Entrevista a All Them Witches: "No había ninguna razón real para detenernos"

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All Them Witches (2026)

Tras la salida de Robby Staebler en 2024, batería y miembro fundador de All Them Witches, el grupo norteamericano de rock se enfrentaba no tanto a una mera reconfiguración instrumental de su sección rítmica, como sí al existencialista interrogante de hasta qué punto la formación podía alterar su núcleo sin traicionar aquello que la hizo reconocible. La respuesta no llegó, por suerte, en forma de ruptura grandilocuente, sino mediante un nuevo álbum que transformaba aquella incertidumbre en un método creativo definitivo.

Charlando con Charles Michael Parks descubrimos que la banda parece ahora menos interesada en preservar una identidad congelada y más abierta a someter esta a renovadas tensiones. Con la incorporación de su nuevo miembro, Christian Powers, el trabajo colectivo en el estudio y la fidelidad a una forma concreta de grabar, manteniéndose ajenos a la perfección digital, House of Mirrors (BMG, 2026) se siente, definitivamente, como un disco concebido para la reconexión. Parks nos habla de confianza, de pérdida de control, de memoria y de supervivencia artística con la tranquilidad que le da haber comprendido que seguir en esto tenía todo el sentido del mundo.

Entrevista a All Them Witches

'House of Mirrors' remite inmediatamente a esas atracciones de feria tan inquietantes, llenas de espejos deformantes. ¿Cuándo comprendiste que esa imagen definía el espíritu del álbum y, por ende, el momento actual de la banda?

Bueno, si estás familiarizado con esos lugares, tan inquietantes como bien mencionas, sabrás que, cuando entras, ves un montón de versiones diferentes de ti mismo y tienes que convencer a tu mente de cuáles son reales y cuáles no lo son. Creo que la metáfora se entiende sola, ¿no? Es una forma sutil de hablar y reflexionar sobre el rumbo que tomamos en determinados momentos y de cómo eso nos cambia, nos deforma. Te encuentras con múltiples versiones de ti mismo, con muchas elecciones y caminos ante ti, y tu responsabilidad como adulto es aprender a desenvolverte entre ellas de manera que las cosas terminen saliendo lo más decentemente posible. Ese era el punto en el que me encontraba cuando decidí titular así el disco. Pienso constantemente en qué versión de nosotros es la auténtica y cuál proyectamos realmente en nuestro día a día. Es un tema inagotable cuando te paras a pensarlo. La gente me parece infinitamente fascinante.

"No había ninguna razón real para detenernos"

Sobre el álbum, hay que mencionar que es vuestro primer trabajo desde la salida de Robby Staebler en 2024. Al tratarse no solo del batería, sino también de uno de los miembros fundadores de All Them Witches, imagino que fue un duro golpe profesional y personal.

Siempre es difícil digerir cambios en una formación, despedirse de un compañero e incorporar a un nuevo miembro, especialmente cuando has tocado durante tanto tiempo con este. Robby y yo formábamos la sección rítmica del grupo y no resultó fácil encontrar a otro batería con el que realmente disfrutase tanto tocando. Fue complicado. Pero a fin de cuentas, las personas tienen su propia vida y el derecho a decidir sobre las mismas. Si realmente quieres a alguien, debes respetar eso, y yo quería que Robby fuese feliz. Ahora está haciendo sus cosas y, por nuestra parte, tenemos la suerte de contar con una nueva cara dentro del grupo que es increíble. Al principio, no te negaré, pensamos muchos en si la banda debería continuar después de no haber sido capaces de mantener intacto el núcleo original de la misma. Pero después pienso en el hecho de que muchos de mis grupos favoritos han ido cambiado históricamente de integrantes y eso no acabó con ellos. Te pasas, claro, un par de meses de disgusto y zozobra, pero entonces recuerdas a Fleetwood Mac, que fueron dos o incluso tres bandas completamente diferentes a lo largo de su historia, o en Pink Floyd y en tantos otros ejemplos, y te das cuenta de que ese problema solo existe en tu cabeza. La lección que aprendimos es que había que seguir. Nos sigue encantando hacer música juntos, así que no había ninguna razón real para detenernos.

Después de dichos cambios internos, desde luego 'House of Mirrors' parece demostrar que All Them Witches podía reconstruirse y seguir aportando algo. ¿Dirías que este disco os ha permitido redescubrir realmente quiénes sois como banda?

Creo que este álbum ha supuesto una reconexión entre todos nosotros y, al mismo tiempo, el comienzo de una nueva conexión con Christian, nuestro nuevo integrante, y eso es lo importante. Después de terminarlo dijimos: “De acuerdo, ahora vamos a esforzarnos todavía más con el siguiente”, y esa simple sensación de querer seguir trabajando, incluso tras haber finalizado ya un proyecto nuevo, fue totalmente inesperada para todos. Hacer este álbum ha sido fantástico y nos ha devuelto algo de esa expectación que creíamos perdida. En última instancia, significa que podemos continuar grabando discos, y eso es, a fin de cuentas, lo único que hemos querido hacer siempre. Grabar álbumes, salir de gira, beber alguna que otra cerveza, hacer un crucigrama y poco más.

