoslo [risas]. Por eso, y dado que ninguno daba el paso, fuimos nosotros quienes decidimos montar nuestras propias experiencias audiovisuales y en 2010 hicimos nuestro propio film, que terminó convirtiéndose en un álbum visual titulado ‘Oddsac’, para poco después, en 2018, repetir la experiencia con ‘Tangerine Reef’ en compañía de Coral Morphologic. Por suerte los resultados debieron de llamar la atención en algún momento de directores externos y por fin, después de tanto tiempo, comenzaron a llegarnos propuestas. De hecho, Josh y yo acabamos de terminar otra banda sonora para un documental sobre la construcción de un embarcadero en Rockaway Beach, en la ciudad de Nueva York, que todavía no se ha estrenado.

Realmente se siente que es algo que te apasiona.

Lo que más me gusta de hacer bandas sonoras es que no siempre hay una estructura que actúa como guía, ¿sabes? Hay una historia, unas imágenes y unas escenas, pero la música que haces no tiene por qué estar necesariamente relacionada con nada que sea tradicionalmente musical. Lo cual, para mí, que soy el menos musical de la banda y que siempre ha estado más interesado en el diseño del sonido y en la música abstracta, es algo que realmente agradezco. También me gusta mucho dejar el ego a un lado y estar al servicio de la historia de otra persona. Con Animal Collective siempre nos cuesta confiar en productores externos o en los consejos que nos dan terceros. Digamos que siempre nos ponemos un poco a la defensiva, rollo “no hacemos música para ti, ¿sabes?”. Pero en el caso del trabajo de una banda sonora para una película sí tienes que ser fiel a lo que el director quiera transmitir y es también una forma muy interesante de trabajar.

A principios de 2023 también anunciasteis que reeditaríais vuestro debut, ‘Spirit They're Gone, Spirit They've Vanished’, que ahora cumple 23 años. ¿Qué diríais que sigue quedando en los miembros de Animal Collective de aquellos días?

Más allá de lo musical, lo que perdura es nuestra unidad. Sinceramente, nuestra amistad lo es todo. Dave y yo nos conocemos desde hace décadas. Quizás solo haga veinte años desde que utilizamos el nombre de Animal Collective, pero desde mucho antes, como 25 ó 30 años atrás, ya estábamos haciendo música. De hecho, ese pequeño tour que inicio dentro de poco y que te mencionaba antes es como telonero de Dave, con el que ya te puedo asegurar que no sacaré demasiado dinero, pues apenas me da para pagar el hotel cada noche y algo de gasolina. Pero lo hacemos por el simple placer de poder vernos y pasar tiempo juntos en la carretera, charlando sobre música y pasando un buen rato, especialmente considerando que este año Animal Collective no podrá girar y que no nos vemos con demasiada frecuencia. Así que esta vez y más que nunca, nuestra amistad es lo único que le da sentido a lo que hacemos.

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