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#CulturaDeSala: Porque las salas de conciertos importan más que nunca

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Sala Planta Baja

Contra viento y marea, las salas de conciertos de nuestro país son, a día de hoy y más que nunca, el último reducto de autenticidad en la escena patria, ofreciéndonos, desde su tesón y constancia, la oportunidad de vivir la música como ningún otro tipo de emplazamiento o enclave nos permite actualmente. Lugares idóneos para las primeras veces, para el descubrimiento y para la intimidad; el mejor contexto para el artista y para quien le escucha, y una forma sin igual de facilitar la creación de vínculos y de formar una comunidad duradera e irremplazable.

Por ello, sumarnos en apoyo a la propuesta de #CulturaDeSala ha sido para nosotros un proceso del todo natural, y desde nuestro medio celebramos la creación de esta suerte de plataforma, conformada originalmente por el INAEM (Instituto de las Artes Escénicas y de la Música) del Ministerio de Cultura y Deporte y la ACCES (Asociación Estatal de Salas de Música en Directo), y con la que se pretende avivar el circuito de salas de nuestro país, organizando alrededor de 180 conciertos a partir del segundo trimestre de 2023, a lo largo y ancho de nuestra geografía.

Es una forma de admitir que las salas de conciertos existen y de reconocer su valía en relación al tejido cultural de una determinada ciudad o territorio,” apunta José Gustavo Cabrerizo, alias Pepegu, dueño de la sala Planta Baja de Granada, cuando le preguntamos sobre su opinión al respecto de proyectos como el citado.

Las salas son lugares donde todo gran artista plantó su semilla alguna vez, y si no las cuidamos no habrá forma de dar voz ni visibilidad al talento cultural que tanto abunda,” añade Patricia Pérez, dueña de la sala Black Bourbon de León, quien no duda en ver con buenos ojos la presente propuesta de #CulturaDeSala: “Puede ser beneficioso para ambas partes”, señala. “Para las salas, por disponer de acceso a ciertos artistas que normalmente tocan en recintos más multitudinarios, y para los propios artistas, que consiguen la garantía de saber que colgarán el cartel de sold out en la mayoría de sus eventos”.

Sin duda, un ‘win/win’ con el que los implicados parecen estar de acuerdo: “Son propuestas muy necesarias para potenciar y visibilizar el circuito de salas de nuestro país,” suscribe Óscar Sotelo, de La Cueva del Jazz de Zamora. “En la actualidad, este tipo de establecimientos pasan por un momento complejo, debido en parte a los cambios de hábitos de nuestros clientes, la aparición de nuevas escenas musicales, y a ese proceso de profesionalización que en determinadas zonas del país no ha terminado de completarse del todo. Es por ello que consideramos más que necesaria la creación de una plataforma que consagre la virtud de las salas en calidad de prescriptoras.”

Es precisamente ese rol de influenciador que menciona Óscar el que termina dando pie a la esperanza, según apunta Pepegu, aferrándose al mismo como última esperanza para luchar contra la siempre temida sombra de los festivales: “Lo que tenemos que hacer es saber convivir con los festivales y saber explicar muy, muy bien a la gente que el 99% de los artistas que el público admira en los festivales salieron en su día de las salas de conciertos”, afirma. “Poco más podemos hacer contra una industria que sólo piensa en la parte económica del asunto y que tan solo se dedican a repetir la misma fórmula de programación en todas las localidades.”

Luchar contra los festivales es imposible, solo queda adaptarse e intentar que tu programación no la pise ninguno de ellos,” sentencia Alberto Grandío, dueño de la sala Clavicémbalo de Lugo y también presidente de la ACCES (Asociación Estatal de Salas de Música en Directo). “Un directo en una sala nunca será lo mismo que en un festival,” añade. “Creo que eso la gente lo tiene claro. Si una banda te gusta, la disfrutarás más en un espacio más cercano. Aunque a mí pesar, creo que las nuevas generaciones nunca serán conscientes de lo que supone apoyar las salas.”

No es que haya una generación que solo piense en festivales, porque, sin ir más lejos, en nuestra zona aún no hay demasiados,” afirma por su parte Óscar Sotelo, sobre la escena actual de Zamora. “Lo que pasa es que hay una parte del público que está habituada a solo asistir a grandes conciertos y festivales dentro de sus viajes y/o vacaciones, y los terminan viendo más como experiencias que como la búsqueda de un evento puramente musical.