Hablemos de esa nueva incorporación. Christian Powers parece haber ocupado dicho espacio con mucha solvencia, hasta convertirse en una pieza muy importante del nuevo álbum. ¿Cómo ha vivido él la responsabilidad de incorporarse a una banda con una trayectoria como la vuestra?

La verdad es que el tío afronta cada día con una sonrisa, y eso es algo que me gusta mucho de él. Por lo que yo veo, no parece que lo esté pasando mal en absoluto ni haya sentido ningún tipo de presión [risas]. También me gusta mucho su manera de pensar musicalmente. No se limita a tocar la batería, sino que sabe tocar un poco de todo. Tiene oído absoluto y entiende muchos aspectos de teoría musical que a mí se me escapan por completo, así que resulta realmente útil contar con otra persona abordo que maneje ese lenguaje y sea capaz de conectar los elementos melódicos y rítmicos durante la composición.

Sobre el nuevo disco, en efecto, Christian aportó muchas ideas, así como también Allan [Van Cleave]. De hecho, creo que este es probablemente el primer álbum en el que nos hemos repartido de una manera bastante equitativa las decisiones sobre el orden, la estructura, las melodías y ese tipo de cuestiones. Dejamos el proceso bastante abierto para impregnar en el disco un poco del espíritu de cada uno, y a pesar de ser el recién llegado, Christian encajó inmediatamente en la dinámica del grupo y aquí continúa desde entonces.

Desde luego, se nota un disco muy personal, aunque suene a cliché decir esto. Por ejemplo, comienza con vuestra versión de 'Red Rocking Chair', una canción tradicional vinculada al bluegrass y a las raíces de los Apalaches, que me consta os toca sentimentalmente de cerca.

Así es. Llevo escuchando esa canción desde que era niño. Crecí en Luisiana y allí todos estos estilos traspasan sus propias fronteras. El blues, el bluegrass y la música de los Apalaches se mezclan mucho en el sur. Durante los conciertos solía cambiar la letra de otra canción tradicional que tocábamos y cuando me aburría durante las giras, sustituía aquella letra por la de 'Red Rocking Chair'. Vamos, que ha estado rondando el imaginario de la banda durante mucho tiempo. Ben [McLeod] escribió un riff y me dijo directamente: “Tío, deberías cantar esa letra sobre esto”, y no podía estar más de acuerdo. Al ser una banda de rock, podíamos abordarla de una forma diferente a como se haría habitualmente, utilizando violines y banjos, así que se sintió muy especial poder dejar nuestra propia marca en un tema con tanta historia. 'Red Rocking Chair' ha sido versionada millones de veces por cientos de personas, pero me alegra poder sumarme a ese número y regalarle al mundo nuestra reinterpretación.

"A toda banda de rock le llega el momento de tener que hacer una balada"

No es el único tema donde vemos tu lado más íntimo. En 'The Welterweight' nos ofreces una balada que funciona como contrapunto frente al sonido más pesado del grupo y en donde, además, te adentras en el lado más profundo de tu genealogía.

En realidad, no es un tema necesariamente autobiográfico, aunque sí que es verdad que mi bisabuelo también fue boxeador de peso wélter, como el personaje de la canción. Crecí escuchando esa palabra dentro de mi entorno, pero no fue hasta pasado un tiempo que comprendí realmente cuáles eran las diferentes categorías de peso en la lucha y lo que estas significaban.

Si hablamos de la canción en términos más técnicos, debo decir que la escribí completamente solo y con una guitarra acústica en un principio, por eso se puede sentir como las más íntima del repertorio. Supongo que a toda banda de rock le llega el momento de tener que hacer una balada, ¿no? [risas]. Además, llevar una composición así al estudio, siempre supone un desafío. Quiero decir, cuando tocas tú solo un tema con la acústica, te estás encargando al mismo tiempo del ritmo, de la melodía y de todos los demás elementos, pero después tienes que dividir esa única cosa en cuatro partes distintas.

En ese sentido, tanto 'The Welterweight' como 'Saturn Song' fueron compuestas así antes de entrar al estudio. Y observar cómo se transforman desde sus respectivas versiones originales hasta convertirse en canciones interpretadas por toda una banda es, quizás, la parte más difícil de este trabajo. Hay algo ahí de dejarse ir, de desprenderte de tu ego y de renunciar a una parte de tu responsabilidad sobre la canción para entregársela a los demás. Sin ese grado de confianza en tus colegas, ni esta ni ninguna otra canción habría sido posible.

