Daft Punk Unchained en el In-Edit Festival 2015

2 noviembre, 2015
Redaccíon: dod Magazine

Daft Punk (2015)

Texto: David Díaz

Que esta edición del Beefeater In-Edit Festival, es la edición del “docu de Daft Punk” es algo que no se le escapa a nadie. 20 minutos antes de la proyección del docu, la cola para entrar transitaba ya desde los cines Aribau calle abajo hacia Gran Vía y seguía por la acera hasta un buen rato. Para aquéllos que no seáis de Barcelona y no ubiquéis la movida, sólo deciros que el símil sería como si paseando por vuestra ciudad o pueblo vierais un cholón de gente y luego le comentaras a tu colega cosas como “¡¡¡había la hostia puta de gente!!!” o “parecía que regalaban algo”.

Nadie sabía bien bien con qué se iba a encontrar en este Daft Punk Unchained, pero el dúo francés se ha encumbrado a ese Olimpo de grupos tótem, fetiche o como queráis designarlos, que hace que cualquier cosa que ocurra a su alrededor tome de por sí carta de MUST y eso, creo yo, que es además debido a que todos tenemos una historia con Daft Punk, más allá que hayan representado lo que hayan representado para la electrónica de baile, así en general.

Como punto de inflexión, y como explica el mismísimo Pete Tong en el documental, en EE.UU. esa historia personal y a la vez común con Daft Punk ocurrió en aquél Coachella de 2006 conocido como el concierto de la Pirámide, en el que no sólo dieron un giro hacia la espectacularidad en la puesta en escena de una sesión o live de electrónica, sino que el concepto musical giraba sobre lo que los seguidores del Dúo Dinámico conocerán como un medley, pero un medley musculoso, espídico y que no dejaba hitazo sin golpear.

Algo que hasta entonces sólo se había escuchado en los clubs de Benidorm y todo el Levante patrio con copias desnutridas de la Década Prodigiosa. Pero cabe decir, que aunque no fueran los inventores, sí que knoqueó las mentes indie-pop-roqueras de los más de 40000 asistentes a aquél show y se convirtió en el “yo estuve allí” de cabecera de medio país. Eso les llevó a una gira por los States y [dato desconocido] los hizo responsables involuntarios de lo que después se pergeñó en el país pop por antonomasia  como la EDM... SKRILLEX la flipó; Kayne West la flipó; Obama la flipó; tu madre la flipó... En fin... y Prince, mientras tanto estaba a lo suyo: Beneficiándose a Boy George y componiendo temazos, digo yo.

Mi historia personal con Daft Punk -por supuesto que tengo una historia personal con Daft Punk- fue con su primer álbum Homework. Tenía unos 19 ó 20 añicos y me encontraba en la parte alta de Sabadell, yo, un chico de clase obrera de Barberà, disfrutando de un fin de semana en un ático sin padres con una churri bien, bebiendo vino de edición limitada de la Casa Real y haciendo esas cosas de hacer cuando tienes 20 años, que te dejan así como relajao y cara de haber visto un Pin y Pon montado en un Pequeño Ponny. Total, que llega el momento de la despedida, mil de la madrugada del domingo, me enfundo mi walkman y la chica me da una cinta y me dice “escucha esto, te va a encantar” y vamos que si me encantó.

En ese estado semi-letárgico de ingravidez peritoneal, salí de su casa y le di al play antes de entrar en el ascensor y empezó a sonar esa voz filtrada hasta la distorsión de Daftendirekt que se va haciendo cada vez más nítida hasta que entras en el mantra Dafunk back to the punk come on que te lleva a esa caja de ritmos disco funky. Si esto fuera el S.XVI y yo Santa Teresa de Jesús, estaríamos hablando de epifanía, pero como es el S.XXI y soy un chico de suburbios, voy a decir que fue como si te pellizcaran los pezones. Mi idea era buscar algún medio de transporte que salvara los más 7km que tenía de la zona alta de Sabadell a mi casa en Barberà, pero me vi transportado literalmente por ese soberbio y magistral disco que me abrió la cabeza y me dejó totalmente loco. Estuve andando los casi 75min de maravillas carnales que encierra Homework para acabar en mi casa con un subidón enorme, se acabó la cinta y tuve que mirar a mi alrededor en mi habitación para ver si estaba todo igual o la escucha del disco había hecho que algo en el mundo se modificara.

No cabe decir que evidentemente, la primera parte del docu, esa que trata la juventud de Guy-Manuel de Homem-Christo y Thomas Bangalter (otro día hablaremos de cómo esos nombres vacilones te dejan marcado por la Providencia, a los Guy-Manuel de Homem-Christo del mundo les está reservado el descubrir la cura del cáncer, renovar el arte y acabar con las guerras, no te los encontrarás de cajeros del Mercadona o vendiendo seguros) y que trata de la gestación de Daft Punk es la que más me tocó. Por la parte personal, claro está, pero también por esa honestidad que se le pretende al grupo y que no dudo que merezca, pero que es en esa época en la que florece con más fuerza y entusiasmo.

Que Guy-Man y Thomas Bangalter son raras avis del Star System está clarinete, con su reverencia a los dogmas del primer techno activista de Underground Resistance y su combativo anonimato, y ese cuidado obsesivo por su obra y el control artístico de la misma, que les lleva a plantear tipos de contratos con Majors que no se habían visto hasta entonces.

Todas, cosas que están muy bien, y que de alguna manera o de otra han seguido manteniendo a lo largo de sus ya 20 años de carrera, pero que, pese a la complacencia del tono del documental y su empeño de dar mucho brillo al dúo francés, queda claro que no han mantenido al pie de la letra. Cosa que tampoco supone un drama, siguen siendo unos personajes difíciles de encasillar para la industria musical, pero a su vez también forman parte de ella y si les apetece en un momento hacer un escarceo en modo de canción con Kanye West, no hace falta rodearlo de la mística barata del rapero yankee, típica del tío que hace ya mucho tiempo que no se tiene que limpiar el culo y está encantado de escuchar su voz -telita con el amigo West y su speech en el docu, de traca-.

Daft Punk son la gallina de los huevos de oro, quizá una más de las gallinas de los huevos de oro que hay actualmente en la industria, y la industria, se ha sabido acomodar a las rarezas de Guy y Thomas para sacar aún más provecho, ¿que no os gusta hacer muchos conciertos? Perfecto, más fácil para venderlo como una experiencia única y casi exclusiva ¿Que ahora sois unos robots? Bien, a darle una capa de glamour misterioso.

El documental, Daft Punk Unchained, como factura, como producto cinematográfico, no es que sea muy innovador ni nada: Cuenta la historia de este par de mozalbetes a partir de las anécdotas y momentos compartidos con la gente que los ha ido rodeando a lo largo de su carrera (managers, colaboradores, periodistas, etc.).

De hecho no es un documental de Daft Punk, sino más bien, sobre Daft Punk, los chavales quedan como una presencia radiofónica un tanto difusa, vale lo del anonimato y tal pero quizá se podría haber resuelto mejor. Le falta momentazos musicales de mayor empaque, de esos que estrujan la glándula de la lagrimilla de la nostalgia y que hace empatizar con el público. Ofrece datos un tanto banales y unos, muy pocos, curiosos y desconocidos. Pero como decíamos al principio, Daft Punk lo sustentan todo y lo justifican todo.

Lo único que no les perdono y tendremos siempre esta deuda pendiente, es que todavía no hayan hecho un Homework 2. Thomas Bangalter, Guy-Manuel de Homem-Christo, NOS LO DEBÉIS!

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