Cuando hay festivales intentamos programar conciertos de artistas con estilos muy diferentes y  para un público, o bien muy adulto, o bien muy joven, que por ende no tenga previsto irse de festival esos días,” nos confiesa Julia Andrés Donet de la sala El Volander de Valencia, consciente del duro golpe que siempre supone hacer frente a la guerra abierta contra los festivales. “En ese sentido, de momento nos hemos rendido,” admite desde León Patricia. “En julio no hacemos eventos y en agosto cerramos por vacaciones. Los festivales han provocado que salas de conciertos como la mía no programemos en verano, salvo excepciones de afluencia asegurada. Desde hace años pensamos en montar algo que funcione como contrapropuesta, pero todavía no ha sido posible.”

Por su parte, Óscar ofrece soluciones: “A las salas, como espacios culturales de cercanía que son, les toca estar en continuo cambio, adaptándose al cliente y a la situación de la industria musical. Nosotros, en particular, mantenemos ciertas sinergias con parte de los festivales de la zona, colaborando con ellos, por ejemplo, en la organización de las fiestas de presentación de los mismos en nuestra sala, y cosas por el estilo”, menciona el citado dueño de La Cueva del Jazz, recordándonos que, de algún modo, la escena festivalera y el circuito de salas están condenados a entenderse.

Sobre la valía y aquello que una sala puede seguir aportando a la experiencia de vivir música en directo, Pepegu de Planta Baja se muestra bastante optimista y resalta las características del contexto, reafirmando con ello la defensa del sector: “Hoy en día las salas están muy bien preparadas, profesionalmente hablando, contando con muy buenos equipos de sonido para el disfrute del público,” afirma. “Siempre es complicado luchar contra una macro-industria, pero vendrán tiempos mejores. Seguro. Por lo pronto, una sala te ofrece cosas tan fundamentales como la charla posterior a un concierto con el artista en cuestión. Eso, creo yo, es fundamental.”

Tan fundamental, como la propia programación de #CulturaDeSala, escogida para precisamente cumplir con lo prometido y con la que han logrado revivir las expectativas con respecto a lo que en muchas ciudades vamos a poder disfrutar a lo largo de los próximos meses: “Se nos han concedido dos conciertos que a nuestro local le van a ayudar tanto económicamente como musicalmente,” celebra Julia, dueña de El Volander. “Nuestro público agradece y disfruta mucho este tipo de conciertos íntimos y cercanos, en pequeño formato, sentados cómodamente y cerca de la barra.”

En cuanto a los criterios seguidos para perfilar la extensa lista de artistas que forman parte de la inmejorable propuesta de este año, Alberto Grandío nos asegura la gran valía de esta particular selección con convincente efusividad: “El criterio siempre es la calidad de la propuesta musical y que el artista en cuestión tenga demanda de público. La clave siempre está en lograr ese equilibrio,” asegura. “Siempre intentamos traer lo que los tiempos van marcando, pero sin caer en opciones comerciales. La escena underground sigue siendo nuestra principal inspiración.”

Parece que el estilo indie se establece como “el rey” dentro de este tipo de eventos financiados,” matiza Patricia, quien no duda en hacer proselitismo de ciertos géneros que considera olvidados cuando llega el momento de programar. “Personalmente, he echado de menos bandas afines a ciertos estilos de música algo más extremos, como el metal y derivados, que normalmente solemos programar en nuestra sala.”

Principalmente se ha intentado que cada sala escoja los artistas que saben que mejor podían encajar en su programación y público,” contrapone Óscar, de La Cueva del Jazz. “Han surgido nuevos públicos con nuevos gustos, y esa intención por ofrecer una programación variada y cercana a los gustos de los diferentes públicos de nuestras ciudades debe ser siempre nuestro objetivo principal.”

Con la solera por bandera y una pasión que no la apaga ni la mayor de las crisis, los cinco dueños de salas entrevistados para el presente artículo coinciden en una misma cosa: no hay experiencia igual como la de un concierto en sala, y cuando les preguntamos por alguno en concreto que les haya marcado, no son capaces de decantarse por uno solo. Por algo será: “Este año llegaremos al concierto 5.000 en la Planta Baja” apunta Pepegu. “¡Como para destacar solo uno de ellos! La música en directo siempre es enriquecedora y sin música la vida sería un gran error.”

Una experiencia inolvidable es descubrirme a mí misma, literalmente con la boca abierta, al ver la forma en la que un artista actúa sobre nuestro escenario y consigue impresionarnos a todos,” añade con entusiasmo Julia.

Son muchos los grupos y artistas que nos han dejado una gran sonrisa,” nos cuenta Patricia. “Muchos de ellos hasta terminan convirtiéndose en grandes amigos, y ver cómo, con el tiempo, acaban cosechando grandes éxitos, te hace sentir muy orgullosa. Son cosas que solo pueden pasar en una sala de conciertos.”

Cada una de esas noches, en la que se genera la perfecta comunión entre artistas, personal de sala y público, son grandes noches,” añade Óscar. “Es eso lo que te permite cargar las pilas para poder continuar en este duro negocio.”

 

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