Sobre confianza va mi siguiente pregunta, de hecho. Eddie Spear ha pasado de ser vuestro ingeniero y mezclador, acreditado en discos como 'Sleeping Through the War', a asumir ahora plenamente el papel de productor. ¿Qué os hizo apostar por él?

Eddie siempre había aportado al grupo un nivel de organización muy necesario y que, desde luego, nunca habíamos tenido durante la grabación de un disco. Ninguno de nuestros álbumes nos había llevado más de diez días, aproximadamente. Creo que ese es, de hecho, nuestro récord, sí, diez días [risas]. Normalmente llegamos al estudio sin haber ensayado demasiado y las canciones terminan tomando forma allí. Pero con Eddie fue un poco diferente. Puso cabeza en el proceso, para variar. Lo tenía todo bien atado, prácticamente al minuto. Sabía cuánto tiempo podíamos dedicarle a cada elemento para aprovechar al máximo el excelente estudio en el que estábamos trabajando, y la verdad, visto ahora con perspectiva, tener ese nivel de responsabilidad y eficiencia respecto al tiempo ha marcado muchísimo la diferencia.

Claro que, además de la logística y la gestión, también aportó ideas buenísimas. Él había trabajado muchísimas veces antes en aquel estudio y conocía todos sus rincones al dedillo. Sabía dónde estaban los mejores puntos para grabar y tenía claro qué equipo quería utilizar, así que no podíamos haber dispuesto de alguien mejor para embarcarnos en este proyecto. Es extraordinario en lo suyo hasta la obsesión. Ahora que lo pienso, no recuerdo viéndole comer o descansar en ningún momento [risas].

El estudio del que nos hablas no es otro que los Blackbird Studios de Nashville, un lugar especialmente reconocido por su equipamiento analógico que atrae a muchísimas bandas de todo el mundo. ¿Crees que existe algo de contracultural en optar por este tipo de recursos en un momento en el que la digitalización está tomando el control de los procesos?

No sé si lo consideraría contracultural. Quizás ahora mismo sí pueda parecer una declaración de intenciones o nos sitúe como banda en una determinada categoría, pero no somos ni puristas ni luditas, simplemente sabemos lo que se nos da bien y lo que no. No tocamos siguiendo un clic y nunca grabamos con metrónomo. No utilizamos códigos de tiempo, ni pistas MIDI ni otras herramientas que muchas bandas emplean actualmente. Pero no es una decisión consciente para ir a la contra, simplemente nos resulta más cómodo y familiar encender una máquina que funciona con válvulas, colocar un micrófono delante y empezar a tocar.

Es un procedimiento seguro e impredecible al mismo tiempo. Digitalmente puedes limpiar cualquier cosa y conseguir que todo suene perfecto en cada ocasión, pero nuestra banda no funciona de esa manera. En realidad, no estamos haciendo nada distinto a lo que ya hacíamos antes. De vez en cuando nos hemos planteado hacer las cosas de otro modo, pero rápidamente abandonamos la idea porque sentimos que no somos esa clase de grupo. Es importante ser fiel a lo que eres y a lo que sencillamente sabes hacer. Por ahora, nos quedamos con nuestros amplificadores, nuestros pedales y nuestras cosas de viejos.

"No somos ni puristas ni luditas, simplemente sabemos lo que se nos da bien y lo que no"

Hablando sobre tecnología, me viene a la cabeza que en 'Sleeping Through the War' cerrabais el disco con una canción titulada 'Internet', mientras que ahora, en este nuevo trabajo, aparece otro tema titulado 'AEthernet'. A nadie se le escapa que, durante la década que separa ambas composiciones, internet ha cambiado radicalmente. ¿Querías establecer algún tipo de conexión entre ambas piezas?

Sí, eso es. Son pequeñas bromas que introduzco en las canciones para mí mismo, y me encanta cuando otras personas las captan. No hay duda de que ambos temas están intencionadamente conectados, de hecho hay hasta una cierta cadencia de blues bastante parecida entre ambas canciones. La idea en 'Internet' era reflexionar sobre cómo, poco a poco, nuestro día a día estaba cada vez más dirigido a vivir en internet. Ya sabes, en pleno boom de las redes sociales, cuando todavía nos parecían interesantes e inofensivas y no les veíamos demasiado las costuras. Diez años después, la cosa ha cambiado muchísimo. Internet ya no es solamente algo que vive en los cables de tu casa, es una presencia que impregna nuestra vida cotidiana de forma permanente y silenciosa, casi como el éter. 'AEthernet' no es, necesariamente, un tema incisivo o panfletario, pero de forma sutil sí obliga al oyente a que reflexione sobre cómo ha cambiado su relación con la tecnología en tan solo diez años y, quizás, sobre cómo será esta dentro de otros diez.

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