El fenómeno del true crime: ¿por qué nos atrae tanto?

[kkstarratings]
La escalera (Netflix, HBO Max)
Serie 'La escalera'

Redacción: Miriam Blanco (@miriamblga)

Tal vez morbo, tal vez curiosidad. Pero está claro que cada vez nos atrae más todo lo que hay detrás del true crime, ya sean series, películas o documentales. Nos gusta descubrir qué pasó, intentar encajar las piezas y, en cierto modo, convertirnos en detectives por un rato. Buscamos pistas, analizamos pruebas y hasta imaginamos otros finales posibles. Porque, aunque sepamos que estamos ante una historia real, una parte de nosotros sigue esperando que todo tenga una explicación y, por qué no, un final feliz.

Y quizá ahí esté una de las claves de este fenómeno. Nos gusta mirar por la mirilla. Ver qué ocurre al otro lado, en la casa de unos vecinos que podrían ser cualquiera, en una pareja con una vida aparentemente tranquila o en una familia que jamás imaginaríamos que pudiera acabar protagonizando una historia así. Porque pensamos que estas cosas les pasan a otros. Que los crímenes son algo que vemos en televisión, algo lejano, hasta que descubrimos que detrás de cada caso hay personas reales y vidas que, hasta ese momento, parecían completamente normales.

También tendemos a juzgar desde fuera. A pensar que esa persona no podría haberlo hecho, que no encaja con la imagen que tenemos de alguien capaz de cometer un crimen. Y entonces aparecen las pruebas, los testimonios y las distintas versiones de lo ocurrido, obligándonos a cambiar de opinión. El true crime juega precisamente con eso: con nuestra necesidad de encontrar una respuesta y, al mismo tiempo, con la duda de si realmente estamos viendo toda la historia.

La escalera (Netflix, HBO Max) es un buen ejemplo de cómo una historia puede hacernos tomar partido y cuestionarnos continuamente qué pudo ocurrir. La miniserie reconstruye el caso de Michael Peterson y la muerte de su mujer, Kathleen, y nos coloca en una posición incómoda: conocemos las pruebas, escuchamos las diferentes versiones y, aun así, seguimos intentando decidir qué creemos que pasó. Como espectadores, acabamos sacando nuestras propias conclusiones.

Con Amanda Knox: una historia retorcida (Disney+) ocurre algo parecido, aunque desde otro lugar. El caso se convirtió en un fenómeno mediático internacional y durante años la opinión pública construyó su propia versión de lo sucedido. La serie de 8 capítulos nos recuerda hasta qué punto una persona puede quedar atrapada dentro de una historia que los medios y quienes la observan desde fuera intentan resolver por ella. Y quizá por eso seguimos mirando: porque queremos saber si nuestra primera impresión era realmente la correcta.

Pero no siempre buscamos únicamente resolver un crimen. También nos atrae descubrir cómo una historia que parecía imposible termina ocurriendo en la vida real. El choque (Netflix), por ejemplo, parte de un accidente que acaba llevando a una investigación mucho más compleja de lo que podía parecer en un primer momento. Y ahí vuelve a aparecer esa sensación tan propia del género: esto parece escrito para una serie, pero está ocurriendo de verdad.

El Cuerpo En Llamas (Netflix, 2023)

Algo parecido sucede cuando el caso real termina convertido directamente en ficción. El cuerpo en llamas (Netflix) parte del crimen de la Guardia Urbana de Barcelona y lo transforma en una serie que vuelve a llevar a las pantallas una historia que ya había ocupado titulares. Cambian los actores, cambia la forma de contarla y aparece la dramatización, pero debajo sigue estando un caso real. Y quizá sea ahí donde se demuestra hasta qué punto se ha instalado en nuestra forma de consumir historias: ya no solo queremos conocer los casos, también queremos verlos reconstruidos, interpretarlos y volver a vivirlos desde otro punto de vista.

La mujer del pastor (Netflix) nos lleva de nuevo a ese espacio en el que lo cotidiano y lo inquietante se encuentran. Porque muchas de estas historias empiezan precisamente ahí, en algo que no parece extraordinario. Una persona, una familia, una relación, una vida que desde fuera no tendría nada que llamar nuestra atención. Hasta que ocurre algo y esa normalidad desaparece.

Y entonces volvemos a la mirilla. Seguimos observando, intentando entender cómo “ese vecino” puede terminar formando parte de una historia así. Nos preguntamos qué habríamos hecho nosotros, si nos habríamos dado cuenta antes, si habríamos desconfiado de esa persona. Nos ponemos en el lugar de investigadores, jueces e incluso de las propias víctimas, aunque sepamos que solo estamos viendo una parte de la historia.

Quizá por eso el true crime nos engancha tanto. Porque combina el morbo con la curiosidad, pero también con algo mucho más difícil de explicar: nuestra necesidad de entender aquello que no entendemos. Queremos encontrar un principio y un final, una causa y una consecuencia. Queremos pensar que todo tiene una explicación y que, de alguna manera, podemos llegar a descubrirla.

El problema es que estas historias no tienen guion. No están pensadas para que todo encaje al final ni para dejarnos tranquilos cuando aparecen los créditos. Son historias que ocurrieron de verdad y que, por mucho que intentemos reconstruirlas desde el sofá, nunca llegaremos a conocer la verdad al 100%.

Y quizá esa sea la razón por la que seguimos mirando. Porque por mucho que intentemos encontrar respuestas, imaginar otros finales o pensar que jamás podría pasarnos a nosotros, la realidad sigue estando ahí, al otro lado de la pantalla. Y, por mucho que a veces nos cueste creerlo, la realidad siempre supera a la ficción.

MÚSICA RELACIONADA

linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram